viernes, 1 de enero de 2016

El mapa intrincado de un conflicto

Los conflictos en Siria e Iraq, que algunos ya definen como “Siraq”, han puesto en evidencia la existencia de realidades complejas cuya historia es poco conocida en Occidente. Se suele soslayar que se trata de países con una gran diversidad étnica y religiosa, que el Estado unitario mantenía unida, asegurando a menudo cierto grado de protección de las minorías. Los conflictos instalados en estos territorios, siguiendo intereses ajenos, han perjudicado equilibrios de por sí delicados. 

La caja de Pandora 
Siria seguía el citado esquema de convivencia religiosa y étnica: los casi 23 millones de sirios se repartían entre una gran mayoría árabe y sunita, cristianos (10 %), chiitas de diferentes tradiciones (12 %) y drusos (3 %), siendo los kurdos la más numerosa minoría étnica (9 %), seguidos por otros grupos: asirios, yazidi, turcomanos... En Iraq, el gobierno de Saddam Hussein (por cierto, un criminal), evitaba que el 60 % de la población chiita se impusiera por sobre sunitas, kurdos, cristianos y demás minorías. Algo parecido ocurría en Libia antes de 2011, amiga de los mismos franceses e italianos que luego la atacaron sin remordimiento. La torpe intervención de los Estados Unidos en Iraq en 2003 destapó una verdadera caja de Pandora, provocando el caos y el enfrentamiento. Le siguieron Libia y Siria, donde se aplicó el mismo guión, con el agravante de favorecer el interés de Arabia Saudita y Qatar –los verdaderos patrocinadores del terrorismo–, dedicados a la doble tarea de imponer su versión del islam (salafita) y contener a su adversario religioso y geopolítico: Irán. De este entuerto surgió lo que el ex comandante supremo de la OTAN, Wesley Clark, definió como un “Frankenstein”: el Isis. El grupo, junto con otras milicias, ha sido utilizado como “herramienta” en un conflicto destinado a diseñar un nuevo mapa de Medio Oriente dividido en más pequeños Estados etno-religiosos, que concentra territorialmente sunitas, chiitas, kurdos, cristianos… Establecer aliados y adversarios en estos conflictos no es simple. Ante la necesidad de detener al Isis, se necesitan fuerzas en el terreno que las democracias occidentales no están dispuestas a aportar, por lo que se insiste en recurrir a los kurdos. Sin embargo, éstos distan de ser una realidad social homogénea. 

Una nación sin Estado 
Luego de la Primera Guerra Mundial, en 1919, las potencias europeas olvidaron la promesa de un Kurdistán, realizada durante el conflicto y, finalmente, esta nación quedó repartida entre Turquía, Siria, Iraq e Irán. Si bien los kurdos son en su gran mayoría sunitas, en el plano político sus ideas son muy distintas. Los kurdos de Turquía son tradicionales adversarios del régimen de Ankara y adhieren en gran número al partido de los trabajadores (PKK), una agrupación comunista liderada por Abdulah Ocalan. Hasta mediados de la década pasada, el PKK se enfrentó con las armas al ejército turco en un conflicto que provocó 30.000 muertos. Hoy el ideario de Ocalan se ha distanciado del marxismo-leninismo recalando en el ecologismo y el federalismo municipalista, superador del Estado-nación. Frenadas en Turquía, estas ideas se han desarrollado en Rojava, la limítrofe región de Siria que hospeda a la minoría kurda de ese país, reunida sobre todo en torno al partido de la unión democrática (PYD). En estos años de mayor debilidad del gobierno de Damasco han conformado un modelo federalista similar al de los zapatistas mexicanos de Chiapas. El territorio se divide en cantones y municipios confederados con autonomía política y económica, cuya tierra ha sido redistribuida. Todo el pueblo está en armas, sus milicias (YPG) obedecen a un subcomandante femenino y uno masculino. La convivencia social abarca a yazidíes y asirios y no aspira ni a la independencia ni a ser un Estado, según su ideario semi anarquista. El YPG ha peleado tanto al lado como contra el ejército de Damasco, cuando el conflicto sirio llevó a su territorio (con complicidad turca) al Isis. Al final, los yihadistas fueron derrotados también gracias a la ayuda aérea del Pentágono, mientras que el ejército turco se dedicó a atacar a los kurdos tanto en su territorio como en Siria. Los kurdos de Iraq también combaten el Isis con su ala militar (los peshmerga), pero desde otras ideas políticas. Los Estados Unidos, luego de la invasión, les concedió una real autonomía al punto que Washington ha enviado representantes diplomáticos a la capital, Erbil, del territorio controlado por ellos. Su líder, Mas’ud Barzani, adhiere a una visión conservadora y nacionalista, aliada de la Casa Blanca. Incluso manejan parte de la producción de petróleo. En este sentido son también aliados de Turquía, que respiraría con alivio si el Kurdistán naciera lejos de su frontera. Finalmente, no falta un componente kurdo en el propio Isis. Bingol y Adiyaman, ciudades kurdas en el sureste de Turquía, son centro de reclutamiento del Isis. Desde Iraq se han alistado no menos de 500 kurdos, y otros más se unieron a Al Nusra, grupo que se opone al gobierno de Damasco y que se define como sucursal siria de Al Qaeda.
En definitiva, cada grupo kurdo combate su propia guerra y dentro de sus fronteras. Pero lo mismo ocurre en el intrincado mapa de agrupaciones yahdistas, milicias y ejércitos de decenas de países que se enfrentan en “Siraq” (incluyendo libaneses de Hezboláh, pasdaran (1) iraníes, rusos y occidentales), cada uno con sus objetivos, lo cual complica así, ulteriormente, este escenario. La guerra nunca es un buen remedio para las cuestiones complejas. 
1. Milicianos, guardianes de la revolución.

