Los
procesos de integración regional suponen la política elevada a su
más alto nivel, superado quizá sólo por el de las Naciones Unidas.
Son ámbitos en que la mirada relativa y limitada de un país es
potenciada por objetivos comunes a escala más amplia.
sábado, 1 de agosto de 2015
lunes, 13 de julio de 2015
Un Papa que hace lío
Más que un discurso, es un programa de acción. En
el texto, se advierte que el Papa es movido por una urgencia: ya no
hay más tiempo, porque el sistema económico en el que estamos,
productor de injusticias y desigualdades, es insoportable, “no se
aguanta”; el equilibrio medioambiental puede verse gravemente
afectado en poco tiempo, por lo que es necesario actuar, cambiar,
porque “este sistema no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan
los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los
pueblos... y tampoco lo aguanta la Tierra”.
Bergoglio
identifica con claridad quién debe producir ese cambio, el sujeto
político que hoy está llamado a dar un alma a la
globalización: la sociedad civil, de la que tenía representado
ante sí el sector de los movimientos sociales y populares. La
globalización de la exclusión y de la indiferencia, la que asume la
pobreza y la desigualdad como hechos naturales, tiene que ser
reemplazada por la “globalización de la esperanza”, que “nace
de los Pueblos y crece entre los pobres”.
Este
último aspecto es importante porque supone la puesta en marcha de
mecanismos para democratizar este sistema, a menudo controlado por
hilos invisibles de poderes e intereses que más adelante el Papa
identifica como el “estiércol del diablo”. Una democracia
que, por lo tanto, parte desde abajo: “Ustedes, los más
humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen
mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en
gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover
alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de las “tres T”.
¿De acuerdo? Trabajo, techo y tierra. Y también, en su
participación protagónica en los grandes procesos de cambio,
cambios nacionales, cambios regionales y cambios mundiales. ¡No se
achiquen!”.
¿Cuál
es el rol de la Iglesia ante una tarea tan grande? Alguien podrá
pensar que ésta debería mantenerse neutral, como en los procesos
políticos electorales. Sin embargo, el Papa sitúa a la Iglesia
dentro de la sociedad civil. Es una Iglesia que camina junto con los
demás, como dijo en Ecuador, que sale de sus comodidades para ir
hacia las periferias del mundo. Por eso mismo, no vive con
neutralidad este aspecto, sino que lo acompaña: “La Iglesia
no puede ni debe estar ajena a este proceso en el anuncio del
Evangelio”. Y agrega con mucho realismo y humildad que no hay que
esperarse de ella una receta.
“Ni
el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio de la interpretación de la
realidad social ni la propuesta de soluciones a problemas
contemporáneos. Me atrevería a decir que no existe una receta. La
historia la construyen las generaciones que se suceden en el marco de
pueblos que marchan buscando su propio camino y respetando los
valores que Dios puso en el corazón”.
Una
Iglesia, por tanto, que no es sólo mater et magistra, sino
también hermana y compañera de un viaje que Bergoglio ama definir
como “procesos de cambio”, en los cuales “la pasión por
sembrar, por regar serenamente lo que otros verán florecer, remplaza
la ansiedad por ocupar todos los espacios de poder disponibles y ver
resultados inmediatos. La opción es por generar procesos y no por
ocupar espacios. Cada uno de nosotros no es más que parte de un todo
complejo y diverso interactuando en el tiempo: pueblos que luchan por
una significación, por un destino, por vivir con dignidad, por
“vivir bien”, dignamente, en ese sentido”.
En
pocas palabras aquí se condensa la dimensión eminentemente política
de un actuar que advierte que el “cómo” se alcanza el objetivo,
sin preocuparse por ocupar espacios de poder, es tan importante como
el objetivo mismo. En efecto, los procesos de cambio en marcha en
América latina corren el riesgo, bajo la justificación de la
búsqueda de la justicia social, de transformarse en proyectos
hegemónicos que podría generar fracturas entre componentes
mayoritarias y minoritarias de la sociedad. La
sociedad civil está motivada por el amor a los demás, por la
gratuidad, no por el poder ni por las teorías.
Bergoglio
lo aclara en un pasaje particularmente intenso: “Ese arraigo al
barrio, a la tierra, al oficio, al gremio, ese reconocerse en el
rostro del otro, esa proximidad del día a día, con sus miserias,
porque las hay, las tenemos, y sus heroísmos cotidianos, es lo que
permite ejercer el mandato del amor, no a partir de ideas o conceptos
sino a partir del encuentro genuino entre personas. Necesitamos
instaurar esta cultura del encuentro, porque ni los conceptos ni
las ideas se aman. Nadie ama un concepto, nadie ama una idea; se aman
las personas”.
