Tres mil toneladas de armas enviadas entre 2012 y 2013 desde Croacia para pertrechar a los rebeldes en Siria, gracias al soporte de la Central de Inteligencia norteamericana, terminaron en manos del Ejército Islámico de Iraq y el Levante. Lo señalan hoy medios serbios y croatas y en su momento lo señaló The New York Times.
En agosto de 2012 publicamos la intervención del congresista estadunidense Ron Paul (1), republicano, quien planteó el problema de que la ayuda del gobierno de los Estados Unidos a los rebeldes sirios terminaría apoyando a los mismos grupos terroristas contra los cuales, se supone decimos nosotros, se estaría combatiendo en todo el orbe. Era más que un temor. Ya había sucedido durante el conflicto desatado en Libia, que grupos que tanto los Estados Unidos como el Reino Unido y también la ONU incluyen entre los terroristas estaban recibiendo la ayuda occidental, planteando, una vez más, que algo turbio se oculta tras las fachadas de estas organizaciones, cuya actividad muy a menudo se entrelaza con los servicios de inteligencia.
Muchos de estos terroristas, aunque habría que pensar más bien en mercenarios, se trasladaron a Siria. Y es allí donde desde 2011 el plan de derrocar al régimen del presidente Bachar al Assad incluye la colaboración con el terrorismo. Entre los grupos activos en Siria figura precisamente el Frente al Nousra, brazo siriano del Estado Islámico de Iraq y el Levante (EIIL), a su vez vinculado con Al Qaeda. La alerta acerca del peligro de financiar estas milicias ha sido dada en varias oportunidades. En efecto, entre 2012 y 2013, hubo 75 vuelos civiles que desde el aeropuerto de Zagreb, en Croacia, trasladaron, con el soporte logístico de Turquía y Jordania, 3 mil toneladas de armamentos con el apoyo de la central de inteligencia de los Estados Unidos, la CIA. De ello daba fe en marzo de 2013 el propio cotidiano norteamericano New York Times (2) entre las varias señalaciones realizadas por la prensa.
Ante el avance del EIIL , que nadie logra explicar, pues es difícil entender cómo una milicia valuada en unos diez mil efectivos haya ahuyentado un ejército regular, el de Iraq, adiestrado y pertrechado durante diez años por el Pentágono, comienzan a aparecer varios elementos que ponen en tela de juicio la posición oficial de la Casa Blanca, que dese hace días amaga con apoyar el gobierno de Bagdad para repeler a los rebeldes, aunque en realidad poco ha hecho, excluyendo como primera cosa, el envío de tropas en territorio iraquí. Si lo hiciera, el problema principal sería que sus efectivos deberían enfrentarse a las mismas armas enviadas hace más de un año y medio desde Croacia. En efecto, varios medios de Serbia y Croacia, entre ellos el Jutarnji List (3) están publicando fotos de los rebeldes del EIIL con armas enviadas en su momento a los rebeldes sirios. La contundencia de la noticia, se debe al hecho de que se trata de armas que no usan otros países en el conflicto (4). El sitio italiano, Analisi Difesa, a menudo cercano a fuentes militares, se hace eco de la denuncia, citando además el blogger birtánico, Eliot Higgins, quien desde marzo de este año estuvo señalando la presencia en Iraq de armas enviadas a Siria, destacando que ningún otro país de la región hace uso de ellas.
Por otra parte, que la actividad diplomática de la Casa Blanca no está apuntando a pacificar la región en la que nuevamente estalló un conflicto, lo confirma el hecho de que la avanzada del EIIL no ha supuesto un problema para la venta del petróleo iraquí, pese a que el EIIL haya ocupado importantes zonas de producción y de oleoductos. Tanto en Siria como en Iraq, uno de los objetivos de los rebeldes han sido las zonas de producción de crudo. Hasta ahora la Exxon Mobil es la que se ha encargado de la venta del crudo del que se ha apoderado el Frente Al Nousra, mientras que la Aramco (que reúne capitales de los Estados Unidos y Arabia Saudita) se está haciendo cargo del petróleo iraquí en manos del EIIL. Se trata de un mercado, el del crudo, demasiado controlado por Washington para no conjeturar que la Casa Blanca no tiene mucho interés en bloquear al EIIL en Iraq, sino más bien lo contrario. Dividir el país en tres estados, es para los estrategas mucho más fácil de controlar que en la situación actual.
1 Cfr “Estados Unidos apoya a Al Qaeda”, en http://www.ciudadnueva.org.ar/areas-tematicas/internacionales/estados-un...2 Cfr “Arms airlift to Syria rebels with aid from CIA”, en http://www.nytimes.com/2013/03/25/world/middleeast/arms-airlift-to-syria...3 Cfr Jutarnji List, 16.6.2014, http://www.jutarnji.hr/bozji-ratnici-ruse-iracke-gradove-hrvatskim-oruzj...4 El lanzagranadas RBG-6, los lanzacohetes antitanques M79 Osa, y el cañón sin retroceso M60
¿Estamos frente al avance arrollador de los terroristas del Ejército Islámico de Iraq y el Levante, o más bien a deserciones masivas en el ejército iraquí? Parece que va tomando forma el proyecto de rediseñar el mapa de Medio Oriente, creando pequeños Estados étnico-confesionales, más fáciles de ser controlados.
