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jueves, 24 de marzo de 2016

Emisiones de efecto invernadero a un ritmo diez veces superior que en el pasado

Hace unos 55,8 millones de años, cuando la temperatura media del planeta aumentó unos 5 grados, el incremento de las concentraciones de gases de efecto invernadero fue 10 veces más lento que el actual. Lo indica un nuevo estudio que demuestra cómo el actual ritmo de emisiones de gases de efecto invernadero no tiene antecedentes en la historia geológica del planeta, y podría poner en crisis la capacidad de los ecosistemas de adaptarse a un cambio climático tan rápido.
Según un estudio publicado por la revista “Nature Geoscience” realizado por Richard E. Zeebe de la Universidad de Hawaii en Manoa, y por otros colegas de institutos de los Estados Unidos que han medido la abundancia de los isótopos de oxígeno y del carbono en algunos campeones de sedimentos recogidos en Milville, en el Estado de New Jersey (Estados Unidos), el actual nivel de emisiones de gases de efecto invernadero de origen antrópica (es decir, provocado por la actividad humana) no tiene antecedentes en los últimos 66 millones de años.

lunes, 14 de diciembre de 2015

COP21: un primer balance

Posiblemente, el resultado más importante alcanzado en la cumbre climática de París ha sido el de la movilización de Gobiernos y organizaciones de la sociedad civil en torno al tema de proteger el futuro del planeta. Nos estamos dando cuenta de que donde no llegan los organismos políticos, los Gobiernos y la ONU, por ejemplo, hay una gran fuerza de la sociedad que puede impulsar la toma de decisiones. 

En este sentido,  cabe reconocer el rol de liderazgo del papa Francisco que ocupó un lugar en primera fila comprometiendo a la Iglesia con su encíclica Laudato si'
Otro resultado importante es que el acuerdo haya sido firmado por 195 países. Contaminar ya no será una negligencia sino una culpa.  

El acuerdo contempla tres aspectos clave: hay que tratar de contener el aumento de temperatura en 1,5 grados para 2020. Los países en desarrollo tendrán acceso a un fondo de 100.000 millones de dólares anuales como ayuda para adaptarse a los cambios climáticos hasta 2020 luego se verá si incrementarlo. Los proyectos de reducción de las emisiones contaminantes tendrán verificaciones cada cinco años. Cuanto antes habrá que superar el pico de emisiones para luego reducirlas.  

Hay puntos flacos en el acuerdo firmado, sin duda. Es vinculante el documento pero no las metas, que son la parte más concreta. Algunas indicaciones son demasiado genéricas y no están previstas sanciones en caso de incumplimiento. Las verificaciones deberían ser más frecuentes y no cada cinco años. 

Precisamente por lo afirmado en el primer párrafo, París deja en claro por un lado que se necesitará una sociedad civil vigilante y movilizada que no podrá bajar la guardia. Porque hay fuertes intereses en juego que a menudo no coinciden con las perspectivas alarmantes que los científicos están señalando. 


Al mismo tiempo, hubo una clara indicación de que apostar a los combustibles fósiles ya no es un buen negocio. Entre la caída del precio del petróleo y la cada vez más fuerte sanción social, es muy posible que habrá un corrimiento de las inversiones hacia las energías renovables, que hoy representan casi la mitad de la producción de electricidad. Lo cual significa más investigación y más desarrollo de estas tecnologías. Que es lo que necesitamos con urgencia. 

domingo, 1 de noviembre de 2015

Cambio climático y uso de la tierra

A fines de este mes de noviembre comienza la cumbre climática convocada por las Naciones Unidas, que seguirá hasta casi mediados de diciembre. Entre las medidas que hay aplicar para frenar el calentamiento global, también deberían estar las que se refieren a nuestro sistemas de producción agrícola y ganadero.

viernes, 1 de marzo de 2013

Mentiras para negar la verdad

Los gobiernos demoran en tomar medidas drásticas para contrarrestar el cambio climático. Hay un escepticismo que es financiado por grandes corporaciones. 

