lunes, 15 de abril de 2013

Ganó Maduro, pero costó

El sucesor de Chávez se afirmó con 1,5 puntos de ventaja. En octubre, Hugo Chávez había triunfado sobre el mismo candidato opositor, Henrique Capriles, con once puntos de diferencia. La agenda del nuevo presidente.

¿Fue una victoria a lo Pirro? Sí, cuando consideramos hace apenas seis meses Hugo Chávez triunfó sobre el mismo líder de la oposición, Henrique Capriles, con once punto de diferencia. En ese entonces, Capriles reconoció de inmediato la derrota y admitió la imposibilidad de un fraude. Maduro ganó pero con un punto y medio de diferencia.

El hoy presidente electo debió estar al tanto, por los sondeos, del achicamiento de esa ventaja si durante la campaña incluso hizo mención de lo que haría en caso de pasar a la oposición, posiblemente otra de las torpezas demostrada a lo largo de una campaña electoral relámpago. Capriles ha afirmado que reconocerá el resultado electoral sólo después de un recuento “voto por voto, caja por caja”.

Para la Comisión Electoral Nacional, Maduro consiguió el 50,66 por ciento de los votos, Capriles el 49,07. Evidentemente hay una franja del electorado que en octubre votó por Chávez sin demasiada convicción y que ahora se inclinó por el líder de la oposición.

Durante poco tiempo vicepresidente de Chávez, ex canciller y ex sindicalista del subte de Caracas, en el que trabajó como conductor, Maduro descolló como figura recién cuando el líder de la evolución bolivariana indicó en él su sucesor. Esa voluntad cortó por lo sano todo conato de interna para la sucesión, pero también puso a Maduro ante la obligación de dar pruebas de que disponía de los requisitos para ser sucesor de un líder carismático dotado de mucha creatividad y de llegada popular.

La campaña del nuevo presidente de Venezuela pareció centrarse más en ser ejecutor de un testamento que en dar prueba de su capacidad de gestión. Y esto mientras las noticias del frente económico no fueron nada buenas: la inflación sigue en torno del 30 por ciento, acentuada por una feroz devaluación de la divisa nacional que en seis meses alcanzó el 80 por ciento.

El tema es que esta medida había sido negada durante mucho tiempo y tachada de recurso proprio de las políticas neoliberistas. Existe un importante desabastecimiento de mercadería, mientras que para los empresarios que deben pagar cuentas en dólares, el cepo a la moneda estadounidense crea cada vez más complicaciones.

Todo indica que ya no son los tiempos de las amplias mayorías que respaldaban la gestión de gobierno, ni de una oposición dividida y con escasa capacidad de incidir con su discurso. Capriles se presenta como un adversario capaz de poner en dificultad al oficialismo, mientras que el electorado se presenta cada vez más dividido en mitades. Maduro deberá ahora lidiar con un frente interno que posiblemente tendrá argumentos de crítica hacia su desempeño.

Dentro del chavismo aparecieron indicaciones de centrar el discurso, más que en el adversario y en las supuestas conspiraciones para desestabilizar el gobierno, en las cuestiones de fondo, como el posicionamiento de la economía comunal, la necesidad de superar la cultura rentista petrolera, la aplicación de los planes de desarrollo creados por Chávez y encontrar soluciones al problema de la inflación y la devaluación. No ha sido mencionado, pero sigue siendo un problema grave el de la inseguridad, que en Venezuela está alcanzando niveles cada vez más graves.

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