A medida que en los medios de comunicación iban apareciendo las noticias del rebrote del conflicto en Iraq, con la “arrolladora” ofensiva del Ejército Islámico de Iraq y el Levante (EIIL), los que seguimos los acontecimientos en Medio Oriente no podíamos ocultar cierto escepticismo y asombro por el contenido de las mismas.
En primer lugar porque la información distaba mucho de ser creíble. Por débil que sea, ¿puede desmoronarse como un castillo de naipes el ejército iraquí que las fuerzas armadas de los Estados Unidos han entrenado y pertrechado a lo largo de diez años, pagando además el costo humano de 4.500 soldados muertos y al menos 60.000 heridos durante la ocupación del país, desde la invasión de 2003? Cualquiera diría que formar un ejercito que se disuelve en una semana (hubo 150.000 desertores) ha sido un pésimo negocio, doblemente caro. Más asombro causa, por lo tanto, el reclamo de los opositores del presidente Barack Obama, los republicanos que exigen una nueva intervención.
Por otro lado, comparando la información (seria) sobre el conflicto en Siria, no podía no llamar la atención que allí el EIIL lejos de ser una preocupación había sido un aliado de la milicia insurgente y, por lo tanto, por los propios occidentales (Francia, Reino Unido y los EE. UU.) que están apoyando la tentativa de derrocar el régimen del presidente Bashir al-Assad.
A comienzos de 2012, el EIIL creó en Siria el grupo Al Jabath al.Nousra, es decir, el Frente de Apoyo al Pueblo del Levante, siendo la rama siria de Al Qaeda a la que profesaba lealtad. Demasiado para que Washington no incluyera el grupo en el elenco de los terroristas. Una lástima, para el ministro de relaciones exteriores de Francia, Laurent Fabius, quien a fines de 2012 sostenía públicamente que los “chicos” de Al Nousra “están haciendo un buen trabajo”.
Lo que acontece en Iraq, y la decisión de los Estados Unidos de no intervenir parece confirmarlo, indica otra cosa: se intenta llevar a cabo el rediseño del mapa de Medio Oriente, como ya ha sido denunciado en otras oportunidades, con la formación de emiratos que responden a los intereses de las mayorías étnico religiosas locales y de quienes están digitando estos conflictos, entre ellos Arabia Saudita. La “huida” del ejército iraquí permitió al EIIL ocupar el territorio que posiblemente se transformará en un emirato sunita (que en Iraq son minoría, cerca del 40%). El norte quedaría bajo el control de los kurdos, que gozan de particular autonomía desde la declaración de zona de exclusión aérea a partir de 1991, todavía bajo el régimen de Saddam Hussein. Y la mayoría chiita quedaría en la restante parte del territorio, ya que esta población representa el 60%. Hay fuentes que aseguran que hubo altos mandos del ejército iraquí que recibieron dinero a través de los servicios de inteligencia estadounidenses para facilitar las deserciones, aprovechando del caos administrativo en Baghdad.
Para algunos medios, la situación es fruto de la política anti sunita del primer ministro iraquí Nuri al–Maliki, perteneciente a la comunidad chiita. Sin embargo, conviene recordar que en abril, en las elecciones legislativas, la coalición de al-Maliki obtuvo el 25% de los votos, tres veces más que su adversario más directo y sumamente superior al resto de los grupos que competían. Difícilmente habría recibido tantos votos si el descontento habría llegado al punto de determinar una insurrección armada.
Arabia Saudita maneja los hilos de esta situación en su tentativa de imponer la versión del Islam practicada por la monarquía saudita, tan fundamentalista en el discurso hacia afuera, como pragmática hacia adentro en sus concepción moral y en su lujosa vida. Tras la figura del líder principal del EIIL, Abu Bakr al-Baghdadi, una figura oscura vinculada a Al Qaeda y liberada inexplicablemente en 2010, y desde entonces comprometido en poner esta milicia sunita bajo el ala de la organización terrorista, se oculta el verdadero conductor del EIIL, el príncipe saudita Abdul Rahman al-Faisal, hermano de Saud al-Faisal, canciller saudita, y Turki al-Faisal, ex directores de los servicios de inteligencia y hoy embajador en Londres y Washington. Aprovechando las circunstancias del desorden en Ucrania, los príncipes Faisal, adquirieron una fábrica de armas en ese país y desde mayo importantes cargamentos de pertrechos están llegando a Iraq vía Turquía, para abastecer al EIIL. Nada podría verificarse sin un visto bueno de la OTAN, ergo, de sus integrantes principales.