Pero
¿qué quiere decir que la Iglesia no es ajena a estos procesos? ¿Qué
quiere decir que acompaña? Porque para el Papa “salir” es parte
medular de su misión evangelizadora. Mi impresión es que en
contextos de ese tipo aparecen los ulteriores horizontes de la nueva
evangelización: el anuncio de Jesucristo ya no puede limitarse al
anuncio de la Palabra, sino que debe traducirse también en nuevas
categorías de pensamiento económico, en categorías políticas, en
líneas para una nueva socialidad, en instituciones jurídicas... es
decir, penetrando en todos los aspectos de la cultura incluyendo una
nueva relación con la hermana-madre Tierra.
No
se trata sólo de nuevas teorías, sino de que estas categorías se
inspiren y provengan de la experiencia que nace del amor evangélico,
de la solidaridad, la gratuidad y la fraternidad. Es, por tanto, una
invitación dirigida particularmente a los laicos, en sus múltiples
expresiones eclesiales, a cuyos sectores juveniles el Papa invitó a
armar “lío” dentro de la Iglesia. Bergoglio está tratando
de hacer lío en el mundo, a menudo develando el hechizo que padecen
aquellos que no ven hasta qué punto este sistema insoportable, bajo
un manto de capitalismo y dedicado a nuevas formas de colonialismo,
no es otra cosa que un rey desnudo que no tiene modo de sostenerse,
ni epistemológicamente ni a nivel medioambiental.
Es
entonces importante generar junto con el Papa este proceso de cambio,
uniendo a su voz y a su actuar nuestras voces y nuestro actuar.
viernes, 1 de mayo de 2015
Estados Unidos e Irán ensayan acuerdos más profundos
En abril, las potencias del grupo 5+1 alcanzaron un importante pre
acuerdo sobre el programa nuclear de Irán que en junio podría
transformarse en definitivo. Es un paso positivo pero no el único en
las relaciones entre Washington y Teherán.
miércoles, 1 de abril de 2015
Los juegos políticos tras el precio del petróleo
La caída
del precio del crudo responde parcialmente a la ley de la oferta y de
la demanda. También intervienen factores geopolíticos, como el
enfrentamiento con otros países productores, Rusia e Irán, aliados
de un enemigo de los sauditas: el regimen de Siria.
viernes, 9 de enero de 2015
A la violencia se responde con más democracia
Mientras
desde Francia sigue el flujo informativo de las noticias vinculadas
al ataque a la sede del semanario satírico Charlie Hebdo, en las
redes sociales y en los medios de comunicación se multiplican las
lecturas, los análisis y los comentarios sobre el atentado. No es
fácil y tampoco es el momento para sacar conclusiones definitivas
acerca de este episodio. La experiencia nos ha enseñado que, a
menudo, los hechos vinculados con el terrorismo ofrecen más lados
oscuros que explicaciones claras.
Sin duda, la primera reacción es el sentimiento de solidaridad con las víctimas de este atentado criminal. Gente común, trabajadores que este jueves había concurrido a su trabajo pensando que por la tarde regresaría a sus hogares. Que se haya atacado un medio de prensa, símbolo de una de las libertades fundamentales de Occidente dice que directa o indirectamente la furia homicida de estos sujetos se ha descargado sobre una expresión de los valores democráticos. También en este caso, la condena no puede sino ser firme y sin vacilaciones. El sistema de libertades sobre los cuales se construyen nuestras democracia, entre ellas la libertad de expresión, representa precisamente la mejor respuesta a toda tentación de involución violenta hacia sociedades autoritarias.
Hechas estas aclaraciones, hay sin embargo algunos aspectos que conviene recordar. La facilidad con la cual se vincula el terrorismo con el Islam lleva a peligrosas e injustas generalizaciones. Hay medios que con asombrosa incapacidad analítica y populismo de baja calidad hoy estigmatizan la inmigración árabe en Europa y el Islam atribuyéndole la paternidad del atentado. Paradojalmente, esta actitud olvida dos cosas: primero que una gran cantidad de islámicos han repudiado el hecho violento. En segundo lugar, ignora que una de las víctimas de los terroristas ha sido el policía rematado sin piedad, Hamed Merrabet, un hombre de origen árabe, padre de dos hijos y musulmán. Un funcionario policial que ha dado la vida para proteger el semanario que ofendía con sus viñetas la religión que profesaba.
