viernes, 3 de junio de 2011

Entre el "ya" y el "todvía no"

 Cumple en mayo 20 años el proyecto de Economía de Comunión. Un balance y las perspectivas futura de esta propuesta. Dialogando con algunos de sus economistas. 
Por Alberto Barlocci 
Publicado en Cn revista, mayo de 2011 www.ciudadnueva.org.ar


En mayo se realizará en Brasil un congreso internacional para celebrar los veinte años del proyecto de Economía de Comunión. Fue durante una visita de Chiara Lubich a ese país que brotó la semilla de una idea que apunta a renovar incluso el pensamiento económico.
Corría el año 1991. El muro de Berlín había ingresado en el álbum de los recuerdos. El capitalismo proclamaba su victoria aparente ante el fracaso de la economía planificada por el Estado. Los optimistas de la globalización anunciaban una era de “felicidad”.
En ese contexto, Chiara Lubich emprendió una visita a las comunidades de los Focolares de Brasil. Lo que sucedió es un hecho conocido: luego de varios días de verdadera angustia transcurridos en la reflexión, ante el drama de la pobreza extrema en Brasil y al saber, además, que había muchos de ellos entre los miembros del Movimiento, Chiara intuyó una posible respuesta al problema: fomentar la creación de empresas cuyas utilidades participaran de la comunión de bienes destinada a paliar las necesidades. No sólo eso, sino además afrontar el desafío de la pobreza en general, desarrollar más empresas similares e ir creando una cultura de la solidaridad.
La noticia corrió como reguero de pólvora por el mundo, donde la gente allegada a los Focolares, siempre ávida de participar de cada acontecimiento de esta familia espiritual, seguía la visita de Chiara Lubich a Brasil. Y los ecos a la propuesta fueron inmediatos. En un grupo reunido en Roma precisamente en esos días alguien comentó con entusiasmo que era una manera de poner la economía al servicio de la comunión. En efecto, Economía de Comunión (EdC) fue el nombre del proyecto.
En este mes de mayo en San Pablo, Brasil, cientos de empresarios, estudiantes y estudiosos del fenómeno, economistas y personas con sensibilidad social realizarán un congreso cuyo objetivo no es sólo el de celebrar los veinte años del proyecto, sino abrir una nueva página de la historia de la EdC.
Para Luigino Bruni, docente de economía de la Universidad de Milán, integrante de la comisión central del proyecto: “Pobres, cultura, empresa, no hay que leerlos como si la EdC tuviera tres objetivos sino como tres etapas de un mismo proceso de comunión, para dar su aporte al proyecto carismático de todo el Movimiento de los Focolares: que todos sean una cosa sola1. No habrá un mundo más unido si la economía no es de comunión, no lo habrá mientras haya gente a la que le falta la comida, o que no puede asegurar una educación para sus hijos... mientras haya rascacielos rodeados de pobreza”.
–El proyecto de EdC todavía parece un anuncio profético... –Los carismas siempre muestran algo que es ‘ya’ y, a la vez, ‘todavía no’. Si gracias a la EdC ya hay miles de empresarios que se levantan más temprano por razones que van más allá de las ganancias; si hay trabajadores que se conforman con el salario porque saben que hay un valor agregado que también ellos producen y que sale de la empresa para dar de comer, salud, educación; si hay gente que no descansa hasta que la fraternidad no se traduzca en igualdad de derechos, de oportunidades y capacidad para todos; si tenemos ya y ahora todo esto, podemos esperar que se realicen los muchos ‘todavía no’ que conforman nuestro desafío.
–Hay mucho por hacer.–Sin duda. Como signo de un compromiso mayor y más responsable, la EdC a nivel internacional ha lanzado un ‘proyecto jóvenes’ que ya cumplió dos etapas significativas: dos escuelas de verano realizadas en enero (ver Cn revista Nº 519, p. 21), la primera en la Argentina y la otra en África. Partir de los jóvenes –que no son el futuro sino un modo diferente de entender el presente– es indispensable por los muchos “todavía no”que necesitan transformarse en “ya”.
La internacionalidad del proyecto nos permite una lectura a vuelo de pájaro desde muchos puntos de vista. Dialogamos con el profesor Luca Crivelli, docente de economía en la Universidad de Lugano (Suiza). Casado con una uruguaya, Crivelli, además de hablar el español es un profundo admirador de la vitalidad creativa de la cultura de América Latina.
–Veinte años permiten realizar un balance. La EdC aborda tres dimensiones a la vez: los pobres y la pobreza, la empresa y la formación hacia una cultura más solidaria o cultura del “dar”. ¿Qué se ha ido comprendiendo con respecto a la pobreza durante estos años?
–Hasta fines de los años noventa, hubo un incremento de pobres que fueron ayudados por el proyecto. Luego su número  fue disminuyendo. Esto podría verse como el resultado de un efecto positivo. Es decir, que el proyecto no ha creado dependencia en las personas, que las ayudas no se transformaron en un vínculo asistencialista que las mantiene en situación de pobreza. Por otro lado, también puede indicar que nuestras comunidades han alcanzado una situación de mayor estabilidad económica, pero sin avanzar en los ámbitos más de frontera, donde sigue habiendo una grave situación de pobreza. Esto supone un desafío, porque por un lado era necesario dar un testimonio como Movimiento de los focolares: que no hubiera necesitados entre nosotros. Pero sucesivamente el objetivo de la EdC, Chiara Lubich lo afirmó desde el comienzo, es afrontar la pobreza en general. Lo cual significa que tenemos que ver cómo encarar esta realidad.