Mientras el conflicto en Siria tuvo chances de derrocar al presidente Assad, posiblemente la idea era de una partición del país y de la región (en el mapa se puede visionar una versión del proyecto que remonta a 2006). Más de una voz se levantó para denunciar estos planes, como la del patriarca de los cristianos maronitas, Bechara Rai (1). Pero eso fue antes de que los propios milicianos comenzaran a luchar entre sí y que fracasara la tentativa de obtener el espaldarazo de los bombardeos estadounidenses contra las tropas de Damasco, como represalia por el uso de armas químicas que, en realidad, utilizaron los propios rebeldes. Ese plan, al menos hasta ahora, fue desbaratado gracias a la firme intervención de Rusia que se opuso a un ataque estadounidense contra Siria.
Quedan muchos puntos oscuros, acerca de cuál es el plan general que se está aplicando y, por sobre todo, su lógica. Pero no hay dudas, desde que comenzó la desgraciada aventura de la invasión de Iraq (y de Afganistán), que gran parte de los que se dice no corresponde a la realidad.
Hay pocas dudas acerca de avanzar en la integración latinoamericana. Para eso hace falta encarar múltiples desafíos, políticos y de infraestructura, con una mirada y con propuestas superadoras.
Hablar de integración suele evocar el sueño de un bloque latinoamericano con su propio peso político y económico. Es difícil saber si se podrá alcanzar este objetivo, aunque sin duda nos encontramos en circunstancias distintas, comparadas con décadas anteriores.
Un giro político
Varios factores intervinieron en este cambio. En primer lugar, la consolidación de Brasil como potencia regional. Hoy su economía figura entre las primeras siete del planeta y, junto con China, Rusia e India, integra el grupo de potencias emergentes conocido como BRIC. Cuenta con la mejor y más profesional plantilla de diplomáticos de la región y nadie puede disputar su liderazgo en América latina.
Por otro lado, mientras mermaba el interés de la Casa Blanca por América latina, en la última década hubo un giro ideológico en los gobiernos de varios países que tomaron distancia del esquema aplicado en el pasado, por el que la región cumplía un rol subalterno a los objetivos de Washington. Una muestra de ello fue el inédito cambio de agenda impuesto en dos Cumbres de las Américas, en 2005 y 2012, respecto de los temas preferidos por la Casa Blanca.
Este distanciamiento fue ampliado por la decisión de Brasil, Argentina, Uruguay, Ecuador y Venezuela de pagar la deuda con el FMI –evitando así las presiones de un organismo influido por la Casa Blanca–, y por la institución de la UNASUR (2008), y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC (2010), dos ámbitos que proponen franquear el excesivo peso estadounidense en la Organización de Estados Americanos (OEA).
Más recientemente comenzó a evidenciarse el rol de la UNASUR, como en el caso de la crisis política de Venezuela, en la que facilitó el diálogo entre gobierno y oposición.
Herramientas
CELAC y UNASUR se constituyen entonces como herramienta de integración política, aunque el sistema sudamericano de organismos de integración que debería haber promovido la segunda entidad no ha ido más allá de las declaraciones y de intentos poco contundentes. La institución del Banco del Sur (BANSUR), en teoría un pilar para la integración latinoamericana, con el fin de promover el desarrollo regional, todavía carece de peso propio y de recursos más sustanciosos. Hasta 2013 disponía del 30 % de los 20 mil dólares de dotación inicial.
La integración económica, respecto de la política, parece avanzar más en clave subregional, siguiendo los pasos de entidades como el ALBA, la CAN, el Mercosur y la más reciente Alianza del Pacífico. Los últimos dos procesos son los que registran más avances.
La Alianza ya abolió los aranceles sobre el 92 % de sus productos y concita la atención hasta de países europeos. La integran Chile, Perú, Colombia y México, y están por ingresar Costa Rica y Panamá. Creada en 2011, ya supera al Mercosur en captación de inversiones externas directas.
Por su parte, luego de cierto estancamiento, el Mercosur ha retomado recientemente dinamismo con la incorporación de Venezuela y próximamente, de Bolivia.
Se critica un supuesto enfoque neoliberal de la Alianza del Pacífico. No coincide con esta visión el ex presidente de Chile, el socialista Ricardo Lagos, quien invitó a superar recelos para mirar estratégicamente las oportunidades que ofrece el comercio con Asia, para lo cual los puertos sobre el océano Pacífico son un verdadero trampolín. Este debate ideológico, para el ex presidente uruguayo, Luis Alberto Lacalle, firmatario del tratado que instituyó en 1991 el Mercosur, puede opacar los objetivos de la integración comercial.
En realidad, el tema de fondo es la ausencia de mecanismos institucionales que permitan avanzar en el proceso sin tener que recurrir a las cumbres de presidentes para resolver temas técnicos, como las trabas a las exportaciones o la competencia entre sectores industriales.
Las rutas del comercio
Los argumentos de Lagos señalan indirectamente el importante déficit de infraestructura de la región: para avanzar en la integración económica es preciso contar con red de transporte que facilite la interconexión entre países: autopistas, puertos, vías fluviales, ferrocarriles, aeropuertos, transporte de energía, gasoductos, etcétera.
En efecto, los datos confirman cuánto influye este déficit puesto que el comercio entre países de América latina representa menos del 20 % de sus exportaciones, mientras que en la Unión Europea (UE) eso representa más del 71 % y en Asia el 58 %.
