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viernes, 1 de mayo de 2015

Estados Unidos e Irán ensayan acuerdos más profundos

En abril, las potencias del grupo 5+1 alcanzaron un importante pre acuerdo sobre el programa nuclear de Irán que en junio podría transformarse en definitivo. Es un paso positivo pero no el único en las relaciones entre Washington y Teherán.

viernes, 9 de enero de 2015

A la violencia se responde con más democracia


La primera reacción es la de solidaridad con las víctimas inocentes de este ataque violento que pretendió atentar contra una de las libertades fundamentales de nuestra sociedad. Sin embargo, esto no puede impedir detectar la necesidad de corregir algunas ambigüedades de Occidente respecto del fanatismo y la intolerancia.

Mientras desde Francia sigue el flujo informativo de las noticias vinculadas al ataque a la sede del semanario satírico Charlie Hebdo, en las redes sociales y en los medios de comunicación se multiplican las lecturas, los análisis y los comentarios sobre el atentado. No es fácil y tampoco es el momento para sacar conclusiones definitivas acerca de este episodio. La experiencia nos ha enseñado que, a menudo, los hechos vinculados con el terrorismo ofrecen más lados oscuros que explicaciones claras.

Sin duda, la primera reacción es el sentimiento de solidaridad con las víctimas de este atentado criminal. Gente común, trabajadores que este jueves había concurrido a su trabajo pensando que por la tarde regresaría a sus hogares. Que se haya atacado un medio de prensa, símbolo de una de las libertades fundamentales de Occidente dice que directa o indirectamente la furia homicida de estos sujetos se ha descargado sobre una expresión de los valores democráticos. También en este caso, la condena no puede sino ser firme y sin vacilaciones. El sistema de libertades sobre los cuales se construyen nuestras democracia, entre ellas la libertad de expresión, representa precisamente la mejor respuesta a toda tentación de involución violenta hacia sociedades autoritarias.

Hechas estas aclaraciones, hay sin embargo algunos aspectos que conviene recordar. La facilidad con la cual se vincula el terrorismo con el Islam lleva a peligrosas e injustas generalizaciones. Hay medios que con asombrosa incapacidad analítica y populismo de baja calidad hoy estigmatizan la inmigración árabe en Europa y el Islam atribuyéndole la paternidad del atentado. Paradojalmente, esta actitud olvida dos cosas: primero que una gran cantidad de islámicos han repudiado el hecho violento. En segundo lugar, ignora que una de las víctimas de los terroristas ha sido el policía rematado sin piedad, Hamed Merrabet, un hombre de origen árabe, padre de dos hijos y musulmán. Un funcionario policial que ha dado la vida para proteger el semanario que ofendía con sus viñetas la religión que profesaba.

La migración a Europa de islámicos provenientes de varios países de África y otros continentes, tiene una historia de décadas que no es posible borrar. La violencia de los atentadores golpea a todos, también a los inmigrantes que se han radicado en el Viejo Continente y se han insertado así como en América latina se han insertado musulmanes y judíos, además de cristianos. El ataque no es de una religión contra otra, sino que es de grupos fanatizados contra un sistema de vida civilizado capaz de integrar la diversidad. La respuesta no es transformarse en una fortaleza, sino ofreciendo más civilización todavía, más libertades, más garantías para que avance esta capacidad de mirar a la diversidad como una riqueza.

Tampoco podemos olvidar un aspecto importante y es el de la ambigua relación entre Occidente y el mundo del fanatismo radicalizado. Francia tiene graves responsabilidades respecto de la desestabilización de Libia y Siria, al haberse involucrado directa y pesadamente en esos conflictos. Todavía en 2013, el entonces ministro de relaciones exteriores francés, Laurent Fabius, sostenía que el grupo Al Nousra estaba realizando “un buen trabajo” en Siria. En ese entonces, Al Nousra se identificaba, y no sólo vinculaba, con Al Qaeda. Sucesivamente, de él migrarán milicianos hacia el Estado Islámico que hoy azota Iraq y Siria. La presencia de soldados franceses en ese país y en Libia, previo a los levantamientos que terminaron con el derrocamiento de Kadhafi fueron señalados en varias ocasiones. Pero cabe recordar que desde la primera Guerra del Golfo Occidente hasta los episodios más recientes que acabo de citar, pasando por las invasiones de Afganistán e Iraq, ha destapado durante casi un cuarto de siglo la caja de Pandora de enfrentamientos internos a sectores islámicos, utilizando convenientemente y con desparpajo grupos terroristas antes o después denunciados como tales. Esta política desquiciada ha alimentado figuras opacas e intereses todavía menos transparentes que actúan en la sombra. Mientras se siga en esta actitud, es difícil que alguien no siga intentando sembrar el caos.

