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jueves, 22 de noviembre de 2012

Una tregua no es la paz

Una tregua no es la paz, aunque es mejor que el enfrentamiento armado. Había que evitar un ulterior baño de sangre que exalta a los fanáticos y sólo siembre más odio entre palestinos e israelíes. Pero se sostiene precariamente el cese de las hostilidades entre las fuerzas armadas de Israel y los milicianos de Hamas que ocupan la Franja de Gaza.
La primera consideración que cabe realizar es que queda claro que hay dos palestinas: los territorios de Cis-Jordania bajo el control de la Autoridad Nacional Palestina y la Franja de Gaza. ¿Supone eso que cualquier solución del conflicto palestino israelí deberá prever la convivencia en un mismo territorio de tres Estados y no dos?
El escenario presenta más complejidades, porque otros factores influyen en este momento en Medio Oriente. Egipto trata de desarrollar su rol de eje diplomático y político del mundo árabe. El presidente Morsi, exponente de los Hermanos Musulmanes, grupo que ha adquirido un rol clave a partir de la primavera árabe, esgrime una postura firme con Israel, pero bastante más moderada que en el pasado.
Su objetivo es acotar, por un lado, los intentos de Irán de adquirir peso político y expandir su influencian la región (cabe recordar que los misiles lanzados por Hamas eran en gran parte de fabricación iraní), por otro tiene que evitar que el régimen de Teherán sea remplazado por el emirato de Qatar, dominado por el radicalismo salafita, enemigo declarado de Irán por cuestiones religiosas.
Los salafitas han avanzado políticamente en varios países de la región, ayudados por los abundantes recursos financieros que les proveen gas y petróleo. Han financiado y apoyado el derrocamiento del régimen de Kadhafi en Libia y sucesivamente el de Siria, el más importante aliado de Irán entre los países árabes. La crisis siria está teniendo sus coletazos también en el cercano Líbano.
Se habla de un próximo informe de la agencia de la ONU para la energía atómica (AIEA), según el cual Irán estaría cerca de alcanzar resultados militares en su programa nuclear. Un temor que tiene su peso en la próxima cita electoral en Israel, pues apoya las posturas de los sectores partidarios de liquidar militarmente la cuestión del programa nuclear iraní. 
Es un escenario de tensión, en el que pueden producirse nuevos estallidos cuyas consecuencias no son fáciles de prever. En realidad, más que el mentado “choque de civilizaciones”, concepto que cada vez más demuestra su construcción artificial, estamos en presencia de un proceso interno en el mundo islámico, entre sectores fundamentalistas de matriz chiita y sunitas, como los salafitas de Qatar y Arabia Saudita. Este enfrentamiento produce nuevos actores que participan del nunca resuelto conflicto entre palestinos e israelíes.
El tema de fondo es encontrar una fórmula que permita la convivencia entre estos dos pueblos. Hasta que ésta no aparezca, la sangre derramada es tanta que sólo tendremos treguas más o menos largas, pero no la paz.

jueves, 15 de noviembre de 2012

La mecha encendida en Gaza

Gaza es nuevamente teatro del enfrentamiento entre los palestinos de Hamas y los israelíes. El ejército de Israel respondió a los lanzamientos de centenares de misiles que se han producido desde hace meses con bombardeos realizado por aviones con y sin tripulación (drones), buques de la armada y tanques que han aparecido en la Franja de Gaza. Esta semana se recurrió a la eliminación selectiva de exponentes de Hamas y fue muerto en su auto el jefe militar de Hamas, la organización bajo cuyo dominio ha recaído el angosto territorio de Gaza (en los territorios de Cisjordania el control está en manos de Fatah).
Se cuentan varias decenas de civiles muertos por los bombardeos del ejército de Israel, algunos de los cuales bebés y niños, al tiempo que al menos tres ciudadanos israelíes perdieron la vida por el lanzamiento de cohetes, algunos de los cuales llegaron hasta las inmediaciones de Tel Aviv.  Se están usando cohetes medianos con un alcance de 75 km, de hecho sus instalaciones han sido blanco de los ataques de las fuerzas israelíes.
El contexto político en el que recrudece este interminable enfrentamiento es complejo. Por un lado los palestinos han solicitado un pronunciamiento de las Naciones Unidas a los efectos de ser reconocidos como Estado, lo cual genera un elemento de tensión sobre todo porque una parte de sus territorios, precisamente la franja costera de Gaza, es controlada por Hamas, sector más radicalizado. Durante el trascurso de este mes debería votarse la resolución. Por otro lado, se aproximan las elecciones anticipadas en Israel y los sectores que quieren imponer la lucha frontal contra Hamas.
El ejército y los servicios de inteligencia tienen mucho peso y lo están utilizando. A su vez, en el mundo árabe los cambios producidos en los últimos dos años todavía no han alcanzado un punto de equilibrio. Los Hermanos Musulmanes, hoy con propuestas políticas más moderadas, han ido ganando las elecciones pero el crecimiento de los sectores salafitas, más fundamentalistas, está complicando los equilibrios en muchos países.
Esto ha producido una fractura en Hamas, desde siempre vinculado a los Hermanos Musulmanes, entre los partidarios de una postura más moderada, cercana por ejemplo a la del presidente egipcio Morsi, y los más radicalizados partidarios de la solución armada. En efecto, el presidente Morsi ha enviado una delegación ministerial al territorio de Gaza, precisamente con el objetivo de evitar una escalada militar. En el medio, influyen también los temores suscitado por los planes nucleares de Irán, argumento que desde siempre enciende la mecha de las tensiones en la región.
En realidad, en el medio está la población civil, de un lado como del otro. La que suele pagar el precio más alto. Muertos y heridos, la permanente tensión, el miedo a una explosión que modifique tu vida para siempre.
La Franja de Gaza es una lengua de tierra de unos 51 km en su lado más largo y de 11 km en el punto más ancho, en la frontera con Egipto. Podemos imaginarla como desde Avellaneda hasta La Plata, con un ancho irregular que se reduce a un par de kilómetros en los puntos más angostos. Allí viven un millón y medio de palestinos, la gran parte refugiados que perdieron sus casas desde el surgimiento del conflicto con Israel.
Una llaga que nunca se ha cerrado. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha anunciado a la prensa el uso de “bombardeos quirúrgico” para destruir las plataformas de lanzamiento de los cohetes, algunos caseros aunque no por eso inocuos. Pero se trata de un eufemismo al que nadie puede resignarse: lo dicen la veintena de muertos causados por las represalias del ejército israelí, entre ellos dos bebés de menos de un año, varios niños, chicos que jugaban en una canchita de fútbol, un enfermo mental que se acercó demasiado a la línea de frontera... Los heridos son más de 150 en hospitales precarios, donde se da prioridad a casos más graves, aunque abundan heridas de bala, amputaciones traumáticas, etc. Por momento falta la energía eléctrica cortada desde territorio israelí.
Un rol fundamental en esta coyuntura puede ser precisamente la del presidente egipcio Morsi quien podría aprovechar la oportunidad para apaciguar los ánimos y, de paso, disminuir las relaciones con Israel que se han tensado mucho. Una postura más radicalizada para salvar diferencias internas en Hamas, pero aportaría muy poco y echaría nafta al fuego de una situación explosiva. Sin embargo, no es de descartar esta actitud. La comunidad internacional no aparece como un actor que en lo inmediato puede actuar eficazmente. La única chance para que cesen las hostilidades es que las partes comprendan que con las armas nunca jamás podrán resolver un conflicto que ya ha durado demasiado.

