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sábado, 9 de febrero de 2013

Ojos que no ven

Los Estados Unidos disponen de una flota de 8 mil drones (aviones no tripulados). El Pentágono recluta entre los campeones de los video games los que los manejan.
 
La experiencia dice que matar es un oficio tan poco natural que en gran parte de los soldados que participan de la guerra se producen severas secuelas psicológícas. Entre los veternos estadounidenses de Iraq y Afganistán el número de miliares con secuelas es de varias decenas de miles, al tiempo que la tasa de suicidios es muy alta. Según fuentes oficiales, en 2009 hubo 18 suicidios por día. Lo cual confirma que un 20 por ciento de los 30 mil suicidios que cada año se registran en los Estados Unidos, son ex combatientes.
Recién después de 12 años casi de ocupación de Afgnanistán y 10 de Iraq, el Pentágono ha llegado a la conclusión de la imposibilidad de combatir el terrorismo con la presencia militar en el territorio. Eso implica ciento de miles de efectivos, una cantidad grande de vehículos y una costosa logística, la que confirmará la estimación del economista Joseph Stiglitz de que la guerra en Iraq terminará costando (incluyendo la atención sanitaria a los heridos y el tratamiento previsional) unos 3 millones de millones (billones) de dólares.
Más eficaz, se está demostrando el uso de los drones. Aviones armados no triupulados, dirigidos a distancia exactamente del mismo modo con el que las consolas de video juegos entretienen a mucho jóvenes y menos jóvenes. Tanto es así, que el Pentágono presta mucha atención a los campeones conocidos en video juegos (muchas simulaciones reconstruyen precisamente los campos de batalla contra el terrorismo), a los que suele contratar para que desarrolen esa habilidad al servicio de las fuerzas armadas. ¿La ventaja? La distancia. Como el avión no es tripulado, el piloto no sufre el estres del riesgo personal de su vida. Por otro lado, revive en la pantalla el juego al que está acostumbrado, sin que tenga que ver de cerca las consecuencias de sus ataques. Y desde la Segunda Guerra Mundial, la experiencia enseña que los pilotos que no tuvieron oportunidad de ver los efectos de sus bombardeos sobre las personas, reportaron menos secuelas que aquellos que sí asistieron al efecto de las bombas o de los disparos.
Se supo que los Estados Unidos disponen de una flota de 8 mil drones, dislocados en las áreas donde actúan los teroristas o supuestos tales. La efectividad ha sido comprobada y está impulsando el retiro de tropa y el despliegue de más drones. Ante la crisis en Mali, donde un área de 900 mil km2 de desierto ofrece a los militantes de la Guerra Santa (la jihad) presentes en la zona un enorme territorio donde ocultarse, el gobierno del vecino Niger, que comparte 800 km de fronteras con los malíes, ha aceptando la instalación de drones para vigilar la actividad terrorista. Gracias al seguimiento de los enemigos por satélite, luego de una investigación que los identifica, los blancos son seleccionados y eliminados sin tener que enviar contingentes militares y sin la publicidad que eso supone. Semanalmente, el presidente Barack Obama firma la lista de blancos a eliminar que, ahora, puede incluir incluso a ciudadanos estadounidenses. La polémica ha estallado en estos días, con motivo del nombramiento del nuevo mandamás de la CIA.
En Pakistán y en Yemen, sin contemplaciones para la soberanía de estos Estados, los ataques de los drones han eliminado entre 2 mil y 4 mil personas. La fuentes militares aseguran que el porcentaje de efectos colaterales, es decir víctimas inocentes, es “bajo”, entre el 18 y el 23 por ciento. La distancia entre el Pentágono y ese 20 por ciento de víctimas inocentes, evidentemente es tan grande que permite considerar positivamente este resultado.
Ojos que no ven, corazón que no sufre. Lástima que por este medio se pierde cada día algo de humanidad, aunque las estadísticas no dicen cuánto.

viernes, 8 de febrero de 2013

Un video polémico

Un grupo de marinos salió a entrenar con canticos referidos a matar argentinos, peruanos, bolivianos... una actitud que debe ser repudiada.

