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viernes, 1 de mayo de 2015

Estados Unidos e Irán ensayan acuerdos más profundos

En abril, las potencias del grupo 5+1 alcanzaron un importante pre acuerdo sobre el programa nuclear de Irán que en junio podría transformarse en definitivo. Es un paso positivo pero no el único en las relaciones entre Washington y Teherán.

martes, 15 de octubre de 2013

En Ginebra se respira un "cauto optimismo"

Las delegaciones del gobierno de Teherán y de las seis potencias del Consejo de Seguridad más Alemania comenzaron las negociaciones para aclarar la finalidad que el régimen iraní pretende darle a su tecnología nuclear.

Comenzaron hoy en Ginebra las conversaciones entre los representantes del régimen de Irán y los del grupo de Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania sobre el programa nuclear iraní,

Se llegó a esta instancia luego de que el presidente de Irán, Hasan Rohani, con sus declaraciones abriera un nuevo tipo de diálogo con la Casa Blanca.

El objetivo de las conversaciones en alcanzar un acuerdo para que haya suficientes garantías de que el programa nuclear iraní no tiene objetivos militares. El régimen de Teherán sostiene que el enriquecimiento de uranio tiene como objetivo proveer al país de mayores recursos energéticos. Sin embargo, fuentes occidentales aseguran que el nivel alcanzado de enriquecimiento de uranio se encuentra justo al borde de evolucionar para usos militares.

Desde Washington se reclama que el gobierno persa permita inspecciones para verificar el nivel del programa, mientras que el gobierno persa defiende su derecho a desarrollar este tipo de tecnología.

Por su parte, un primer gesto del presidente Rohani ha sido el de confiar a la cancillería el manejo de este delicado tema, antes a cargo del Consejo Nacional de Seguridad, cuyas posturas son mucho más conservadoras.

Las nuevas posturas de Rohani, superadoras del estilo confrontativo de su predecesor, han abierto una brecha de moderado optimismo, aunque todos son conscientes de que la última palabra sobre el tema nuclear no la tiene el presidente, sino el líder supremo del país, el ayatolá Jamenei, Sin embargo, Rohani ha afirmado en más de una ocasión que cuenta con su apoyo.

"No estamos aquí para perder tiempo, perseguimos seriamente una negociación que de resultado" declaró en Ginebra el viceministro de Exteriores de Irán, Abas Araqchi, luego de las primeras rondas de contactos cuyos contenidos se ha decidido mantener reservados. Hay un cauto optimismo, reforzado además por la disponibilidad manifestada por el Senado de los Estados Unidos de levantar las duras sanciones económicas contra Irán.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Irán y Estados Unidos negociarán controles sobre el programa nuclear

Los dos ministros de relaciones exteriores acordaron sentarse discutir el próximo 15 de octubre en Ginebra. El presidente iraní Hasan Rohani espera que en tres meses se resuelva el tema.


La sesión número 68 de la Asamblea General de la ONU reservó otra sorpresa más, luego del acuerdo en el seno del Consejo de Seguridad sobre el desarme químico de Siria (ver nota a parte), y es la positiva reunión de ayer, la primera en 35 años, entre los ministros de relaciones exteriores de Irán, Javad Zarif, y el de los Estados Unidos, John Kerry, en la que se abordó el tema del programa nuclear del país persa. Las partes coincidieron en abrir negociaciones que aborden en modo “sustantivo” la espinosa cuestión el próximo 15 de octubre en Ginebra. 

Precedida por las declaraciones previas del presidente Barack Obama y de su par Hasan Rohani, acerca de una reconciliación entre los dos países, la reunión se llevó a cabo en el marco del grupo de potencias mundiales que desde hace años llevan a cabo conversaciones con Irán. El objetivo principal de Kerry era comprobar que a las palabras de los dirigentes iraníes seguirían los hechos. El “cambio de tono”, como lo definió John Kerry, por parte de la dirigencia iraní y las manifestaciones dialoguistas del presidente Rohani, en efecto, permitieron abordar la espinosa cuestión del programa nuclear que Irán defiende por no tener como objetivo dotarse de armas atómicas.

