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domingo, 1 de mayo de 2016

Una solución no demasiado lejana

La foto de la firma del fin del conflicto entre el Gobierno de Colombia con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) deberá esperar. Sin embargo, todo indica que es cuestión de tiempo. Hasta entre los escépticos hay convencidos de que la paz está a la vista.

Hay objetivos que pueden resultar demasiado lejos. Como ese famoso puente de la ciudad holandesa de Arnhem, que los aliados debían alcanzar, durante la operación Market Garden, para acelerar el fin de la Segunda Guerra Mundial. Hubo un irresponsable exceso de optimismo tras ese fracaso para los aliados. No es la misma situación hoy en Colombia, cuando todo sugiere que es posible llegar a pacificar el país y abrir nuevos horizontes para los colombianos.
Sin duda, el acuerdo resolverá un aspecto importante del problema de la seguridad. Pero ¿la paz habrá resuelto todos los problemas? Se diría que no, pues no es éste el único frente para el Gobierno y la sociedad entera. Bien lo sintetiza Aldo Cívico, experto internacional en resolución de conflictos y profundo conocedor de la realidad colombiana, quien destaca tres prioridades: “La violencia urbana y el control territorial del crimen organizado en las ciudades; la persistencia de grupos armados ilegales que siguen asesinando y desapareciendo a los representantes de asociaciones de víctimas y de derechos humanos; la plaga de uno de los más altos niveles de desigualdad social”.
Conflictos y seguridad
Postergado el acuerdo con las FARC, a fines de marzo se confirmó que el Gobierno abrió negociaciones con la otra principal guerrilla, el Ejército de Liberación Nacional (ELN). En su momento, el Gobierno rechazó unificar las negociaciones para evitar que las dos organizaciones se fortalecieran en sus planteos. El grupo dispone de fuerzas menguadas (entre 1.500 y 2.000 efectivos), y sabe que no tiene chances de acceder al poder por las armas. Su acción es más fragmentada, con sectores más o menos a favor de finalizar el conflicto, lo que explicaría los más de dos años de contactos exploratorios para abrir una mesa de negociaciones. La agenda de los diálogos de paz seguirá temas ya abordados con las FARC, aunque se anuncia una mayor participación de las víctimas del conflicto y de la sociedad civil, siguiendo las características del ELN.
Sin estos conflictos, el principal reto a la pacificación del país pasará a ser las Bandas Criminales Emergentes (Bacrim). Son grupos nacidos entre 2006 y 2012 a partir de la desmovilización de los paramilitares que, lo señala el Alto Comisionado de la ONU por los derechos humanos, siguen atentando contra las personas. Hay organizaciones sociales que han perdido hasta cien miembros asesinados por paramilitares. En 2012 las Bacrim reunían unos 4.800 delincuentes. La treintena de grupos iniciales se redujo, sustancialmente, a un par: los Urabeños y los Rastrojos, activos principalmente en el narcotráfico y la minería ilegal.
Política y sociedad
La transición que comenzará con los acuerdos de paz será compleja en lo político y lo social. No todos aceptan que los ex guerrilleros, varios de ellos acusados de crímenes de guerra, puedan ocupar un cargo político. Siete millones de votos recogió el candidado a la presidencia por el conservador Centro Democrático durante las últimas elecciones, planteando la oposición a los acuerdos tal como han sido anunciados. En marzo, el 38 % de los ciudadanos de las principales ciudades seguía a favor de la solución militar contra la guerrilla, aunque el 54 % apoyaba el proceso de paz.
La aplicación de una justicia transicional supondrá, además, que en muchos casos la admisión de culpa podrá beneficiar a los responsables de crímenes con penas alternativas. También ésta es una idea resistida.
Para el Coordinador Residente de la ONU en Colombia, Fabricio Hochschild, se necesita crear un ambiente propicio para la paz, con gestos audaces de reconciliación y una mayor pedagogía y comunicación dirigida hacia la población. Para el funcionario, se debe transformar la paz en un bien común que debe trascender el debate político y reconstruir el tejido social dañado durante décadas de violencia. Y como todavía no ha sido definido en detalle el andamiaje institucional que deberá sostener los acuerdos, para avanzar es urgente lograr la aceptación de estos acuerdos por parte de la ciudadanía.
Economía y desigualdad
La reparación material a los civiles que perdieron sus bienes con el conflicto supone el empleo de importantes recursos públicos. La pregunta es si habrá suficientes, porque desde la economía llegan noticias poco auspiciosas por la baja de los ingresos a causa de la venta de petróleo y minerales. Pese a que no hay señales de alarma, existe un creciente malestar por la conducción económica del Gobierno.
Se estima que la paz podría incrementar el actual crecimiento (+3 %) en otros dos puntos.
Sin embargo, crecimiento no significa desarrollo ni que todos se beneficien de ello. La desigualdad se extiende por todo el tejido económico-social. El 10 % de la población más rica del país gana 4 veces más que el 40 % más pobre. Pese al retroceso de la pobreza, la desigualdad se mantiene constante y el índice de desarrollo humano de la ONU se reduce cuando se compara el acceso a la salud, la educación y los salarios. Según una investigación de Ana María Ibáñez, decana de Economía de la Universidad de Los Andes, en 2010 un 77,6 % de la tierra estaba en manos de 13,7 % de los propietarios. Aplicando el coeficiente Gini a la distribución de la tierra, esta proporción da uno de los índices más altos de desigualdad (0,86 en una escala de 0 a 1).
Paz, reconciliación, pedagogía e igualdad social serán por tanto factores clave para avanzar hacia la pacificación luego de medio siglo de violencia. Lo perciben los países de la región latinoamericana, que han manifestado su apoyo al proceso de paz; la comunidad internacional, que incluso participará con recursos, y el Papa, que ha prometido una visita en caso de que se logre la firma de los acuerdos de paz.
Más que nunca Colombia no debe vivir este tiempo en soledad.


