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martes, 1 de marzo de 2016

Los mercados financieros son imperfectos

Carlos José García y Andrés Suárez son investigadores del Observatorio Latinoamericano de las Finanzas. García es docente de Economía de la Universidad Alberto Hurtado y Suárez es profesor de Ètica, Empresa y Gobierno en la Universidad Central. Ambos poseen una trayectoria académica que contempla una larga lista de publicaciones dentro y fuera de Chile. Nos reunimos en Santiago para conversar en torno al tema de las crisis financieras y el rol de la economía como ciencia social. Desde su experiencia, García advierte la oportunidad que nos brinda la crisis: “El remesón ha sido tan grande que es el momento para mejorar los mecanismos de los mercados financieros”.  
-¿Qué enseñanzas nos deja esta crisis? 
-Carlos García: Aunque parezca extraño, la enseñanza básica indica la importancia del mundo de las finanzas para la vida cotidiana. Uno de los supuestos que se hace en la economía es que el mercado de capitales no interfiere en la actividad económica en forma directa. Lo sucedido en estos años dice lo contrario: es un elemento determinante y fundamental para entender la evolución y la dinámica de la economía industrializada, que es donde estalló la crisis. También se demostró lo útil que ha sido la política económica, se ha aprendido mucho para estabilizar la economía. Hace muchos años esto habría sido peor, pero hoy comprendemos mucho más que antes la economía.
 -Hay mucha desconfianza hacia la economía financiera, en particular la especulativa, porque el descalabro ha sido mayúsculo. 
-CG: Se comprende. Pero al respecto quisiera desmitificar algo: la economía financiera permite que quienes generan ahorro brinden recursos necesarios para las inversiones. Es un mecanismo poderoso para el crecimiento y el desarrollo de una economía. El problema son los excesos, cuando se presta a quienes no podrán luego devolver el dinero o se producen actividades especulativas de tal manera que ante cualquier problema esos fondos no pueden ser devueltos a quienes han generado ese ahorro.
Eso es lo que hay que evitar, porque los daños son muy graves: en los últimos ocho años, el mundo ha perdido al menos dos puntos porcentuales de su PBI. ¡Es mucho! Las economías industrializadas están estancadas, Estados Unidos crece apenas, Europa padece dificultades. Al mundo le va a costar una década, y a las economías emergentes varios años de menor crecimiento, pese a que éstas últimas parecían estar blindadas respecto de este tipo de crisis, pero el mundo está interrelacionado...
-¿Qué errores se cometieron y cómo influyó la desregulación de los mercados? 
-CG: Hubo un error de cálculo gigantesco acerca de los riesgos y, además, el mundo no estaba preparado para una falla global. En los años ochenta se verificó una revolución conservadora en el mundo, entre cuyos pilares estaba la liberalización de los mercados financieros para promover el proceso de ahorro e inversión en cada país y entre países. Academia recibió importantes recursos del mundo financiero para que se demostrara que los mercados financieros funcionaban de la manera adecuada, que las finanzas eran un mecanismo libre de externalidades, de moral azzard, de todas las imperfecciones y que había que dejar libre a estas instituciones financieras para que incluso se autoregularan. Eso fue la principal causa del error cometido.
-¿Esto indica también cómo prever y afrontar las crisis? 
-CG: Hay que saber que el mercado financiero, como muchos otros mercados, está plagado de imperfecciones que necesitan de una adecuada regulación por parte de gobiernos y bancos centrales.
-La impresión es que en algunos casos hubo cierto “pecado” de soberbia entre quienes comenzaron a considerar la economia como ciencia exacta. 
-CG: Sin duda, el uso de la matemática, que posee muchas virtudes, induce a ello. Pero los fenómenos económicos no son exactos y necesitan de diferentes lecturas. Creo que ha quedado en el pasado la visión que medía todo en términos de economía. Una sociedad cuando produce cambios o afronta una crisis como la actual necesita de estas diferentes visiones, de aportes de otras disciplinas, como la política, el derecho, la sociología, la ética, etc., estamos hablando de impactos sobre millones de personas y la vida humana no se puede desperdiciar.
-No es casual que los primeros economistas fueran filósofos. 
-Andrés Suárez: En este sentido, la economía nace como una filosofía moral más en cuanto disciplina. Incluso cuando aparecen los utilit
aristas, éstos se dedican a pensar cómo conseguir una vida buena, cómo calcular el mejor beneficio con la menor cantidad de dolor para el mayor número de personas. La idea de hacerlo con la menor regulación posible ha sido llevada a un extremo tal que dice que estas regulaciones tenían sentido.
-Estamos lejos del supuesto de una ciencia “neutra”, que sólo libera fuerzas... 
-AS: Un supuesto siempre indica un determinado punto de vista, por tanto un ordenamiento de valores o principios colocados en una escala por la que algunos vienen antes y otros después. Eso supone un juicio de valor y vale también para la economía.
-¿Por qué un Observatorio de las Finanzas?
-AS: Es importante que los que toman decisiones y la opinión pública tomen conciencia de las virtudes y también de los riesgos que se corren. Para eso es necesaria una voz independiente que señale cuándo los riesgos son más grandes. Un observatorio independiente puede permitirse avisar, enviar señales o influir para promover cambios en la regulación de modo de disminuir las probabilidades de una crisis sin generar pánico. Y, además, es una señal de una sociedad civil atenta y preocupada por el rol de la economía al servicio de la sociedad.

