Mostrando entradas con la etiqueta elecciones 2013. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta elecciones 2013. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de octubre de 2013

El lado lleno y el lado vacío del vaso

No hubo cambios sustanciales en el conteo de bancas del Congreso, aunque sí hubo señales políticas para todos.

El análisis fino de los resultados de estas elecciones habrá que hacerlo con los números definitivos. La relación de fuerzas en el Congreso, que es el objetivo de las elecciones de medio término, no ha cambiado en la sustancia, ya que el oficialismo y sus aliados siguen manteniendo mayoría propia, aunque más ajustada que antes. Sobre la base de la proyección a nivel nacional, sólo se puede sacar la conclusión de que el Frente para la Victoria incluso aumenta el número de bancas, al tiempo que sus adversarios políticos consolidan sus posiciones.

Nos parece francamente sesgado afirmar, como titula algún medio, que el setenta por ciento de los argentinos no votó por el kirchnerismo. Del mismo modo, habría que señalar que un porcentaje parecido en la Capital Federal votó en contra de Mauricio Macri y que en Santa Fe un porcentaje parecido lo hizo en contra del socialismo de Hermes Binner. Lo cual, no parece atinado.
Sin duda, en casa oficialista se estará tomando nota de los reveses sufridos en los principales distritos del país, los más poblados, a manos del ex presidente Julio Cobos, en Mendoza, de Juan Schiaretti en Córdoba, del socialismo en Santa Fe, de Mauricio Macri en Capital Federal y, en especial, del ex Jefe de Gabinete Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires.

El amplio triunfo de Massa en un bastión del peronismo como es la provincia más poblada del país, tiene algunas connotaciones relevantes: fue logrado por alguien que perteneció al oficialismo cubriendo un importante cargo de gobierno. Lo cual confirma que hay un desgaste interno del proprio kirchnerismo que debería ser analizado a fondo, porque no se encuentran distinciones ideológicas de peso entre el discurso del gobierno nacional y el de Massa. Todo parece centrarse más bien sobre cuestiones de imagen y de confianza que, evidentemente, Massa está logrando generar o que el kirchnerismo no está logrando mejorar. Y eso parece indicar que una autocrítica interna en el FpV a esta altura sería saludable en la perspectiva de los próximos dos años de mandato.

Los triunfos en los demás distritos, donde por otro lado el oficialismo ha padecido siempre grandes dificultades para afirmarse, son importantes, particularmente el hecho de que en la Capital Federal el oficialista Daniel Filmus no haya podido confirmar su banca de senador, pero de ahí a proyectar esos triunfos como proyectos nacionales corre un trecho largo. Ninguna de estas propuestas parece tener la consistencia electoral necesaria para confirmar esas aspiraciones, de aquí a 2015.

Para quien escribe, desde el kirchnerismo, se sigue haciendo una lectura de la realidad opositora en clave de su fragmentación. También este razonamiento peca de cierto chicaneo político. Un frente opositor único se justificaría en situaciones de graves amenazas contra las libertades fundamentales, algo que los comicios de ayer, transcurridos en tranquilidad desmiente una vez más. Por lo tanto, no parece muy lógico pretender unir proyectos como el socialismo de cuño santafesino con la propuesta del Pro de Macri, así como nadie se espera ver en el mismo estrado al peronista Francisco De Narváez con Elisa Carrió y Pino Solanas o Margarita Stolbizer. 

Nuestro sistema político no apunta a la polarización entre dos grandes coaliciones, por lo que estas diferencias son algo natural. Más bien, cabe destacar la peculiaridad de un espectro político caracterizado por la fragmentación de un mismo partido, el peronismo, cuya interna sigue siendo el elemento determinante de la actualidad política nacional.

lunes, 15 de abril de 2013

Ganó Maduro, pero costó

El sucesor de Chávez se afirmó con 1,5 puntos de ventaja. En octubre, Hugo Chávez había triunfado sobre el mismo candidato opositor, Henrique Capriles, con once puntos de diferencia. La agenda del nuevo presidente.

¿Fue una victoria a lo Pirro? Sí, cuando consideramos hace apenas seis meses Hugo Chávez triunfó sobre el mismo líder de la oposición, Henrique Capriles, con once punto de diferencia. En ese entonces, Capriles reconoció de inmediato la derrota y admitió la imposibilidad de un fraude. Maduro ganó pero con un punto y medio de diferencia.

El hoy presidente electo debió estar al tanto, por los sondeos, del achicamiento de esa ventaja si durante la campaña incluso hizo mención de lo que haría en caso de pasar a la oposición, posiblemente otra de las torpezas demostrada a lo largo de una campaña electoral relámpago. Capriles ha afirmado que reconocerá el resultado electoral sólo después de un recuento “voto por voto, caja por caja”.

Para la Comisión Electoral Nacional, Maduro consiguió el 50,66 por ciento de los votos, Capriles el 49,07. Evidentemente hay una franja del electorado que en octubre votó por Chávez sin demasiada convicción y que ahora se inclinó por el líder de la oposición.

Durante poco tiempo vicepresidente de Chávez, ex canciller y ex sindicalista del subte de Caracas, en el que trabajó como conductor, Maduro descolló como figura recién cuando el líder de la evolución bolivariana indicó en él su sucesor. Esa voluntad cortó por lo sano todo conato de interna para la sucesión, pero también puso a Maduro ante la obligación de dar pruebas de que disponía de los requisitos para ser sucesor de un líder carismático dotado de mucha creatividad y de llegada popular.

La campaña del nuevo presidente de Venezuela pareció centrarse más en ser ejecutor de un testamento que en dar prueba de su capacidad de gestión. Y esto mientras las noticias del frente económico no fueron nada buenas: la inflación sigue en torno del 30 por ciento, acentuada por una feroz devaluación de la divisa nacional que en seis meses alcanzó el 80 por ciento.

El tema es que esta medida había sido negada durante mucho tiempo y tachada de recurso proprio de las políticas neoliberistas. Existe un importante desabastecimiento de mercadería, mientras que para los empresarios que deben pagar cuentas en dólares, el cepo a la moneda estadounidense crea cada vez más complicaciones.

Todo indica que ya no son los tiempos de las amplias mayorías que respaldaban la gestión de gobierno, ni de una oposición dividida y con escasa capacidad de incidir con su discurso. Capriles se presenta como un adversario capaz de poner en dificultad al oficialismo, mientras que el electorado se presenta cada vez más dividido en mitades. Maduro deberá ahora lidiar con un frente interno que posiblemente tendrá argumentos de crítica hacia su desempeño.

Dentro del chavismo aparecieron indicaciones de centrar el discurso, más que en el adversario y en las supuestas conspiraciones para desestabilizar el gobierno, en las cuestiones de fondo, como el posicionamiento de la economía comunal, la necesidad de superar la cultura rentista petrolera, la aplicación de los planes de desarrollo creados por Chávez y encontrar soluciones al problema de la inflación y la devaluación. No ha sido mencionado, pero sigue siendo un problema grave el de la inseguridad, que en Venezuela está alcanzando niveles cada vez más graves.