Algún fanático entrenador de soldados sigue soñando con el modelo de los infantes de marina de los Estados Unidos, cuya formación en su momento ilustrara el director Stabley Kubrick en su famosa película “Nacidos para matar”. En ella – eran los años de la guerra de Vietnam -, los coros con consignas machistas o racistas, eran parte de un entrenamiento pensado para templar, supuestamente, el espíritu del soldado, destinado a transformarse en parte de una máquina bélica en la que sólo se ejecutan órdenes y se tiene que estar dispuestos a matar. De ello depende la vida propia, del compañero inmediato de armas, de la unidad, de la Patria.
No caben dudas de que en varios cuerpos armados, en algunos casos incluso policiales, hay quien admira este modelo de formación, que obtiene sujetos que sin ningún tipo de objeciones realiza cualquier acto violento, obedeciendo como una máquina. De ahí la imitación que llega – y debe ser uno de los últimos escalones de esta adaptación – , a los coros durante las marchas de entrenamiento, como la que filmó un turista en Chile al ver pasar un grupo de marinos. Al difundir el video en internet estalló el escándalo que está provocando revuelo en la región.
Más allá de las tonterías que se les hace cantar a un grupo de muchachos y de la comprensible irritación por las actitudes xenófobas – aunque en esto, quien está exento de pecados que arroje la primera piedra –, lo más preocupante es la mentalidad de quienes entrenan a uniformados. La idea de acostumbrar al desprecio de la vida humana para adiestrar al uso de las armas, sean éstas un rifle, un cuchillo, un avión o un barco, es un absurdo, porque evidentemente desconoce que matar es un oficio para nada natural, al que pocos se acostumbran. La cantidad de veteranos estadounidenses de Iraq y Afganistán que se han suicidado luego de regresar a su país, supera a los casi siete mil que murieron en el combate. Otros decenas de miles sufren secuelas psicológicas a menudo permanentes.
La discusión, por lo tanto, debería centrarse en cómo y para qué formamos a los miembros de las Fuerzas Armadas, en Chile y en el resto de los países. El oficial que permitió esos coros, es apenas el último eslabón de una cadena de decisiones e instituciones anacrónicas que deben reformarse. Y el eje central de esta reforma debería girar en torno al concepto de que el uso de la fuerza debe ser – pese a los conflictos que en el mundo parecen desmentirlo – siempre una excepción y limitarse estrictamente a defenderse de una agresión, cuando ya no hay otro camino posible.
Seguir soñando con la gloria y el honor de los campos de batalla, en los que por lo general no hay ni honor ni gloria, es un ejercicio peligroso que forma individuos dispuestos a pisotear la dignidad humana en cualquier circunstancia. La experiencia de la represión contra civiles durante las dictaduras militares en América latina lo demuestra.
Lamentablemente, es muy difícil que desaparezcan las guerras. La historia parece demostrarlo. Pero no es esa una razón para brutalizar soldados.

lunes, 17 de diciembre de 2012

¿Qué pasa en Mali?