viernes, 2 de agosto de 2013

La ética de los dirigentes


El ex jefe de gobierno italiano condenado por fraude fiscal, el ministro de relaciones exteriores de Francia aparentemente vinculado al saqueos de antigüedades en Siria, el jefe de gobierno de España no pudo dar prueba de haber tomado distancia de un caso de corrupción que lo involucra. Parece que la ética en el Viejo Continente no está de moda.

Algunos países europeos se enfrentan a una dirigencia con serios problema de ética, precisamente en el momento en que más sería necesario confiar en la capacidad de los dirigentes de un país, debido a los estragos que está provocando la crisis financiera y económica por la que pasa el Viejo Continente.

El tribunal de casación de Italia acaba de confirmar la condena del ex jefe de Gobierno Silvio Berlusconi a cuatro años de cárcel por fraude fiscal, posiblemente el caso más emblemático. Hace dos meses, otro tribunal lo condenó a 7 años por haber favorecido la prostitución de una chica de menor edad. En el país itálico, la cuna del derecho occidental, no prospera la iniciativa de organizaciones de la sociedad civil para impedir que personas condenadas o procesadas figuren en las listas electorales. Fue senador hasta hace pocos meses Marcello Dell’Utri, cofundador del partido de Silvio Berlusconi, condenado en primera y segunda instancia a 7 años por su vinculación con la mafia, sin embargo protegido por su partido.

Mariano Rajoy, jefe del Ejecutivo español, no pudo convencer con sus descargos acerca da la responsabilidad política que le cabe respecto del manejo del dinero por parte del extesorero del Partido Popular, al que se le descubrieron cuentas multimillonarias en el exterior y del que recibía sobresueldos tanto el jefe del gobierno de España, como otros dirigentes de su partido. La toma de distancia que Rajoy aseguraba haber hecho del hombre ahora en mano de la justicia, terminó por disolverse como nieve al sol ante la aparición de mensajes de textos que contradicen la actitud afirmada ante el Parlamento en el discurso de ayer. En Francia apareció una red de comercio de antigüedades saqueadas, incluso por encargo, en Siria aprovechando el revuelo del conflicto interno, que llega hasta el ministro de relaciones exteriores, Laurent Fabius. También son franceses, respectivamente ex ministra y posible candidato a la presidencia, los dos últimos directores del Fondo Monetario, Christine Lagarde, que sigue en el máximo cargo del organismo, y Dominique Straus-Kahn, una investigada por corrupción, el otro acusado de abusos sexuales y de armar una red de prostitución.

En 2009, cuando las cuentas públicas de Grecia, España, Italia, Irlanda y Portugal estallaban ante los efectos de la crisis nacida en los Estados Unidos, los gobiernos europeos descubrían, furibundos, que para ingresar en el área del euro, el Ejecutivo griego de ese entonces había maquillado los números de su economía. De otro modo, no habría sido permitido el ingreso del país mediterráneo en el club de la moneda única.

El discurso se hace más general cuando se consideran las escasas contemplaciones que han tenido los gobiernos al encarar la misma crisis económica, con medidas que han terminado por agravarla, elevando a 35 millones las personas, por un motivo u otro, sin trabajo en Europa. Y esto en medio de recortes del gasto social... cada vez más considerado un costo y no una inversión.

