lunes, 1 de abril de 2013

Mentes brillantes al servicio del país

Como a menudo sucede, lo que no acontece en Buenos Aires tiene escasa difusión. Pocos medios de comunicación fuera de la región del Nordeste se hicieron eco de un importante congreso sobre física atómica y molecular de elementos pesados, denominado REHE, realizado en septiembre del año pasado en Corrientes. Sin embargo, ese evento fue un hito: docentes de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) organizaron por primera vez en América el más importante congreso en esa materia, en el que participaron ochenta científicos del más alto nivel y de 23 países.

Ha sido éste el punto de partida de la conversación con el doctor Gustavo Aucar, coordinador del congreso, docente de la UNNE, miembro de CONICET y director del Instituto de Modelado de Innovación Tecnológica, organismo de doble dependencia CONICET-UNNE.
“Del congreso participó una comunidad de científicos que ha desarrollado estudios sobre sistemas moleculares que contienen átomos pesados, los de las filas más bajas de la tabla periódica como mercurio, uranio, plomo, platino, etc. Los primeros congresos se hicieron en Europa y en 2010 en Pekín. Yo participé de esta comunidad desde el principio, desde que hice mi posdoctorado en Dinamarca, entre 1992 y 1994”, explica Aucar. “Hemos aportado mucho con otros investigadores del Nordeste y por eso cuando planteamos que el evento se realizara en Corrientes la propuesta fue aceptada. Además –agrega– en la Argentina son muy pocos los que trabajan en esta área y el nuestro es el grupo más fuerte en toda América del Sur”. Y aclara también el apoyo recibido en la organización del evento tanto por el gobierno de la provincia de Corrientes, como por la UNNE, el CONICET y el FONCyT (Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica). 

–¿Cuál es la incidencia práctica de estas investigaciones?

–Para estudiar compuestos que tengan oro, por ejemplo, y entender los procesos físicos y químicos que producen tanto su luminosidad, como su dureza o su perdurabilidad, uno debe aplicar una física denominada cuántica relativista. Si desde la teoría no se incluyen los efectos llamados relativistas, no se entienden los fenómenos que ocurren en este tipo de materiales. Por ejemplo, sin incluir los efectos de la relatividad, el color del oro sería como el de la plata, o el mercurio no sería líquido, sino que sería sólido. Entender estos fenómenos permite diseñar nuevos materiales orientados a aplicaciones.

–¿Cómo se fue construyendo este grupo de investigadores en Corrientes? 

–Luego de mi posdoctorado en Dinamarca, donde fui con toda mi familia, entre 1992 y 1994, tuvimos que optar entre volver a la Argentina o quedarnos en Europa. En mi familia primó la idea de devolver al lugar al que pertenecíamos lo que habíamos recibido: traer la experiencia familiar y profesional adquirida en el exterior. Así que volvimos para construir un grupo que pudiera competir y aportar a nivel internacional desde nuestra región. Siempre digo que si los más capaces se ven obligados a abandonar su lugar de origen, esto lo empobrece. La pobreza de una región es proporcional al número de sus mejores recursos humanos que la abandonan.

–¿Fue una tarea fácil?

–Nunca habría imaginado que sería tan difícil. En los noventa no existían las condiciones que hoy tiene el país de apostar a la ciencia y la tecnología. En ese entonces era algo “superfluo”, con escasos recursos y salarios muy bajos. En algunos casos había que partir de cero. Creo que los primeros cinco años fueron de grandes incógnitas acerca de la opción de volver al país. Pero, de a poco, algunos alumnos brillantes se fueron incorporando al grupo, empezaron a formarse y el motor así pudo arrancar. Puedo decir que recién ahora, después de tanto tiempo, luego del congreso realizado, sentí que había regresado para esto. Advertí, en cierto sentido, una vocación, un llamado muy fuerte en mí que me confirmó en la decisión de trabajar aquí.

–La investigación está recibiendo un fuerte impulso, incluso cientos de investigadores han regresado al país... 

–Sin duda. Hacía décadas que la Argentina no contaba con un período tan importante para la ciencia y la tecnología como los últimos siete u ocho años. Se han dado las condiciones para que no sólo regresaran científicos, sino que se establecieron bases de un desarrollo que va a ser muy difícil de modificar en el mediano plazo. No sólo por los recursos a disposición, sino por la calidad de la estructura que se ha implantado en el país, con la promoción de nuevos institutos, nuevas redes, nuevos investigadores, instrumentos de promoción, proyectos, etcétera.

–Eso supone un sistema de universidades que, evidentemente, son aptas para formar investigadores.

–Creo que la Argentina se caracteriza por un nivel de instrucción básica muy marcada y por ser un crisol de razas, que la hace peculiar respecto de otros países de la región. Además, la universidad pública y gratuita hace que incluso quienes provienen de sectores muy humildes logren estudiar y obtener títulos universitarios, lo que amplía la base de recursos humanos intelectualmente bien dotados que distingue el país. También es cierto que, en general, a nuestras universidades les cuesta alcanzar el envión que estamos teniendo en ciencia y tecnología. Los recursos humanos que ingresan en el sistema de Ciencia y Tecnología como el CONICET, a veces no reflejan lo que ocurre en la universidad en general. Sin embargo, muchos de estos recursos son de muy alto nivel, competitivos a nivel internacional.

–¿Cuál es el rol de la investigación en un país?


–El Nordeste es una de las regiones más pobres del país, y a mi entender eso tiene que ver con que los recursos humanos de más alta calidad se van porque muchas veces no tienen posibilidad de desarrollarse aquí, pese a que la región los necesite como el agua. En el mundo actual, una región que no cuenta con una estructura científico tecnológica que pueda decodificar lo que se conoce y se desarrolla en otros lugares para aplicarlo localmente, termina por estancarse viviendo con estructuras y modalidades de otros tiempos. En el mundo globalizado en que vivimos, la investigación, que debe ser del más alto nivel posible, es uno de los factores decisivos para el desarrollo local, tanto por lo que produce como conocimiento volcado en aplicaciones, como por el estímulo de desarrollo humano que despierta en las nuevas generaciones.

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