Finalmente, también es la oportunidad para gastar una palabra sobre la libertad de expresión. Charlie Hebdo ha utilizado este pilar de la democracia traspasando el límite entre sátira y desacralización y la ofensa lisa y llana, con cierta dualidad de criterio. Echó a un diseñador por haber blandamente satirizado la conversión religiosa de un hijo del ex presidente Nicolas Sarkozy por actitud discriminatoria, pero eso no le ha impedido publicar viñetas que ofenden groseramente a los islámicos y también a los cristianos. Una cosa es la sátira, otra cosa es ser blasfemo. Porque en el fondo es otra forma de esa intolerancia que el semanario pretende combatir.

Occidente tiene el deber de hacer de sus conquistas un puente de civilización y de paz y no la escusa para justificar cualquier actitud. La sociedad que se ha formado en base a esas conquistas es mucho más compleja. Por eso, para encontrar una convivencia armónica entre sus ciudadanos, necesita no sólo de las libertades sino también del espíritu igualitario, que asigna criterios de justicia, y del espíritu de fraternidad que da límites y contenidos a esos dos valores.

lunes, 17 de diciembre de 2012

¿Qué pasa en Mali?

Es muy posible que pocos puedan ubicar en un mapa a Mali. Sin embargo, este país africano de 1,2 millones de km2, está siendo observado con preocupación como punto de llegada de numerosos guerrilleros fundamentalistas vinculados con Al Qaeda que se están concentrando en el desértico norte del país, para recibir entrenamiento y luego actuar en diferentes escenarios.
Luego del derrocamiento del régimen de Libia, numerosos tuareg que habían defendido al líder Muammar Kadafi, regresaron a Mali luego de hacerse con armas sustraídas de los arsenales. Tan bien pertrechados estaban los tuareg, que desde hace medio siglo reclaman el derecho a la autodeterminación, se alzaron contra el gobierno central, sin que el débil ejército regular pudiera oponérsele. Para peor, sectores de las fuerzas armadas llevaron a cabo un golpe de Estado. Unos días después, los tuareg, a comienzos de abril de 2012, proclamaron la independencia del norte del país, la región de Azawad, cuya  superficie es equivalente a la de Francia.
Pero la situación tuvo un cambio imprevisto: los guerrilleros de Ansar Dine, una organización radicalizada vinculada a Al Qaeda, rechazó la independencia de los tuareg y atacó no sólo a los grupos armados, sino también a la población civil. Ansar Dine rápidamente se hizo con el control de la región, demostrando una capacidad logística que se explica sólo con los recursos que llegan a las cajas de los grupos radicalizados como Al Qaeda. Fue aplicada duramente la ley islámica (sharia) y más de 400 mil habitantes de la región tuvieron que huir. Pronto se estuvo al borde de un Estado islámico no reconocido, que podría contar con una amplia región, cuyas fronteras porosas con Níger, Argelia y Mauritania, constituyen una zona ideal para todo tipo de tráfico clandestino, desde las armas a la droga.
La situación inestable del Mali preocupó a los países vecinos y las diferentes organizaciones de Estados africanos amenazaron con intervenir para restablecer la legalidad. Cientos de guerrilleros de sectores radicalizados se estaban concentrando en Azawad donde se podían entrenar y recibir adoctrinamiento.
La habilidad de los líderes de Al Qaeda consistió en apoyar en un primer momento la lucha de los tuareg, para luego hacerse con el control, aterrorizando a la población con su táctica terrorista y su mensaje supuestamente religioso.
A comienzos de diciembre hubo un acuerdo entre las partes, tuareg, Ansar Dine y el gobierno provisional de los golpistas para restablecer la unidad territorial del país y defender los derechos fundamentales de sus habitantes.
Pero no debe haber convencido mucho a los observadores de Washington, donde se especula con el apoyo de una intervención militar en Mali por parte de las fuerzas armadas de países africanos aliados de los Estados Unidos.
Subsiste en efecto la preocupación por una extensión de organizaciones vinculadas a Al Qaeda que, en un primer momento, han apoyado tanto las protestas civiles conocidas como “primavera árabe” como la lucha contra los regímenes de Libia y de Siria, para luego revelar sus verdaderas intenciones. Pero cuando ya habían recibido incluso el apoyo de los mismos países occidentales que luchan contra el terrorismo, comenzando por los Estados Unidos.
En medio de este tipo de torpezas, Al Qaeda cosecha resultados al aprovechar la protesta de algunas poblaciones para insertarse en ese contexto y luego dominar la situación gracias a los cuantiosos recursos que reciben por los gobiernos de los Estados petroleros del Golfo Pérsico, que pretenden difundir las doctrinas radicalizadas de la versión salafita del Islam.
La primavera árabe corre el riesgo de teñirse de los sombríos colores del terrorismo.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Los franceses y la verdad