Aún considerando el diferente nivel económico y la extensa superficie latinoamericana (cinco veces más grande que la europea), la comparación con la infraestructura de la UE dice por dónde “transita” el desarrollo. El Viejo Continente cuenta con 228 mil km de ferrocarriles, 67 mil km de autopistas, 107 mil km de gasoductos y 44 mil km de vías fluviales, más de 3.300 aeropuertos y cientos de puertos. La comparación abruma si se considera que todavía Latinoamérica no cuenta con una red de autopistas que interconecten los países, ni hablar de ferrocarriles (en decadencia en casi toda la región); la ribera atlántica posee apenas dos o tres puertos de aguas profundas, hay contenciosos no resueltos por el dragado de las vías fluviales plurinacionales... Es todavía un proyecto la realización de corredores bioceánicos que interconecten la orilla pacífica con la atlántica de Sudamérica, para facilitar el comercio tanto con Asia como con Europa.
Una nueva mentalidad
Acaso el desafío más importante para todo este proceso sea representado por la adquisición de una “cultura de la integración”. Por un lado se trata de asumir que, interdependientes como somos, ningún país puede alcanzar por sí mismo el desarrollo, concepto que hoy ingloba más aspectos, como el de la sustentabilidad medioambiental o la seguridad, entre otros.
Las barreras mentales a veces son más consistentes que la propia cordillera de los Andes, fruto de las herencias de nuestra historia. Valga como ejemplo las difíciles relaciones entre Perú, Bolivia y Chile, consecuencia de la Guerra del Pacífico disputada hace más de 130 años. Bolivia no sólo no le vende gas a Chile, sino que una cláusula del contrato por el que le vende gas a la Argentina prohíbe que el fluido pueda ser revendido y llegar a tierra chilena. El complejo entuerto de la salida al mar soberana, que Bolivia reclama, hace que sea difícil avanzar en una mejor integración entre los tres países si antes no se supera la cuestión.
Recientemente, Costa Rica y Nicaragua han tenido tensiones por cuestiones limítrofes y también las han manifestado El Salvador con Honduras. El flamante presidente salvadoreño supo dar un buen ejemplo de cómo encarar un conflicto: cuando la disputa con Tegucigalpa por la posesión de una diminuta isla en el Golfo de Fonseca alcanzó un nivel preocupante, realizó una propuesta superadora: transformar ese espejo de agua compartido por su país, Honduras y Nicaragua en un polo de desarrollo económico y comercial, que fue aceptada por sus pares.
Vuelve aquí el tema del liderazgo brasileño, que es clave para enfocar y superar los desafíos de la región. Este liderazgo tiene ventajas pero también costos. Y hasta ahora el gobierno de Brasil no pareció demasiado dispuesto a pagarlos.
El tema no es menor. No habría UE si Francia, Alemania y Reino Unido no se hubieran alternado en el liderazgo. Y fue precisamente eso lo que permitió, apenas cinco años después del segundo conflicto mundial, cuando todavía se estaban recuperando de los destrozos de una guerra en la que fueron enemigos, que Francia, Alemania e Italia dieran comienzo al proceso de integración en 1950.
A veces los desafíos se transforman en laberintos pero, como enseña Leopoldo Marechal, de un laberinto se sale por arriba. El proceso de integración necesita de miradas superadoras.
La convocatoria al presidente palestino y al de Israel de orar por la superación del conflicto en Tierra Santa, además de un profundo significado religioso, también representa un gesto de mucho peso político.
Si bien la iniciativa del Papa Francisco de orar por la paz en Tierra Santa, entre israelíes y palestinos, tuvo un carácter eminentemente espiritual, es imposible no valorar también su peso político. Jorge Mario Bergoglio es un hombre que ha demostrado en varias oportunidades su gran capacidad de operar políticamente, por lo que es muy posible que su iniciativa haya tenido varios objetivos.
En primer lugar, la presencia de dos altas autoridades de ambas partes en un evento espiritual dice que el conflicto no es religioso, sino político.
A su vez, en coherencia con la permanente invitación que el Papa hace a los cristianos de comprometerse con la realidad en la que vivimos, su gesto sitúa la Iglesia católica en una de las tantas "fronteras" de nuestro siglo: la paz. Entre las reformas internas emprendidas por Francisco, figura también la de devolver a la Iglesia un rol transparente en la defensa y la preservación de la convivencia pacífica, un bien irrenunciable. No ha sido tan clara esta política en años anteriores, cuando la influencia de los neocons estadounidenses llegó hasta los muros vaticanos, pretendiendo indirectamente avalar la invasión de Iraq bajo la categoría de "guerra justa". Un operativo muy sutil que modificó por lo bajo la clara línea política determinada por Juan Pablo II, en ese entonces ya enfermo.