El 8 de diciembre finalizaba en Doha otro evento sin que los gobiernos tomaran la decisión de contrarrestar decididamente los efectos del cambio climático. Hubo consenso para prorrogar la vigencia del Protocolo de Kioto, pero se trata de un acuerdo superado que los principales países contaminantes, como los Estados Unidos, no han ratificado. El objetivo del Protocolo era disminuir las emisiones, entre 2008 y 2012, en poco más del 5 %, teniendo como base lo emitido en los años noventa, un nivel que en la actualidad prácticamente se ha duplicado.
Es decir, mientras se acumulan datos contundentes sobre una aceleración del proceso de calentamiento global que está sorprendiendo a los mismos científicos, se verifican fenómenos climáticos extremos, como la sequía que azotó a los Estados Unidos el año pasado y las copiosas lluvias del último verano boreal en las islas británicas, y mientras todos dicen que hay que tomar medidas urgentes y reducir drásticamente el nivel de emisiones contaminantes, los gobiernos hacen oídos sordos. En especial los que más deberían reducirlas.
¿Cómo se explica esta morosidad? Mucho tiempo se ha perdido discutiendo acerca de la confiabilidad de los datos mostrados por una comunidad de científicos cada vez más numerosa, que hoy es la gran mayoría. En 1988 se fundó el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) bajo la égida de las Naciones Unidas, entidad que en 2007 fue galardonada junto al ex candidato presidencial de los Estados Unidos, Al Gore, con el Nobel de la Paz. Paulatinamente los datos recogidos por el IPCC convencieron a cada vez más científicos.
En 2006, el economista británico Nicholas Stern entregaba un documento (ver resumen en www.ciudadnueva.org.ar) sobre los costos del cambio climático. Según Stern, se podrían paliar los efectos del cambio destinando el 1 % del producto bruto interno mundial a este fin. Eso significa, y para los gobiernos es claro, cambios importantes en los estilos de consumo y de producción industrial, en el uso de los recursos y de la energía. Lo cual va a contramano con los intereses económicos de los grandes grupos industriales. Por ese motivo, grandes corporaciones financian instituciones y comunicadores que se dedican a desestimar los datos científicos.
Una de estas instituciones es el Comité para un Mañana Constructivo (www.cfact.org), financiado por Chrysler, Exxon Mobil y Chevron, cuya actividad consiste en campañas para contrastar la idea de que hay cambio climático y que éste es responsabilidad de la actividad humana. No importa si entre 1993 y 2003 más de 900 artículos científicos coincidieron sobre este dato, creando el mayor consenso científico de la historia según el director de la revista Science. El objetivo de la institución y de figuras como Marc Morano, un experto en relaciones públicas, apunta a sembrar dudas utilizando los medios de comunicación con gran habilidad, aprovechando precisamente las debilidades mediáticas de sus adversarios, aportando opiniones de científicos desconocidos, a menudo pagados por las mismas corporaciones, que se oponen a la idea de reducir las formas de producción.
Con la alianza del Partido Republicano de los Estados Unidos, cuyos miembros si no pertenecen, están profundamente vinculados con el aparato industrial de la superpotencia, la campaña de prensa y la acción política pudieron desmantelar la acción de la EPA, agencia gubernamental para el ambiente, al tiempo que el Congreso se transformó en un tribunal científico gracias a audiciones en las que los científicos conocidos y autorizados eran literalmente interrogados ante las videocámaras.
La presencia de un colega que opinaba en contra, aparentemente sólo brindaba objetividad al método, ya que en realidad oponía un desconocido a una autoridad en la materia respaldada por cientos de colegas. Se pudo saber que el desconocido, en algún caso, cobraba sumas importantes de compañías como Exxon Mobil. Con este sistema, en breve la opinión pública estadounidense compartió el escepticismo y el proyecto de ley sobre reducción de las emisiones contaminantes presentado en el Senado en 2003 fue bochado, pese a ser patrocinado por un republicano y un democrático.
Otro caso resonante de un operativo mediático es conocido como “climagate”. De un server utilizado por varios científicos fueron descargados cientos de mails, cuyo contenido fue extrapolado para denunciar que habían manipulado los datos de las modificaciones climáticas. El escándalo y el daño fueron grandes: aunque dos comisiones del Congreso de los Estados Unidos desmantelaron en 2010 las acusaciones, los medios no dieron el mismo espacio a las noticias que rehabilitaban la honestidad de los científicos acusados.
La responsabilidad de los medios de comunicación es grande. Primero para dar difusión a esta amenaza contra el futuro del planeta. Segundo, porque es clave cooperar en establecer con claridad quién es quién en la que está tomando la forma de una verdadera batalla por la verdad.

Los hielos de Groenlandia
La imagen es de la Nasa y fue tomada en julio del último verano boreal, cuando una ola de calor sobre Groenlandia redujo en pocos días el 97 % de los hielos. A este ritmo, se estima que para fines de este siglo los hielos de Groenlandia habrán desaparecido.