martes, 16 de octubre de 2012

El vaso de pandora del radicalismo

La acción irracional de los Estados Unidos, segundado por los aliados occidentales, y no sólo, en la instalación mesiánica de la libertad, la democracia y el libre mercado en países islámicos está destapando el Vaso de Pandora de un radicalismo todavía más difícil de controlar.
Lejos de ser un conjunto homogéneo, el Islam está atravesado por corrientes que encaran en modo diferente la vida religiosa. La revolución de los ayatolá en Irán, supuso cierto renacimiento de los chiitas (presentes principalmente en el país persa, en Iraq con minorías en Líbano, Siria, etc.) que cobraron mayor protagonismo con su tentativa de exportar el modelo iraní. También en el mundo sunnita, que representa a la mayoría de los fieles islámicos, han ido creciendo corrientes de intepretación, entre ellas los Hermanos Musulmanes, que tuvieron mucha difusión en Medio Oriente y Magreb también en el plano político, o los salafitas (conocidos también como wahabitas aunque es menos correcto), corriente tradicionalista proveniente de Arabia Saudita y dominantes también en el rico emirato de Qatar.
Los salafitas, repartidos entre corrientes no partidarias de la yihad y otras que la consideran indispensable, representan un sector radicalizado que ha recibido de la casa real Saudí importantes inyecciones de dinero, del orden de las decenas de miles de millones de dólares. No creen en los parlamentos, y mucho menos en la democracia, dividen el mundo en musulmanes y no creyentes. La vida de un no creyente, según algunos líderes como Omar Bakri Fustok, activo en el norte de Líbano, no tiene importancia, porque no tiene santidad. Los sabios son aquellos destinados a regular la vida civil, no sirven para eso ni sindicatos ni otro tipo de organización participativa. El mundo ha conocido - en realidad es un decir, porque lo transmitido por los medios de comunicación son a menudo aspectos poco contextualizados - corrientes religiosas como la de los talibán (estudiantes en su idioma), difundidos en Afganistán, una mezcla de creencias religiosas y costumbres de las etnias locales, como la pashtun.  
Los conflictos de estas décadas, desde la invasión soviética de Afganistán, a fines de los '70, los cambios de régimenes en Asia Central enseguida despues del derrumbre de la URSS, la guerra en la ex Yugoslavia, en Kosovo y sucesivamente la invasión de Afganistán, en 2001, Iraq, en 2003, como reacción a los atentados en los Estados Unidos, y la guerra en Libia y Siria más reciente han convocado a muchos grupos radicalizados que han usado estos conflictos como entrenamiento de sus huestes, además de una oportunidad para difundir sus predicamentos. La red terrorista de Osama Bin Laden, Al Qaeda, nace precisamente durante el conflicto en Afganistán contra los invasores rusos. 
La política de la Casa Blanca se ha introducido en este mundo complejo como un elefante en un bazar, persiguiendo sus objetivo políticos pero sin tener en cuenta el contexto en el que actuaba. Así ha sucedido en los ya mencionados conflictos y, sucesivamente, en Iraq, donde luego de nueve años de guerra estamos lejos de haber democratizado el país, menos aún de haberlo pacificado. Lo mismo sucede en Afganistán luego de 11 años de ocupación, la más larga guerra de los Estados Unidos. La intervención en Libia y Siria ha adquirido matices todavía más inquietantes, con una colaboración poco comprensible con Qatar y Arabia Saudita que gustoso han enviado armas, dinero y líderes radicalizados para derrocar los dos gobiernos.
La caída de Al Assad, perteneciente a la minoría alauita, una suerte de secta, puede abrir paso a un conflicto entre corrientes más o menos radicalizadas en este país de Medio Oriente. Qatar, Arabia Saudita y Estados Unidos coinciden en este momento en tener el mismo enemigo pero por distintas razones: Irán. Para la Casa Blanca se trata de un gobierno terrorista y de uno de las principales reservas de combustibles del planeta. Para los salafitas sauditas se trata de una corriente religiosa adversaria.
Es difícil prever qué puede llegar a pasar en el futuro. El vaso de Pandora hace tiempo que ha sido destapado.
Finalmente, cabe quebrar una lanza por la inmensa mayoría de los fieles del Islam: gente pacífica, religiosa y bondadosa que vive en muchos países y conduce una existencia pacífica, a menudo acosada por la pobreza. Gente que conocedora de que el Corán no predica la violencia, sino la misericordia y la tolerancia.
Sería injusto soslayar su rol moderado dentro del mundo islámico, aunque es cierto que estos sectores aparecen menos en los medios de comunicación. Posiblemente serán ellos lo que ayudarán a desactivar la idea de un conflicto de civilizaciones. Una tarea que en paralelo debería desarrollar la sociedad civil de Occidente para desactivar la política irracional de sus gobiernos.

viernes, 10 de agosto de 2012

¿Estados Unidos apoya AlQaeda?

Lo hemos afirmado más de una vez. En Siria se repite el mismo guión de Libia. Un conjunto de intereses geopolíticos han determinado la acción del gobierno de los Estados Unidos para derrocar el régimen del presidente sirio Al Assad. Cada vez más diezmado, el régimen ha penetrado en una profunda crisis que hace pensar en un pronto desenlace.
La última defección, el primer ministro, se une a la lista de personas que han abandonado el país o directamente se han pasado a los rebeldes. Entre ellas, hay personalidades que pertenecieron al círculo íntimo de Assad, además de una treintena de generales del ejército, algunos legisladores y diplomáticos, y figuras públicas. La decisión de la Casa Blanca es directamente responsable de la masacre que se ha desatado en Siria, cuyo objetivo final es debilitar este principal aliado de Irán, acaso el próximo objetivo del Pentágono. Eso, sin duda, no quita nada a la legítima aspiración de gran parte de la población que anhelaba un cambio de régimen dictatorial, pero no en las actuales sangrientas circunstancias.
Reproducimos la siguiente declaración del diputado republicano Ron Paul, que tiene el peso de una voz desde adentro del sistema estadounidense. Pese a la oposición de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, se hace cada vez más difícil impedir ya sea el baño de sangre, ya sea que una decisión como la de derrocar el régimen pase por encima de los intereses de los ciudadanos de Siria.

“La semana pasada la Cámara aprobó otro proyecto de ley más che delibera sanciones contra Siria, acercándonos a otra guerra en Oriente Medio. Se nos dice que sanciones cada vez más duras obligarán a los países en la mira a plegarse a nuestra voluntad. Sin embargo, la eficacia de las sanciones anteriores no nos enseña nada: a decir verdad, las sanciones llevan a la guerra más que impedirla.
“Hasta el año pasado las sanciones contra Libia fueron presentadas como una suerte de gran éxito. El régimen modificaría su actitud. Si embargo la OTAN igual bombardeó el país.
La semana pasada aprendimos que el presidente Obama informó una “decisión autorizante” de inteligencia que mueve a la CIA a ayudar secretamente a los rebeldes en Siria. La administración parece determinada a pelear otra guerra en Siria que nada tiene que ver con los intereses nacionales de los Estados Unidos.
“Ya sabemos que una decisión de este tipo ha sido firmada cuando todavía estaba a cargo el presidente Bus para dirigir la inteligencia de los Estados Unidos para que socavara el gobierno de Irán y promoviera un cambio de régimen. Los neoconservadores han pedido durante mucho que derrocáramos el régimen sirio antes de pasar a la guerra contra Irán.
Esta belicosidad sigue, y eso prescindiendo del partido que ocupe la Casa Blanca.
En Siria veos una vez más cómo nuestra políticas interventistas se nos vuelven en contra y nos hacen menos seguros.
“Recientes noticias de prensa indican vínculos entre la oposición siria y Al Qaeda (y otros grupos extremistas). Un reciente artículo de The Guardian, un diario británico, gritó a los cuatro vientos que “Al Qaeda se revela ser una marea entre los rebeldes que luchan por Siria oriental”. El artículo menciona a un líder de Al Qaeda quien sostiene que el se reúne  con la principal organización siria rebelde apoyada por los Estados Unidos, el Ejército Sirio Libre, “casi a diario”. Es así que a través de la promoción de una guerra civil en Siria terminamos por alimentar Al Qaeda.
“Según otro reporte los servicios de inteligencia alemana estiman que unos 100 ataques terroristas han sido cometidos por Al Qaeda u organizaciones vinculadas en Siria durante los últimos seis meses. El mes pasado un atentador suicida en Siria asesinó al ministro de defensa y varios altos funcionarios del gobierno. El gobierno de los Estados Unidos, que desde hace más de una década lleva a cabo una “Guerra al Terror”, esta vez se rehusó condenar este acto terrorista. Todo esto levanta un cuestionamiento: si la administración de los Estados Unidos este apoyando a las mismas personas que combatimos en Irak y Afganistán.
“El Secretario de Estado Hillary Clinton expresó estas mismas preocupaciones al comienzo de este año cuando se le preguntó si los Estados Unidos se resistían a entregar armas a los rebeldes sirios. Respondió: “¿A quiénes las entregan? Sabemos de Al Qaeda. Zawahiri apoya la oposición en Siria. ¿Acaso estamos apoyando a Al Qaeda en Siria?”
“Es ésta una buena pregunta. Demuestra claramente que los Estados Unidos no tienen ningún interés en ser involucrados en la guerra civil siria.
“En 1980 apoyamos el movimiento de resistencia en Afganistán que más tarde dio a luz a elementos de Al Qaeda y a los taleban. ¿Cuándo aprenderemos la lección y dejaremos de intervenir en conflictos que realmente no entendemos, conflictos que nada tienen que ver con los intereses nacionales de los estadounidenses?”.