jueves, 24 de marzo de 2016

Pace in Colombia, appuntamento mancato o rimandato?

La firma della pace tra il governo e le Farc era attesa per il 23 marzo. Ma bisognerà avere ancora pazienza. A Cuba, sede dei negoziati, si affronta la delicata questione della smilitarizzazione della guerriglia. L’ultimo dei nodi ancora da sciogliere, anche se il cammino percorso è stato veramente lungo


La data della firma dello storico accordo tra il governo della Colombia e la guerriglia delle Farc era stata fissata per il 23 marzo, cioè ieri. Ma la giornata è trascorsa nel silenzio generale. Forse la sorpresa (o la delusione) è stata maggiore all’estero che nel Paese. Infatti, era ormai un segreto di Pulcinella che l’accordo di pace sarebbe slittato, l’80% dei colombiani dubitava che la data sarebbe stata rispettata. Cosa è successo? 

In realtà esistevano due letture dell’annuncio dato a settembre, con inclusa stretta di mano del presidente Juan Manuel Santos e il leader delle Farc, il famoso Timochenko, nel quale si stabiliva un termine perentorio di 6 mesi per mettere la parola fine al conflitto armato. Per il governo, i 6 mesi si contavano a partire da settembre ma per le Farc si contavano a partire dalla definizione della questione della giustizia transizionale durante il processo di pacificazione, accordo siglato a metà dicembre. Pertanto, per la guerriglia, la firma dell’accordo è da prevedersi per la metà di giugno. 

Che, ad ogni modo, non si sarebbe giunti a tempo per marzo, era chiaro anche a Santos che ha recentamente dichiarato che preferiva postiticipare la firma piuttosto che accettare un patto insoddisfacente.
Ma se ormai tutti i punti dell’agenda sono stati affrontati, cosa si sta negoziando a Cuba? In realtà, va definito nei dettagli l’ultimo punto: la smilitarizzazione delle Farc e la consegna delle armi. La guerriglia non parla mai di disarmo, ma di lasciare le armi. Cioè depositarle in alcuni arsenali sotto la supervisione, già assicurata, dell’Onu. Perché? Il problema è che esiste l’esperienza storica di un massacro di un gruppo sovversivo in passato, dopo aver siglato la fine dello scontro armato. I guerriglieri allora depositerebbero le armi e si concentreranno in alcune aree e le stesse forze armate, fino ad oggi loro nemiche, dovranno garantire loro che non ci saranno rappresaglie e vendette. Per tale ragione, il governo desidera che le aree di concentramento non siano più di una diecina (anche per stabilire il principio che il gruppo smette di controlare territori), mentre le Farc preferiscono che siano le zone dove oggi sono dislocare le loro unità: aree conosciute e dove esistono reti di collaboratori in caso di necessità. Siamo dunque in una fase chiave dove occorre contare sulla reciproca fiducia: chi lascia le armi deve credere che sarà protetto e chi protegge deve credere che le armi sono state lasciate. 