Hay una deriva ética que debería motivar una profunda revisión de cómo se llega a elegir a los propios dirigentes, el grado de transparencia de su vida y de su patrimonio, los accesos que tiene la sociedad civil a fiscalizar sus actos. En pleno auge de los medios de comunicación, la democracia no puede sino volverse cada vez más transparente en sus instrumentos e instituciones. Es acaso el primer recurso que se tiene a disposición para hacer frente a una corrupción que avanza sin parar.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Desmanejos financieros


¿Los gobiernos europeos en crisis conocen el verdadero monto de sus deudas? Se diría que no. Quizás el default y una reestructuración de la deuda sería el camino más racional y, acaso, más democrático.


Las reiteradas operaciones de salvataje solicitadas por algunos de los gobiernos de la Unión Europea acosados por la dura crisis económica que los azota, llevan a preguntarse si esos países conocen a ciencia cierta el monto real de su endeudamiento. ¿Cómo se explican las reiteradas ayudas? Los ministros ¿no conocían de entrada la envergadura de las necesidades financieras?
La periodista y economista alemana Stefane Claudia Müller describe eficazmente el caso de España en un artículo suyo publicado en varios diarios económicos de su país, de los que es corresponsal. “En noviembre de 2011, el gobierno (español) dijo que el déficit público era del 6% del Producto Bruto Interno (PBI); a finales de diciembre, el nuevo gobierno dijo que le habían engañado y que el déficit público era superior al 8%”, relata Müller. “Luego de rehacer el cálculo a finales de marzo el Ejecutivo anunció un déficit del 8,5% del PBI (...), dos semanas después, la Comunidad de Madrid dijo que sus cifras eran erróneas y el Ayuntamiento de la capital igual... el déficit era ya del 8,7%. Pero en agosto el Instituto Nacional de Estadística dijo que el PBI de 2011 estaba sobrevaluado y, con la nueva cifra, el déficit era del 9,1%; dos días después Valencia dijo que su déficit era de 3 mil millones de euros más; o sea, que estamos en el 9,4% y las otras 15 comunidades autónomas y 8.120 ayuntamientos aún no han corregido sus cifras de 2011”. Müller concluye que el déficit real de 2001 puede estar encima del 11%.
No es cualquier error, el déficit sería el doble de lo que se calculó al comienzo. Hay algo que no cierra.
Para la economista italiana Loretta Napoleoni, de la Judge Business Scholl de  Cambridge, la explicación es que los países mediterráneos de la Unión Europea, como Grecia, Italia y España, no han blanqueado el real monto de su deuda soberana. De ahí la dificultad de establecer también la envergadura de su déficit.
¿Cómo se llegó a esto? Napoleoni lo explica recurriendo al ejemplo italiano. Durante los años 90 y 2000, Lehman Brother, la famosa compañía de servicios financieros, envió a decenas de jóvenes entrenados en Nueva York para vender nuevos productos financieros extrapolando de los balances públicos dinero líquido, a cambio de jugosas comisiones. Efectivamente, mediante estratagemas financieras Lehman y demás bancos de negocios crearon obligaciones sobre el gasto de las administraciones locales presentadas como títulos con garantía del Estado italiano. Se trata de papeles que en teoría no se podían emitir, porque inciden sobre el balance de la región y del Estado central. Pero el obstáculo fue sorteado con un sofisticado juego de prestigio financiero. En el caso de una de las regiones italianas, Campania, Lehman compró primero las deudas de la administración de salud de la región y pagó a los acreedores (los proveedores) al contado. La región devolvería la deuda después de 10 años, pero mientras Lehman la transformó enseguida en títulos a 30 años que vendió en el mercado internacional con la garantía del Estado italiano. Sin correr riesgos, Lehman ganó una comisión por crear el producto y sobre la venta de los títulos, más los intereses sobre la deuda contraída por las entidades locales.
Si el gobierno de Roma hubiera realizado la operación sin duda que le habría resultado más barata. Pero los títulos emitidos habrían engrosado la deuda pública, mientras que recurriendo a un banco de negocios privado se trata de una deuda privada, si bien con garantías del Estado, y ésta no aparece en los balances del gobierno. Todo regular, cumpliendo con la letra de los límites que impone el Banco Central europeo. Pero endeudando por décadas a los ciudadanos de la región Campania.
Cientos de episodios como el relatado explican la dificultad de establecer la real entidad de las deudas públicas. La responsabilidad que le cabe a políticos y financistas es evidente.