Es muy posible que pocos puedan ubicar en un mapa a Mali. Sin embargo, este país africano de 1,2 millones de km2, está siendo observado con preocupación como punto de llegada de numerosos guerrilleros fundamentalistas vinculados con Al Qaeda que se están concentrando en el desértico norte del país, para recibir entrenamiento y luego actuar en diferentes escenarios.
Luego del derrocamiento del régimen de Libia, numerosos tuareg que habían defendido al líder Muammar Kadafi, regresaron a Mali luego de hacerse con armas sustraídas de los arsenales. Tan bien pertrechados estaban los tuareg, que desde hace medio siglo reclaman el derecho a la autodeterminación, se alzaron contra el gobierno central, sin que el débil ejército regular pudiera oponérsele. Para peor, sectores de las fuerzas armadas llevaron a cabo un golpe de Estado. Unos días después, los tuareg, a comienzos de abril de 2012, proclamaron la independencia del norte del país, la región de Azawad, cuya  superficie es equivalente a la de Francia.
Pero la situación tuvo un cambio imprevisto: los guerrilleros de Ansar Dine, una organización radicalizada vinculada a Al Qaeda, rechazó la independencia de los tuareg y atacó no sólo a los grupos armados, sino también a la población civil. Ansar Dine rápidamente se hizo con el control de la región, demostrando una capacidad logística que se explica sólo con los recursos que llegan a las cajas de los grupos radicalizados como Al Qaeda. Fue aplicada duramente la ley islámica (sharia) y más de 400 mil habitantes de la región tuvieron que huir. Pronto se estuvo al borde de un Estado islámico no reconocido, que podría contar con una amplia región, cuyas fronteras porosas con Níger, Argelia y Mauritania, constituyen una zona ideal para todo tipo de tráfico clandestino, desde las armas a la droga.
La situación inestable del Mali preocupó a los países vecinos y las diferentes organizaciones de Estados africanos amenazaron con intervenir para restablecer la legalidad. Cientos de guerrilleros de sectores radicalizados se estaban concentrando en Azawad donde se podían entrenar y recibir adoctrinamiento.
La habilidad de los líderes de Al Qaeda consistió en apoyar en un primer momento la lucha de los tuareg, para luego hacerse con el control, aterrorizando a la población con su táctica terrorista y su mensaje supuestamente religioso.
A comienzos de diciembre hubo un acuerdo entre las partes, tuareg, Ansar Dine y el gobierno provisional de los golpistas para restablecer la unidad territorial del país y defender los derechos fundamentales de sus habitantes.
Pero no debe haber convencido mucho a los observadores de Washington, donde se especula con el apoyo de una intervención militar en Mali por parte de las fuerzas armadas de países africanos aliados de los Estados Unidos.
Subsiste en efecto la preocupación por una extensión de organizaciones vinculadas a Al Qaeda que, en un primer momento, han apoyado tanto las protestas civiles conocidas como “primavera árabe” como la lucha contra los regímenes de Libia y de Siria, para luego revelar sus verdaderas intenciones. Pero cuando ya habían recibido incluso el apoyo de los mismos países occidentales que luchan contra el terrorismo, comenzando por los Estados Unidos.
En medio de este tipo de torpezas, Al Qaeda cosecha resultados al aprovechar la protesta de algunas poblaciones para insertarse en ese contexto y luego dominar la situación gracias a los cuantiosos recursos que reciben por los gobiernos de los Estados petroleros del Golfo Pérsico, que pretenden difundir las doctrinas radicalizadas de la versión salafita del Islam.
La primavera árabe corre el riesgo de teñirse de los sombríos colores del terrorismo.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Separar la paja del trigo