Hay que decirle la verdad a los franceses, parece ser el lema del presidente François Hollande. Quizás el problema reside en qué momento decirla. Por lo visto, no es durante la campaña electoral que hay que ser sincero. ¿De qué manera interpretar si no el giro político de este socialista que, una vez alcanzada la máxima magistratura del país, aplicó primero un ajuste de 30 mil millones de euros, en un paquete de medidas que aumentó incluso el IVA? Este impuesto regresivo ha sido detestado desde siempre por la izquierda, y el mismo presidente lo denunció durante la campaña electoral.
Hoy Hollande se declara satisfecho por la tranquilidad de los mercados que permiten a Francia refinanciar su deuda pública descomunal a tasas del 2 por ciento. Y con la misma soltura oratoria anunció ayer que su país reconoce a la nueva coalición opositora de Siria como la única representante del pueblo. Acto seguido añadió que deberá ser planteada la fornitura de armas a los rebeldes, en un conflicto interno que ya ha provocado más de 30 mil muertos. El anunció no es menor. Hasta ahora el trabajo sucio de proveer de armas a los rebeldes ha sido realizado por Turquía, ya que formalmente los países occidentales rechazaban esta idea. Una tarea que incluye el apoyo de grupos terroristas vinculados a Al Qaeda, como ha sido denunciado en más de una oportunidad.
En realidad, los servicios de inteligencias de Francia, Reino Unido y Estados Unidos, en cooperación con Arabia Saudita y Qatar nunca han dejado de apoyar la desestabilización del gobierno del presidente El Assad. Hollande repite el guión utilizado por su predecesor Nicolas Sakozy fogoneando la rebelión en Libia, el año pasado, para derrocar al líder de ese país Khadafy. También en materia de política exterior, por lo tanto, Hollande da un giro importante siguiendo los pasos de la derecha. En cuanto a Europa, Hollande se declara a favor de varias velocidades dentro del bloque, considerando las diferentes potencialidades de los países miembros del bloque.
Ayer, en conferencia de prensa, el presidente se dijo a favor de un plan de apoyo a Grecia.
Hábil orador, el presidente durante un largo diálogo con 400 periodistas ha invitado a los franceses a unirse en un bloque monolítico para respaldar el gobierno en una tarea que no será fácil. Debido al elevado nivel de la deuda pública. Pero la oratoria de Holland no sirve para mejorar su imagen: apenas un 35 por ciento de opinión favorable según las encuestas.
Al fin y al cabo a la gente no le falta sentido común, aunque por cierto, un sondeo no se puede comparar a la emisión del voto. El presidente de Francia tiene el resto del mandato para demostrar que cree en el ideario socialista que lo llevó a ser el inquilino del Eliseo.

domingo, 20 de mayo de 2012

Nuevo escenario político en Francia


Como escribe acertadamente el periodista parisino Jean Michel Merlin, “serán las elecciones legislativas de junio a dar al país un nuevo rostro político”. En efecto, si bien el socialista Francois Hollande ha resultado ser el ganador de las elecciones presidenciales, el electorado francés dista mucho de haber decidido respaldar masivamente su orientación ideológica. El triunfo de Hollande ha sido claro, pero no se lo puede definir como contundente: 51,7 por ciento de los votos, algo más de tres puntos por encima de las preferencias cosechadas por su rival, Nicolas Sarkozy, en un fin de semana electoral que registró una muy buena concurrencia, puesto que más del 80 por ciento de los votantes fue a las urnas.