La curva del “palo de hockey”
La curva de este gráfico es conocida como hockey stick (palo de hockey) y es fruto del estudio de 1998 realizado por el científico Michael Mann y otros dos colegas. Luego de recoger estudios sobre corales, anillos de árboles e hielos polares, reconstruyeron la curva de la temperatura terrestre. Quedaron estupefactos ante la curva, que es plana hasta 1850 y se eleva bruscamente desde entonces, es decir, desde el auge de la revolución industrial que marcó un aumento sustancial de las emisiones de bióxido de carbono.

lunes, 10 de diciembre de 2012

El cambio climático impone urgencias


En los últimos meses dos noticias confirmaron la necesidad de tomar urgentes medidas para afrontar los efectos del cambio climático.
La primera está relacionada con un proceso natural: durante el verano los hielos marinos de los polos se reducen, para volver a formarse a partir del otoño. En el Polo Norte esa superficie de hielos cada año disminuye más y en forma acelerada. Entre agosto y septiembre, en tres oportunidades el Centro Nacional de los Estados Unidos que monitorea las nieves y los hielos (NSIDC, en su sigla en inglés) corrigió los datos que alcanzaron el mínimo histórico de 3,4 km2. Cuando, en 1979, comenzaron estas mediciones la superficie de los hielos marinos del Ártico durante el verano se reducía a 7-8 millones de km2. En 30 años pasaron a reducirse a menos de la mitad.
Los polos tienen una importante función climatológica para el planeta, influyen sobre vientos y la temperatura de las corrientes marinas. Además, los hielos polares reflejan mucha luz solar, evitando que ésta caliente la superficie de la Tierra en esa zona. Su desaparición crearía graves problemas, comenzando por el aumento de los niveles de los mares.
Peter Wadhams, científico de la Universidad de Cambridge, uno de los más reconocidos expertos mundiales en la evolución de las capas de hielos polares, sostiene que en los próximos cuatro años este ritmo de disminución podría llevar al colapso del sistema, provocando desastres ambientales nunca registrados en la época moderna.
La segunda noticia fue la presentación del informe sobre los costos del cambio climático, Climate Vulnerability Monitor (Monitor de Vulnerabilidad Climática) (1). A pedido de una veintena de países, el documento fue elaborado por 50 científicos, entre economistas y expertos en políticas públicas, coordinados por el grupo DARA, una organización internacional independiente, y el Foro de Vulnerabilidad Climática (2), institución que mide el impacto global del cambio climático y la economía del carbono en 184 países. Presentado en coincidencia de la 67° Asamblea General de las Naciones Unidas, realizada en septiembre, el texto señala que la inacción ante los efectos del cambio climático ya está causando pérdidas equivalentes a 1,6 por ciento del Producto Bruto global. Este valor se determina combinando las pérdidas humanas y materiales provocadas por la contaminación. Se estima que la economía del carbono (que se basa en el uso de los combustibles fósiles) provoca 5 millones de muertes al año, de las cuales 4,5 millones son atribuibles especialmente a la contaminación atmosférica y otras 400.000 a causas, como el hambre y las enfermedades, agravadas por los cambios del clima.
De no tomarse medidas urgentes, sostiene el informe, para 2030 el costo del cambio climático duplicará el actual, afectando el 3,2 por ciento del PBI global. Eso supone costos muy altos para todos los países, aunque en los más pobres la incidencia de ese daño será mucho más alta. Para 2030 la inacción a China le costará 1,2 billones de dólares (un billón es un millón de millones), los Estados Unidos perderán el 2 por ciento de su PBI y la India el 5%. En el caso de los países pobres, los daños, que ya en la actualidad son grandes, impactarán mucho más, hasta el 11 por ciento del PBI en varios países.
Sheikh Hasina, primer ministro de Bangladesh y presidenta del Foro de Vulnerabilidad Climática, explicó que el aumento de un grado en la temperatura supone una reducción del 10% de la producción agrícola y un conjunto de pérdidas equivalentes al 3-4 por ciento del PBI de su país. Una suma que afecta decididamente el crecimiento de este país en desarrollo.
Estos datos aparecieron pocos meses después de la finalización de la Conferencia Río+20, organizada por las Naciones Unidas sobre desarrollo sustentable, en la que no se pudieron alcanzar compromisos concretos para reducir las emisiones de gases contaminantes, ni en materia de sustentabilidad de la economía, luego de que, el año pasado, fracasara la cumbre de Durban, en Sudáfrica, en la que también se buscaba un mayor compromiso de los gobiernos en estos temas, y luego de que en Doha (Qatar), en 8 de diciembre, terminara la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, casi sin resultados concretos y con el débil compromiso de prorrogar hasta el 2020 el ya superado Protocolo de Kioto. 
En octubre, Cn revista señaló otro documento, de la OCDE, que también alertaba sobre las consecuencias de no tomar medidas urgentes por parte de los gobiernos (3).
Nos encontramos frente a un desafío sin precedentes para la comunidad internacional. Todo parece indicar una aceleración del proceso de calentamiento global, fruto de la actividad humana –sobre esto coincide una mayoría de científicos cada vez más amplia–. A su vez, los efectos y los daños sobre la economía del planeta ya son advertibles y afectarán en mayor medida a los países más pobres. La aceleración del proceso indica que hay que actuar con urgencia. Peter Wadhams señala que "los cambios climáticos ya no son algo frente a lo cual podemos tomar medidas en cuestión de decenas de años”.
Por otro lado, los científicos que han publicado el Monitor señalan que un cálculo meramente económico demuestra no sólo la rentabilidad de tomar medidas contra el cambio climático a nivel mundial y regional, sino que las sumas necesarias son notablemente inferiores al costo que ya se está pagando. Lo cual recuerda lo afirmado por el premio Nobel de economía Nicholas Stern, quien ha señalado que destinar el 1 por ciento del PBI mundial no sólo permitiría adaptarse al calentamiento global, sino que tendría un efecto económico benéfico al desarrollar industrias relacionadas con las tecnologías destinadas a combatirlo.
Si hay algo que caracteriza la época actual es la interdependencia. Afrontar el cambio climático requiere tomar decisiones en el más alto nivel internacional, cuya aplicación luego debe penetrar capilarmente en el accionar de los  gobiernos locales. 
En nuestro país hay ejemplos de planes de medidas de “adaptación anticipatoria”, como el de la Dirección de Políticas Ambientales del municipio de Morón (Buenos Aires) y el desarrollo del Sistema Crisis del Ministerio de Defensa. Sería auspicioso que cada provincia y municipio hiciera lo mismo, teniendo en cuenta la necesidad de proteger sobre todo a los más vulnerables.