El presidente Rohani, en una entrevista al diario norteamericano The Washington Post, dijo incluso que las negociaciones se podrían llevar a cabo en tres meses, como un plazo deseable. “Pueden ser tres meses, seis tal vez, pero en todo caso en un asunto de meses, no de años” dijo. Participarán de las negociaciones China, Rusia, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania y la Unión Europea.

No faltarán los obstáculos para ambas partes. Garantizar controles internacionales sobre el programa nuclear iraní significa levantar las sanciones contra ese país y no está dicho que el presidente Obama logre convencer acerca de ello también a los congresistas de su país, entre los cuales hay muchos con posturas radicales. Por otra parte, dentro del régimen islamista iraní hay corrientes mucho menos moderadas, como la del ex presidente Ahmadinejad, cuyo discurso polémico impidió siquiera pensar en una reunión como la que se mantuvo este jueves en New York.

A su vez, la apertura iraní abre el debate sobre el armamento nuclear de Israel. Rohani durante su paso por New York recordó que tampoco ese país ha firmado el tratado de no proliferación nuclear, por lo que si uno acepta controles sobre su programa nuclear también los demás deberían hacer lo mismo. Un argumento de peso considerando que el gobierno de Tel Aviv ha dotado sus fuerzas armadas tanto de armas nucleares como químicas. Y difícilmente Israel aceptará someterse al mismo tipo de controles.

Pero los obstáculos no pueden opacar el hecho de que se abre un inesperado camino de diálogo. Puede que en Teherán haya prevalecido el convencimiento de que esta apertura puede traer muchos más frutos que las posturas cerradas del pasado. Una mayor inserción en el mundo de Irán, en realidad, sólo puede fortalecer un rol de potencia regional que nadie puede negarle.

lunes, 5 de agosto de 2013

Washington aprobó nuevas sanciones contra Irán

Este domingo asumió el nuevo presidente iraní Hasan Rohaní, considerado como un moderado. Sin embargo, poco antes los legisladores de los Estados Unidos votaron un ulterior endurecimiento de las sanciones contra el país persa. Una medida que no se presenta como coherente con la voluntad de pacificar una región marcada por los conflictos.

No queda claro, o tal vez sí, por qué razón el Congreso de los Estados Unidos haya endurecido todavía más su postura respecto de Irán – en lo que se puede definir una verdadera guerra económica –, precisamente mientras asumía el nuevo presidente del Estado persa, Hasan Rohaní, considerado hasta ahora un moderado que, además, ha recalcado la necesidad de diálogo y de respeto para poder llegar a algún resultado con su país. Antes de seguir en el análisis, hay que ubicar el término “moderado” en el contexto de la revolución jomeinista. Por lo que sólo ante posturas super radicales como las de su predecesor, Mahmud Ahmadinejad, Rohaní puede ser considerado moderado.

Sin embargo, luego de ocho años de permanentes exabruptos de Ahmadinejad, desde la negación de la Shoa (como negar la existencia del Sol), y la prédica de la destrucción del Estado de Israel, la llegada de una figura saludada como dialoguista, que ha inaugurado su mandado sin ni siquiera pronunciar la palabra “nuclear”, en Teherán se estaba abriendo una ventana de esperanza.