A su vez, en estos años hemos ido aprendiendo, y seguiremos haciéndolo, cómo ayudar a los pobres, cómo generar reciprocidad, es decir, cómo ayudar a las personas no sólo a superar la situación de pobreza sino, a su vez, impulsar a que otros salgan de la misma situación. Esto se aprende. No es suficiente tener dinero para superar la pobreza, sino encontrar cómo crecer todos, quien da y quien recibe, hacia una igualdad sustancial.
–¿Y respecto de la dimensión empresaria...?  –Estamos analizando los datos a nuestra disposición. Y respecto de la realidad empresaria, también estamos considerando que si bien en la actualidad hay una 800 empresas que participan del proyecto, son alrededor de 1.700 las que en estos años han participado. Por cierto, los criterios para censar estas empresas han evolucionado. Antes incluíamos actividades informales y esporádicas.... aunque esto no explica la disminución que se registra. Quiere decir que ha habido empresas que en algún momento han cerrado, por ejemplo. O que en otros casos, los que sucedieron al empresario que adhirió al proyecto no siguieron ese camino. Tenemos que analizar por qué motivo se dieron esas situaciones.
–Alguien podría pensar que participar de la EdC, por su dimensión espiritual, asegura prosperidad... –Sí, como en la ética calvinista. La adhesión a la EdC no supone un ‘seguro’ que garantiza éxito. Por lo general, sólo un pequeño porcentaje de empresas supera los primeros cinco años de vida en el mercado, hay un alto nivel de ‘mortalidad’. Pero esto mismo dice que precisamente el talento del empresario es el de saber recomenzar, partiendo de las oportunidades que ofrece el sistema económico. A su vez, el hecho de que la EdC se haya difundido en todo el mundo, supone también una gran diversidad de contextos a los que cada empresario responde de manera diferente. Por ejemplo, hay empresas que comparten muchas utilidades, por ejemplo una constructora  argentina de Paraná. La radicalidad de este empresario en poner en común las utilidades parece acompañar el crecimiento del volumen de negocios que él mismo no se explica. Pero hay otras cuyo aporte de utilidades al proyecto se realiza a través de su misma actividad. Pienso concretamente en el Banco Kabayan de microcrédito, de Filipinas. Sin embargo, la acción de este banco incide altamente en la lucha contra la pobreza en la región. Por lo tanto, encarna un aspecto fundamental del espíritu de la EdC. Hay otras empresas, en cambio, que han procesado mucho el aspecto de la cultura de la comunión dentro de los procesos empresariales, como la toma de decisiones, la participación del trabajador, la relación con los competidores o un modo de producir que sea sustentable a nivel medioambiental. Son perfiles distintos, por lo tanto es difícil cuantificar la riqueza del proyecto de EdC sólo según el valor total de los aportes que anualmente provienen de las empresas, porque ¿cómo se mide la confianza que una empresa genera? ¿Cómo se mide el valor del respeto del medio ambiente? Es difícil establecer un manual de la empresa de EdC. Seguramente hay requisitos para adherir al proyecto, pero el modo de concretarlo cambia según la realidad local y el contexto. Y esto lo fuimos aprendiendo.
–Chiara Lubich siempre sostuvo que para una economía nueva hacen falta también “hombres nuevos”. Esto nos remite a la formación de las personas. –La EdC, como muchas otras expresiones de economía social y solidaria, advierte la necesidad de provocar un cambio cultural. Muhammad Yunus, el fundador del Grameen Bank, cuando concedía un microcrédito a una familia, les hacía firmar un documento de 16 puntos en los cuales esa gente se comprometía concretamente a dar lugar a otra manera de usar el dinero. Y así sucede en el comercio justo y solidario. Sostener por lo tanto estructuras que ayuden a la formación de las personas es sin duda importante. En este tiempo también fuimos comprendiendo cómo ser más eficaces. No es sólo cuestión de ‘ladrillos’, es decir de estructuras sino también de generar cultura. Por ejemplo un compromiso concreto es el apoyo a la Universidad Sophia, donde se forman sobre todo jóvenes en esta nueva cultura.
El recuadro de arriba muestra que 226 empresas de EdC están en América Latina. Acaso en el continente donde es muy fuerte la dimensión social de las realidades humanas, y donde surgió la EdC, era imposible que no se diera un aporte específico.
Para Benedetto Gui, profesor de Economía de la Universidad de Padua (Italia), se trata de un aporte muy claro: “Antes que nada, ha sido cuantitativo y además un testimonio de arrojo, de coraje (hasta demasiado, si se quiere) y de radicalismo en los principios. Me refiero a la elección de crear una economía que sigue una lógica distinta de la que conocemos y que consideramos ‘normal’. Otro elemento es el vínculo que he advertido con obras sociales, que estimo importante”.
–¿Cuál es el desafío en el futuro para la EdC?–Unir capacidad empresarial, orientación a la fraternidad y capacidad de colaboración. Hay que ir más allá del mundo de las empresas, proponiendo diferentes modelos de vida económica inspirada en la fraternidad y mostrando que pueden ser modelos más plenos y satisfactorios que el consumista, atrapado en el individualismo y la irresponsabilidad para con los demás.
(1) Evangelio de Juan 17, 21.
Algunos datos del proyectoLas empresas de EdC en todo el mundo son casi 800, repartidas de este modo: 260 en América, 25 en Asia, 6 en África y 506 en Europa. En conjunto, todo el proyecto anualmente reparte unos 2 millones de dólares, aunque, como se afirma en el texto, el impacto social de algunas empresas es muy superior a las meras utilidades compartidas.