viernes, 30 de marzo de 2012

El BRICS: una voz nueva



El BRICS está conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Desde 2009 realiza reuniones anuales de sus dirigentes y la de Nueva Delhi, llevada a cabo del 28 al 29 de marzo, fue la cuarta.
No hay dudas de que se trata de un nuevo actor político que mucho tiene que aportar y decir. El peso específico de este grupo se puede medir, por ejemplo, con algunos números: representa entre el 43 y el 45 por ciento de la población del planeta, el 25 por ciento del producto bruto interno global, el 30 por ciento de las tierras cultivadas, su aporte a la economía mundial es del 50 por ciento, su mercado interno crece en el 28 por ciento anual en promedio, el consumo interno - con clases medias en crecimiento - varía entre el 35 y el 60 por ciento de los PBI nacionales. 
Estamos pues frente a una verdadera locomotora del desarrollo. Pero no sólo por esta pujanza macroeconómica, sino que desde la perspectiva política hay palabras nuevas que están apareciendo en el escenario global.
En efecto, la cita en Delhi se llevó a cabo bajo el título: "BRICS, asociados para la estabilidad global, la seguridad y la prosperidad".  Allí los planteos de los miembros del grupo fueron contundentes. Ante la crisis mundial que, dicho sea de paso, estos países están sorteando con mucha más soltura, comparando con Occidente, es necesaria una reforma del FMI y del Banco Mundial. En el primer caso para que los mercados emergentes sean mejor reflejados si de verdad se quiere legitimar y hacer más efectiva la tarea del FMI. En el caso del Banco Mundial, el grupo insta a que la institución logre representar la visión de todos sus miembros y de la actual realidad política. El grupo intentará crear un banco de desarrollo destinado a realizar proyectos de infraestructuras desde una perspectiva de crecimiento sostenible ampliada a otras economías emergentes. Importante, el esfuerzo de implementar el comercio interno entre los países del BRICS utilizando sus propias monedas. Un tema, éste, particularmente delicado pone en discusión el uso del dólar estadounidense como moneda global. 
La voz del BRICS en Delhi también se hace oír en temas de política internacional. Sus miembros consideran necesario llegar a un cese de la violencia en Siria y apoyan la misión de la ONU y la Liga Árabe al respecto. Asimismo, abogan para que Irán pueda con derecho disponer de un proyecto nuclear para fines civiles, de modo que se pueda desactivar este foco de crisis. Se reitera, además, la condena del terrorismo, pero indicando las Naciones Unidas como el marco adecuado para su lucha, proponiendo la pronta redacción de un borrador de Convención Integral sobre el Terrorismo Internacional. Este punto en clave para lograr la pacificación de Afganistán, donde además es preciso impulsar la lucha contra la producción de opiáceos usados para fabricar drogas. 
Otros temas analizados durante la cumbre de Delhi son el desarrollo sostenible, la seguridad energética y la seguridad alimentaria. Se consideró que se trata de elementos clave para luchar contra la crisis financiera y contra el hambre y la pobreza. El uso de energías alternativas, el recurso a un comercio más justo a nivel global completan este discurso que, sin embargo, no pertenece a una ONG comprometida en el tema, sino a gobiernos que representan las mayores economías del planeta. 
Es un nuevo protagonismo al que las últimas décadas no nos habían acostumbrado. Una experiencia que habrá de seguirse muy de cerca. En junio de este año, en Río de Janeiro, se celebrará la Conferencia sobre desarrollo sostenible (Río + 20). Allí el BRICS tendrá más cosas para decir sobre un tema que se anuncia como clave para el siglo XXI.

viernes, 9 de marzo de 2012

Il mondo ha bisogno di Putin?

Per molti il modo in cui Vladimir Putin è arrivato al terzo mandato presidenziale è scandaloso e per niente democratico. E hanno le loro ragioni nell’affermarlo. La Russia è il Paese col triste record di giornalisti ammazzati, dove al potere si arriva con spregiudicata determinazione e ricorrere a brogli elettorali non è certo una novità. Lo sapeva bene Boris Eltsin, che nel ’96 giunse in modo certo non limpido alla presidenza. E basterebbe poi ricordare, a proposito di Putin, gli attentati sospetti che hanno portato all’intervento in Cecenia e spianato la strada a Putin. Una guerra, quella della regione Ciscaucasica, che, in quanto a diritti umani, ci ha riportato e ci riporta ancora a epoche lontane.
Dunque Putin torna a installarsi come presidente ed è probabile che l’alternanza con Medvedev continui per un periodo piuttosto lungo. Questa continuità nel potere sta dicendo qualcosa allo scenario internazionale, così come lo farebbe una eventuale riconferma di Barack Obama alla Casa Bianca, il prossimo novembre.
In effetti, in un contesto nel quale gli Stati Uniti rappresentano un potere che, sebbene con segni di decadenza, continua a essere egemonico, soprattutto sul piano militare e industriale, Putin rappresenta la voce di una potenza capace di contrapporsi – e questo si deve soprattutto alle dimensioni del “continente Russia” – a tale potere. La corsa alle risorse naturali, in modo speciale a quelle energetiche, è tuttora in corso e il territorio russo, e quello della sua sfera di influenza, giocano un ruolo strategico importantissimo. La sua voce acquista un maggiore peso politico, perché si aggiunge a quella della Cina, oggi la vera potenza emergente con vocazione globale – ancora silenziosa e poco intellegibile nei suoi obiettivi per la diplomazia occidentale –, con un atteggiamento poco accondiscendente nei confronti di Washington. L’esempio concreto è la posizione di Pechino e di Mosca in merito al conflitto scoppiato in Siria e rispetto alla questione della politica nucleare dell’Iran. Vista la spregiudicatezza con la quale si è agito in Libia prima, e in Siria poi, con tutta probabilità, senza queste voci dissonanti, sarebbe già stato avviato un attacco preventivo all’Iran per neutralizzare i suoi progetti nucleari.
La continuità di Putin al Cremlino, dunque, stabilisce di fatto una linea di continuità politica che tende a limitare e temperare l’influenza della Casa Bianca, che si trasformerebbe altrimenti in un potere illimitato la cui tendenza, ricordiamolo bene, è quella di considerare come “subalterni” gli altri attori sul piano globale. Zbigniew Brzezinski, che tanta influenza ha avuto sulla politica estera Usa degli ultimi anni, nel suo testo La grande scacchiera (Longanesi), parla senza pudore di Stati «vassalli e tributari», riferendosi al gruppo di “gregari” desiderosi di eseguire gli ordini provenienti da Washington.
Questo multilateralismo di fatto, frutto dunque più della necessità che di autentiche virtù democratiche, permette che anche altri attori politici possano affacciarsi, senz’altro ancora timidamente, sullo scenario mondiale, acquistando poco a poco autorevolezza. È il caso dell’India e del Brasile, ad esempio. Questi Paesi sono espressione di popoli finora esclusi dagli ambiti di discussione internazionale. Tale presenza suppone anche un peso politico in organismi multilaterali nei quali filtrano altri criteri politici che non siano i rapporti di forza.
Tale risultato sembra forse poco per chi aspira a un consesso internazionale ispirato a valori più elevati dai limitati obiettivi della realpolitik. Ma intanto è la premessa indispensabile per poter avanzare in direzione di una maggiore democratizzazione della convivenza globale.

jueves, 1 de marzo de 2012

Parece verdadero, más aún es falso


El régimen sirio se ve acosado por juegos de poder: la confrontación entre corrientes opuestas en el mundo islámico e intereses geopolíticos del “gran juego” global.

