lunes, 25 de abril de 2016

Esa gratuidad de la que habla el Papa

En su intervención de este domingo en el encuentro organizado en Roma por los Focolares, el Papa ha pronunciado algunas palabras que merecen una profundización. Bergoglio habla, en efecto de gratuidad, y sostiene que es una palabra fundamental para inyectar el amor en las relaciones sociales: “Falta la amistad. En el centro del mundo hoy existe el dios dinero, pero la palabra clave es ‘gratuidad’, para hacer que este desierto se convierta en una selva”.

Una de las herencias de la modernidad es que las leyes y los contratos son los reguladores de la vida social e institucional. Este postulado soslaya un elemento importante de la realidad: también el amor, es decir, la gratuidad, es un regulador social. Lo dicen muchos comportamientos “gratuitos” que tenemos a menudo: por ejemplo, la participación a actividades de voluntariado, nuestra adhesión a proyectos solidarios, muchos gestos caritativos o benéficos para los más necesitados.

¿Qué se entiende entonces por gratuidad? Son comportamientos y actitudes que mantenemos no porque tienen un retorno inmediato. A veces incluso son gestos aislados en medio de los comportamientos generales, como los que tratan de no ensuciar una calle pública invadida por la basura. Puede que generen una respuesta, también gratuita, y en ese caso van generando comportamientos recíprocos que instalan relaciones más profundas, valores, clima de cooperación, incluso bienes relacionales.

La imposibilidad de soslayar este aspecto, que deberíamos fomentar y contagiar, es que si lo pensamos bien incluso para cumplir con leyes y contratos se necesita de un elemento de gratuidad. El contrato nunca podrá establecer con cuánta inteligencia realizar una tarea. Muy a menudo, un trabajador de una fábrica aportará una excelente idea que mejora un proceso productivo, porque gratuitamente reflexionó acerca de cómo realizarlo mejor. Nadie podrá indicar con cuanta empatía y no sólo cortesía atender un público, con cuánta creatividad didáctica impartir una lección a nuestros alumnos, con cuánta dedicación tratar a nuestros clientes...

El sindicalismo sabe muy bien que el trabajo a reglamento es la mejor manera de bloquear una actividad laboral. Si sólo cumplimos la letra de las normas, y de las leyes, podemos bloquear una convivencia. Porque no se genera colaboración, confianza recíproca, lealtad, espíritu de iniciativa proactivo, actitudes de cuidado que son imposibles de prever por las normas. Éstas siempre serán el mínimo necesario pero no suficiente de una convivencia de cualquier tipo.


La gratuidad es por lo tanto un elemento esencial para nuestra vida social. Le da sabor, aroma, color... Así como la fraternidad representa el límite y el contenido de los otros dos valores que sintetizan la dimensión política y social de nuestra sociedad: libertad e igualdad.

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