 Para más información consultar:www.edc-online.org

Una intervención escandalosa

Artículo publicado en Cn revista, mayo de 2011. www.ciudadnueva.org.ar 
por Alberto Barlocci


Ergo sollicitae tu causa, pecunia, vitae!
Per te immaturum mortis adimus iter;
tu vitiis hominum crudelia pabula praebes,
semina curarum de capite orta tuo.

¡Así que eres tú, dinero, la causa
de una vida agitada!
Por tu culpa emprendemos el camino
de una muerte prematura, 
brindas a los vicios de los hombres
crueles pastizales,
eres el origen de toda preocupación.
Sexto Propercio, Elegías III, 7


Este fragmento de una de las elegías del poeta latino Propercio explica mucho más la situación de Libia que las crónicas de los medios de comunicación en estos días. ¿De qué otra manera, si no, explicar la solícita intervención de Occidente en un conflicto interno fomentado, en realidad, por los mismos países que hoy ocultan sus intereses comerciales tras esta "intervención humanitaria"?
La historia de Muammar Kadafi, el líder libio en el poder desde 1969, se confunde con el crimen, el autoritarismo y, posiblemente, la demencia. Pero abasteció de petróleo y gas al sur de Europa durante años y se dejó de mirar su vinculación con los terroristas de toda clase y color durante años, quienes disponían en territorio libio de campos de entrenamiento. Al ser el autor intelectual del atentado al avión de Pan Am destruido a la altura de la localidad británica de Lockerbie, que provocó 270 víctimas, Kadafi pasó a ser un paria para la comunidad internacional. Como reacción, los Estados Unidos bombardearon su residencia en un intento de asesinato. Hasta que a partir de 2001 comenzó un acelerado proceso de reinserción de Libia en la vida internacional, pese a que el régimen dio muy pocas garantías de mayores libertades. En 2006, las Naciones Unidas todavía señalaban y condenaban ataques e intimidaciones contra medios de prensa.
Sin embargo, eso no impidió los buenos negocios con él. Sólo en los últimos años adquirió armamentos por 1.000 millones de euros a Italia, Francia, Reino Unido, Alemania... Sus fuerzas armadas necesitarían triplicar su número para poder utilizar todo el arsenal disponible. Igualmente, desde 2006, tres sociedades estadounidenses obtuvieron el permiso para la búsqueda y producción de crudo en el país por parte de la compañía estatal petrolera libia, a cambio de 1.830 millones de dólares. Este viraje de Kadafi, dispuesto a abandonar supuestamente el listado de “Estados canalla”, parecía no generar dudas. Hoy, los gobiernos de Europa compiten entre sí en la carrera por borrar las fotos que lo retratan recibido con todos los honores: desde el premier italiano Silvio Berlusconi, su anfitrión decenas de veces, hasta el apretón de manos con el presidente francés Nicolas Sarkozy en 2007, y la visita a Libia en 2008 de la canciller estadounidense Condoleezza Rice. En esa oportunidad, la diplomacia de la Casa Blanca afirmó que Kadafi “es un hombre de gran personalidad y experiencia. Ha tomado decisiones que han cambiado el estado de las cosas”, aludiendo a su renuncia al uso de armas de destrucción masiva y a su abandono de la práctica terrorista. Los contactos en ámbitos de cooperación militar fueron numerosos, con visitas recíprocas a bases y unidades militares por parte de altos mandos.
Para los europeos, además, el dictador libio fue necesario para frenar las oleadas de desesperados que cruzan el Mediterráneo en embarcaciones precarias en busca de un futuro en el Viejo Continente. Armó campos de concentración y toleró el comercio sucio que explota la desesperación de los más pobres.
El acuerdo con Italia sellado hace dos años, un pacto de amistad mutua, en realidad significó negocios privilegiados con empresas italianas por un monto no menor a los 15 mil millones de dólares, desplazando a los demás países. Mucho le convino a Berlusconi, con quien Kadafi incluso realizó negocios personales. Además ingresó en el sistema financiero europeo con sumas cuantiosas: entre los bienes congelados hay cuentas por 30 mil millones de dólares.