La pregunta es siempre la misma: ¿Qué sucede en Siria? La otra pregunta que viene de ello, inevitablemente, es: ¿Por qué sucede?
Es casi una obviedad que en los medios esté en curso una campaña mediática destinada a presentar el régimen de Bashar al-Assad como un despiadado asesino de civiles indefensos. Sobre todo, en la gran masa de la opinión pública compuesta por apresurados lectores, poco propensos a investigar entre la caterva de noticias que nos invade cotidianamente para separar la paja del trigo. Se alimenta así un coro unánime y un veredicto inapelable: Assad asesino, tiene que caer. Pero esto se entiende. ¿Quién tiene tiempo para analizar en detalle la noticia y para confrontar las fuentes de información de los medios gráficos y de los enviados? ¿Quién puede cotejar con otras fuentes alternativas? La mayor parte de los lectores de los medios que hoy han leído sobre la posición de la Liga árabe contra el régimen sirio, no tiene  tiempo de buscar el expediente presentado por el jefe de misión enviado por la misma organización árabe al lugar y que durante un mes comprobó que tanto el ejército como la guerrilla que se le opone están provocando un baño de sangre, a menudo con víctimas civiles (1). Además nadie puede saber que el expediente fue ocultado porque no dice lo que, en cambio, se quería que dijera: que toda la culpa es del régimen de Assad.
Para ser claro, no es que Assad esté exento de culpa, antes que nada, por la reacción torpe y criminal de su ejército que causó víctimas entre los civiles. Y no es que no exista una corriente de opinión dentro de la sociedad siria que vería con buenos ojos un paso al costado de Assad. Pero no de esta manera cruenta, es decir no mediante una sangrienta guerra civil, sino a través de un proceso interno pacífico y democrático, así como puede ser en el contexto de ese país.
Todo lo que esta acaeciendo en realidad lo pone en evidencia Thierry Meyssan que lo reconstruye detalladamente en “El Ejército sirio libre es comandado por el gobernador militar de Trípoli” (2), en cambio gran parte de los medios ofrece una visión diversa, por ejemplo La Repubblica (3).
Pero si se hace un poco de memoria, se comienza a notar algún dejà vu. Febrero 2003, ¿quién no recuerda en la sede de la ONU al Consejero de Estado de EEUU, Colin Powell, con la famosa probeta? Fueron las “pruebas documentadas” de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. También entonces la opinión pública sufría la influencia de la repetición mediática que había condenado ya a Saddam Hussein, asesino y despiadado dictador, que debía ser depuesto por una intervención militar. Poco tiempo después de la invasión y las irrefutables “pruebas” de la existencia de mecanismos diabólicos de cualquier tipo no se habló más del tema. Y no se podía hablar, porque no existían, así como no existía conexión alguna entre Saddam y Al Qaeda. 
En tanto, en Afganistán e Irak estaba en curso el espectacular choque de civilizaciones tan anunciado. Sus profetas predijeron acertadamente, era necesario actuar para llevar libertad y democracia a Medio Oriente y Asia Central… si no fuera por el hecho de que en realidad se destapó de la forma más torpe y cínica posible una primera caja de Pandora de conflictos internos: corrientes shiitas, como la mayoría de la población iraquí, dispuesta a exportar la revolución de Kohmeini a la región, comenzaron a chocar con la minoría sunita sostenida por las corrientes radicalizadas dispuestas a imponer su versión del Islam y reducir la influencia iraní. Para Occidente se trata de una cuestión aparentemente secundaria, teniendo en cuenta que el principal objetivo era el control de los yacimientos y de las rutas de transporte de los recursos energéticos, gasoductos y oleoductos. 
En Libia el guión no es muy diferente. De repente Kadhafi se volvió de un dirigente dispuesto a regresar a los rangos de sensatez política, al hostil despiadado con su propio pueblo. Pero también allí, las señales sobre la presencia de elementos de cuerpos especiales de varios ejércitos occidentales que han armado en poco tiempo una guerrilla revolucionaria han pasado en silencio, en las páginas visibles de las principales corrientes informativas o entremezcladas con cualquier tipo de información en el mar de la web. Es una lástima, porque pasaron en silencio los satélites rusos que no encontraron huellas de bombardeos aéreos contra los civiles en Bengasi, que azuzaron la “guerra humanitaria” con el apoyo del pueblo libio. O bien las señales sobre la poco clara presencia del Grupo Islámico Combatiente en Libia (LIFG por su sigla en inglés) considerado por las Naciones Unidas como expresión local de… Al Qaeda. ¡No es posible! ¡Pero, sí!
En septiembre de 2011 en efecto fue parte de la lista redactada por el Comité de aplicación de la resolución 1267 del Consejo de Seguridad. Pero no se trata de terroristas sólo para la ONU. Lo son también para el Departamento de Estado de los Estados Unidos que desde fines de 2004 los incluye entre ellos. El LIFG está todavía en la lista, precisamente en el número 26, y quien quiera lo puede controlar en el sitio web del Departamento de Estado (4). Así como es posible verificar que para el Departamento Interno británico el LIFG está todavía proscripto en el Reino Unido (5) porque “busca reemplazar el régimen libio con un estado islámico radical. El grupo es parte también de un más vasto movimiento extremista global, también éste inspirado en Al Qaeda. El grupo ha realizado muchas operaciones en Libia, incluso un atentado dirigido a asesinar en 1996 a Muhammar Kadhafi”. 
En 2007 el LIFG proveyó la mayoría de los kamikazes en Irak y se fusionó con Al Qaeda, lo anunció el mismo líder de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri. En el anuncio de la revuelta en Libia, lo encontramos activo y apoyado por fuerzas especiales occidentales. La situación genera preocupación, y quizás algún sentimiento más intenso en el general Carter Ham, comandante estadounidense del Africom al cual es enviado a coordinar las acciones aliadas en Libia y a defender a los mismos terroristas que han actuado contra soldados de EEUU en Irak y Afganistán. En efecto, poco después es removido y la coordinación pasa a la OTAN.
En el verano de 2011 es derribada la resistencia del régimen de Kadahfi, muerto el viejo jefe, y al mando del adiestramiento del ejército de Libia nombran  a un hombre del LIFG, Abdelhakim Belhaj. Claramente no le dieron un rol secundario al LIFG del otro lado del Mediterráneo. Y ciertamente, el contacto entre la inteligencia estadounidense, francesa y británica con el grupo no se ha interrumpido. El hecho está en que los guerrilleros del LIFG aparecen ahora muy bien armados en Siria, junto a brigadas (¿o bandas?) extranjeras. Según algunos periodistas hay ciudadanos sirios que han reconocido por su acento no sólo combatiente libios, sino también iraquíes, jordanos y afganos. Pero también lo admiten dos fuentes “insospechables”, el Corriere della Sera (6), que cita la “misión” de Belhaj y de su vice Al Harati para sustentar la revolución siria. ¿Por cuenta de quién? ¿El CNT libio? En el ínterin, Al Harati admite haber sido él mismo, según su dichos, quien robó 240 mil euros entregados… por la CIA (!). ¿De dónde provienen los fondos que alimentan la guerra civil en Siria? Los núcleos que Al Harati conduce en tierra siria, especifica el artículo de Guido Olimpo, están muy bien armados, reciben financiación y apoyo de fuerzas especiales de Qatar, Arabia Saudita y países occidentales, particularmente británicas. Pero en Siria Al Harati está desde hace tiempo. En diciembre lo encontró el enviado especial del diario español ABC, que desde hace tiempo está alineado al frente anti-Assad. El reportero Daniel Iriarte lo encontró junto a otros guerrilleros libios. Parece que este hecho sorprendió al enviado español que quizás sabe bien que Al Harti y otro compañero suyo, Adem Kikli, son lugartenientes de Belahj y que éstos figuran entre los sospechosos del atentado de Madrid del 11 de marzo de 2004. Lo indica el ex primer ministro español José María Aznar en una entrevista en el blog de la CNBC del pasado 9 de diciembre (7).   
A este punto hace falta entonces tener mucho cuidado con considerar como atendible las versiones provenientes de Siria. Existen elementos consistentes que hacen pensar en una tentativa en curso para provocar la caída de Al Assad pero no en nombre de la democracia y de la libertad, sino de otros intereses, no completos los actuales esquemas geopolíticos, difusos, variados, que encuentran coincidencias como en este caso (8). Al Qaeda entonces también actúa en nombre de estos intereses que involucran a Occidente. Quien quiere trabajar en serio por la paz en Siria, como en cualquier otro lugar, debe pues empezar a separar la paja del trigo. Quizás la historia de la guerra global contra el terrorismo no es aquella que nos contaron hasta ahora. 