Nessun accordo di pace è facile. Lascerà sempre alcuni insoddisfatti. Ed è impossibile che non sia così. D’altra parte, Farc e governo hanno percorso un lungo cammino: hanno definito la questione della riforma agraria (in Colombia esiste una spaventosa concentrazione delle terre coltivate), lavorano assieme nello sminamento di varie zone, hanno chiarito la questione del narcotraffico da affrontare, hanno messo in moto una commissione che renda pubbliche le ragioni storiche del conflitto, hanno stabilito criteri per le riparazioni a beneficio di quanto hanno perso i loro beni, hanno stabilito criteri di giustizia transizionale per punire i crimini di guerra, e hanno messo le basi per l’inserimento politico delle Farc nella politica nazionale... Pare dunque difficile che non si giunga a una pace definitiva, come non mai a portata di mano.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Las Farc anuncian una tregua unilateral



El alto el fuego será durante un mes a partir del próximo 15 de diciembre. El gobierno, en cambio, seguirá en su ofensiva militar.



“Así sea de manera unilateral, procedemos a ordenar a todas nuestras unidades guerrilleras y milicianas un cese de fuegos y hostilidades por 30 días a partir de las 00:00 horas del próximo 15 de diciembre”. Respondiendo a un "hondo clamor nacional" la guerrilla de las FARC realizó el anuncio de una tregua unilateral. El comunicado fue leído por Pablo Catatumbo, jefe de los negociadores de los guerrilleros en La Habana, donde las FARC y el gobierno de Colombia llevan a cabo desde hace un año las negociaciones para poner fin al conflicto interno.

Las negociaciones se realizan sin que las partes hayan cesado las hostilidades. Cuando, en noviembre del año pasado, comenzó el Cuba el proceso de paz las FARC decretaron también en ese aso una tregua unilateral de dos meses. En este tiempo los guerrilleros se vieron hostigados por la ofensiva militar del gobierno a la que opusieron golpes de mano como el del sábado pasado, cuando atacaron una sede policial en Inzá, en el sur oeste del país, provocando la muerte de 6 policías y 2 civiles y una hola generalizada de repudio en todo el país. 

Pese al anuncio, los guerrilleros comunicaron la orden de “permanecer alerta ante cualquier operación enemiga, la cual deberá ser respondida sin dilación alguna. Aún abrigamos la esperanza de que el gobierno nacional corresponda a nuestro gesto ordenando un alto en su ofensiva”.

Este sábado el presidente Juan Manuel Santos dijo que la guerrilla se equivoca si cree que atentados como el de Inzá lograran un alto el fuego bilateral. “No podemos bajar la guardia ni un solo minuto y reitero: la ofensiva militar se mantiene hasta el momento en que lleguemos a un acuerdo, ahí pensaremos en dar el paso al cese al fuego”, dijo el mandatario acompañado por su ministro de Defensa y la cúpula militar.

El atentado de Inzá, avala los argumentos de los que no creen en la real voluntad de las FARC de terminar con el conflictos armado. El ex presidente Alvaro Uribe es acaso el principal representante de esta posición. Y la credibilidad de la guerrilla es escasa. Sin embargo, la paz es la mejor chance para la guerrilla de acabar con el desgaste progresivo de sus fuerzas y finalmente regresar a la vida social y política luego de casi medio siglo de guerra.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

El Gobierno colombiano y las FARC negociarán hasta llegar a un acuerdo


Las partes seguirán reunidos sin pausa hasta definir la participación en la política de la guerrilla una vez que se inserte en la vida civil.



El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos le ha exigido a los negociadores del gobierno en La Habana regresar con resultados concretos, porque el proceso de paz con las FARC no puede seguir estancado. Por ese motivo, de acuerdo con los líderes guerrilleros, nadie se levantará de la mesa de discusión hasta haber encontrado una solución al tema de la inserción de los subversivos en la vida política del país una vez que las FARC acepten desmovilizarse. Puede que en pocos días habrá novedades al respecto.


Luego de meses de estancamiento, con mutuas acusaciones de frenar el proceso de paz, las negociaciones registran una aceleración impulsada también por el impacto de las fotos de líderes guerrilleros tomando el sol caribeño en un barco o paseándose por la capital cubana.

Hasta ahora el ritmo de las reuniones preveía once días de trabajo seguidos por otros tantos de pausa. Los representantes del gobierno regresaban a Bogotá y los guerrilleros en Cuba para que cada grupo trabajara separadamente. Algo, dentro de todo, normal en un proceso complejo como el de lograr la paz en Colombia, tal como lo puede ser un paseo por las calles de La Habana puesto que nadie trabaja las 24 horas del día.