¿Qué pasa en Siria?  Los medios muestran un régimen despiadado que dispara contra civiles que marchan pidiendo reformas democráticas. Es la imagen que quieren presentar los gobiernos interesados en la caída de Bashal al Assad. Coinciden miembros de la Liga Árabe, la dinastía saudita y Qatar, y los Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y gran parte de Occidente. Pero, en realidad, las manifestaciones a favor de Assad revelan que no es repudiado por gran parte de la población.  Tanto la mayoría sunita, como la minoría cristiana, estarían ciertamente a favor de un cambio de régimen, pero no de manera cruenta. Una “guerra civil provocaría centenares de miles de muertos”, aclara una fuente confiable consultada. No es cierto que la gente esté dispuesta a levantarse en armas contra un régimen que –conviene aclararlo– no es un modelo de democracia.
Los grupos infiltrados en territorio sirio no son una novedad. Inclusive, no coinciden las versiones sobre quién está disparando a la multitud. La Liga Árabe envió al lugar a 166 observadores (1). El informe presenta un cuadro muy diferente del que difunden las cancillerías occidentales y los medios periodísticos. El documento fue silenciado porque cuestiona la información de que el gobierno sea responsable de una brutal represión. Se atribuye a algunas bandas el asesinato de cientos de civiles y miles de soldados. Las mismas que habrían cometido atentados con bombas en autobuses, trenes, puentes y oleoductos.
No muy diferente del caso libio, donde de la noche a la mañana surgió una guerrilla armada en un país donde la oposición no era particularmente activa. La presencia de servicios de inteligencia y fuerzas extranjeras fue confirmada varias veces, además de grupos milicianos cercanos a Al Qaeda.
Siria es parte de un escenario donde se da una compleja confrontación entre diferentes corrientes internas del mundo islámico, sunitas y chiítas. Los gobiernos con mayoría sunita, como Arabia Saudita, no ven con agrado el aumento de la influencia chiíta en el mundo árabe a través del régimen iraní, que, sin embargo, gana simpatías populares por su férrea oposición al estilo de vida occidental. El régimen de Teherán no esconde su proyecto de exportar la revolución de Khomeini dentro del Islam (y de apoyar a grupos como Hezbollah en Líbano y Hamás en Gaza). El régimen sunita wahabita de Riad considera que es herética la mediación de los ayatolás entre lo sagrado y lo profano. En su momento, la casa Saudita financió la guerra entre Irak e Irán en los ’80. Para Renzo Guolo, docente de Filosofía y Letras en la Universidad de Padua, “el chiísmo como religión de las minorías y como religión de los oprimidos encontró un abanderado en la República de Irán (2).
Siria es el principal aliado del gobierno iraní. Representa un caso anómalo, porque la mayoría sunita de la población (70%) está gobernada por los alauitas (12-13%). Siria es un país central en Medio Oriente, de importancia estratégica. “Los alauitas, a los que pertenece Assad, provienen de una corriente histórica del chiísmo y, por lo tanto, hay una fuerte afinidad religiosa. Hay también afinidad política, ya que Irán y Siria tienen un pacto militar. La caída del régimen de Damasco, tendría efectos no sólo en Israel sino también en Irán”, concluye Guolo (3). Debemos tener presente que la actual situación es vista como favorable por sectores islámicos radicales de Siria como los salafitas y los Hermanos musulmanes que querrían ser los herederos del régimen, como ya sucedió en otros países árabes. 
En este panorama de carácter religioso se apoya la dimensión política del problema. A nadie escapa que debilitar a este aliado de Irán significa debilitar el régimen de los ayatolás, que es uno de los objetivos de la Casa Blanca. La falta de prudencia del presidente Ahmadinejad y sus absurdas declaraciones negando la Shoá o predicando la destrucción de Israel, favorece finalmente los intereses occidentales. Pero ser uno los principales productores de crudo del mundo dispuestos a una política desprejuiciada con Occidente y el crecimiento la relación comercial con China –que firmó un contrato para el uso de gran parte de la producción de gas y petróleo iraní en los próximos 25 años– son los motivos de mayor peso para la reacción de Washington. Rusia, aliado histórico de Siria, que ya constató hasta qué punto la OTAN está dispuesta a neutralizar adversarios como Libia, no ve con buenos ojos la desestabilización en un área cercana a sus fronteras.
Pero no sólo en Siria se actúa según razones de Estado, sin interesarse por las víctimas de una guerra civil. En Irán está sucediendo algo similar. Bajo el título “Falsa bandera”, Mark Perry presenta en su sitio foreignpolicy.com un informe de la infiltración del Mossad en la organización Jundallah, muy activa en Irán (4). El riesgo de un conflicto está más cerca de lo que se cree.
Situación delicada y juego de roles mientras, por el lenguaje diplomático y el control de la información, quedan ocultos las razones de fondo. En estas condiciones la proclamada defensa de los principios democráticos en Siria alienta un futuro incierto. A nivel internacional, la construcción de auténticos proyectos políticos para afrontar una aldea global es cada vez más compleja y se deja esperar.


(1) Report of the Head of the League of Arab States Observer Mission to Syria for the period from 24 December 2011 to 18 January 2012.
(2) Sciiti e sunniti nell’epoca di Assad ,  publicado por la ONG Emergency, E-on line:  http://www.eilmensile.it/2011/12/24/sciiti-e-sunniti-nellepoca-assad/
(3) Ibid.
(4) False flag, Foreign Policy, 13 de enero de 2012.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Separar la paja del trigo


La pregunta es siempre la misma: ¿Qué sucede en Siria? La otra pregunta que viene de ello, inevitablemente, es: ¿Por qué sucede?
Es casi una obviedad que en los medios esté en curso una campaña mediática destinada a presentar el régimen de Bashar al-Assad como un despiadado asesino de civiles indefensos. Sobre todo, en la gran masa de la opinión pública compuesta por apresurados lectores, poco propensos a investigar entre la caterva de noticias que nos invade cotidianamente para separar la paja del trigo. Se alimenta así un coro unánime y un veredicto inapelable: Assad asesino, tiene que caer. Pero esto se entiende. ¿Quién tiene tiempo para analizar en detalle la noticia y para confrontar las fuentes de información de los medios gráficos y de los enviados? ¿Quién puede cotejar con otras fuentes alternativas? La mayor parte de los lectores de los medios que hoy han leído sobre la posición de la Liga árabe contra el régimen sirio, no tiene  tiempo de buscar el expediente presentado por el jefe de misión enviado por la misma organización árabe al lugar y que durante un mes comprobó que tanto el ejército como la guerrilla que se le opone están provocando un baño de sangre, a menudo con víctimas civiles (1). Además nadie puede saber que el expediente fue ocultado porque no dice lo que, en cambio, se quería que dijera: que toda la culpa es del régimen de Assad.
Para ser claro, no es que Assad esté exento de culpa, antes que nada, por la reacción torpe y criminal de su ejército que causó víctimas entre los civiles. Y no es que no exista una corriente de opinión dentro de la sociedad siria que vería con buenos ojos un paso al costado de Assad. Pero no de esta manera cruenta, es decir no mediante una sangrienta guerra civil, sino a través de un proceso interno pacífico y democrático, así como puede ser en el contexto de ese país.
Todo lo que esta acaeciendo en realidad lo pone en evidencia Thierry Meyssan que lo reconstruye detalladamente en “El Ejército sirio libre es comandado por el gobernador militar de Trípoli” (2), en cambio gran parte de los medios ofrece una visión diversa, por ejemplo La Repubblica (3).
Pero si se hace un poco de memoria, se comienza a notar algún dejà vu. Febrero 2003, ¿quién no recuerda en la sede de la ONU al Consejero de Estado de EEUU, Colin Powell, con la famosa probeta? Fueron las “pruebas documentadas” de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. También entonces la opinión pública sufría la influencia de la repetición mediática que había condenado ya a Saddam Hussein, asesino y despiadado dictador, que debía ser depuesto por una intervención militar. Poco tiempo después de la invasión y las irrefutables “pruebas” de la existencia de mecanismos diabólicos de cualquier tipo no se habló más del tema. Y no se podía hablar, porque no existían, así como no existía conexión alguna entre Saddam y Al Qaeda. 
En tanto, en Afganistán e Irak estaba en curso el espectacular choque de civilizaciones tan anunciado. Sus profetas predijeron acertadamente, era necesario actuar para llevar libertad y democracia a Medio Oriente y Asia Central… si no fuera por el hecho de que en realidad se destapó de la forma más torpe y cínica posible una primera caja de Pandora de conflictos internos: corrientes shiitas, como la mayoría de la población iraquí, dispuesta a exportar la revolución de Kohmeini a la región, comenzaron a chocar con la minoría sunita sostenida por las corrientes radicalizadas dispuestas a imponer su versión del Islam y reducir la influencia iraní. Para Occidente se trata de una cuestión aparentemente secundaria, teniendo en cuenta que el principal objetivo era el control de los yacimientos y de las rutas de transporte de los recursos energéticos, gasoductos y oleoductos. 
En Libia el guión no es muy diferente. De repente Kadhafi se volvió de un dirigente dispuesto a regresar a los rangos de sensatez política, al hostil despiadado con su propio pueblo. Pero también allí, las señales sobre la presencia de elementos de cuerpos especiales de varios ejércitos occidentales que han armado en poco tiempo una guerrilla revolucionaria han pasado en silencio, en las páginas visibles de las principales corrientes informativas o entremezcladas con cualquier tipo de información en el mar de la web. Es una lástima, porque pasaron en silencio los satélites rusos que no encontraron huellas de bombardeos aéreos contra los civiles en Bengasi, que azuzaron la “guerra humanitaria” con el apoyo del pueblo libio. O bien las señales sobre la poco clara presencia del Grupo Islámico Combatiente en Libia (LIFG por su sigla en inglés) considerado por las Naciones Unidas como expresión local de… Al Qaeda. ¡No es posible! ¡Pero, sí!
En septiembre de 2011 en efecto fue parte de la lista redactada por el Comité de aplicación de la resolución 1267 del Consejo de Seguridad. Pero no se trata de terroristas sólo para la ONU. Lo son también para el Departamento de Estado de los Estados Unidos que desde fines de 2004 los incluye entre ellos. El LIFG está todavía en la lista, precisamente en el número 26, y quien quiera lo puede controlar en el sitio web del Departamento de Estado (4). Así como es posible verificar que para el Departamento Interno británico el LIFG está todavía proscripto en el Reino Unido (5) porque “busca reemplazar el régimen libio con un estado islámico radical. El grupo es parte también de un más vasto movimiento extremista global, también éste inspirado en Al Qaeda. El grupo ha realizado muchas operaciones en Libia, incluso un atentado dirigido a asesinar en 1996 a Muhammar Kadhafi”. 
En 2007 el LIFG proveyó la mayoría de los kamikazes en Irak y se fusionó con Al Qaeda, lo anunció el mismo líder de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri. En el anuncio de la revuelta en Libia, lo encontramos activo y apoyado por fuerzas especiales occidentales. La situación genera preocupación, y quizás algún sentimiento más intenso en el general Carter Ham, comandante estadounidense del Africom al cual es enviado a coordinar las acciones aliadas en Libia y a defender a los mismos terroristas que han actuado contra soldados de EEUU en Irak y Afganistán. En efecto, poco después es removido y la coordinación pasa a la OTAN.
En el verano de 2011 es derribada la resistencia del régimen de Kadahfi, muerto el viejo jefe, y al mando del adiestramiento del ejército de Libia nombran  a un hombre del LIFG, Abdelhakim Belhaj. Claramente no le dieron un rol secundario al LIFG del otro lado del Mediterráneo. Y ciertamente, el contacto entre la inteligencia estadounidense, francesa y británica con el grupo no se ha interrumpido. El hecho está en que los guerrilleros del LIFG aparecen ahora muy bien armados en Siria, junto a brigadas (¿o bandas?) extranjeras. Según algunos periodistas hay ciudadanos sirios que han reconocido por su acento no sólo combatiente libios, sino también iraquíes, jordanos y afganos. Pero también lo admiten dos fuentes “insospechables”, el Corriere della Sera (6), que cita la “misión” de Belhaj y de su vice Al Harati para sustentar la revolución siria. ¿Por cuenta de quién? ¿El CNT libio? En el ínterin, Al Harati admite haber sido él mismo, según su dichos, quien robó 240 mil euros entregados… por la CIA (!). ¿De dónde provienen los fondos que alimentan la guerra civil en Siria? Los núcleos que Al Harati conduce en tierra siria, especifica el artículo de Guido Olimpo, están muy bien armados, reciben financiación y apoyo de fuerzas especiales de Qatar, Arabia Saudita y países occidentales, particularmente británicas. Pero en Siria Al Harati está desde hace tiempo. En diciembre lo encontró el enviado especial del diario español ABC, que desde hace tiempo está alineado al frente anti-Assad. El reportero Daniel Iriarte lo encontró junto a otros guerrilleros libios. Parece que este hecho sorprendió al enviado español que quizás sabe bien que Al Harti y otro compañero suyo, Adem Kikli, son lugartenientes de Belahj y que éstos figuran entre los sospechosos del atentado de Madrid del 11 de marzo de 2004. Lo indica el ex primer ministro español José María Aznar en una entrevista en el blog de la CNBC del pasado 9 de diciembre (7).   
A este punto hace falta entonces tener mucho cuidado con considerar como atendible las versiones provenientes de Siria. Existen elementos consistentes que hacen pensar en una tentativa en curso para provocar la caída de Al Assad pero no en nombre de la democracia y de la libertad, sino de otros intereses, no completos los actuales esquemas geopolíticos, difusos, variados, que encuentran coincidencias como en este caso (8). Al Qaeda entonces también actúa en nombre de estos intereses que involucran a Occidente. Quien quiere trabajar en serio por la paz en Siria, como en cualquier otro lugar, debe pues empezar a separar la paja del trigo. Quizás la historia de la guerra global contra el terrorismo no es aquella que nos contaron hasta ahora. 



