miércoles, 10 de marzo de 2010

¿Tiempos menos violentos?

Si bien la “sensación térmica” nos asegura que vivimos en un mundo cada vez más violento, desde el fin de la Guerra Fría los conflictos armados y la violencia en general bajaron sensiblemente.

La idea que se ha instalado en la opinión pública, no sin la ayuda de los medios de comunicación, es que vivimos en un mundo inseguro. Las guerras, los conflictos en otros países y la inseguridad en nuestras calles nos ponen en estado de alerta y, con frecuencia, generan cierto pesimismo con respecto al futuro. Esta percepción se ha acentuado después del 11–S, el trágico evento que motivó la proclamación unilateral por parte de la Casa Blanca de una “guerra global contra el terrorismo”.
¿Se condice con la realidad dicha sensación? El sociólogo italiano Pino Arlacchi lo niega rotundamente en un reciente ensayo (El engaño y el miedo, en castellano). Para este destacado investigador, que como ex vicesecretario general de las Naciones Unidas tuvo una visión privilegiada de la realidad internacional, el panorama es muy diferente.

Menos conflictos
Según Arlacchi, desde el fin de la Guerra Fría los conflictos en el mundo disminuyeron en un 60%. Las guerras globales en 2007 alcanzaron el nivel más bajo desde 1950; desde 2003, con la excepción de la invasión de Iraq, los conflictos armados entre Estados han desaparecido. Las crisis internacionales, que suelen ser fuentes de conflictos, disminuyeron un 70% entre 1981 y 2004.
Se diría que la guerra como método para la solución de conflictos tiende a ser abandonada: entre 1992 y 2007 las victorias militares han resuelto el 7,5% de los conflictos, en el restante 92,5% se recurrió a la negociación.
Desde comienzos de los ’90, también disminuyeron las guerras civiles. Según el criterio que se use para catalogarlas, bajaron entre el 40 y el 80%. Y también disminuyó su virulencia.
Otra fuente de conflictos internos son los golpes de Estado, que se han reducido de manera notable. Fueron 23 en 1963, diez en 2004 y tres en 2005. Y la mayoría de los levantamientos que se llevaron a cabo desde el año 2000, fracasaron. Entre 2007 y 2009 sólo se verificó el de Honduras.
“Por primera vez en la historia – escribe Arlacchi – las regiones más ricas y pobladas del mundo han quedado casi completamente libres de conflictos significativos: Europa, las dos Américas y Asia oriental hospedan el 60% de la población y de la riqueza mundial y son áreas en las cuales la paz interna e internacional se consolida cada día más”.

Métodos no violentos
También el recurso de la violencia como forma de disputa política disminuye. En 1986 los
grupos violentos constituían el 58% de las organizaciones en lucha, pero en 2004 representaban el 14%. Arlacchi cita un estudio sobre 323 campañas de resistencia civil llevadas a cabo contra gobiernos –tanto autoritarios como democráticos–, del cual se desprende que entre 1900 y 2006 las estrategias pacíficas han logrado su objetivo en el 53% de los casos, mientras que la violencia obtuvo resultados en el 26%.
Un capítulo importante es el que el autor le dedica al terrorismo. Por lo visto esta práctica da magros resultados, puesto que sólo en el 7% de los casos ha logrado sus objetivos.