Pero la política no conoce razones y los tiempos políticos en Colombia, en vista de las presidenciales del año que viene, dicen que es momento de definiciones. Las fotos de los guerrilleros en momentos de relax dispararon nuevas críticas por parte de quienes, como el ex presidente Álvaro Uribe, se oponen desde el comienzo al proceso de paz. Si a esto agregamos que buena parte de la opinión pública tiene sus buenas dudas acerca del proceso de paz, y que luego de lograr un acuerdo sobre apenas uno de los seis puntos en agenda, el de la cuestión agraria, se comprende que a este punto tanto a las FARC como al presidente Santos les conviene traer novedades de Cuba.

Para la guerrilla el riesgo de que las elecciones sean ganadas por la oposición representada por Uribe, significa volver a la opción militar. La mano dura ha sido la característica de Uribe en su gestión, pese a que con tal de presentar resultados, hubo militares que asesinaron a cientos de civiles inocentes presentándolos como guerrilleros.

Por cierto, este proceso cuenta con la anomalía de que se lleva a cabo en ausencia de una tregua militar. Es difícil aceptar que se tiendan emboscadas mientras se discute la paz. Pero también es cierto que luego de casi medio siglo de conflicto no es fácil confiar los unos en los otros.

Por otro lado, cabe preguntarse si es preferible la perspectiva de que en el conflicto siga, o si no es mejor que la actual anomalía tenga, al menos, la perspectiva de que se llegue a poner punto final a esta eterna guerra interna.

Todo proceso de paz siempre cuenta con situaciones imperfectas, en el plano de la justicia como de la política y del tejido social que queda dañado. La paz nunca es un laboratorio en el que los experimentos se llevan a cabo en circunstancias ideales. Por lo tanto, se consigue la paz posible, más que la deseada. Y difícilmente Colombia verá un resultado diverso, luego de décadas de violencia e injusticias. Será un gran resultado tan sólo haber puesto fin al enfrentamiento, aunque ello no responda en plenitud a las expectativas de los que más lo han padecido.

jueves, 24 de octubre de 2013

Comenzó en Cuba una nueva ronda de negociaciones con las FARC



El gobierno y la guerrilla volvieron a sentarse a la misma mesa, aunque hay acusaciones mutuas de lentitud.




Comenzó ayer en la Habana una nueva ronda de negociaciones de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla Farc. El ciclo se reactiva pero en medio de tensiones por acusaciones mutuas de lentitud en el proceso de paz que en esta etapa de centrará en la participación política. 

De hecho, el jefe de las Farc, Timoleón Jiménez (Timochenko), acusó al presidente Juan Manuel Santos de “arreciar una campaña de desprestigio” contra esa guerrilla porque ésta no se someterá en la mesa de diálogo. Hace semanas que el gobierno insiste en que se debe acelerar el ritmo de la negociación, mientras que sectores afines al expresidente Alvaro Uribe critican a Santos por considerar que hace demasiadas concesiones a la guerrilla.

Santos había anunciado en un principio que el proceso de paz duraría meses y no años, hasta ahora las dos delegaciones solo han consensuado un punto, el desarrollo rural, de una agenda de cinco.

“No son los colombianos ni el país los cansados con el proceso de paz, como insisten los voceros neoliberales. Son ellos, los círculos privilegiados y guerreristas, los que odian que se hable de soberanía, de democracia plena, de modelos alternativos de desarrollo. Hacen y profundizan la guerra y el terror contra Colombia, mientras acusan de ello a los demás. Urge desenmascararlos”, sostuvo el comandante de las Farc. 

Timochenko se queja de los reveses militares, ya que el proceso en curso no incluyó una tregua militar, y del apuro de Santos por sus pretensiones acerca de una renovación del mandato electoral, para el cual precisa presentar resultados concretos. Sin embargo, Santos se ve presionado precisamente por quienes desconfían de las verdaderas intenciones de las FARC, que tampoco han querido suspender su actividad militar, y comprende que la prolongación del proceso termina por beneficiar a los guerrilleros. 

Mientras tanto, el jefe de la delegación del gobierno en La Habana, el ex vicepresidente Humberto de la Calle, exhortó este martes a la guerrilla a “avanzar, avanzar, avanzar” en el nuevo ciclo de diálogos, al tiempo que aseguró que Santos sigue y evalúa el desarrollo del proceso. 