El tema nuclear no es menor, por ser el pomo de la discordia debido al plan de desarrollo de energía atómica al que Estados Unidos e Israel atribuyen fines militares, y que Irán asegura tratarse de un proyecto con finalidad civiles. “Quiero enfatizar que nunca hemos buscado la guerra con ningún país del mundo”, declaró en su discurso del pasado domingo aludiendo a los temores de Israel de que Irán llegue a desarrollar armamento atómico. Sin embargo, dijo el nuevo presidente: “A Irán no se le puede someter con sanciones o con la amenaza de la guerra”. Rohaní ha hablado también en presencia de un nutrido grupo de diplomáticos extranjeros, que han saludado con optimismo su discurso, en el cual ha hecho hincapié en los problemas económicos del país. “Ahora hace falta que los hechos confirmen las intenciones”, señaló un embajador europeo al diario madrileño El País.

Extraña por lo tanto, que el Congreso estadounidense haya aumentado las sanciones contra el país asiático, que queda cada vez más afuera del comercio de gas y petróleo, de las tecnologías modernas y de los mercados internacionales. Lo cual no podrá sino empeorar la economía iraní que se encuentra en serias dificultades, por la cantidad de sanciones cruzadas que le impiden comercializar su propio petróleo, concretar pagos a través de instituciones bancarias, y abastecerse de las importaciones necesarias para su actividad productiva y comercial. Precisamente en el momento en que un presidente aparentemente más dúctil tendrá que armar su línea de política exterior, y no le faltarán por cierto enemigos internos que tratarán de que no prosperen posturas más dialoguistas, la medida legislativa tomada por los estadounidenses aparece por lo menos inoportuna.

Si la lógica de los congresistas norteamericanos fuera la de llegar al diálogo en pos de un clima de paz, como teóricamente lo demuestra la iniciativa de volver a abrir las negociaciones de entre Israel y Palestina, la conducta para con Irán debería tener su equivalente en presionar al gobierno israelí para que frene la construcción de nuevos asentamientos en territorio que pertenece de derecho a los palestinos. Pero no es así. La Casa Blanca suele ser bastante más pasiva en este tema. Por otro lado, llama la atención el nombramiento de una figura como Martin Indyk como mediador de paz para los Estados Unidos en los negociados palestino-israelíes. El pasado de Indyk habla de posturas muy filo israelíes, desempeñadas al servicio de la gestión del presidente Bush senior y de Clinton.

Todo induce a plantearse si efectivamente desde Washington se está apuntando a la paz o si se está reacomodando la compleja situación de Medio Oriente. Es un rompecabeza que abarca la situación de Siria, Afganistán, Iraq, los palestinos, Irán, Líbano y el norte de África.

miércoles, 3 de julio de 2013

¿Por qué se filtra información reservada?



El caso Snowden es el más eclatante junto con el de Bradley Manning. Pero ahora el número dos de las fuerzas armadas de los Estados Unidos está siendo investigado por haber revelado planes contra el gobierno de Irán.

Mientras las derivaciones del caso de Edward Snowden – el ex analista de la CIA que reveló el espionaje de las sedes diplomáticas de varios países en los Estados Unidos, además del acceso masivo a información sobre ciudad nos de ese país –, adquieren caracter de incidente diplomático, con el mal momento que tuvo que sufrir el presidente de Bolivia, Evo Morales, tratado como un delincuente al que se le tiene que revisar las pertenencias, lo que en realidad emerge es el gran problema de la actividad de agencias de inteligencia estadounidenses que no respetan soberanía territorial, normas internacionales y los derechos fundamentales de los ciudadanos, practicando a menudo una política exterior propia, más allá de las directivas de la Casa Blanca. Está claro que en los Estados Unidos hay sectores del poder que llevan a cabo su propia agenda.
Durante su primer mandato, el presidente Barack Obama constató que es díficil saber cuáles y cuántas son las agencias de inteligencia y cómo actúan. Pero sí se sabe que un millón doscientas mil personas manejan información reservada. Un verdadero ejército de personas, entre las cuales – la justicia decidirá si por intereses materiales o por una cuestión de conciencia – algunos decidieron revelar información a la que tenían acceso y que revela hechos embarazosos, o indignantes, para el gobierno de los Estados Unidos.