(1) Consideramos instructiva la lectura, de la cual redirigimos la traducción del sitio: www.peacelink.it
(2) En www.megachip.info, domingo 12.2.2012.
(3) Pietro del Re, “Siria, ora l’Onu mandi i caschi blu”, 13.2.2012
(4) http://www.state.gov/j/ct/rls/other/des/123085.htm La sigla está obviamente en inglés Libyan Islamic Fighting Group (LIFG). 
“Libyan Islamic Fighting Group (LIFG) The LIFG seeks to replace the current Libyan regime with a hard-line Islamic state. The group is also part of the wider global Islamist extremist movement, as inspired by Al Qa’ida. The group has mounted several operations inside Libya, including a 1996 attempt to assassinate Mu’ammar Qadhafi”.
(6) Guido Olimpo, Corriere della Sera, 11.11. 2012, Brigate internazionali in azione in Siria a fianco degli insorti.  
(7) Entrevista al ex primer ministro español Jose María Aznar, donde declara: ”or even worst, the Libyan rebel military commander, Abdul Hakim Belhad, a well-known jihadist who was one of the suspects involved in the Madrid train bombing of March 2004”.
(8) Cfr. Alberto Barlocci, Città nuova web, 9.2.2012, Sembra vero, anzi e falso.

jueves, 9 de febrero de 2012

Sembra vero, anzi è falso

Un dossier svela giochi di potere dietro gli abusi attribuiti al regime: c’è il confronto tra opposte correnti all’interno del mondo islamico ma anche interessi geopolitici forti entrati già in azione in Libia.

Ma cosa sta succedendo in Siria? I media occidentali riflettono unanimi l’immagine di un regime spietato che spara impietosamente sui civili che scendono in piazza reclamando riforme democratiche. E’ l’immagine che vogliono presentare i governi interessati alla caduta di Bashar al-Assad, sia tra gli stessi membri della Lega Araba, primi fra tutti la dinastia saudita e il Qatar, e poi Stati Uniti, Francia, Regno Unito e gran parte dell’Occidente. Ma in realtà le manifestazioni in sostegno di Assad rivelano come sia ben lungi dall’essere ripudiato dalla maggioranza dei cittadini. Tanto la maggioranza sunnita, come la minoranza cristiana, sarebbero certamente a favore di un cambio di regime, ma non nei modi che si stanno prospettando e ancor meno in modo cruento. Una «guerra civile provocherebbe centinaia di migliaia di morti», chiarisce a Città Nuova una fonte consultata. Non è dunque vero sostenere che la gente sia disposta a sollevarsi con le armi contro un regime che, va detto, non è certo un modello di democrazia al quale i venti della primavera araba avrebbero dovuto e potuto consigliare una maggiore apertura.

Il dossier Le segnalazioni di gruppi infiltrati in territorio siriano non è una novità al di fuori del mainstream informativo. Ed anche le versioni su chi sta sparando sulla folla sono da tempo discordanti. La stessa Lega Araba ha inviato sul posto 166 osservatori per rilevare cosa stesse accadendo (1). Il loro dossier presenta un quadro abbastanza dissimile da quanto viene diffuso dalle cancellerie dei governi e, di rimando, dai media. Infatti, il documento è passato sotto silenzio sebbene al suo interno viene messa in discussione la notizia che il governo abbia operato una organizzata e letale repressione. Vengono attribuiti ad alcune bande sospette l’assassinio di centinaia di civili e di migliaia di soldati; bande che sarebbero dietro ad attentati con bombe negli autobus di linea, sui treni che trasportano gasolio, su ponti e condutture.

Come in Libia Il copione non è molto dissimile da quello applicato in Libia, dove pure all’improvviso è sorta una guerriglia armata in un Paese dove l’opposizione non sembrava estremamente attiva. La presenza di elementi di servizi di intelligence e forze speciali straniere è stata rilevata più volte, oltre alla presenza di gruppi di miliziani considerati vicini ad Al Qaeda dalle stesse Nazioni Unite.
Oggi la Siria è parte di uno scenario all’interno del quale avviene un doppio scontro, espressione di una problematica complessa.
Il primo è tra differenti correnti interne al mondo islamico, concretamente sciiti e sunniti. Nei governi a maggioranza sunnita, come l’Arabia Saudita, non è visto di buon occhio l’aumento dell’influenza sciita nel mondo arabo attraverso il regime iraniano, che però raccoglie simpatie popolari per la sua ferrea opposizione allo stile di vita occidentale. Il regime di Teheran non fa mistero del suo progetto di esportare la rivoluzione khomeinista all’interno dell’Islam (e dell’appoggio a gruppi come Hezbollah in Libano e Hamas a Gaza). Il sunnismo wahabita di Ryad considera eretica la sorta di mediazione tra il sacro e il profano degli ayatollah e vi si oppone. A suo tempo la casa Saudita finanziò con 30 miliardi di dollari la guerra tra Iraq e Iran negli anni ‘80. Per Renzo Guolo, docente di Lettere e Filosofia all’università di Padova, “lo sciismo come religione di minoranza e come religione degli oppressi, in qualche modo ha trovato un alfiere nella repubblica islamica iraniana” (2).