Este es el cuarto intento de paz que desde los años 1980 hace las FARC, la guerrilla más antigua de América Latina con 49 años de lucha armada.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Mejora la imagen del presidente Santos

En setiembre, debido al conflicto del agro, su popularidad se había desplomado. Algunos precisos golpes de timón, en política exterior y en el manejo del proceso de paz con las FARC, han sido bien recibidos por la opinión pública.

Los cambios en la estrategia de gobierno del presidente colombiano Juan Manuel Santos están dando resultados incluso a nivel de popularidad. Un reciente sondeo de la encuestadora Gallup muestra que la imagen favorable de Santos repuntó al 43 por ciento, luego de que bajara al 34 por ciento durante el pasado mes de setiembre, cuando el gobierno se vio arrinconado por un duro paro agrario, mal manejado en su comienzo. En ese momento, la popularidad de Santos llegó a desplomarse al 21 por ciento. La imagen desfavorable del mandatario llegó al 72 por ciento de los encuestados. Un dato realmente preocupante para alguien que aspira a un segundo mandato. El presidente tiene todavía un mes de tiempo para decidirse, mientras que las encuestas indican un leve repunte en las calificación positiva que la ciudadanía otorga a la acción del Ejecutivo en materia de empleo, de economía y en el tema de la crisis del agro. 

Muy posiblemente, la imagen del gobierno mejoró debido a la postura asumida ante el fallo adverso de la Corte Internacional de Justicia de La Haya en el diferendo fronterizo con Nicaragua. Colombia perdió unos 75 mil kilómetros cuadrados de mar que el tribunal consideró ser parte del territorio nicaragüense. Santos cuestionó el fallo y defendió la soberanía sobre el archipiélago de San Andrés y Providencia alegando que éste es inaplicable en cuanto va en contra de la constitución nacional. La mayoría de la opinión pública e incluso desde sectores de la oposición el presidente cosechó apoyos. 

Otro motivo que parecen haber fortalecido la imagen de Santos, ha sido el de la defensa del proceso de paz comenzado hace más de un año con la guerrilla de las FARC. Pese a que los avances recientes han sido pocos y que apenas uno de los seis puntos de la agenda ha sido resuelto positivamente (el de la reforma agraria), Santos trató de dejar bien en claro que se trata de la política más conveniente para el país. Sin embargo, el presidente también utilizó argumentos más enérgicos para imponer un ritmo más acelerado a las negociaciones, que hasta las mismas FARC consideraban estancadas.

Pese a que, según el Centro Nacional de Consultoría, la desaprobación de su gobierno está en 58 por ciento y el 60 por ciento considera que el país va por mal camino, el futuro de Colombia depende mucho de la solución de un conflicto que dura desde hace casi medio siglo. El triunfo electoral de algún abanderado de la solución militar podría significar regresar a un pasado que nadie quiere. Por otra parte, avanzar en este proceso supone buscar soluciones que distarán de ser perfectas tanto en el plano político, como en el plano de la justicia. La soluciones óptimas suelen ser frecuentemente enemigas de lo bueno o, como se diría en política, de los posible. Santos lo sabe y sabe que le queda poco tiempo para consolidar este proceso y, con él, sus chances de reelección.

viernes, 5 de julio de 2013

También el ELN se suma al proceso de paz


Luego de haberse separado y hasta combatido, las FARC y el ELN volvieron a unirse para sumar esfuerzos en el proceso de paz. El presidente Santos se mostró abierto, pero pidió como gesto que cesen los secuestros. El gobierno quiere avanzar por mesas separadas.

También la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) quiere sumarse a las negociaciones de paz con el gobierno de Colombia. Luego de una cumbre entre líderes de las FARC y del ELN, realizada en algún lugar de las montañas colombianas, las dos organizaciones volvieron a unirse en vista de un objetivo, después de años de separación y de haberse incluso combatido mutuamente, e hicieron saber al gobierno la necesidad de sentar a la mesa de paz también a esta segunda organización. El presidente Juan Manuela Santos, en varias oportunidades, ya se había referido a la necesidad de convocar también al ELN al proceso de paz, que en ese caso, se fortalecería indudablemente. Valorando la liberación de un militar por parte del ELN realizada en estos días, Santos también ha subrayado que la guerrilla debe liberar también un técnico canadienses secuestrado en enero de este año. Por otra parte, el ELN sostiene que hay que incorporar al proceso también a la sociedad, mientras que no es ésta la postura del gobierno.