Esperando la “tercera vuelta”

Un repaso de los resultados de la primera vuelta de estas elecciones presidenciales da una idea de reparto de las preferencias entre los candidatos: Hollande consiguió el 28,6 por ciento de los votos, el saliente presidente Sarkozy llegó en cambio al 27 por ciento con su propuesta de derecha, al tiempo que la verdadera sorpresa fue el respaldo cosechado por la extrema derecha representada por Marine Le Pen (la hija de Jean-Marie, conocidos por sus posturas xenófobas), con un inesperado 18 por ciento de las preferencias. El Frente de izquierda-partido comunista de Jean-Louis Mélechon, por su parte, no fue más allá del 11 por ciento, mientras que el centrista Francois Bayrou apenas superó el 9 por ciento.
Falta a este punto la “tercera vuelta”, como algunas figuras de la derecha han definido las próximas elecciones legislativas que, en junio, definirán la composición del Parlamento galo. El flamante presidente, por lo tanto, casi no tendrá tiempo para enfrentar ese nuevo compromiso y, al mismo tiempo, dar los primeros pasos como Jefe de Estado de esta tradicional potencia occidental. Sus márgenes de maniobra política se verán acotados, acaso sobre todo por los sectores más extremos, tanto de la derecha como de la izquierda (Le Pen y Mélechon), quienes posiblemente apuntarán sus dardos contra la moderación que Hollande supo manifestar a lo largo de su inteligente campaña electoral.

Algo más que estilos diferentes

La pregunta clave es cómo se llegó a este resultado. Una de las críticas más frecuentes dirigida a la gestión de Nicolas Sarokozy ha sido la de haber gobernado para los ricos, los industriales, los poderosos. De esto parecen estar convencidos los sectores de clase media y baja. Son precisamente esos sectores de la población que, en estos años, no han visto grandes mejoras al problema del desempleo. Éste se acentúa particularmente en las grandes periferias habitadas por los descendientes de segunda y tercera generación de los inmigrantes de las ex colonias francesas del norte y del centro de África, donde en 2005 estallaron violentos disturbios, comenzando por los suburbios parisinos. “Nos sentimos despreciados por Sarkozy”, comentaba un habitante de la periferia de París recordando la arrogancia con la que el ex presidente se dirigió a menudo hacia la clase media. Una actitud que el ex presidente intentó moderar con gestos algo torpes, como cuando fue filmado quitándose un costoso reloj antes de saludar a gente común por la calle. Sin embargo, se fue afirmando la convicción de que se trataba de gestos pour la galerie. El verdadero Sarkozy volvía a aparecer en seguida. Como cuando, para congraciarse a la extrema derecha, el primero de mayo opuso la celebración de la fiesta de los “verdaderos trabajadores” a la que tradicionalmente protagonizaban los sindicatos.
Por otro lado, durante su gestión Sarkozy centralizó en sus manos el poder en un híperactivismo que, en los primeros meses de su mandato, hasta pareció una forma de sobreactuación. De este modo, el rol del primer ministro quedó desdibujado, terminando por ser un mero ejecutor de sus órdenes. Más grave aún fue haber transformado el parlamento en una escribanía que sólo tenía que ratificar sus decisiones.
En el balotaje, poco más de la mitad de los votantes ha rechazado claramente estos errores. Tanto es así que, en la noche de los festejos, el eslogan no fue “Hollande presidente” sino “Sarkozy, se terminó”. La muchedumbre esperó al primer mandatario electo con banderas no sólo francesas, sino europeas, belgas, italianas, tunecinas en una muestra de amplitud de visiones y de actitud inclusiva.
Tomando distancia de su ex rival, Hollande manifestó por lo tanto la intención de ser el presidente de todos los franceses. Agradeció el apoyo de los centristas representados por Bayrou, y prometió que el primer ministro gobernaría efectivamente. Se comprometió sobre dos demandas muy populares y claves: la justicia y los jóvenes. “La justicia dispondrá de todas las garantías para ser independiente”, y a los jóvenes prometió todo los esfuerzos para que tengan un porvenir y las mismas posibilidades, sin distinción de raza, religión o procedencia, dijo en el día de su asunción. En otro orden, aseguró su compromiso ante la tremenda crisis que azota a la Unión Europea con medidas que no se limiten al rigor fiscal, sino que apunten al crecimiento y a la generación de empleo con una mirada especialmente dirigida a las nuevas generaciones. “Fijaré mis prioridades, pero no decidiré todo, por todo y para todo”, declaró en su discurso de investidura, tomando una vez más distancia del hiperpresidencialismo de la gestión anterior.