L’alleanza con l’Iran La Siria è il principale alleato del governo iraniano. Rappresenta un caso anomalo, perché la maggioranza sunnita della popolazione (70 per cento) è governata dagli alawiti (12-13 per cento). E si sa che la Siria è un tassello centrale nel mondo mediorientale, da qui la sua importanza strategica. «Gli alawiti, cui è legato Assad provengono da una storica corrente dello sciismo e quindi è evidente che c’è affinità religiosa molto forte. C’è anche una forte affinità politica, considerando che l’Iran e la Siria hanno un patto militare che li sorregge. Quindi una caduta del regime a Damasco avrebbe effetti non solo su Israele ma anche sull’Iran», conclude Guolo (3). E va tenuto presente che l’attuale situazione è vista con favore da settori dell’islamismo siriano più radicale, come salafiti e Fratelli mussulmani, che sanno bene di essere i possibili eredi dell’attuale regime, come è già accaduto in altri Paesi arabi.

Su questa questione a sfondo religioso, s’innesta la dimensione geopolitica del problema. A nessuno sfugge che indebolire questo alleato dell’Iran significa indebolire il regime degli ayatollah, un obiettivo che la Casa Bianca annovera tra i principali. Lo favorisce senz’altro la poca prudenza dimostrata dal presidente Ahmadinejad nelle sue dichiarazioni assurde, negando la Shoà e predicando la distruzione di Israele. Ma il fatto di essere disposti a una politica spregiudicata riguardo all’Occidente, da un lato e la crescita del rapporto commerciale con la Cina – che ha firmato un contratto per l’uso di gran parte della produzione di gas e petrolio iraniano per i prossimi 25 anni – sono motivi che pesano in modo notevole su Washington.

La Russia non sta in disparte La Russia, alleato storico della Siria, che ha già constatato fino a che punto la Nato è disposta a neutralizzare avversari come la Libia (erano russi i satelliti che hanno smentito la falsa versione di bombardamenti aerei contro i civili a Bengasi) non vede certo di buon occhio una destabilizzazione della Siria in un area vicina alle sue frontiere; teme poi che il conflitto possa estendersi, ad esempio, al Libano.
E attenzione che non è solo in Siria che si sta agendo in base alla ragion di Stato, prescindendo dalle vittime che provocano decisioni come quella di scatenare una guerra civile. In Iran sta avvenendo qualcosa di simile. Col titolo di “Falsa bandiera”, su Foreign Policy, Mark Perry presenta un resoconto dell’infiltrazione del Mossad dell’organizzazione Judallah attiva in Iran (4). Il rischio di un conflitto è dunque più vicino di quanto si pensi.
Una situazione pertanto delicata, mentre i motivi di fondo restano sommersi dal linguaggio diplomatico e dal controllo sull’informazione. In queste condizioni la strombazzata difesa dei principi democratici in Siria occulta un futuro almeno incerto.
Sul piano internazionale la costruzione di autentici progetti politici per affrontare un villaggio globale sempre più complesso si fa ancora attendere.

(1) Report of the Head of the League of Arab States Oberserver Mission to Syria for the periodo from 24 December 2011 to 18 January 2012.
http://www.columbia.edu/~hauben/Report_of_Arab_League_Observer_Mission.pdf
(2) Sciiti e sunniti nell’epoca di Assad , sul mensile della ong Emergency, E-on line:  http://www.eilmensile.it/2011/12/24/sciiti-e-sunniti-nellepoca-assad/
(3) Ibid.
(4) False flag, Foreign Policy, 13 gennaio 2012.
http://www.foreignpolicy.com/articles/2012/01/13/false_flag

martes, 7 de febrero de 2012

Artico: una zona calda?

La riduzione dei ghiacci nel mar Glaciale Artico sembra accelerare. Diventano accessibili importanti giacimenti di gas e petrolio e nuove rotte commerciali. La questione delle acque territoriali.

Alla fine, il famoso passaggio a nord ovest è stato trovato. Ma non per merito di qualche intrepido viaggiatore, quanto piuttosto per effetto dell’accelerato scioglimento dei ghiacci del polo nord. Secondo vari centri di ricerca che seguono l’evoluzione dei ghiacci dell’Artico, nell’estate 2011 si è registrata la maggiore diminuzione dal 1979. Il fenomeno non lascia tranquilli gli scienziati, dato che nel 2007 è stata registrata l’altra maggior riduzione e non è facile prevedere gli effetti complessivi del fenomeno. Non manca chi considera catastrofica la loro sparizione.
“Buone notizie” (data la premessa le virgolette sono d’obbligo) per le compagnie di navigazione che potranno passare dall’Atlantico al Pacifico senza attraversare il canale di Panama, quindi risparmiando almeno 4 mila km. E si riducono del 40 per cento le distanze tra Europa ed Asia rispetto alla rotta che passa per il canale di Suez.
I ghiacci attorno al Circolo polare artico non sono stabili come quelli dell’Antartide perché le temperature, per effetto del clima marino, sono meno estreme. Durante l’inverno aumentano notevolmente per poi ridursi durante l’estate, raggiungendo la minima estensione nel mese di settembre. Nel 2011 l’estensione minima (4,3 milioni di chilometri quadrati), è stata ben al di sotto dei normali (4,6 milioni). Secondo alcuni modelli climatici, nel 2100 l’Artico potrebbe perdere tutta la sua copertura di ghiaccio estivo. Secondo il National snow and ice data center (Nsidc), l’anno record negativo del 2007 è stato caratterizzato da combinazioni climatiche che favorivano lo scioglimenti dei ghiacci, ma anche nel 2011, nonostante sia stato un anno più normale dal punto di vista climatico, il riscaldamento dell’Artico è proseguito.
Per James Overland, della National oceanic and atmospheric administration Usa (Noaa) «non è un evento casuale, ma un cambiamento a lungo termine del clima artico».
Si terrà conto di questa realtà che può influire sul clima globale del pianeta o i governi agiranno abbagliati solo da questo «formidabile teatro di operazioni dotato di un importante potenziale minerario», come scrive Alexandr Latsa editorialista di Ria Novosti?
Il riscaldamento globale nella regione artica, infatti, sta aprendo nuove diatribe tra i Paesi le cui coste si affacciano sulla regione: Russia, Stati Uniti, Canada, Danimarca e Norvegia. Il ritiro dei ghiacci sta rendendo raggiungibili importanti giacimenti di petrolio e di gas: si stima che nell’Artico vi sia circa il 22 per cento delle risorse mondiali di petrolio e di gas. Non a caso, i russi, in modo unilaterale, hanno già piantato la loro bandiera nei fondali della zona ancora controversa dell’Artico.
Ad ogni modo, conviene tener presente che non si tratta di uno sfruttamento facile: i ghiacci si sciolgono ma le temperature sono ancora proibitive e la tecnologia per realizzare impianti di estrazione non è disponibile a tutte le compagnie petrolifere. La stessa Russia sembra orientarsi su joint venture, con soci di altri Paesi.
In base al diritto marittimo, l’Artico è considerato alto mare, quindi nessuna sovranità può essere reclamata. Ciascun Paese conserva una zona economica esclusiva di 200 miglia marittime dalla costa, che può essere estesa anche oltre se si può provare la continuità della piattaforma continentale fino alla zona oggetto del reclamo. È quanto stanno cercando di dimostrare i russi nel caso della dorsale Lemonosov, andando più in là dello stesso Polo, oltre a considerare di propria pertinenza il triangolo formato da Polo Nord e regioni costiere site all’estremo nord ovest, Murmansk, e nord est, Chokotski, del suo territorio.
Mosca ha assunto una posizione energica sulla questione: nel 2010 ha dichiarato che trattandosi di una questione di sicurezza nazionale «non si esclude l’uso della forza per risolvere controversie che potrebbero sorgere nella battaglia competitiva per le risorse naturali». Ma a dire il vero, lo stesso Putin in occasione del summit celebrato a Mosca lo scorso settembre, dal titolo “Artico: territorio di dialogo”, ha dichiarato di non aver dubbi che gli «attuali problemi nell’Artico possono essere risolti con spirito di collaborazione, attraverso negoziati e sulla base delle norme internazionali vigenti», riaffermando una tradizione di politica estera costruita sul rispetto delle norme giuridiche. Inoltre, proprio il manifestarsi di possibili divergenze future, ha aiutato Russia e Norvegia ad accordarsi su alcune questioni territoriali nel mare di Barents, che perduravano tra i due Paesi fin dagli anni Cinquanta.
La necessità di costosi investimenti e il ricorso a tecnologie di estrazione avanzate, sta infatti facendo convergere gli interessi di vari altri Paesi dotati di capitali e metodi estrattivi, tutto sommato favorendo una cooperazione che potrebbe avere come effetto quello di mitigare eventuali contrasti.
Per Lev Voronkov, esperto russo di Artico, in questo scenario «nessun problema può essere risolto da un Paese solo. È indispensabile cooperare, ed è specialmente controproducente il confronto militare».
La sempre maggiore interdipendenza tra i Paesi, trova in scenari del genere una ulteriore conferma. Forse si potrebbe far tesoro della lezione appresa dalla Guerra Fredda: gli accordi sono sempre migliori delle prove di forza.

martes, 31 de enero de 2012

Falkland o Malvine?