1) Monitor de Vulnerabilidad Climática. Guía de cálculos fríos para un planeta caliente, el documento está disponible en formato pdf: http://download.daraint.org/CVM2-Low.pdf
2) Grupo DARA y Foro de Vulnerabilidad Climática: http://daraint.org
3) Ver: Hay cada vez menos tiempo, Cn revista, número 537, p.14.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Niveles récord de los gases contaminantes

Las concentraciones de dióxido de carbono (CO2), el gas principal responsables del calentamiento global, alcanzaron niveles récord en la atmósfera durante el 2011. La noticia ha sido confirmada por la Organización Meteorológica Mundial (www.wmo.int), la oficina climatológica de las Naciones Unidas. Este gas presente en la atmósfera retiene el calor provocando el aumento global de la temperatura y los consiguientes efectos climáticos extremos.
Se estima que la concentración de CO2 en la atmósfera fue de 390 partes por millón y eso es un 40 por ciento más que en el período previo a la revolución industrial, cuando las emisiones eran 275 partes por millón.
Los datos fueron difundidos por Michel Jarraud, secretario general de la organización, durante una conferencia de prensa celebrada ayer en su sede de Ginebra.
El dióxido de carbono permanece en la atmósfera durante cien años, en los cuales continúa produciendo sus efectos químicos-físicos. Una parte de este gas es emitido naturalmente, por la descomposición de vegetales y animales muertos, pero para gran parte de los científicos no hay dudas de que la mayoría de estas emisiones provienen de la quema de combustibles fósiles. La naturaleza tiene capacidad por absorber una parte de este gas, por ejemplo, a través de los océanos y los bosques, pero esta capacidad está siendo desbordada por el nivel alcanzado por las emisiones.
“La humanidad produjo 350.000 millones de toneladas de métricas de CO2 desde 1750 que permanecerán por siglos en la atmósferas, causando que nuestro planeta se caliente todavía más e impactando en todos los aspectos de la vida en la Tierra. Las emisiones futuras sólo agravarán la situación”, alertó Jarraud. En los últimos 20 años, las emisiones de gases contaminantes provocaron un aumento del 30 por ciento del calentamiento del clima.
Hay otros gases que también contribuyen al cambio climático, como el metano, que aumentó su concentración del 159 por ciento comparando con los niveles pre-industriales, se pasó de 700 partes por mil millones a las actuales 1.813 partes por mil millones. También el metano es producido naturalmente, pero la ganadería, los cultivos de arroz, la quema de combustibles fósiles, vertederos y la incineración han contribuido a acrecentar su concentración.
Aunque se detuviera por completo las emisiones contaminantes, igualmente las concentraciones presentes en la atmósfera seguirían produciendo sus efectos durante décadas. En efecto, se estima que los cambios climáticos actuales provienen de las emisiones realizadas hasta fines de los años ‘60. Este año, entre otros efectos climáticos, los hielos flotantes del Polo Norte alcanzaron su mínimo histórico durante el verano boreal (poco más de 4 millones de km2), momento del año en que éstos se reducen.