(1) Consideramos instructiva la lectura, de la cual redirigimos la traducción del sitio: www.peacelink.it
(2) En www.megachip.info, domingo 12.2.2012.
(3) Pietro del Re, “Siria, ora l’Onu mandi i caschi blu”, 13.2.2012
(4) http://www.state.gov/j/ct/rls/other/des/123085.htm La sigla está obviamente en inglés Libyan Islamic Fighting Group (LIFG). 
“Libyan Islamic Fighting Group (LIFG) The LIFG seeks to replace the current Libyan regime with a hard-line Islamic state. The group is also part of the wider global Islamist extremist movement, as inspired by Al Qa’ida. The group has mounted several operations inside Libya, including a 1996 attempt to assassinate Mu’ammar Qadhafi”.
(6) Guido Olimpo, Corriere della Sera, 11.11. 2012, Brigate internazionali in azione in Siria a fianco degli insorti.  
(7) Entrevista al ex primer ministro español Jose María Aznar, donde declara: ”or even worst, the Libyan rebel military commander, Abdul Hakim Belhad, a well-known jihadist who was one of the suspects involved in the Madrid train bombing of March 2004”.
(8) Cfr. Alberto Barlocci, Città nuova web, 9.2.2012, Sembra vero, anzi e falso.

jueves, 9 de febrero de 2012

Sembra vero, anzi è falso

Un dossier svela giochi di potere dietro gli abusi attribuiti al regime: c’è il confronto tra opposte correnti all’interno del mondo islamico ma anche interessi geopolitici forti entrati già in azione in Libia.