El caso de Bradley Manning, el soldado que reveló el asesinato a man salva de civiles en Iraq y el de Snowden no son los únicos. Hay más grietas en la pretensión de crear un muro de silencio. Un general del Pentágono y otro funcionario de la CIA, arriesgan una condena a 30 años por haber filtrado información al diario New York Times.

El militar es nada menos que el general James Cartwright, hasta ahora el número dos de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, pues cubría el cargo de vicejefe de estado mayor conjunto interarmas, además de ser un consejero muy cercano al presidente Barack Obama. En efecto, para algunos ya era "el general de Obama". A fines de junio ha sido reemplazado porque el año pasado habría revelado al diario New York Times el "Operativo Olimpíadas". Según informa la CNN estaría siendo investigado.

El ex funcionario de la CIA, en cambio, es James Sterling. El hombre habría hecho filtrar información, dirigida al New York Times, acerca de otra actividad sobre la cual se mantenía la reserva, el "Operativo Merlín".

¿De qué se trata? Los dos operativos fueron puestos en marcha para fortalecer la idea de que Irán se está dotando de armas nucleares, lo cual habría favorecido la intervención militar de Israel y, a su lado, de los Estados Unidos. No hace falta recordar las versiones de prensa que han alimentado esta idea, por otro lado avalada por el chisporroteo verbal de las autoridades iraníes, con más palabras que hechos concretos.

El "Operativo Merlín" consistía en difundir en Irán falsa información sobre el avance de la construcción de armamento atómico, lo cual habría inducido el gobierno de los ayatoláh a impulsar un programa atómico militar. El "Operativo Olimpíadas", en cambio, consistía en implantar un virus en una de las centrales nucleares con el objetivo de bloquear el desarrollo civil de la energía atómica.

Hay dos debates alrededor de estas noticias. Estamos ante traidores que perjudicaron a su propio país o a patriotas que intentaron evitar nuevos conflictos? Hay que preguntarse si un funcionario o un militar está obligado a respetar el secreto de operativos que violan el derecho internacional y la soberanía de países extranjeros, además de involucrar potencialmente al propio país en conflictos provocados artificialmente. Estamos frente a nuevos casos de obediencia debida. El ejemplo del programa nuclear iraní indica riesgos evidentes de llegar a una guerra en base a información falsa.

El otro debate, en el plano político, tiene que ver con las normas de derecho internacional sobre las cuales se apoya la conivencia entre países. ¿Cómo se puede permitir que el avión presidencial del presidente de Bolivia sea revisado como si fuera un narcotraficante, mientras que a diario las agencias de inteligencia de los Estados Unidos llevan a cabo operativos en territorios extranjeros sin que nadie levante una sola protesta? El ejemplo de la actividad de drones en Pakistán y Yemen es tan sólo la punta de un iceberg.

Por otro lado, los operativos contra Irán, dicen que la información de la que se dispone sobre éste y otro tema no es confiable e induce al error. Hoy el presidente Obama sigue afirmando que posee datos "seguros" acerca del uso de armas químicas por parte del gobierno de Siria. No ha presentado ninguna de estas evidencias y, ante estos antecedentes, creerle sería un acto de ingenuidad.

Hay que recuperar el principio de igualdad sobre el que se funda la convivencia entre países.

lunes, 17 de junio de 2013

En Irán eligen a un presidente moderado


Hasan Rohani se impuso, en la primera vuelta, con un abrumador respaldo popular, triplicando los votos de su adversario más directo y superando el 50 por ciento de las preferencias.

El triunfo electoral de Hasan Rohaní, el nuevo presidente de la República Islámica de Irán, es muy importante en un momento delicado de las relaciones internacionales, desde que el país persa, se quiera o no, ha asumido un rol determinante en los frágiles equilibrios de Oriente Medio. Tanto el conflicto en Siria, como la estabilidad de Líbano, como el contrapeso al poderío militar de Israel tienen en el régimen de los ayatolá un elemento de mucha influencia.