lunes, 1 de octubre de 2012

Se reducen los hielos polares

Entre fines de agosto y la mitad de setiembre, finalizando el verano boreal, se difundieron varias alertas sobre los hielos del Polo Norte emitidas por el Centro Nacional estodounidense para la nieve y el hielo (NSIDC). Las imágenes satelitales mostraban que el casquete polar se redujo a niveles incluso superiores de los alertados con anterioridad. A fines de agosto el NSIDC comunicaba que el retroceso durante el verano boreal (un fenómeno normal por el aumento estacional de la temperatura) había llegado a los 4,1 millones de kilómetros cuadrados. (Ver artículo relacionado).
Sin embargo, las imágenes satelitales del 16 de setiembre mostaban una aceleración del fenómeno de reducción de la placa de hielos que llegó a 3,4 millones de kilómetros cuadrados. Para Mark Serreze, responsable del centro de investigación, "nadie estaba preparado para que esto ocurriera tan rápido".
Luego del dato emitido el 28 de agosto, el 4 de setiembre el NSIDC tuvo que volver a actualizar el nivel de reducción de los hielos. Esta sería la tercera vez en apenas pocas semanas, lo cual habla del efecto del aumento de la temperatura global sobre el casquete polar norte.
Para Peter Wadhams, de la Universidad de Cambridge, uno de los mayores expertos mundiales en materia de hielos, en los próximos cuatro años esta disminución podría llevar al colapso del sistema. Según él en  2015-2016 durante el verano se podría verificar lo que define como "derrumbe final", provocando desastres ambientales nunca registrados en la época moderna.
"Los cambios climáticos ya no son algo por lo que podemos tomar medidas en cuestión de decenas de años - subrayó el experto  en una opinión enviada al diario británico The Guardian-. Hay que reducir rápidamente las emisiones de CO2 y examinar con urgencia otras maneras de frenar el calentamiento global, como las varias ideas de geoingeniería que hemos sugerido"
Wadhams se ha dedicado durante años a recoger datos sobre los hielos del Polo Norte utilizando submarinos que navegaban por debajo de esa superficie. En verano de 2007 había lanzado una alerta, cuando se había alcanzado la anterior reducción máxima de los hielos hasta los 4,17 kilómetros cuadrados. "Lo dije durante años - comentó Wadhams - la causa principal es el calentamiento global".

sábado, 1 de septiembre de 2012

Hay cada vez menos tiempo


Si se siguiese en la inacción, de aquí a 2050 el medio ambiente puede sufrir daños cada vez más caros y difíciles de reparar.

Luego del enésimo fracaso de un evento sobre el medio ambiente, como la cumbre Rio+20, celebrada en junio en Brasil, y frente a los desafíos que supone el cuidado del medio ambiente, cabe preguntarse cuáles son las perspectivas futuras. El porqué lo explican los numerosos científicos y organizaciones de la sociedad civil que desde hace tiempo subrayan la urgencia de reducir el impacto de la actividad humana sobre el planeta y, paralelamente, adoptar medidas para contener los efectos del cambio climático en curso. Tiempo atrás, el economista Nicholas Stern fue autor de un informe entregado al gobierno británico, en el cual recomendaba destinar el uno por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) a nivel mundial para afrontar el aumento de la temperatura del planeta. De lo contrario, serían de esperar daños ambientales que producirán caídas abruptas del PBI comparables a la crisis argentina de 2001.
Algunos gobiernos siguen refiriéndose a los niveles de contaminación permitidos por el Protocolo de Kyoto, un paquete de medidas adoptadas en 1997 y entradas en vigor recién en 2005, que muchos científicos consideran superadas y hoy insuficientes, ya que suponen una reducción promedio de los gases contaminantes del 5 por ciento sobre la base de las emisiones de 1990. Y hay que mencionar que Estados Unidos, entre los principales emisores de gases que provocan el efecto invernadero, no ha ratificado el protocolo.
Los indicadores dicen que, lejos de disminuir, las emisiones contaminantes han aumentado, mientras que el incremento de la temperatura promedio se está acelerando, y con él el derretimiento de los hielos de los polos.
Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) pone de manifiesto los riesgos de esta inacción en las próximas décadas y alerta a los gobiernos sobre la urgencia de tomar medidas, pero ya.