¿Cuál es la salida?
A largo plazo es necesario reducir el peso de la economía financiera sobre la real (la producción de bienes y servicios). La desregulación del mercado financiero permitió transformar el mercado bursátil en un ámbito para la especulación y, literalmente, el juego de azar.
En el corto plazo, el  camino de la reestructuración de deuda con un calendario de pagos y una importante quita sobre el monto adeudado se presenta como una solución racional.
Es lo que ha hecho Dubai cuando, en 2009, dos importantes sociedades garantizadas de hecho por el Estado se declararon incapaces de pagar vencimientos por 30.000 millones de dólares. La rápida intervención del vecino emirato de Abu Dhabi, que garantizó las deudas de Dubai, permitió calmar en seguida los mercados. Luego, durante las negociaciones, se logró una quita de casi la mitad de la deuda. En 2011, Dubai volvió a poder emitir obligaciones que fueron suscriptas sin problemas en el mercado internacional.
En 2008 Islandia eligió el camino de la bancarrota. Su derrumbe fue tremendo: la deuda pública era mil veces superior a su PBI. Los ciudadanos de este pequeño país (apenas 320 mil habitantes) primero exigieron la renuncia del gobierno responsable del desbarajuste. Luego, dos veces se negaron, por referéndum, a pagar sólo a algunos acreedores privilegiados (Holanda, Reino Unido y los bancos internacionales) endeudándose por décadas. Sucesivamente persiguió penalmente a banqueros y políticos responsables del desastre, y algunos han sido condenados. En 2011 Islandia volvía a conseguir créditos por mil millones de dólares a poco más del 3 por ciento de interés. Posiblemente, porque su planteo era creíble.
Cabe recordar que también la Argentina utilizó la reestructuración de la deuda, como señalan también Napoleoni y economistas como Joseph Stiglitz y Paul Krugman, los últimos dos son Nobel de economía. Quizás la Unión Europea debería tener en cuenta esta posibilidad en lugar de seguir castigando a sus ciudadanos por los desmanes de los dirigentes políticos y financieros.

(1) Loretta Napoleoni, Il contagio, Milan, 2011, pp.61-69.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Otra manera de enfrentar la crisis


Aunque lentamente, la economía de Islandia se está recuperando. No le ha sido fácil al país y los efectos del desastre financiero se han sentir entre los 320.000 habitantes.
Pero el haber encarado esta crisis de otra manera respecto de los demás países europeos, hoy les permite entrever la salida de este túnel. Un signo: en 2011 el país volvió a conseguir un préstamo internacional de 1.000 millones de dólares a una tasa de interés poco superior al 3%.
En 2008 el estallido de la economía islandesa es terrible: su deuda supera 1.000 veces su Producto Bruto Interno (PBI), en ese entonces entre los más altos de Europa, cuando la isla era un paraíso de felicidad. La primera medida fue reconocer que esa deuda era imposible de devolver tal como estaba. La decisión provocó las iras de los acreedores, con hasta amenazas del primer ministro británico, Gordon Brown.
En setiembre de 2008 se nacionalizó el banco más importante del país, el Glitnir. Colapsa la moneda nacional y la bolsa debe cerrar las operaciones. El país está en bancarrota. Las protestas de los ciudadanos provocan la renuncia del gobierno de mayoría socialdemócrata.
El parlamento propone una ley que privilegie el pago de la deuda con Reino Unido y Holanda que han congelado los fondos de dos bancos del país. Significa garantizar una deuda de más de 5 mil millones de dólares a una tasa de interés del 5,5%. La ciudadanía exige decidirlo por referéndum, cuyo resultado será un rotundo no, pues el 93% de los votantes no autorizan privilegiar ese pago. En febrero de 2011 otro referéndum plantea a los ciudadanos si aprueban pagar a los bancos internacionales. Otra mayoría aplastante responde con el "no". Al mismo tiempo, quedan arrestados banqueros y miembros del anterior gobierno responsables de la bancarrota.
Pero hay que atesorar la experiencia, se decide reformar la constitución incluyendo normas acerca del manejo financiero del país, por lo que se elige un grupo de ciudadanos, 25, entre los 522 que se han presentado para constituir una Asamblea Constitucional. Se piden tres requisitos que sean ciudadanos no afiliados a partidos políticos, que sean mayores de edad y respaldados por al menos 30 firmas.
En febrero de 2011 comienza el trabajo de la Asamblea Constituyente, en el que confluyen las indicaciones de las asambleas populares que se han llevado a cabo en todo el país utilizando internet para que la gente participe lo más posible. La Carta Magna será sometida a su aprobación después de las próximas elecciones legislativas. En junio fue elegido el presidente de la república, Olafur Grimsson, quien uso su derecho de veto para rechazar los pagos a los especuladores extranjeros y sometió a referéndum esas medidas del Parlamento.
Sin necesidad de recurrir a las recetas del FMI, Islandia ha restructurado su deuda que hoy representa el 80-90 % del PBI. El sistema bancario se redujo a un 20% de lo que era antes, y la economía se ha enlentecido, por supuesto. Pero la gente no ha perdido sus ahorros y mantuvo su acceso al crédito. La deuda restructurada fue asumida por los nuevos bancos y los mismos acreedores extranjeros no han dudado en invertir en ellos.
La restructuración de la deuda y del sistema bancario convencía a los inversores y hoy los nuevos bancos se han capitalizado por más del 16% con fondos provenientes de los depósitos. O sea, los bancos demostraban solidez y no hay que descartar la capacidad de decisión de esta democracia y de dar una respuesta clara al problema. Los mercados suelen penalizar la debilidad gubernamental y las democracias con problemas de gobernabilidad. Una lección que valdría la pena aprender.