Ma cosa sta succedendo in Siria? I media occidentali riflettono unanimi l’immagine di un regime spietato che spara impietosamente sui civili che scendono in piazza reclamando riforme democratiche. E’ l’immagine che vogliono presentare i governi interessati alla caduta di Bashar al-Assad, sia tra gli stessi membri della Lega Araba, primi fra tutti la dinastia saudita e il Qatar, e poi Stati Uniti, Francia, Regno Unito e gran parte dell’Occidente. Ma in realtà le manifestazioni in sostegno di Assad rivelano come sia ben lungi dall’essere ripudiato dalla maggioranza dei cittadini. Tanto la maggioranza sunnita, come la minoranza cristiana, sarebbero certamente a favore di un cambio di regime, ma non nei modi che si stanno prospettando e ancor meno in modo cruento. Una «guerra civile provocherebbe centinaia di migliaia di morti», chiarisce a Città Nuova una fonte consultata. Non è dunque vero sostenere che la gente sia disposta a sollevarsi con le armi contro un regime che, va detto, non è certo un modello di democrazia al quale i venti della primavera araba avrebbero dovuto e potuto consigliare una maggiore apertura.

Il dossier Le segnalazioni di gruppi infiltrati in territorio siriano non è una novità al di fuori del mainstream informativo. Ed anche le versioni su chi sta sparando sulla folla sono da tempo discordanti. La stessa Lega Araba ha inviato sul posto 166 osservatori per rilevare cosa stesse accadendo (1). Il loro dossier presenta un quadro abbastanza dissimile da quanto viene diffuso dalle cancellerie dei governi e, di rimando, dai media. Infatti, il documento è passato sotto silenzio sebbene al suo interno viene messa in discussione la notizia che il governo abbia operato una organizzata e letale repressione. Vengono attribuiti ad alcune bande sospette l’assassinio di centinaia di civili e di migliaia di soldati; bande che sarebbero dietro ad attentati con bombe negli autobus di linea, sui treni che trasportano gasolio, su ponti e condutture.

Come in Libia Il copione non è molto dissimile da quello applicato in Libia, dove pure all’improvviso è sorta una guerriglia armata in un Paese dove l’opposizione non sembrava estremamente attiva. La presenza di elementi di servizi di intelligence e forze speciali straniere è stata rilevata più volte, oltre alla presenza di gruppi di miliziani considerati vicini ad Al Qaeda dalle stesse Nazioni Unite.
Oggi la Siria è parte di uno scenario all’interno del quale avviene un doppio scontro, espressione di una problematica complessa.
Il primo è tra differenti correnti interne al mondo islamico, concretamente sciiti e sunniti. Nei governi a maggioranza sunnita, come l’Arabia Saudita, non è visto di buon occhio l’aumento dell’influenza sciita nel mondo arabo attraverso il regime iraniano, che però raccoglie simpatie popolari per la sua ferrea opposizione allo stile di vita occidentale. Il regime di Teheran non fa mistero del suo progetto di esportare la rivoluzione khomeinista all’interno dell’Islam (e dell’appoggio a gruppi come Hezbollah in Libano e Hamas a Gaza). Il sunnismo wahabita di Ryad considera eretica la sorta di mediazione tra il sacro e il profano degli ayatollah e vi si oppone. A suo tempo la casa Saudita finanziò con 30 miliardi di dollari la guerra tra Iraq e Iran negli anni ‘80. Per Renzo Guolo, docente di Lettere e Filosofia all’università di Padova, “lo sciismo come religione di minoranza e come religione degli oppressi, in qualche modo ha trovato un alfiere nella repubblica islamica iraniana” (2).

L’alleanza con l’Iran La Siria è il principale alleato del governo iraniano. Rappresenta un caso anomalo, perché la maggioranza sunnita della popolazione (70 per cento) è governata dagli alawiti (12-13 per cento). E si sa che la Siria è un tassello centrale nel mondo mediorientale, da qui la sua importanza strategica. «Gli alawiti, cui è legato Assad provengono da una storica corrente dello sciismo e quindi è evidente che c’è affinità religiosa molto forte. C’è anche una forte affinità politica, considerando che l’Iran e la Siria hanno un patto militare che li sorregge. Quindi una caduta del regime a Damasco avrebbe effetti non solo su Israele ma anche sull’Iran», conclude Guolo (3). E va tenuto presente che l’attuale situazione è vista con favore da settori dell’islamismo siriano più radicale, come salafiti e Fratelli mussulmani, che sanno bene di essere i possibili eredi dell’attuale regime, come è già accaduto in altri Paesi arabi.