La migración a Europa de islámicos provenientes de varios países de África y otros continentes, tiene una historia de décadas que no es posible borrar. La violencia de los atentadores golpea a todos, también a los inmigrantes que se han radicado en el Viejo Continente y se han insertado así como en América latina se han insertado musulmanes y judíos, además de cristianos. El ataque no es de una religión contra otra, sino que es de grupos fanatizados contra un sistema de vida civilizado capaz de integrar la diversidad. La respuesta no es transformarse en una fortaleza, sino ofreciendo más civilización todavía, más libertades, más garantías para que avance esta capacidad de mirar a la diversidad como una riqueza.
Tampoco podemos olvidar un aspecto importante y es el de la ambigua relación entre Occidente y el mundo del fanatismo radicalizado. Francia tiene graves responsabilidades respecto de la desestabilización de Libia y Siria, al haberse involucrado directa y pesadamente en esos conflictos. Todavía en 2013, el entonces ministro de relaciones exteriores francés, Laurent Fabius, sostenía que el grupo Al Nousra estaba realizando “un buen trabajo” en Siria. En ese entonces, Al Nousra se identificaba, y no sólo vinculaba, con Al Qaeda. Sucesivamente, de él migrarán milicianos hacia el Estado Islámico que hoy azota Iraq y Siria. La presencia de soldados franceses en ese país y en Libia, previo a los levantamientos que terminaron con el derrocamiento de Kadhafi fueron señalados en varias ocasiones. Pero cabe recordar que desde la primera Guerra del Golfo Occidente hasta los episodios más recientes que acabo de citar, pasando por las invasiones de Afganistán e Iraq, ha destapado durante casi un cuarto de siglo la caja de Pandora de enfrentamientos internos a sectores islámicos, utilizando convenientemente y con desparpajo grupos terroristas antes o después denunciados como tales. Esta política desquiciada ha alimentado figuras opacas e intereses todavía menos transparentes que actúan en la sombra. Mientras se siga en esta actitud, es difícil que alguien no siga intentando sembrar el caos.
Finalmente, también es la oportunidad para gastar una palabra sobre la libertad de expresión. Charlie Hebdo ha utilizado este pilar de la democracia traspasando el límite entre sátira y desacralización y la ofensa lisa y llana, con cierta dualidad de criterio. Echó a un diseñador por haber blandamente satirizado la conversión religiosa de un hijo del ex presidente Nicolas Sarkozy por actitud discriminatoria, pero eso no le ha impedido publicar viñetas que ofenden groseramente a los islámicos y también a los cristianos. Una cosa es la sátira, otra cosa es ser blasfemo. Porque en el fondo es otra forma de esa intolerancia que el semanario pretende combatir.
Occidente tiene el deber de hacer de sus conquistas un puente de civilización y de paz y no la escusa para justificar cualquier actitud. La sociedad que se ha formado en base a esas conquistas es mucho más compleja. Por eso, para encontrar una convivencia armónica entre sus ciudadanos, necesita no sólo de las libertades sino también del espíritu igualitario, que asigna criterios de justicia, y del espíritu de fraternidad que da límites y contenidos a esos dos valores.
Sin duda, la primera reacción es el sentimiento de solidaridad con las víctimas de este atentado criminal. Gente común, trabajadores que este jueves había concurrido a su trabajo pensando que por la tarde regresaría a sus hogares. Que se haya atacado un medio de prensa, símbolo de una de las libertades fundamentales de Occidente dice que directa o indirectamente la furia homicida de estos sujetos se ha descargado sobre una expresión de los valores democráticos. También en este caso, la condena no puede sino ser firme y sin vacilaciones. El sistema de libertades sobre los cuales se construyen nuestras democracia, entre ellas la libertad de expresión, representa precisamente la mejor respuesta a toda tentación de involución violenta hacia sociedades autoritarias.
Hechas estas aclaraciones, hay sin embargo algunos aspectos que conviene recordar. La facilidad con la cual se vincula el terrorismo con el Islam lleva a peligrosas e injustas generalizaciones. Hay medios que con asombrosa incapacidad analítica y populismo de baja calidad hoy estigmatizan la inmigración árabe en Europa y el Islam atribuyéndole la paternidad del atentado. Paradojalmente, esta actitud olvida dos cosas: primero que una gran cantidad de islámicos han repudiado el hecho violento. En segundo lugar, ignora que una de las víctimas de los terroristas ha sido el policía rematado sin piedad, Hamed Merrabet, un hombre de origen árabe, padre de dos hijos y musulmán. Un funcionario policial que ha dado la vida para proteger el semanario que ofendía con sus viñetas la religión que profesaba.