domingo, 1 de julio de 2012

Barclays sotto accusa

Una delle maggiori istituzioni bancarie è accusata di aver manipolato i dati per la formazione del tasso di interesse interbancario. Il presidente si è dimesso ed è stata applicata una multa di 360 milioni di euro


Questa volta l’hanno fatta grossa. Nel Regno Unito la banca Barclays è sotto accusa per aver manipolato, con informazioni false, i dati per la formazione dei tassi di interesse interbancari per effettuare il calcolo della Libor. Stiamo parlando del tasso d’interesse di riferimento non solo del mercato finanziario britannico, ma anche di quello che lavora fuori dall'euro. E' il tasso utilizzato  dalla British bankers association per fissare i livelli di interesse da applicare quando anche le banche si prestano denaro tra di loro.
Per la Financial service authority (Fsa), tra il 2005 e il 2009 i funzionari della Barclays hanno favorito la propria istituzione manipolando il regime delle transazioni. Si tratta di un periodo che abbraccia due anni fondamentali, il 2008 e il 2009, quando cioè è esplosa la crisi dei titoli ipotecari “tossici” statunitensi, poi propagatasi contagiando l’Europa. L’effetto domino scaturito da questa crisi ha avuto ed ha gravissime ripercussioni su tutti gli anelli più deboli dell’economia europea.
Mart Agius, presidente della Barclays, è stato costretto a dimettersi e, dopo di lui, anche Bob Diamond, direttore della banca, e Jerry del Missier, direttore delle operazioni. La Fsa ha applicato una multa di 360 milioni di euro e il Serious fraud office sta prendendo in considerazione la presentazione di una denuncia penale. Il primo ministro David Cameron ha definito l’episodio «uno scandalo» e ha annunciato la formazione di una commissione parlamentare per investigare i fatti. L’opposizione, per bocca del laborista Ed Miliband, reclama che a investigare sia un organismo indipendente da altri poteri.
Nel frattempo sono sotto osservazione altre entità bancarie come Rbs, Hsbc, Citigroup, Ubs, dato che non si tratta dell’unico scandalo di questo periodo. Di recente, la fiducia nei confronti del sistema bancario britannico è stata erosa anche a causa dell’episodio dell’emissione di polizze di assicurazione finanziaria in modo fraudolento.
Non è la prima volta che vengono alla luce manovre finanziarie spregiudicate da parte di importanti istituzioni bancarie. Nel 2009 si seppe che Goldman Sachs truccò i bilanci del governo greco per permetterne l’entrata nella zona dell’euro, con un sistema che le permise un succoso guadagno.
Lo stesso presidente degli Stati Uniti Barack Obama a suo tempo lanciò i suoi dardi contro gli inventori dei titoli derivati che provocarono la catastrofe ipotecaria nel suo Paese e che, nonostante tale responsabilità, riscossero benefici astronomici per i loro “servizi”. Eppure, dal 2008 in poi, sono stati utilizzati migliaia di miliardi per salvare proprio i maggiori responsabili di questa crisi, mentre ai governi europei vengono imposte misure sempre più draconiane che si ripercuotono principalmente sui lavoratori e sull’impiego.