Rohani es conocido como un líder moderado y dialoguista, dotado de habilidad política. No es poco, si se piensa en los chisporroteos verbales de su predecesor, Mahmud Ahmadineyad, permanente fuente de irritación y de rechazo a nivel internacional por sus posturas radicalizadas. Su victoria, apoyada por otros sectores moderados, principalmente los de Rafsanyani y Jatami, indica también que en el país hubo una confrontación política con los ambientes más radicales y que los primeros se impusieron holgadamente. Rohani, en efecto, ganó en la primera vuelta, superando el 50 por ciento de los votos, el triple de los apoyos recibidos por quien llegó en el segundo lugar, el ultraconsevador intendente de Teherán Mohamad Bagher Qalibaf.

Desde que en 2009, los ultraconservadores ganaron las elecciones, en medio de acusaciones de fraude por parte de la oposición, coparon el poder con pocas contemplaciones respecto de los opositores. Una conducción poco abierta al diálogo, tanto hacia afuera como hacia dentro, que ha aislado progresivamente el país. Y la economía iraní, pese a ser uno de los mayores productores mundiales de gaz y petróleo, registra graves signos de crisis, efecto directo del modo con el que la cúpula político-religiosa ha gestionado el poder. Los efectos del embargo comercial son severos, inflación y desempleo son otros de los problemas que deberá afrontar el nuevo gobierno.

Conviene tener presente, de todos modos, que en el régimen de los ayatolá, el presidente de la república es el número dos, ya que el rol principal lo detenta el líder los clérigos, el ayatolá Alí Jamenei. En materia de programa nuclear, tema del que Rohani es experto por haber negociado en su momento el proyecto, y de política exterior, Jamenei tendrá la última palabra. Cabe esperarse entonces una negociación entre moderados y ultraconservadores, en la que Rohani contará con un respaldo político y popular importante y una legitimación que no tuvo su predecesor.

¿Es de esperarse un giro radical del país en política exterior? Parece difícil que se llegue a eso. Rohani es apenas una pieza de un mecanismo bastante más complejo que actúa a más niveles: por un lado, el enfrentamiento que en Medio Oriente se está dando entre el movimiento chiita y el movimiento sunita, en ambos casos en sus versiones más radicalizadas, lo cual se vincula con la acción expansiva de Irán que pretende afirmarse como potencia regional en Medio Oriente y Asia Central.

Por otro lado, Estados Unidos y otros países de Occidente, formalmente tratan de frenar el surgimiento de Irán como potencia nuclear, en violación de las normas internacionales. Sin embargo, los persas se han transformado en una suerte de "cuco" que oculta otros enfrentamientos estratégicos entre Estados Unidos, Rusia y China.

Parece difícil que los modales más civilizados y las posturas dialoguistas de Rohani puedan cambiar radicalmente este escenario. Pero tener un interlocutor con el cual discutir racionalmente sobre estos temas parece ser un primer, y no secundario, avance.

lunes, 18 de febrero de 2013

Diálogo sí, pero con todos

Se necesita abrir un diálogo con las organizaciones del campo para aprovechar el gran potencial que representa para el país.