Francia y el mundo

Sin duda, durante estos años Francia ha ejercido un creciente rol de liderazgo en Europa. Sarkozy supo aprovechar el alineamiento británico con la política de la Casa Blanca y la nula simpatía por el euro, estableciendo un eje Berlín – París que ha cobrado particular relevancia a partir del último año, cuando la crisis financiera ha estallado en el Viejo Continente, obligando a la zona del euro a redefinir estrategias comunes más decididas para hacer frente al descalabro griego, y a la alerta roja proveniente de las economías, española, italiana y portuguesa (el grupo fue bautizado con el acrónimo PIGS, por las iniciales de estos países en inglés).
Pero la necesidad de demostrar que el de Francia era un gobierno fuerte ha provocado también otro cambio sustancial de la política exterior gala. Luego de años de cierta pasividad, en los que Estados Unidos y Reino Unido desplegaron un gran poder de iniciativa en África, continente en el que Francia tiene importantes intereses políticos y comerciales con sus ex colonias. Londres y Washington tenían un plan que consistía directamente en ir expulsando a los franceses de la región. La jugada más lograda en este sentido fue el derrocamiento, en 1998, del dictador del entonces Zaire (hoy República Democrática de Congo), Mobutu Sese Seko a manos de Laurent Desiré Kabila. Ese plan, nombre en código: “herradura”, fue ejecutado sin contemplaciones. Cabe recordar que el conflicto, que sigue todavía, produjo varios millones de muertes y el desmembramiento de facto de Congo. En el intento de defender a Mobutu, París recurrió a mercenarios serbios y bosnios, acusados de crímenes de guerra cometidos en el conflicto de la ex Yugoslavia. Lo cual le valió al gobierno francés un embarazoso escándalo (1). También se puede leer en este sentido la desestabilización sucesiva de otros países, en especial, Costa de Marfil.
Más recientemente, en África apareció otro competidor de relieve: China. Sarkozy supo aprovechar a su favor la rivalidad entre Estados Unidos y China, aliándose contra el “adversario” común asiático con Washington y Londres. Dos hechos marcan esta decisión: el regreso de los franceses en el mando operativo de la OTAN, y el conflicto desencadenado en Libia.
Desde la presidencia de Charles De Gaulle, París había dejado de integrar el mando operativo de la OTAN. Para el viejo presidente ningún soldado francés debería recibiría órdenes de alguien de otro país. Sarkozy modificó esta línea en 2009. La Casa Blanca, estaba decidida a frenar el avance chino en África, donde la potencia asiática está tratando hacer negocios con los países productores de petróleo, entre ellos Libia, en aplicación de una política destinada a limitar los esfuerzos de China de multiplicar sus fuentes de abastecimiento de crudo, sin el cual no le será posible mantener los altos niveles de crecimiento económico. Por su parte Sarkozy quería desplazar a las empresas italianas, con las que el líder libio Muhammar Khadafi tuvo un trato preferencial gracias al vínculo amistoso con el primer ministro italiano Silvio Berlusconi. Esta coincidencia entre París y la Casa Blanca explica el rol particularmente activo de Sarkozy en oportunidad de la intervención militar en Libia, teóricamente para proteger a la población civil, en la realidad, al lado de los insurgentes. En efecto, meses antes de que en Libia estallara la revuelta, se registró una fuerte presencia de elementos de inteligencia de varios países, y también franceses. Éstos fueron preparando los escenarios que luego por intermedio de una oportuna maquinaria mediática fueron presentados como la salvaje represión por parte del régimen de Khadafi. Entre los elementos contratados para hacer estallar la revuelta, curiosamente, figura el Grupo Islámico Combatiente de Libia. Una organización, paradojalmente, vinculada a Al Qaeda, que en la página web del ministerio del interior británico figura como proscripta en ese país, mientras que en la página del Departamento de Estado de los Estados Unidos, sigue figurando como grupo terrorista (2). Por lo visto, cuando se trata de intereses comerciales, es fácil para ciertos gobiernos taparse la nariz y negociar con quien sea. Hoy inútilmente Amnistía Internacional señala que en Libia se sigue torturando y ejecutando a adversarios.
La cuestión es que si bien Francia recuperó un papel de liderazgo en el plano internacional, no todos estos episodios han reportado ventajas claves, ni pueden ser esgrimidos con orgullo, al punto tal que no constituyeron un punto fuerte durante la pasada gestión de Sarkozy.