Frente a la pretensión de instalar un clima de agresión dirigida contra Occidente, sobre todo desde el terrorismo de matriz islámica, un documento de 2006 sobre la National Security Strategy, afirma, en realidad, que "luego del 11–S la mayoría de los ataques terroristas se verificaron en países musulmanes”; y musulmanes fueron también la gran mayoría de las víctimas. Según la Rand Mipt, entre el 2005 y el 2007 en todo el mundo hubo 14.401 ataques terroristas que provocaron 27.191 víctimas. Dos tercios de esos ataques se concentraron en 12 países de Medio Oriente y el Golfo Pérsico, y allí también se verificó el 81% de las víctimas. En cambio, en Europa sólo el 3,2% de los ataques y en los Estados Unidos el 0,1%. Según la base de datos del National Counterterrorism Center estadounidense, sobre 15.035 atentados que se verificaron entre 2004 y 2007 en Medio Oriente y Golfo Pérsico, en 330 casos (el 2,2%) el blanco fueron personas occidentales, que provocaron 1.447 víctimas sobre un total de 37.404. Pero lo que el documento no dice es que ese número de occidentales incluye a los soldados de los ejércitos de ocupación aliados en Iraq y Afganistán.
El dato es importante, porque estas informaciones nos permiten llegar a una conclusión distinta de la que se pretende instalar: el terrorismo responde en gran medida a problemas internos del mundo islámico. No es casual entonces que el Departamento de Estado de los Estados Unidos haya dejado de publicar las estadísticas sobre víctimas del terrorismo de ese país. Porque sería embarazoso admitir que entre 2006 y 2007 hubo en total tres víctimas estadounidenses, y que en 2008 ninguna. Desde los ’90 la cantidad de víctimas fue mínima y constante su número, con la excepción del año 2001.

Más democracia, más desarrollo, menos violencia
Arlacchi está convencido de que el principal factor para desterrar la guerra, los conflictos y la violencia es la democracia y el progreso. Y las estadísticas parecen ser coincidentes en indicar que desde la caída del Muro de Berlín la democracia y el progreso han avanzado en el mundo. Los países democráticos eran 69 antes de 1989 y hoy suman 119. El rechazo al uso de la fuerza y la violencia tiene otros efectos: en 1950 el 65% de los Estados practicaban alguna forma de discriminación; en 2005 eran el 38%.
En materia de criminalidad, Arlacchi contradice el discurso no sólo de muchos medios de comunicación sino también de algunos políticos: desde la década de los ’90 y hasta el comienzo del nuevo siglo, los índices de criminalidad y en especial de los crímenes más violentos han bajado en todo el mundo. En los Estados Unidos, entre 1991 y 2001 los homicidios se redujeron un 43%; para el FBI los delitos violentos y contra la propiedad disminuyeron el 34% y el 29% respectivamente. La misma tendencia se registra en Canadá.
En Italia, país de poderosas mafias, en 2001 bajaron los homicidios a la mitad respecto de 1991, y en 2006 fueron la tercera parte. En la Unión Europea, los actos criminales se redujeron el 30% a los largo de los '90 y en algunos países miembros bajaron el 40%.

Otro mito se derrumba
Citando estudios y cifras concretos, Arlacchi se encarga de desmantelar el mito de la vinculación entre inmigración de extranjeros y aumento de la criminalidad. Por el contrario, en Europa y en los Estados Unidos los delitos han bajado pese al aumento de la inmigración. El fenómeno está siendo observado por expertos que revelaron que en localidades estadounidenses con mayor presencia de inmigrantes, como El Paso, San Diego y Miami, el delito va en disminución. El criminólogo Andrew Kerman constata en un estudio (El misterio de los homicidios en New York), que en las zonas de importante presencia de inmigrantes la ley es respetada. Para Robert Sampson, de la Universidad de Harward, la razón es que muchos inmigrantes provienen de regiones menos violentas, y hay menos tendencia a violar la ley.
En la Unión Europea hay datos similares: entre 1995 y 2003 los extranjeros pasaron de menos de 700 mil a 2 millones, pero el delito se redujo entre el 20 y el 50% según las zonas. En dicho período, en Italia, donde la población extranjera creció el 130%, los homicidios bajaron el 28%; en Alemania, donde el número de inmigrantes no creció tanto, los homicidios bajaron el 46%; en los Balcanes bajaron el 80%.

Conclusiones
No es intención de Arlacchi trazar el panorama de un mundo “color rosa”. La paz sigue siendo muchas veces un anhelo; y en el mundo hay ciudades tan inseguras como el D.F. de México, San Pablo, Río de Janeiro, Bogotá o incluso Buenos Aires. Pero es sugestiva la alentadora tendencia que él señala: la reducción de estos fenómenos allí donde crece la calidad de la democracia y donde el desarrollo permite salvar a miles de ciudadanos de la pobreza. Se confirma que la democracia y el progreso son el mejor camino para la paz.

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