El reciente viaje de Bergoglio a Tierra Santa a fines de mayo, fue oportunidad para afirmar también con total claridad la postura de la Iglesia que reconoce por igual tanto del derecho del Estado de Israel a existir, como el derecho de los palestinos a un Estado independiente y soberano. Bergoglio rezó en el Muro del Templo (conocido con el de los Lamentos), pero rompió el protocolo dos veces, para rezar contra el muro de hormigón que, literalmente, enjaula los poblados palestinos. Ante el indirecto reproche del primer ministro Benjamín Netanyahu, el Papa no tuvo inconveniente de ir a rezar por las víctimas del terrorismo ante el monumento que las recuerda. Con sus gestos, reforzó la postura que reconoce derechos y condena la violencia como método para conseguirlos. Eso le da a la Iglesia la necesaria equidistancia para hablar con autoridad moral. Ningún rabino, de lo contrario, lo habría acompañado al Muro del Templo para fundirse allí en un abrazo junto a un representante del Islam, como lo ha hecho el argentino Abraham Skorka.
Por otra parte, la iniciativa Vaticana acontece en un momento que si bien es crítico para el proceso de paz, estancado como está pese a la iniciativa de Washington, también encierra una excelente oportunidad.
Luego de siete años de divisiones y de luchas internas resueltas incluso con las armas, los palestinos vuelven a recuperar su unidad política con la reconciliación entre sus principales facciones, Hamas y Fatah. El anuncio de un Gobierno de unidad es sin duda una buena notica para el proceso de paz. Pese a su pasado terrorista y fundamentalista, Hamas difícilmente podrá participar de un Ejecutivo que muchos países reconocen como el de un Estado independiente y soberano sin abandonar sus posturas más radicalizadas y violentas, comenzando por el propósito de lograr la destrucción de Israel.
Hay demasiada visibilidad, adquirida también gracias a la iniciativa espiritual del Papa, como para desperdiciar esta oportunidad con gestos irresponsables. Mahmud Abbas lo sabe, de lo contrario difícilmente habría aceptado exponerse tanto al aceptar la invitación papal. Evidentemente, hay un proceso de cambio interno en Hamas.
Si bien la presencia del presidente Shimon Peres no tenía el peso político de su Jefe de Gobierno, puesto que el presidente del Estado de Israel cumple una función más bien protocolar, no caben dudas de que igualmente se trató de una encumbrada figura del aparato estatal además ideológicamente representativa de una importante porción de la opinión pública.
La invitación no fue cursada al primer ministro Netanyahu, porque habría obtenido un rotundo rechazo, como además lo demuestra el silencio que se ha impuesto el propio jefe del Ejecutivo. Sin embargo, Netanyahu tampoco puede negar en nombre de una circunstancial mayoría oficialista que hay una cantidad de conciudadanos que anhelan un acuerdo de paz que ponga fin a un conflicto que dura desde hace 66 años.
Netanyahu se opone a negociar con una Autoridad Nacional Palestina que incluya a los terroristas de Hamas (y también al grupo Yihad Islámica), pero tampoco puede soslayar que su gobierno es sostenido por grupos que propugnan resolver el conflicto deportando a la fuerza a Jordania a todos los palestinos, que su Ejército aplica métodos similares a los que usa el terrorismo, y que su política de ampliación de los asentamientos israelíes en territorio palestino además de una provocación es una injusticia que viola lo dispuesto por las resoluciones de las Naciones Unidad al respecto.
Nadie puede pretender sentarse a una mesa de negociación con una contraparte impoluta. El haber participado de un conflicto hace que todos de algunas maneras lleguen con las manos ensangrentadas. Pero aquí el tema no es el pasado, sino el futuro. La iniciativa del Papa tiene chances de volver a encauzar un proceso al que todo el mundo desea éxito.
Este domingo los colombianos tendrán que elegir entre seguir en el proceso de paz comenzado por el presidente Juan Manuel Santos o regresar a la opción militar de derrotar con las armas a la guerrilla de las FARC que plantea Osvar Iván Zuluaga.
A tres días de las elecciones presidenciales colombianas, los dos principales candidatos de una campaña fuertemente polémica, el actual presidente Juan Manuel Santos, y el opositor Oscar Iván Zuluaga se encuentran con las intenciones de voto prácticamente empatadas, en el 30 por ciento, mientras que los demás candidatos se estancan, lejos, sin superar el 10 por ciento.
Anoche, los cinco candidatos presidenciales participaron de un debate televisivo para debatir sus propuestas. Hubo duras acusaciones cruzadas entre Santos y Zuluaga. El primero acusó al candidato del Centro Democrático de querer boicotear el delicado proceso de paz con la guerrilla de las FARC, al haber contactado un hacker, hoy detenido, según muestra una grabación de video. Por su parte, el presidente fue acusado de haber recibido en 2010 dinero del narcotráfico para su campaña electoral.
El tema central de este debate es, en realidad, cómo Colombia debe afrontar su futuro inmediato, es decir cómo superar de una vez por todas casi medio siglo de conflicto interno y cómo seguir insertándose en el mundo, aprovechando una coyuntura que le es favorable.