Llama la atención cómo en determinadas situaciones el Gobierno nacional invoque la necesidad del diálogo como herramienta esencial para alcanzar acuerdos políticos y en otras directamente se cierre a practicarlo. Uno de estos casos tiene que ver con el campo.
Nuestra economía posee un perfil agroganadero, es innegable. Tan solo la soja y sus derivados generan exportaciones por 25 mil millones de dólares, lo cual supone ingresos fiscales por unos 9 mil millones de dólares. El país ha alcanzado y superado el hito de los 100 millones de toneladas de granos.
Habría que incluir a estos montos, todo lo que significa a nivel interno y externo, el resto de la producción agraria, la actividad ganadera y cárnica, el sector de la leche y sus derivados. Sectores como la uva y la vitivinicultura, la fruta en general, son conocidos por haber alcanzados niveles de excelencia. Y habría que considerar los demás sectores industriales que dependen del campo: la industria de alimentos (panadería, pastas, arroz, aceite, dulces, etc.). Si se hace una estimación de todo lo que se impulsa desde el campo, nos encontraremos con sumas siderales que mueven sin duda parte sustancial de la economía argentina.
Sin embargo, el desencuentro entre el Gobierno nacional y el campo es evidente como nunca. Como si hubiera emprendido un camino de no retorno. Lo cual es inexplicable.
Lo es porque al mismo tiempo, el Ejecutivo ha abierto un gran debate en torno de la decisión del Gobierno de abrir un diálogo nada meno que con Irán. Se trata del país cuyo gobierno que nuestra justicia sospecha involucrado con el atentado a la AMIA, nada menos. Es el país cuyos mayores referentes niegan la Shoa, uno de los más tremendos crímenes cometidos en la historia contra la humanidad, y proclaman la destrucción del Estado de Israel. No es menor esta postura ya que en la Argentina vive una de las más numerosa comunidad judía del mundo, principal víctima del terrible atentado cometido en 1994.
Quien escribe sostiene que ante la necesidad de esclarecer ese hecho delictivo y de hacer justicia es preciso dialogar con quien sea. Más allá del juicio que podamos tener sobre el documento firmado por las dos partes. Ese ya pasa a ser otro tema. Del mismo modo, siempre es necesario encontrar un equilibrio entre postura crítica hacia ciertas políticas interna de algunos países y exclusión de los ámbitos de discusión. Poco o nada bueno ha producido el anacrónico boicot y la exclusión de Cuba de la OEA. El diálogo siempre es la herramienta preferencial precisamente para allanar diferencias.
Pero si esto vale por el gobierno de Irán, cabe preguntarse por qué no vale con las organizaciones rurales, a las cuales claramente el gobierno busca dividir para discutir por separado lo que ellas en cambio quieren negociar en conjunto.
El ninguneo y la cerrazón no producirán nada bueno.
Y no es cuestión de alimentar una opinión idílica hacia ciertos productores agropecuarios, que en los años pasado han sido ejemplo de egoísmo y de aprovechamiento de circunstancias favorables, con poca sensibilidad para con el resto del país.
El tema pasa en cambio por el reconocimiento de un gigantesco recurso que el país posee y que puede ser fuente de mayor desarrollo.
Es del diálogo que podrá surgir el establecimiento de reglas del juego más clara, comenzando por diferencias entre grandes, medianos y pequeños productores. No se puede tratar al mismo modo un pool de siempre anónimo, que de la fertilidad de la tierra no se preocupa y que dispone de cientos de miles de hectáreas en las que se practica el monocultivo de la soja y a un poseedor de 100 hectáreas que todos los años se arriesga a sembrar. El 80 % de la tierra está en manos de grandes productores, que son el 20 % de los titulares, y el restante 20 % de la superficie sembrada pertenece a pequeños y medianos productores, que son el 80 %. ¿De qué manera evitar el cierre de frigoríficos, 120 en los últimos años? ¿De qué manera evitar que los tamberos abandonen su actividad? ¿De qué manera inserir el campo en las economías regionales? ¿Qué mecanismos pueden financiar el campo? En Brasil el gobierno de Dilma Roussef habilitó 57 mil millones de dólares para financiar el campo, que este año alcanza los 184 millones de toneladas. ¿Cómo vincular las carreras universitarias con la industria alimenticia? ¿Y cómo ampliar los mercados internacionales de ésta?...
Son dilemas que se pueden resolver también sentándose a discutir con las organizaciones rurales, estableciendo algunos pocos puntos que determinen políticas de Estado. Cerrarse a esta posibilidad es un gesto que sólo podrá perjudicar a largo plazo el país.