jueves, 1 de octubre de 2015

Unión Europea: ¿abrirse o cerrarse?


No ha aparecido todavía la clave para afrontar dos cuestiones que hoy son una: la de los migrantes que intentan llegar al Viejo Continente, y la ola de refugiados que huyen de los conflictos.

Las imágenes dramáticas de la oleada de sirios tratando de ingresar a Europa dieron la vuelta al mundo y sacudieron las conciencias de muchos. Los gobiernos oscilaron entre la cerrazón, el inmovilismo y el cálculo, mientras en la gente apareció una espontánea reacción solidaria que llevó a muchos, en Austria y Alemania, a salir a recibir a los refugiados con aplausos y alimentos, mientras el Papa alentaba a la catolicidad a abrir incluso las puertas de parroquias, conventos y casas religiosas (muchas vacías) para dar hospitalidad.
En lo que va del año, 350.000 mil personas han tratado de ingresar a Europa. Miles han muerto en el intento. Qué hacer es un tema que divide a la opinión pública: hay quien calcula riesgos y costos y quien apela a la solidaridad, como otras regiones del planeta lo han hecho con los europeos en otros momentos de la historia. Una solidaridad que está a la base de la verdadera identidad de la Europa unida.

Migrantes y refugiados
Hay varios factores que se han conjugado en estas circunstancias. Al flujo de migrantes que desde el sur del mundo buscan llegar a Europa, se unió el de los desplazados por varios conflictos, en particular el de Siria, pero también los de Iraq y Afganstán, Yemen, Sur de Sudán, y otros estallidos en el Norte de África (Libia, Mali).
Desde 2004 y hasta 2010, intentaban ingresar a Europa entre 200.000 y 300.000 personas al año. Esa cantidad se incrementó desde 2011, al estallar los conflictos en el Norte de África y Siria, hasta llegar a 626.000 personas en 2014. Un tercio de este total proviene de Siria, Iraq y Afganistán.
También a comienzo de los noventa se produjo una oleada migratoria, sobre todo desde el Este europeo, que alcanzó las 678.000 personas en 1992. Luego de algunos sacudones, la situación pudo ser manejada por los gobiernos. Hoy la Unión Europea (UE) cuenta con 28 países y 508 millones de habitantes. Las cifras de 2014 representan el 0,12 % de la población de la UE. Es difícil creer que uno de los bloques económicamente más poderoso hoy no pueda responder a la emergencia humanitaria, sabiendo que miles de personas murieron al enfrentar un viaje riesgoso siendo a menudo presas y víctimas de traficantes de personas.
Además, es llamativo que países con economías mucho mas débiles, como Líbano, Turquía y Jordania, ya hayan recibido a unos cuatro millones de refugiados.
Ángela Merkel, la jefa de Gobierno de Alemania, ha sido clave para sacar de la inmovilidad a la UE. Su vice canciller llegó a mencionar la posibilidad de permitir el ingreso de 500.000 sirios al año, durante varios años. Actualmente, la UE está trabajando para repartir 160.000 personas ya llegadas en estos meses, pero no es fácil superar la oposición de varios de los 28 miembros de la UE.
Uno de los problemas es la ausencia hasta ahora de una política coordinada en un bloque dividido sobre una cuestión que no es fácil dirimir: abrirse o cerrarse.

Mitos, populismos y demografía
Hay grupos xenófobos y de derecha que se cierran tras visiones egoístas y culturalmente retrógradas, como los temores por la identidad europea, debido a que es islámica la gran parte de estos migrantes y refugiados. Un argumento inconsistente, cuando se considera que la UE es habitada por 508 millones de ciudadanos.
En el medio aparecen mitos del tipo: no hay lugar para más gente, los que llegan quitan el trabajo a los locales. El argumento en Italia se desinfló ante los datos oficiales: el número de italianos que dejan el país supera el de la llegada de migrantes. Respecto del trabajo, amén de que es notorio que hay oficios que los europeos no desean realizar, la Federación de la Industria Alemana estima que su sistema productivo necesita de 800 000 trabajadores extranjeros.
La presencia de estos trabajadores es importante también por un motivo demográfico. La tasa de natalidad de los europeos es negativa frente al incremento que registran las comunidades de extraeuropeos. Los aportes de estos futuros trabajadores serán clave para garantizar la viabilidad del costoso sistema de seguridad social.

Causas y efectos
En un capitalismo que parece alimentarse de la desigualdad, la gente sigue las oportunidades allí donde se dirigen los flujos de dinero, originando las migraciones. En el largo plazo, la alternativa es fomentar el desarrollo de las países pobres. Para eso es necesario cambiar las relaciones de intercambio fuertemente a favor de los más ricos. El esquema colonial aplicado en varias regiones de África, por ejemplo, nunca se ha ido y sigue frenando el desarrollo de muchos países. Teóricamente, se ha fijado un aporte para la cooperación del 0,7 % del PBI, pero son pocos los países ricos que cumplen con este compromiso.
En el corto plazo, el recurso político más importante sería el de actuar políticamente para frenar los conflictos armados que están provocando esta emergencia. Sin embargo, hay una gran cortina mediática que oculta que Francia, Reino Unido, los Estados Unidos y las monarquías del Golfo han impulsado varios de estos conflictos, cuyo principal efecto (o estrategia) ha sido el caos. Directa o indirectamente, figuras como Hillary Clinton, el general Wesley Clark, Henry Kissinger, admitieron que para desestabilizar los gobiernos de Libia y Siria se ha recurrido a grupos terroristas, cuyo “control” ha escapado de las manos, convirtiendo estos territorios en campos de entrenamiento para mercenarios y fanáticos.

Hay que detener esta “tercera guerra mundial” que se desarrolla por pedazos, como la ha definido el Papa.

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