Zuluaga es un economista con experiencia de gestión empresaria, de fuerte vinculación con el ex presidente Álvaro Uribe, como en su momento la tuvo el propio presidente Santos. Uribe representa la solución militar ante el conflicto con la guerrilla y se opone terminantemente al actual proceso de paz. Durante su gobierno, del que Santos fue ministro de Defensa, se pudieron asestar importantes golpes a la guerrilla y recuperar la libertad de trasladarse de una ciudad a otra, luego de años durante los cuales la ciudadanía vivió virtualmente sitiada por los insurgentes. Sin embargo, mantener esta opción militar seguían manteniendo el país en la lógica de un conflicto interno que sólo podrían acabar con la total derrota militar de los enemigos.
Durante su gestión, Uribe condujo el país hacia el aislamiento respecto de la región, con un alineamiento ideológico con la política de Washington. El enfrentamiento y la ruptura de relaciones con Venezuela fue muestra de ello.
Santos conocía muy bien las contrapartidas de estas políticas y optó por romper sus lazos con Uribe al asumir como presidente. Restableció lazos con Venezuela y el resto de la región, y tuvo la lucidez de considerar que una guerra, aún en el caso de ganarla, siempre supone víctimas y también atropellos, vencedores pero también vencidos. Con la ulterior complicación de que en un conflicto interno, todos estos actores y sus heridas abiertas comparten el mismo territorio y a menudo la misma comunidad. De ahí su opción por entablar negociaciones de paz con las FARC.
Lo asiste el convencimiento, que no es sólo el suyo sino también de muchos sectores económicos, de que el país tiene mucho que ganar si logra superar este conflicto, pudiendo incluso disputar a la Argentina el tercer lugar como economía más poderosa de América latina luego de Brasil y México, lo cual significa asegurar crecimiento y desarrollo para todo el país. Colombia sigue creciendo entre un 4 y un 5 por ciento anual y su PBI se acerca a los 450 mil millones de dólares, mientras que la Argentina se ha estancado, con un PBI cercano a los 650 mil millones de dólares.
No ha sido, ni será un proceso fácil. Las FARC están tratando de sacar todas las ventajas posibles, aprovechando de que, además, no se ha establecido una tregua militar durante las negociaciones. Los guerrilleros saben que el seguir en el conflicto no tiene futuro, pero necesitan asegurarse sus supervivencia política una vez depuestas las armas. Por eso mismo, las negociaciones se han prolongado más de la cuenta y en noviembre cumplirán dos años con resultados alcanzados sobre apenas la mitad de los puntos claves en discusión.
Sin embargo, es el equilibro entre la mejor paz posible y el precio de seguir en estado de guerra. La propuesta de Zuluaga, que coincide con la postura de Uribe, es la de borrar de un plumazo el proceso de paz y volver a la opción militar. Es la apuesta a la seguridad garantizada por la fuerzas armadas a los ciudadanos, sobre todo a los escépticos y adversarios de la ideología izquierdista de las FARC, que evidentemente cuenta con bastantes apoyos en la opinión pública.
Quizás haya jugado a favor de este empate, cierta debilidad en el liderazgo manifestada por Santos, sobre todo a la hora de utilizar más pedagogía para explicar a los colombianos los alcances y la importancia de optar por la paz y las oportunidades de desarrollo que implica poner fin al conflicto.
Dentro de tres días, posiblemente los colombianos estar eligiendo como nunca entre proyectarse hacia un futuro promisorio o regresar a un pasado que, al menos aparentemente, da mayor seguridad pese a las muchas incógnitas.
En México y Centroamérica cientos de miles de personas son desplazadas por la violencia y la falta de perspectivas, y buscan ingresar a los Estados Unidos. Por el camino son víctimas otra vez de la violencia del crimen organizado. Algunas preguntas a Leonir Chiarello, experto en el tema.
Los religiosos de la familia scalabriniana han constituido en New York una oficina ejecutiva de la Scalabrini International Migration Network. Allí, Leonir Chiarello trabaja como coordinador de los programas mundiales de esta red. Su vasta experiencia en el mundo de los migrantes le permite hablar con autoridad sobre este tema que interesa a millones de personas que, en todo el planeta, emigran de un país a otro o bien en su propia patria.
–Pensando en América latina, se diría que la problemática de la migración no parece tener mucha visibilidad.
–Es cierto. La migración fue y sigue siendo uno de los grandes motores de la sociedad latinoamericana. Aquí los grandes movimientos migratorios tuvieron un importante impacto a nivel de incremento de la población, de la economía, de la cultura, en todos los ámbitos de la vida. Hubo tres grandes grupos: los esclavos de África, sucesivamente existió la gran inmigración europea y luego los movimientos internos entre las poblaciones de los mismos países latinoamericanos. A su vez, otros países tuvieron un impacto cuando, a raíz de los problemas políticos de los años 70 y 80, los latinoamericanos comenzaron a emigrar. En la actualidad, muchos de estos últimos migrantes están regresando a la región.
Por cierto, el tema no tiene la misma visibilidad que otros, posiblemente por razones de agenda política y también porque no se quieren asumir las responsabilidades que le cabe a los Estados y a la sociedad civil. Y si bien en América latina la cuestión no ha sido usada con fines políticos, como sucedió en los Estados Unidos y en Europa, el tema está pendiente.