La migración a Europa de islámicos provenientes de varios países de África y otros continentes, tiene una historia de décadas que no es posible borrar. La violencia de los atentadores golpea a todos, también a los inmigrantes que se han radicado en el Viejo Continente y se han insertado así como en América latina se han insertado musulmanes y judíos, además de cristianos. El ataque no es de una religión contra otra, sino que es de grupos fanatizados contra un sistema de vida civilizado capaz de integrar la diversidad. La respuesta no es transformarse en una fortaleza, sino ofreciendo más civilización todavía, más libertades, más garantías para que avance esta capacidad de mirar a la diversidad como una riqueza.
Tampoco podemos olvidar un aspecto importante y es el de la ambigua relación entre Occidente y el mundo del fanatismo radicalizado. Francia tiene graves responsabilidades respecto de la desestabilización de Libia y Siria, al haberse involucrado directa y pesadamente en esos conflictos. Todavía en 2013, el entonces ministro de relaciones exteriores francés, Laurent Fabius, sostenía que el grupo Al Nousra estaba realizando “un buen trabajo” en Siria. En ese entonces, Al Nousra se identificaba, y no sólo vinculaba, con Al Qaeda. Sucesivamente, de él migrarán milicianos hacia el Estado Islámico que hoy azota Iraq y Siria. La presencia de soldados franceses en ese país y en Libia, previo a los levantamientos que terminaron con el derrocamiento de Kadhafi fueron señalados en varias ocasiones. Pero cabe recordar que desde la primera Guerra del Golfo Occidente hasta los episodios más recientes que acabo de citar, pasando por las invasiones de Afganistán e Iraq, ha destapado durante casi un cuarto de siglo la caja de Pandora de enfrentamientos internos a sectores islámicos, utilizando convenientemente y con desparpajo grupos terroristas antes o después denunciados como tales. Esta política desquiciada ha alimentado figuras opacas e intereses todavía menos transparentes que actúan en la sombra. Mientras se siga en esta actitud, es difícil que alguien no siga intentando sembrar el caos.
Finalmente, también es la oportunidad para gastar una palabra sobre la libertad de expresión. Charlie Hebdo ha utilizado este pilar de la democracia traspasando el límite entre sátira y desacralización y la ofensa lisa y llana, con cierta dualidad de criterio. Echó a un diseñador por haber blandamente satirizado la conversión religiosa de un hijo del ex presidente Nicolas Sarkozy por actitud discriminatoria, pero eso no le ha impedido publicar viñetas que ofenden groseramente a los islámicos y también a los cristianos. Una cosa es la sátira, otra cosa es ser blasfemo. Porque en el fondo es otra forma de esa intolerancia que el semanario pretende combatir.
Occidente tiene el deber de hacer de sus conquistas un puente de civilización y de paz y no la escusa para justificar cualquier actitud. La sociedad que se ha formado en base a esas conquistas es mucho más compleja. Por eso, para encontrar una convivencia armónica entre sus ciudadanos, necesita no sólo de las libertades sino también del espíritu igualitario, que asigna criterios de justicia, y del espíritu de fraternidad que da límites y contenidos a esos dos valores.
jueves, 1 de enero de 2015
La economía no se puede fundar sobre el individualismo
La conversación con el prestigioso economista italiano Stefano Zamagni se desarrolló a fines de noviembre en Buenos Aires, en una pausa durante su participación de la iniciativa conocida como el Atrio de los Gentiles. Este profesor de la Universidad de Bologna, despliega sus argumentos para destacar los límites del capitalismo, tal como lo hemos conocido en los últimos dos siglos, y que manifiesta señales de crisis desde varios puntos de vista. Miembro de la Pontificia Academia de Ciencias, Zamagni es entre los principales impulsores de la economía civil, que se instala a partir de la dimensión relacional y no egoísta de los actores económicos.
jueves, 30 de octubre de 2014
Esperando a Brasil
Dilma
Rousseff obtuvo un segundo mandato luego de una dura campaña
electoral en la que pocos explicaron cómo afrontarían los problemas
del país. Ganó la continuidad de una gestión exitosa en lo social.
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