El ELN es la segunda guerrilla del país, y actualmente suma unos 1500 combatientes en un frente bastante más reducido, que opera en algunas áreas del país pero sin la fuerza de años atrás. Su estrategia más reciente ha sido la de los secuestros de extranjeros, en su mayoría trabajadores de emprendimientos mineros, como el técnico canadiense ya mencionado, pero no se la ha reportado mayores dividendos políticos.

Si bien las dos guerrillas coincidieron que el proceso de paz debe abarcar a toda la insurgencia colombiana, para el gobierno del presidente Santos, se deberá avanzar en mesas separadas y no a través de una negociación conjunta. Por otro lado, el gobierno tampoco acepta que el proceso se complete con una asamblea constituyente, acaso el punto sobre el cual hay más discrepancias en las negociaciones con las FARC que se llevan a cabo en La Habana, Cuba.

Este regreso a la unión con la guerrilla de las FARC apunta por un lado a fortalecer al ELN que padece un gran debilitamiento, y por otro a apuntalar los reclamos de la primera, sentando un nuevo actor a la mesa de las negociaciones. Por otro lado, Arial Ávila, coordinador del Observatorio de la Fundación Paz y Reconciliación, cree que una mesa paralela será la solución más probable, ya que ambas organizaciones quieren evitar que la finalización del conflicto sea violenta: “Las FARC operan en 14 zonas del país y el ELN coincide en 9 de ellas. Si no se da una negociación paralela, el riesgo es que el ELN termine absorbiendo combatientes o que se inicie una purga interna entre guerrillas”, sostuvo.

lunes, 27 de mayo de 2013

Histórico acuerdo entre las Farc y el gobierno de Santos

Desde La Habana, donde las partes negocian el fin del conflicto, las delegaciones del gobierno de Colombia y de la más antigua guerrilla de la región emitieron un documento conjunto en el que anuncian importantes reformas sobre temas agrarios.

Luego de seis meses de negociaciones de paz en La Habana, el gobierno del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y las FARC, la guerrilla más antigua de América Latina, anunciaron este domingo un acuerdo sobre el primero de los seis puntos de la agenda de las reuniones y que se centra en el desarrollo rural.

Desde el 19 de noviembre, las Farc y el gobierno colombiano negocian en Cuba la paz, bajo el auspicio del gobierno local y de Chile, Noruega y Venezuela

Las partes emitieron un comunicado conjunto, Hacia un nuevo campo colombiano: Reforma rural integral, en el que se refirieron al enfoque territorial, a la infraestructura y la adecuación de tierras, al desarrollo social (salud, educación, vivienda, erradicación de la pobreza), al estímulo a la producción agropecuaria y a la economía solidaria y cooperativa. En el texto también se habla de asistencia técnica, subsidios, créditos, generación de ingresos, mercadeo, formación laboral, políticas alimentarias y nutricionales.

“Será el inicio de trasformaciones radicales de la realidad rural y agraria de Colombia con equidad y democracia" se dice en un apartado del documento, que "está centrado en la gente, [en] el pequeño productor, el acceso y distribución de tierras, la lucha contra la pobreza, el estímulo a la producción agropecuaria y la reactivación de la economía del campo”.

El acuerdo también contempla la situación de aquellos campesinos que se quedaron sin tierra. Se creará el Fondo de Tierras para la Paz para ese fin, al tiempo que todos los predios en manos de los campesinos del país serán titulados.

De todos modos, se aclaró que el acuerdo alcanzado sobre el tema agrario, como el resto de puntos de la agenda, se implementará sólo si logra un consenso general. Un referendo popular deberá ratificar los acuerdos alcanzados entre el gobierno y las FARC, aclaró el jefe de la delegación del Gobierno, Humberto de la Calle. "Serán los colombianos en última instancia los que digan si quieren o no este acuerdo”, dijo de la Calle.

El histórico acuerdo llega luego de la ruptura de las últimas negociaciones de paz, en 2001, y está generando optimismo luego de críticas y de semanas de coloquios aparentemente estancados.

El presidente Santos manifestó que en su cuenta de twitter: “Celebramos, de veras, este paso fundamental en La Habana hacia un pleno acuerdo para poner fin a medio siglo de conflicto”, escribió. El mismo De la Calle, a quien nadie podría calificar de blando, por su trayectoria, calificó de histórico el consenso alcanzado. "Permite transformar de forma radical la realidad rural de Colombia – dijo -, "en pleno respeto por la propiedad privada y el Estado de Derecho. Los propietarios legales nada tienen que temer”.