–En este momento hay una verdadera crisis humanitaria, no reconocida oficialmente, por la cantidad de cientos de miles de latinoamericanos que cruzan todo México para llegar a los Estados Unidos y que caen en las redes criminales.
–En los últimos años, el corredor migratorio Centro América-Mexico se convirtió en una crisis humanitaria. Por un lado, los migrantes son víctimas de la falta de garantías del derecho al desarrollo, porque en América Central no se está generando la cantidad suficiente de empleos para que la gente se quede en sus países; por otro, hay situaciones internas de violencia muy graves vinculadas con el tráfico de droga, de armas o de las pandillas que generan inseguridad; los padres huyen llevándose a sus niños para protegerlos de todo eso. Para peor, los migrantes son víctimas de más violencia, como la trata de personas o su explotación para el tráfico de drogas, las deportaciones desde los Estados Unidos (que devuelven a cientos de miles de centroamericanos a sus países). Es una situación muy compleja en la que la violencia estructural de un sistema económico excluyente se une a la violencia de grupos criminales que atacan a los ciudadanos y a la violencia directa contra los migrantes que buscan cruzar las fronteras. Es un clima de desprotección que indica la responsabilidad de generar a largo plazo soluciones duraderas entre gobiernos, organismos internacionales y sociedad civil.
–Llamó la atención la reciente decisión de la Suprema Corte de Justicia de la República Dominicana que ha borrado de un plumazo los derechos a la ciudadanía de muchos descendientes de haitianos que viven allí, incluso desde hace sesenta u ochenta años. ¿Cómo evalúan esta situación?
–Es un precedente único y peligroso. Imaginemos qué sucedería si se tomara una medida de este tipo en la Argentina: millones de personas estarían en una situación de irregularidad que provocaría el descontrol. Hubo un veredicto de la Corte Interamericana que no fue acatado, por lo que se crea un antecedente jurídico que complica las situaciones. Por otro lado, eso provocó más efectos: los descendientes de haitianos que estaban regularizados o habían nacido en República Dominicana habían perdido la ciudadanía de Haití, por lo tanto, se quedaron como apátridas. Nosotros tenemos centros de asistencia en Haití y conocemos bien el tema. Y eso generó toda una industria de tráfico de migrantes que viajaban a Puerto Rico para desde allí seguir a los Estados Unidos, pues hay vuelos a alguna ciudades con menos controles... En situaciones de emergencia, es difícil vislumbrar a primera vista soluciones duraderas. Aquí hay un tema jurídico, un tema de cooperación internacional y de diálogo entre Haití y República Dominicana, que ya se está iniciando principalmente a nivel de sociedad civil.
–Es paradójico que exista un problema de las migraciones en una región forjada por los procesos migratorios. ¿Qué es lo que provoca temores y desconfianza?
–Desde la construcción de los Estados nacionales se nota en América latina un énfasis en la defensa del territorio, principalmente a partir de las dictaduras militares de los años 60, 70, 80. La visibilidad del otro como una potencial amenaza para la sociedad o la seguridad nacional. Todo esto, con su dimensión histórica y política, repercute en una visión cultural. Pensemos que, sin considerar el Caribe, en toda la región se hablan sólo dos idiomas, sin embargo somos más nacionalistas que latinoamericanos. Cuando alguien llega a un país, la reacción depende de si uno tiene o no determinados rasgos étnicos, si es indígena o afroamericano. Las discriminaciones no se verifican sólo en el control migratorio, sino a nivel de inserción laboral, de convivencia social... Las soluciones duraderas para toda la población, incluyendo a los migrantes, pasan por la aplicación de políticas públicas para la integracion de los que llegan, por aspectos culturales de reconocimiento del otro en su dignidad, por aspectos educativos...
–Parece lógico pautar los flujos migratorios para garantizar trabajo para todos, por ejemplo. ¿Cuál podría ser la respuesta sistémica al fenómeno?
–Por un lado, está la capacidad de absorción de un país. Si el 10 % de la población china decidiera migrar a los Estados Unidos, estaríamos hablando de 130 millones de personas. El mismo país tiene la preocupación de su capacidad de absorción dentro de la población existente. Por otro lado, esta preocupación es muy exacerbada por algunos grupos que presentan la migración como una gran amenaza para la identidad de esa sociedad, en el supuesto de que cambiaría.
Hay muchas preocupaciones que no son fundadas y que alimentan la idea de construir muros, de deportar, de aislarse. Es paradójico que un país como los Estados Unidos, que recibió a millones, que es un gran promotor de la libertad y de los derechos humanos, hoy tenga en su interior a 11 millones de indocumentados y deporte unas 400 mil personas al año. A su vez, esta actitud impulsa a otros países receptores a hacer lo mismo. Es justo reconocer que si es cierto que los Estados Unidos cierran mucho sus fronteras, también es porque constituye el país que más migrantes recibe a nivel mundial. A largo plazo creo que es bueno comenzar el diálogo con algunos grupos de migrantes que sí están dispuestos a recibir.