Vamos a los datos
Se espera que para 2050 –fecha que no es lejana para producir efectos benéficos sobre el medio ambiente–, al ritmo actual la población del planeta será de 9 mil millones. La economía mundial habrá crecido cuatro veces. Estos cambios llevarán a un mejor nivel de vida que también supone un cambio sustancial a nivel de producción y de consumos que impactará sobre el medio ambiente. Una economía cuatro veces superior a la actual, implica el aumento del 80 por ciento del consumo energético. Como no hay orientación global a usar fuentes alternativas de energía, el 85 por ciento provendrá de combustibles como el gas y el petróleo. Eso significa, lisa y llanamente, multiplicar la contaminación del planeta a niveles inéditos.
De no mediar una “política ambiciosa”, el documento advierte que las emisiones de gases de efecto invernadero crecerán del 50 por ciento “debido principalmente al incremento de 70 por ciento en las emisiones de CO2 relacionadas con la generación de energía”. En 2050 la concentración de estos gases en la atmósfera podría alcanzar las 685 partes por millón. Es decir que a finales de este siglo tendremos un aumento promedio de la temperatura global de entre 3 y 6 grados centígrados. Ese aumento “superará la meta acordada internacionalmente de limitarlo a 2 grados por encima de los niveles preindustriales”. A menos de llevar a cabo drásticas reducciones rápidas y costosas de emisiones después de 2020.
Será muy difícil para la humanidad adaptarse a cambios superiores a los 2 grados en promedio una vez que se alteren los patrones de lluvias, aumente el nivel del mar, se derritan hielos permanentes, con el acentuarse de los fenómenos meteorológicos extremos.
Se prevé además una pérdida del 10 por ciento de la biodiversidad. Es decir, del delicado equilibrio que existe entre especies animales y vegetales. Será más difícil acceder al agua dulce para más de 3.600 millones de habitantes del planeta. La demanda global de agua dulce crecerá el 55 por ciento, también por la actividad productiva, al tiempo que los actuales caudales de agua sufrirán los efectos de la contaminación.
Un escenario preocupante será la calidad del aire en las urbes del planeta. Para la OCDE los habitantes de los centros urbanos sufrirán enfermedades que provocarán 3,6 millones de muertes al año.
Para el estudio, sin duda reducir las emisiones implica un costo, por los procesos industriales que habría que aplicar y por la anexa reducción de la actividad económica. Sin embargo, “los beneficios de lograr reducciones adicionales en la contaminación del aire podrían ser mayores que los costos en una proporción de 10 a 1 hacia 2050 en los BRIICS (grupo formado por Brasil, Rusia, India, Indonesia, China y Sudáfrica)”. En el caso del agua dulce y servicios sanitarios en los países en desarrollo el beneficio tendría una relación de 7 a 1.

¿Cómo revertir esta situación?
El riesgo es el de seguir dejando pasar el tiempo sin acciones concretas, asustados por el costo de las mismas pero sin calcular el costo de los efectos dañinos previstos. Incluso los que hablan de “economía verde”, política rechazada en la cumbre Rio+20, en realidad terminan por dejar todo como ahora aplicando algunos cambios. Pero aún es hablar de comercializar el derecho a contaminar: quien es más rico podrá así contaminar más. La aplicación de pocas medidas racionales, en ciudades de Brasil, por ejemplo, ha permitido ahorrar una enorme cantidad de agua dulce. Los municipios se han preguntado cómo no haber hecho antes algo tan sencillo. Otras medidas, como la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles, beneficiando las fuentes alternativas puede ser una medida positiva. Además, teniendo en cuenta que muchas reservas de biodiversidad y de recursos naturales se ubican en los países en desarrollo, que no son los que más contaminan, hay quien propone financiar por parte de los países ricos el mantenimiento de dichas áreas.
Sin duda, ésta es un área propia de la cooperación internacional y de cambios culturales en cuanto a estilo de vida. Ningún país podrá hacerlo solo.