Las FARC aparecen dipuestas a poner fin al conflicto, pese a las sospechas manifestadas por algunos políticos de querer ganar tiempo. Desde 1985 no se había llegado tan lejos en los intentos por alcanzar la paz.

El tema agrario era, posiblemente, el más complejo de los temas en agenda, ya que abarcaba cambios de mucha profundidad, que alcanzan un número enorme de ciudadanos: campesinos que perdieron sus tierras por abusos de terratenientes, desplazados por el conflictos, otros que simplemente nunca habían accedido a un predio.

Las conversaciones recomenzarán el próximo 11 de junio cuando abordarán la inserción de las FARC en la vida política del país una vez que se desmovilicen.

lunes, 26 de noviembre de 2012

La sociedad civil participará del proceso de paz

La Habana, 25.11.2012. Luego de una semana de hermético silencio sobre el desarrollo de las negociaciones de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC, las partes anunciaron la convocatoria a un Foro sobre Políticas de desarrollo agrario integral. El Foro se llevará a cambo del 17 al 19 de diciembre próximo y al mismo no participarán ni la guerrilla ni el gobierno. La iniciativa contará con la colaboración de la sede de las Naciones Unidas en Colombia y la Universidad Nacional -Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz- y tendrá como objetivo recoger los aportes de la participación ciudadana sobre este primer punto de la agenda de trabajo de la mesa de paz, por intermedio de las dos instituciones convocadas.
Los otros puntos en la agenda de paz son la desmovilización y la entrega de las armas de la guerrilla y su paso a la actividad política del país, la solución del problema del narcotráfico y las reparaciones a las víctimas de la guerra civil.
Las reuniones en La Habana comenzaron con el anuncio de la guerrilla de un alto el fuego unilateral de dos meses. Un gesto que el gobierno colombiano aceptó con prudencia y sin actuar con reciprocidad, dada la experiencia pasada. Algunos choques armados con las fuerzas de seguridad han puesto en discusión la real buena voluntad de las FARC. Sin embargo, desde la guerrilla se acusa al ministro de defensa y a los altos mandos militares de haber simulado el choque. “Basta ya de este inútil derramamiento de sangre”, declaró desde Cuba el guerrillero Rubén Zamora (el nombre es un pseudónimo) y propuso que haya organizaciones internacionales que controlen la efectividad de la tregua.
No faltan en Colombia los escépticos sobre este proceso de paz, que consideran el del presidente Juan Manuel Santos un error político, entre ellos el ex presidente Alvaro Uribe, partidario de la solución militar. Tampoco faltan aquellos que, a río revuelto, en estas décadas de guerra civil, aprovecharon la oportunidad para hacer sus intereses. Sin embargo, pese a las dificultades, se comienza a vislumbrar un camino luego de casi medio siglo de sangriento enfrentamiento.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Las FARC anuncian una tregua unilateral

Sorpresivamente, antes de comenzar ayer en la Habana las negociaciones de paz con el gobierno colombiano, el líder de la guerrilla de las FARC, “Iván Márquez” anunció una tregua unilateral de dos meses. El anuncio es importante por dos razones: las dos partes comenzaron las negociaciones hace un mes en Oslo (Noruega) sin haber proclamado un cese del fuego. Por otro lado, en oportunidad de la primera etapa de conversaciones en la ciudad europea, algunas declaraciones de “Márquez” fueron consideradas muy duras, fuertemente teñidas de críticas ideológicas hacia la gestión del gobierno colombiano y parecieron enfriar las esperanzas de quienes apostaban a que el proceso de paz pudiera llegar a buen puerto.
La guerrilla anunció ayer el cese de toda operación ofensiva contra las fuerzas públicas y de los actos de sabotaje contra la infraestructura pública y privada. El gobierno de Juan Manuel Santos, si bien apuesta a lograr el cese de este conflicto que dura desde hace casi 50 años, ha encarado este proceso sin ningún tipo de concesiones y planteando requisitos con los que las FARC tuvieron que cumplir para sentarse a la mesa de las negociaciones, como la liberación de todos los rehenes.
En base a los acuerdos pactados desde el comienzo de reuniones secretas llevadas a cabo hace seis meses y en la primera fase celebrada en Oslo, el primer punto en discusión en La Habana será el tema de la tierra. Hay cientos de miles de refugiados y desplazados que han perdido la tierra que cultivaban con motivo del conflicto armado y ha habido especuladores y latifundistas que se han aprovechado de las circunstancias.
El proceso de paz cuenta con el apoyo de Cuba y Noriega como garantes y del acompañamiento de los gobiernos de Chile y Venezuela. 