Questo arcipelago sito ai confini del mondo è ancora conteso dalla Gran Bretagna e l’Argentina. Difficile che motivi nuovi conflitti, ma superare la disputa aiuterebbe a migliorare i rapporti tra due popoli.

Le imbeccate reciproche tra le diplomazie di Londra e di Buenos Aires sono ultimamente se non all’ordine del giorno, quasi. La questione è quella di sempre. L’Argentina non tralascia occasione per ribadire il reclamo della sua sovranità sulle isole Malvine. Il governo di Sua Maestà non ha intenzione alcuna di riconoscerla.
A suo tempo le Nazioni Unite avevano auspicato che i due Paesi arrivassero a una definizione della questione nel rispetto degli interessi degli abitanti delle isole. Purtroppo però il triste e folle episodio della guerra per le isole scatenata durante l’ultima dittatura argentina, svoltasi durante l’autunno australe del 1982, avendo per teatro precisamente il conteso arcipelago, oltre a provocare una inutile carneficina da entrambe le parti, ha messo in congelatore le possibilità di una soluzione negoziata.
Ma di chi sono le isole Malvine? Sì, Malvine, secondo la dizione spagnola che, peraltro prende origine dai marinai di Saint Malo, malouines, che erano soliti fare scalo nelle isole. Il diritto internazionale in materia suole ricorrere in prima istanza agli avvistamenti cristallizzati in seguito nelle carte nautiche per stabilire il diritto che scaturisce dallo scoprimento di un territorio. Ma qui bisogna ritornare indietro nel tempo per ricordare che la questione venne definita col trattato di Tordesillas sancito nel 1494 tra Fernando e Isabella re di Castilla ed Aragon ed il re Giovanni II del Portogallo e arbitrato da papa Alessandro VI. Il trattato stabiliva le rispettive aree di influenza della corona spagnola e quella portoghese rispetto al nuovo mondo. Erano passati appena due anni dall’arrivo di Colombo in America. L’Atlantico sud apparteneva chiaramente all’area di influenza della corona spagnola. Anche se non si sa con certezza chi avvistò per primo le isole, fu in ogni caso prima del 1592, il che mette in fuori gioco ogni altra teoria al riguardo dato che esistono almeno 30 carte geografiche precedenti a tale anno che indicano la scoperta e la registrazione delle isole. L’attenzione britannica per le isole sorge nel secolo XVIII, quando per continuare le azioni di disturbo nei confronti degli spagnoli lungo le coste del Cile, la flotta britannica cercò un riparo sicuro alle navi che fossero stare ricacciate dalle  tempestose acque che all’altezza del Capo Horn rendono improbo il passaggio dall’Atlantico al Pacifico. Nel 1770 Madrid ordinò alle autorità di Buenos Aires di provvedere allo sgombero dell’insediamento britannico nelle isole, cosa che venne eseguito prontamente. Ne sorse una questione che, per quieto vivere ed anche nel dubbio di non avere la forza di difendere il proprio diritto, alla fine Madrid concesse ai britannici l’uso delle Malvine ma lasciando ben in chiaro e documentato che ciò non inficiava in alcun modo la sovranità della corona spagnola sull’arcipelago. Tale diritto, ovviamente, venne trasmesso anche nella fase di secessione degli stati dell’ America del Sud dalla casa dei Borboni durante la prima metà del 1800, quando poco a poco si costituirono Argentina, Cile, Perù, Colombia, ecc.
Oggi la questione è diventata più complessa.
Sebbene il Foreign Office abbia ammesso di non possedere argomenti di peso per rivendicare la sovranità sulle isole, uno degli effetti del conflitto del 1982 fu quello di concedere la cittadinanza britannica ai kelpers, gli abitanti dell’arcipelago. Il che oppone una seria difficoltà a un argomento del governo di Sua Maestà che fa leva sul diritto all’autodeterminazione dei popoli. Infatti, dato che si tratta di cittadini britannici, i kelpers non possono far ricorso a questo diritto, ossia, non sono parte in causa. Da parte loro, gli isolani non hanno la benché minima intenzione di appartenere all’Argentina, per questioni culturali, data la loro discendenza britannica, soprattutto scozzese, e anche per ragioni di maggiore stabilità economica del Regno Unito. Il reddito procapite dei kelpers è di 28.000 dollari l’anno, uno dei più alti al mondo e ciò si deve ai benefici derivanti dalle concessioni di diritti di pesca del calamaro atlantico nelle acque della zona, oltre ai proventi provenienti dall’allevamento di ovini, della renna e della lana ed in parte all’agricoltura. La possibilità di rinvenire giacimenti petroliferi, attualmente sono in corso trivellazioni, ha aggiunto non poca quota di tensione nelle relazioni tra Buenos Aires e Londra, ma aumenterebbe la ricchezza dei 3000 abitanti delle Malvine che oggi si sentono protetti dalla importante base militare installata nell’arcipelago.
Una escalation armata della contesa sembra proprio da escludersi, pertanto la questione dovrebbe restare nell’ambito diplomatico in ogni caso con qualche corto circuito verbale. Non è da escludersi, dato che in questa fase storica siamo in piena corsa alle risorse energetiche da parte delle grandi potenze, tra cui e in prima linea il Regno Unito. Ovviamente, se si vuole arrivare a un qualche risultato, le buone maniere sono d’obbligo lasciando da parte gli eccessi verbali così frequenti tra le autorità argentine, non sempre dotate di flemma britannica. Ciò nonostante, andrebbe auspicata la modifica dello status giuridico di questo residuo imperialista, che fa a pugni con le idee di cooperazione tra popoli, garantendo ai kelpers una autonomia politica e amministrativa consolidata negli anni ed all’Argentina una sovranità i cui vantaggi fanno parte di criteri di elementare buon senso. Il diritto, anche quello internazionale, parte sempre da li.

Caspio: mare o lago?


Non è ancora stato definito lo status giuridico di questo bacino interno, il più grande del mondo, ricco di petrolio e di gas.

Un altro degli scenari del grande gioco e dove si gioca la partita dello sfruttamento e del trasporto di petrolio e gas è quello del bacino del Mar Caspio. Vi si affacciano: Russia, Iran, Azerbaigian, Turkmenistan e Kazakhstan e si stima che contenga il 3% delle riserve mondiali di greggio ed il 4% di quelle di gas.
Si tratta del più esteso bacino di acque salate del mondo, con i suoi 371.000 km2 di superficie, lungo 1200 km e largo al massimo 400 km circa. Riceve acqua da fiumi come il Volga e l’Ural ma non possiede un emissario (tecnicamente è un bacino endoreico).
Una prima questione riguarda precisamente la sua natura geografica e può dare adito a tensioni. Infatti, se lo status di questo bacino venisse definito come lago reggerebbero le norme del diritto internazionale consuetudinario, mentre nel caso lo si riconosca come un mare, sarebbe vigente il diritto marittimo internazionale. Durante i secoli la Russia zarista e la Persia, e successivamente l’Unione Sovietica e l’Iran, avevano risolto attraverso trattati lo sfruttamento delle acque pescose e delle riserve naturali. Attualmente, infatti, i due Paesi hanno interessi coincidenti con importanti scambi commerciali. Mosca spesso non ha preso parte alle manovre volte a isolare politicamente l’Iran.
Dopo lo scioglimento della URSS la questione si è fatta più complessa dato che sono apparsi nuovi Stati rivieraschi: Azerbaigian, Kazakhstan e Turkmenistan, i quali rivendicano altri criteri per la suddivisione dell’uso delle acque e dei fondali, considerando che quelli vigenti non li beneficiano. La proposta iraniana di un uso in condominio non è accettata da tutti, i russi propongono di risolvere di volta in volta i le singole questioni, stabilendo acque territoriali e accordando lo sfruttamento del resto dello specchio d’acqua, mentre i fondali andrebbero suddivisi tra i cinque Paesi rivieraschi. Gli altri tre Paesi, con qualche differenza, accetterebbero una definizione di mare chiuso assegnando con precisione i fondali sulla base delle linee mediane.
Finora non ci sono state grosse tensioni sul tema ed è probabile che, se non intervengono ulteriori fattori esterni, la questione mantenersi in equilibrio o anche giungere a una soluzione. Ma bisogna tenere conto dello scenario generale della produzione di idrocarburi. Mentre la domanda appare in aumento, grazie alla crescita di Cina e India in modo speciale, l’offerta produttiva non è detto che segua questa tendenza, semmai il contrario. Per alcuni il 2014 dovrebbe essere l’anno picco della curva di produzione, oltre al fatto che non è detto che sia possibile aumentarla dato che nel Golfo Persico si lavora da tempo a pieno ritmo. Ciò già da tempo ha fatto sì che siamo entrati in una corsa per il controllo della produzione greggio o delle sue vie di trasporto (vedi caso Iraq e Afghanistan), che cerca di stabilire egemonie su scala globale o regionale. In tal senso, ad esempio, la Cina è passata da 1,7 milioni di barili di crudo al giorno nel 1980, a 7,4 milioni nel 2006. Oggi il Paese asiatico è, ben lungi dall’aver raggiunto il suo picco di sviluppo, assorbe il 10% della produzione giornaliera di greggio. Cosa accadrà se in materia di consumi anche un colosso come l’India aumenterà il suo fabbisogno di energia?
Dopo il collasso dell’Unione Sovietica, mentre la neonata Comunità di Stati indipendenti era ancora in stato confusionale, gli Stati Uniti elaborarono una strategia destinata a soppiantare l’egemonia russa nel trasporto del greggio. Washington patrocinò l’idea di un oleodotto che dal Mar Caspio evitasse di passare per la Russia. Nacque così il BTC, l’oleodotto che partendo da Baku in Azerbayan, passa da Tblisi in Georgia per poi toccare la sponda mediterranea di Ceyhan in Turchia (il nome deriva proprio dalle iniziali delle tre città interessate). Un investimento da 4 miliardi di dollari che fa leva su Paesi amici e in competenza con la Russia. Ci volle la spregiudicatezza, la capacità e la determinazione di Putin per rimettere nelle mani dello Stato, prima, il settore petrolifero e per riprendere, poi, il potere di iniziativa per evitare di essere politicamente accerchiata da alleati della Casa Bianca. Ma quali reazioni potrebbe motivare la realizzazione del Nabucco, un gasdotto che la Russia considera contrario ai suoi interessi, dato che il suo tracciato è stato disegnato anch’esso per evitare di passare dal suo territorio?
Se a tutto ciò aggiungiamo la prossimità del bacino del Caspio all’area del Caucaso, altamente instabile, si comprende quanto la prudenza dovrebbe reggere le decisioni geopolitiche in questa parte dello scacchiere mondiale. 
In questo, come in molti altri casi, in realtà dovrebbe primeggiare il comune interesse della gestione delle risorse energetiche che si annunciano sempre più scarse in un mondo che ne ha sempre più bisogno. Forse e su temi del genere che mancano visioni più lungimiranti.