lunes, 14 de diciembre de 2015

COP21: un primer balance

Posiblemente, el resultado más importante alcanzado en la cumbre climática de París ha sido el de la movilización de Gobiernos y organizaciones de la sociedad civil en torno al tema de proteger el futuro del planeta. Nos estamos dando cuenta de que donde no llegan los organismos políticos, los Gobiernos y la ONU, por ejemplo, hay una gran fuerza de la sociedad que puede impulsar la toma de decisiones. 

En este sentido,  cabe reconocer el rol de liderazgo del papa Francisco que ocupó un lugar en primera fila comprometiendo a la Iglesia con su encíclica Laudato si'
Otro resultado importante es que el acuerdo haya sido firmado por 195 países. Contaminar ya no será una negligencia sino una culpa.  

El acuerdo contempla tres aspectos clave: hay que tratar de contener el aumento de temperatura en 1,5 grados para 2020. Los países en desarrollo tendrán acceso a un fondo de 100.000 millones de dólares anuales como ayuda para adaptarse a los cambios climáticos hasta 2020 luego se verá si incrementarlo. Los proyectos de reducción de las emisiones contaminantes tendrán verificaciones cada cinco años. Cuanto antes habrá que superar el pico de emisiones para luego reducirlas.  

Hay puntos flacos en el acuerdo firmado, sin duda. Es vinculante el documento pero no las metas, que son la parte más concreta. Algunas indicaciones son demasiado genéricas y no están previstas sanciones en caso de incumplimiento. Las verificaciones deberían ser más frecuentes y no cada cinco años. 

Precisamente por lo afirmado en el primer párrafo, París deja en claro por un lado que se necesitará una sociedad civil vigilante y movilizada que no podrá bajar la guardia. Porque hay fuertes intereses en juego que a menudo no coinciden con las perspectivas alarmantes que los científicos están señalando. 


Al mismo tiempo, hubo una clara indicación de que apostar a los combustibles fósiles ya no es un buen negocio. Entre la caída del precio del petróleo y la cada vez más fuerte sanción social, es muy posible que habrá un corrimiento de las inversiones hacia las energías renovables, que hoy representan casi la mitad de la producción de electricidad. Lo cual significa más investigación y más desarrollo de estas tecnologías. Que es lo que necesitamos con urgencia. 

domingo, 1 de noviembre de 2015

Cambio climático y uso de la tierra

A fines de este mes de noviembre comienza la cumbre climática convocada por las Naciones Unidas, que seguirá hasta casi mediados de diciembre. Entre las medidas que hay aplicar para frenar el calentamiento global, también deberían estar las que se refieren a nuestro sistemas de producción agrícola y ganadero.

jueves, 1 de octubre de 2015

Unión Europea: ¿abrirse o cerrarse?

No ha aparecido todavía la clave para afrontar dos cuestiones que hoy son una: la de los migrantes que intentan llegar al Viejo Continente y la ola de refugiados que huyen de los conflictos.

Unión Europea: ¿abrirse o cerrarse?


No ha aparecido todavía la clave para afrontar dos cuestiones que hoy son una: la de los migrantes que intentan llegar al Viejo Continente, y la ola de refugiados que huyen de los conflictos.

martes, 1 de septiembre de 2015

Nuevos tiempos para Cuba

El nuevo contexto en el que este mes de setiembre se realiza la visita Papa Bergoglio. La normalización de las relaciones con Washington, los vínculos con el resto de América latina, los cambios en la economía y las libertades democráticas.

sábado, 1 de agosto de 2015

Integración: la política al más alto nivel

Los procesos de integración regional suponen la política elevada a su más alto nivel, superado quizá sólo por el de las Naciones Unidas. Son ámbitos en que la mirada relativa y limitada de un país es potenciada por objetivos comunes a escala más amplia.