jueves, 18 de octubre de 2012

Buenas premisas para la paz



Las partes han comenzado las reuniones en Oslo, la capital noruega, con la promesa de dejar la mesa de las negociaciones sin haber alcanzado un acuerdo. Ha sido ésta la premisa de las delegaciones del gobierno colombiano y de las FARC que están dando los primeros pasos del proceso de paz. Humberto De la Calle, ex vicepresidente y jefe de la delegación gubernamental ha reconocido la buena disposición de los guerrilleros, Lo que no supone de ninguna manera haber alcanzado el cese del fuego. El gobierno no quiere quedar de rehén del proceso en caso de que no haya avances, ha explicado De la Colina.
Asimismo, ante las declaraciones con fuerte contenido ideológico del jefe de la delegación de las FARC, Iván Márquez,  De la Calle ha recordado que cuestionamientos al sistema económico o de las fuerzas armadas deberán ser planteadas por ellos una vez que depongan las armas y se transformen en una organización política. Márquez, por su parte, sostuvo la necesidad de alcanzar una paz con justicia social.
Mientras tanto, se fijó para el próximo 15 de noviembre la siguiente etapa de las negociaciones que se llevarán a cabo en La Habana. La agenda prevé analizar el desarrollo agrario y de las tierras, la inserción política de los rebeldes, la reparación a las víctimas del conflicto, el narcotráfico como puntos principales.
En Colombia el proceso es seguido con actitud esperanzada y expectante. El país registra un inédito crecimiento económico, incluso superior al de Brasil, que actualmente registra un freno. Es una oportunidad para aprovechar esta oportunidad y mejorar la calidad de vida de millones de colombianos, entre ellos quienes más han sufrido las consecuencias de esta guerra interna, como los cientos de miles de refugiados.
Pero hay algo de cierto en las palabras de Iván Márquez: una paz sin justicia social, siempre será incompleta.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Un delicato processo di pace

Il presidente della Colombia, Juan Manuel Santos, dovrà muoversi con l’abilità di un chirurgo per conciliare pace, giustizia e verità dopo quasi cinquanta anni di guerra interna

In un suo recente articolo, Grace Jaramillo Domingo sostiene che il presidente colombiano Juan Manuel Santos dovrà possedere l’abilità di un chirurgo per condurre in porto il processo di pace annunciato, che questa settimana entra nella fase decisiva. Si attendono infatti dichiarazioni dei guerriglieri delle Farc in merito alla propria disponibilità a negoziare col governo.
Si spera che il prossimo 5 ottobre ci si possa sedere a un tavolo delle trattative ad Oslo per poi proseguire a Cuba. Le parti saranno accompagnate da Cile e Venezuela, mentre Norvegia e Cuba saranno garanti dei negoziati. I temi sul tavolo saranno sei: politica di sviluppo integrale, partecipazione politica, fine del conflitto, il problema della droga, vittime e verità ed applicazione e verifica del processo di pace.
Santos è cosciente del fatto che bisogna sfatare prima di tutto l’idea che l’unica soluzione sia militare – punto di vista sostenuto dal suo predecessore Alvaro Uribe, oggi critico nei confronti della proposta di pace – e, in secondo luogo, sfatare i fantasmi del precedente processo di pace in cui, tra il 1998 e il 2002, il presidente Andrés Pastrana concesse molto in cambio di molto poco. Per questo non mancheranno critiche interne.
Ma Santos sa anche che se non si raggiunge la pace, l’alternativa è aggiungere ancora più vittime ai 300 mila morti che questa guerra interna, che dura da mezzo secolo, ha già causato, nonostante l’enorme appoggio alle spese militari ricevuto dal “Plan Colombia” sostenuto da Washington. Il presidente dovrà dunque muoversi con cautela perché non sarà facile mediare tra la necessaria riconciliazione, la questione della giustizia e della verità in materia di crimini commessi dalle diverse parti (esercito, guerriglia e paramilitari) e il ritorno alla vita civile e politica delle Farc e dei 1500 guerriglieri dell’Eln, che sono da includere in tutto il processo.
Le prossime settimane saranno decisive.