martes, 17 de enero de 2012

Isole Spratly, inospitali ma contese

In Occidente delle isole Spratly ne sanno qualcosa gli esperti in geopolitica e quanti, pochi, si interessano della materia. Eppure siamo di fronte a uno dei luoghi geografici strategici del pianeta, come lo stretto di Ormuz oppure i canali di Suez e del Panamà.
Ma perché è così importante questo pugno di isole remote, sconosciute, disabitate e, per giunta inospitali? Sembra che questo arcipelago composto da oltre 650 isole, isolotti, e barriere corallifere, la cui superficie supera i 400 mila kilometri quadrati, sito sul 10° parallelo del Mar Cinese Meridionale, esattamente tra Vietnam e Filippine, contenga nelle sue acque pescose una immensa riserva di petrolio e di gas. C’è chi dice che siano 50 miliardi di barili, chi 150 miliardi. Per alcuni siamo di fronte a riserve paragonabili a quelle dell’Arabia Saudita, per altri sono molto meno, forse la decima parte. Ma anche in tal caso si tratterebbe di una quantità consistente. Le Filippine, infatti, estraggono da una regione confinante con le Spratly il 15% del greggio che consuma il Paese.
Inoltre la vicinanza delle isole allo stretto di Malacca, punto di passaggio obbligato tra l’Oceano Indiano ed il Pacifico, rende questa zona di altissima importanza strategica: da li passa il 50% delle navi portacontainer e delle petroliere del mondo. Si comprende dunque il motivo per il quale le Spratly da anni siano contese da Vietnam, Cina, Filippine, Malaysia, Taiwan e Sultanato di Brunei. Questa contesa negli ultimi 30 anni ha avuto di tanto in tanto momenti di tensione, gli ultimi episodi, per fortuna non andati oltre alcune dure proteste diplomatiche, sono accaduti nel 2011. E  meno il Sultanato di Brunei ciascuno dei contendenti ha fatto ricorso alle sue forze navali per assicurarsi il controllo di alcune fette dell’arcipelago, a volte qualche atollo o appena delle scogliere. Ma intanto tutto serve per assicurare di non restare fuori dalla spartizione, semmai ci sarà.
Vietnam, Filippine e soprattutto Cina fanno la parte del leone. Inoltre, la Cina col Vietnam disputa la sovranità anche delle isole Paracelso, appena un po’ più a nord, manco a dirlo anch’esse ricche di petrolio. Ma è il “dragone asiatico”, la Cina, a destare le maggiori preoccupazioni dato che Pechino sembra decisa a voler imporre la sua volontà sia con le buone maniere che con metodi più sbrigativi. L’aumento delle spese militari infatti presto renderà quasi impossibile opporsi alle decisioni delle autorità di Pechino che, nel frattempo, ha ribattezzato col nome cinese di Nasha l’arcipelago. E ciò nonostante gli accordi che nel 2002 hanno stabilito un codice di condotta nato per confinare la questione all’ambito politico, che però non obbliga le parti. Insomma, ambiguità, come quelle che scaturiscono dalla Convenzione delle Nazioni Unite sul Diritto Marittimo (Unclos, dalla sua sigla in inglese) difficili da applicare con certezza anche in questo caso, soprattutto quando si tratta di stabilire con precisione la Zee, la zona economica esclusiva, il raggio di 200 miglia marine dalla propria costa.
Potrebbe questa zona trasformarsi in un foco di tensioni internazionali dato il suo valore economico e strategico? Difficile dirlo. La storia direbbe di no. Ed anche la politica cinese lo direbbe. Pechino è responsabile in gran parte della crescita che sta beneficiando regioni come il Sudamerica grazie a una politica intelligente e di mutua convenienza. Inoltre è ancora vigente la teoria di Deng Xiaoping: tao guang yang hui (nascondi le tue capacità e guadagna tempo).
Ma le circostanze possono sempre cambiare. Quanti, infatti, avrebbero scommesso che la Libia sarebbe stata il motivo per un intervento militare le cui motivazioni umanitarie non reggono un’ analisi spassionato della questione. E ciò nonostante il ritorno di Gheddafi nel consesso delle nazioni, accompagnato addirittura da un patto di amicizia con uno dei membri del G8, l’Italia. Già, qualcosa nel frattempo era cambiato. La sete di petrolio della Cina, una sete difficile da appagare dati i ritmi di crescita del gigante asiatico, spinge Pechino a fare incetta costantemente di fonti di approvvigionamento energetico. La Casa Bianca, a sua volta, ha deciso che se vuole contenere la crescita della Cina ed evitare di trovarsi di fronte una superpotenza globale deve in qualche modo far pressione sul suo tallone d’Achille, appunto, il fabbisogno di combustibili. E la Libia correva il rischio di rientrare tra gli obiettivi della politica di espansione cinese in Africa. Non può non essere tenuta in conto questa prospettiva quando analizziamo i fatti prodottisi in sulle rive del Golfo della Sirte proprio a partire dal gennaio scorso.
Tornando al Mare Cinese Meridionale la domanda ancora non ha una risposta. Il fabbisogno cinese in materia di combustibili è in crescita. E non sono molte le aree del pianeta dotate di ingenti risorse non rinnovabili, considerando poi che l’uso di quelle rinnovabili è lontano da apparire considerevole al punto da mutare gli attuali equilibri geopolitici.
Bisogna allora chiedersi cosa accadrà se per una ragione o un'altra il fabbisogno cinese diventasse così impellente da originare decisioni basate sui rapporti di forza? Ed anche, dati gli antecedenti recenti come l’invasione dell’Irak e l’attuale presenza di forze alleate in Afghanistan, sempre meno giustificabile, sulla base di quali argomenti giuridici sarebbe possibile impedire alla Cina di definire una volta e per tutte a sua vantaggio la sovranità sulle isole Spratly? Non dimentichiamo che con inquietante pragmatismo a partire dal 11 settembre 2001 la Russia ebbe il “permesso” di fare “con comodo” in Cecenia pur di presentare la sua guerra come lotta contro il terrorismo mondiale. E Putin non uso certo i guanti di velluto. Questi argomenti, che giammai sarebbero esposti in un pubblico consesso, sono però a conoscenza delle diplomazie che sanno di cosa si parla off the record tra i capi di stato e di governo.
E comunque molto probabile che prevalga la saggezza e si arrivi a una equa ripartizione tra i Paesi che reclamano la sovranità sulle Spratly. Ma ciò non avviene sempre, lo insegna la storia. La prudenza suggerisce pertanto di non fornire alla scelleratezza dei guerrafondai argomenti per possibili casus belli. Sarà giunta l’ora di superare la logica dei rapporti di forza per privilegiare il terreno più squisitamente politico? L’interdipendenza che ogni giorno ci ricorda quanto dipendiamo l’uno dell’altro sembra suggerirlo.