Su questa questione a sfondo religioso, s’innesta la dimensione geopolitica del problema. A nessuno sfugge che indebolire questo alleato dell’Iran significa indebolire il regime degli ayatollah, un obiettivo che la Casa Bianca annovera tra i principali. Lo favorisce senz’altro la poca prudenza dimostrata dal presidente Ahmadinejad nelle sue dichiarazioni assurde, negando la Shoà e predicando la distruzione di Israele. Ma il fatto di essere disposti a una politica spregiudicata riguardo all’Occidente, da un lato e la crescita del rapporto commerciale con la Cina – che ha firmato un contratto per l’uso di gran parte della produzione di gas e petrolio iraniano per i prossimi 25 anni – sono motivi che pesano in modo notevole su Washington.

La Russia non sta in disparte La Russia, alleato storico della Siria, che ha già constatato fino a che punto la Nato è disposta a neutralizzare avversari come la Libia (erano russi i satelliti che hanno smentito la falsa versione di bombardamenti aerei contro i civili a Bengasi) non vede certo di buon occhio una destabilizzazione della Siria in un area vicina alle sue frontiere; teme poi che il conflitto possa estendersi, ad esempio, al Libano.
E attenzione che non è solo in Siria che si sta agendo in base alla ragion di Stato, prescindendo dalle vittime che provocano decisioni come quella di scatenare una guerra civile. In Iran sta avvenendo qualcosa di simile. Col titolo di “Falsa bandiera”, su Foreign Policy, Mark Perry presenta un resoconto dell’infiltrazione del Mossad dell’organizzazione Judallah attiva in Iran (4). Il rischio di un conflitto è dunque più vicino di quanto si pensi.
Una situazione pertanto delicata, mentre i motivi di fondo restano sommersi dal linguaggio diplomatico e dal controllo sull’informazione. In queste condizioni la strombazzata difesa dei principi democratici in Siria occulta un futuro almeno incerto.
Sul piano internazionale la costruzione di autentici progetti politici per affrontare un villaggio globale sempre più complesso si fa ancora attendere.

(1) Report of the Head of the League of Arab States Oberserver Mission to Syria for the periodo from 24 December 2011 to 18 January 2012.
http://www.columbia.edu/~hauben/Report_of_Arab_League_Observer_Mission.pdf
(2) Sciiti e sunniti nell’epoca di Assad , sul mensile della ong Emergency, E-on line:  http://www.eilmensile.it/2011/12/24/sciiti-e-sunniti-nellepoca-assad/
(3) Ibid.
(4) False flag, Foreign Policy, 13 gennaio 2012.
http://www.foreignpolicy.com/articles/2012/01/13/false_flag

lunes, 28 de noviembre de 2011

Elecciones en Marruecos

Luego de las elecciones tunecinas, y mientras en Egipto comenzó hoy la ronda electoral que debería dar forma al próximo Parlamento, en Marruecos el partido islámico Justicia y Desarrollo (PJD) ganó las elecciones realizadas en el fin de semana. La agrupación se aseguró 107 de las 395 bancas. El rey Mohammed VI deberá entonces indicar el primer ministro entre los miembros del partido ganador, aunque el secretario general del PDJ, Abdelilah Benkirane ya anunició que se formará un gobierno de coalición. "Necesitamos alianzas para trabajar juntos", sostuvo Benkirane. Las elecciones se enmarcan en los cambios promovidos por la llamada "primavera árabe" que en este país del Magreg (la región del norte de áfrica), aunque allí se procesaron en un contexto menos conflictivos. Ningún partido ha cuestionado la monarquía, ni como en Túnez se puso en discusión la matriz islámica de muchos grupos políticos.
Es precisamente el tan temido fundamentalismo el gran ausente en este gran movimiento de cambios nacido en la orilla africana del Mediterráneo. Muy a menudo, grupos como los Hermanos Musulmanes en Egipto, han ingresado a la arena política llevando un discurso más bien moderado o, en todo caso, sin posturas extremas.
Se esperan ulteriores noticias a partir del miércoles, cuando se conoceran los primeros resultados desde Egipto donde votará la zona más poblada del país. Mentras tanto la junta militar sigue manejando los hilos del poder. Hay posibilidades - en medio de una multitud de grupos políticos - que alcance la jefatura de gobierno Albaradei, antes a la cabeza de la Agencia de la ONU por la Energía Atómica (AIEA).