Las cuentas de Francia

Monsieur le president tendrá además una situación económica complicada, como cualquier país europeo en este momento, ya que la crisis financiera parece avanzar en modo imparable. En las semanas venideras se jugará el futuro de Grecia, sacudida y al borde de la bancarrota si no se pagan unos 30.000 millones de euros antes de fines de junio. Para el economista italiano Alberto Bagnai “Francia tiene un importante problema de competitividad que se traduce en un creciente endeudamiento externo (...), por lo que deberá recurrir a la ‘devaluación interna’: remover garantías sindicales, reducción de salarios, etc.” (3). Para este experto, a partir de 2005 Francia comenzó a endeudarse. Entre 2007 y 2001 la deuda publica creció en 22 puntos porcentuales del Producto Bruto Interno (PBI), del que hoy representa el 86 por ciento. Por este motivo el país “está a la vigilia de una crisis en todo similar a la de los demás países periféricos de la Eurozona: crisis de balanza de pagos inducida por una reducción del ahorro privado, agravada por una reducción del ahorro público” (4). La diferencia entre Francia y Grecia, en este caso, sería sólo cuantitativa y no cualitativa.
En un contexto tan adverso, ¿podrá Holland cumplir con su programa electoral? La pregunta no es superflua. En España Mariano Rajoy asumió la conducción del gobierno convencido de poder dominar la situación, para luego comprobar que se trata de una tarea sumamente compleja. En su ejecutivo circulan voces de posibles elecciones anticipadas antes de fin de año. Voces acaso exageradas, pero que hablan claro de la complejidad y delicadeza de la situación. Holland ha enfrentado su campaña electoral criticando el severo ajuste al que han sido sometidas las economías europeas, sin que la gente pudiera vislumbrar una perspectiva esperanzadora. Cualquiera está dispuesto a hacer sacrificios, siempre y cuando pueda vislumbrar una luz al final del túnel. Los cambios estructurales, el recorte del gasto público, los recortes de salarios, la ulterior precarización de los contratos de trabajo, hasta el momento han acentuado la recesión en toda Europa con la sola excepción de Alemania. Sin embargo, el partido de la canciller Angela Merkel recibió en mayo un castigo importante en la región de Renania – Westfalia, la más poblada del país y es difícil no ver en este resultado el rechazo a su férrea defensa de la política de ajuste.
En estas escasas semanas, Hollande deberá cuidar el caudal electoral conseguido, posiblemente ampliarlo si quiere disponer de un mayor apoyo en el Parlamento, pero esto compatiblemente con la situación económica adversa. Su primer gesto, una vez asumido el mando presidencial, ha sido la de visitar a la vecina Alemania, dando una clara señal de continuidad en el eje París – Berlín que hoy lidera la Unión Europea. Tanto él como su par alemana deberán dar prueba de saber capitanear el barco en el mar embravecido. Si lo logran, Europa, habrá encontrado los líderes que le hacen falta.


Notas:
(1) El operativo fue conocido bajo el nombre en código: “araña”. Cfr. El sito web sobre los Balcanes: Notizie Est, whttp://www.bulgaria-italia.com/notizie-est/article3e97.asp y también http://www.bulgaria-italia.com/notizie-est/article4e6b.asp

(2) Cfr. Sitio web del Departamento de Estado: http://www.state.gov/j/ct/rls/other/des/123085.htm 
La sigla del grupo está obviamente en inglés Libyan Islamic Fighting Group (LIFG). En cambio, el sitio web del ministerio del interior británico, cfr. http://www.homeoffice.gov.uk/publications/counter-terrorism/proscribed-terrorgroups/proscribed-groups?view=Binary, ofrece también un resumen sobre el grupo: “Libyan Islamic Fighting Group (LIFG) The LIFG seeks to replace the current Libyan regime with a hard-line Islamic state. The group is also part of the wider global Islamist extremist movement, as inspired by Al Qa’ida. The group has mounted several operations inside Libya, including a 1996 attempt to assassinate Mu’ammar Qadhafi”.

(3) Cfr. Bagnai: perché Hollande sará costretto a tradire gli elettori, en: www.libreidee.org

(4) Ibid.