–¿Cómo se explican 11 millones de indocumentados? ¿El problema es respecto de la ley?
–La situación de irregularidad en los Estados Unidos está vinculada con diferentes factores. Por cierto, quienes huyeron de la violencia están dispuestos a vivir en cualquier condición. Pero también es cierto que hay intereses concretos para que haya 11 millones de personas, en edad laboral, que a pesar de haber querido regularizar su posición no pudieron hacerlo porque las normas son muy restrictivas. Sirve a los empleadores y sirve al sistema porque cuando esta gente no pueda trabajar más se tendrá que ir.
En un debate reciente, un investigador estadounidense sostenía que los migrantes se tenían que ir porque no respetaron que el país se formó en la cultura del imperio de la ley. Otro investigador, del mismo país, decía que el problema es que esas normas son tan restrictivas que es muy difícil cumplirlas. La solución duradera es una reforma migratoria teniendo en cuenta la capacidad de absorción del país, pero con una perspectiva de proyección. En la historia de los Estados Uidos los dos boom económicos se dieron a fines del siglo XIX y luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando el país abrió completamente sus puertas. Para eso hace falta un liderazgo capaz de definir hacia dónde ir.
La presidenta Bachelet lo ha definido como el peor incendio en la historia de la ciudad y del país. Las víctimas duplican las del terremoto que a comienzos de abril afectó el norte de Chile.
Dos mil quinientas las viviendas arrasadas por las llamas.
El fuego fue más devastador que el terremoto. Es la inevitable conclusión que se puede sacar luego de más de dos días de incendios devastadores que en Valparaíso han provocado la muerte de quince personas y dejado sin vivienda a unas doce mil personas. "Hubiéramos preferido el terremoto - explica una ama de casa desconsolada a la prensa- porque algo de las cosas se salva, pero el fuego lo destruye todo-".
La presidenta Michelle Bachelet, que a poco más de un mes de haber asumido sus funciones se encuentra ante una nueva catástrofe, luego del sismo de 8,2 grados Richter que impactó en el norte del país, concurrió a la ciudad desastrada para encabezar el comité de emergencia. "Es tal vez el peor incendio en la historia de Valparaíso", comentó Bachelet, quien trató de alentar a los vecinos asegurando el apoyo del Estado. La mandataria tuvo que suspender su viaje a la Argentina, el primero de su mandato, como es tradición. La alusión de la mandataria a un historial de incendios evoca el nombre mapuche que algunos historiadores asignan a la localidad: Alimapu que significa "tierra quemada", acaso por la frecuencia de los incendios en las zonas aledañas. Pero en la misma ciudad, las quebradas y los pastizales de las zonas limítrofes suelen ser afectados por el fuego. En 2008 y 2013 se verificaron los últimos.
Para Iván Poduje, arquitecto y docente de la Universidad Católica, no se trata de un fenómeno natural, sino que hay responsabilidades de las autoridades públicas. La ciudad se ha desarrollado sin planificación y en las zonas altas se han instalados barrios precarios, con casas a menudo construidas con madera y latas, al tiempo que las quebradas se han transformados en basurales. "En los últimos años, en la medida que se acababa el terreno, llegando al límite, se instalaron poblados marginales, que son los que se han visto afectados por este incendio", comenta Poduje al diario español El País. "En el incendio de Valparaíso hay una responsabilidad importante del Estado - sostiene el docente-. Hay una responsabilidad en permitir la instalación de familias en zonas de riesgos y también, lo que es más grave, en regularizarlo", al abrir caminos y realizar los enlaces para luz y agua. "Parecen incorporados a la vida urbana, aunque realmente están en riesgo de inundación, derrumbes e incendios" sostiene Poduje y agrega que lo más grave es que "el Estado no ha hecho ninguna inversión relevante para mitigar el riesgo que un incendio puede generar en materia de propagación".
Las autoridades pronostican el control total del fuego dentro del día de hoy, 48 horas después de comenzado, luego de una lucha ardua que puso a dura prueba a las dotaciones de bomberos, que tradicionalmente en Chile son voluntarios, más una quincena de aeronaves.
Una cadena de solidaridad en todo el país, está canalizando ayudas para socorrer a los compatriotas afectados.
Ahora esta ciudad de casi 300 mil habitantes, ubicada sobre el anfiteatro natural compuesto por los 42 cerros que se asoman a la bahía, deberá volver a la normalidad. No es la primera vez que la tragedia la sacude. En 1906 Valparaíso fue devastada por un terremoto de gran magnitud.
Igualmente, su puerto sigue siendo el segundo de Chile y, por décadas, fue el principal. Esta ciudad ha sido el motor de la innovación en el país, activo polo económico y cultural. En 2003 ha sido declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, por su original arquitectura de calles y coloridas viviendas colgadas de las laderas de los cerros que bajan al mar. Una belleza que atrajo al gran poeta Pablo Neruda que aquí instaló una de sus originales casas, conocida como "La Sebastiana".