Hasta que se irritó Francia. Y la chispa fueron las revueltas sociales que estallaron desde fines del año pasado sobre todo en el Magreb y en Medio Oriente.
Misteriosamente, los inesperados levantamientos en Libia, donde la mano de hierro del régimen nunca permitió el surgimiento de una oposición que se precie de ese nombre, cobraron sospechosa energía. Un ejército regular parecía ser arrollado por civiles mal armados y sin entrenamiento militar. Tan débiles eran los rebeldes que luego, aún con el apoyo de la OTAN, sus avances en el terreno fueron escasos. Es decir, fue inflada la revuelta gracias a los medios de comunicación que por lo general utilizaron como espejos en cadena una única fuente inicial. E incluso quedó al descubierto la presencia de efectivos franceses y británicos. Por lo tanto, fue relativamente fácil “vender” la noticia del bombardeo a civiles, desmentida más tarde por los satélites rusos que rastrearon la zona, información confirmada por la enviada de Russia Today, Irina Galushko, y hasta por el Pentágono por intermedio del Jefe de Estado Mayor, Mike Mullen, y el 3 de marzo por Robert Gates, ministro de Defensa.
Sin embargo, el plan ya estaba en marcha y apareció la resolución 1973 de la ONU que daba lugar a la "guerra humanitaria". Un mandato más amplio es casi imposible, ya que los aliados pueden adoptar “todas las medidas necesarias (...) para proteger a los civiles y las zonas pobladas por civiles bajo amenaza de ataque en la Jamahiriya Árabe de Libia, incluida Benghazi” (art.4 de la resolución). En realidad, el objetivo inicial era la aplicación de una zona de exclusión de vuelos (no fly zone). Sin embargo, la amplitud del mandato permitió bombardear columnas de blindados, residencias presidenciales y otros objetivos terrestres. El nuncio de la Santa Sede en Libia denunció la muerte de decenas de civiles supuestamente bajo la protección aliada.
Eso significa que los aliados han elegido uno de los dos bandos de un conflicto interno con una disparidad de criterios que preocupa si pensamos, por ejemplo, que durante 20 años, en Sudán, el régimen masacró a ciudadanos indefensos durante la guerra civil que provocó dos millones de muertos, sin que hubiera una idéntica intervención de la ONU. Lo mismo puede decirse del conflicto en la región africana de los Grandes Lagos, donde los muertos, desde 1998, han llegado a los cinco millones y Ruanda ocupa ilegalmente una región oriental del Congo (ex Zaire). Y tampoco ha merecido el mismo tratamiento la implacable mano dura de Vladimir Putin contra Chechenia, donde muchos civiles pagaron con la vida el conato de independencia de esa región.
La reciente intervención a favor de uno de los bandos genera otro interrogante: puesto que los rebeldes eran hasta ayer gente del régimen, ¿quién asegura hoy a los aliados que son mejores que Kadafi? En efecto, la primera línea de las fuerzas rebeldes la constituye el Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL), una organización desde hace tiempo vinculada con Al Qaeda y muy infiltrada por la CIA y el MI5 (el servicio de inteligencia británico). El grupo, luego de participar en la guerra afgana en los años ochenta, estuvo activo en Bosnia y luego en Kosovo a fines de los noventa, pero siempre manteniendo el apoyo de la inteligencia de la CIA y el MI5. La cuestión es que la propia ONU sigue incluyendo al GICL entre las organizaciones terroristas. A su vez, el grupo ha sido controlado por el ex director de inteligencia libia, Moussa Koussa, sucesivamente canciller de Kadafi, quien en marzo desertó huyendo a Londres y dejando huellas que lo señalan como un agente encubierto de la CIA y el MI51. Hoy Koussa es presentado como un referente del gobierno provisional rebelde.
¿Qué puede pasar en Libia? Las variables son muchas: un conflicto prolongado, un auto exilio de Kadafi, la derrota de los rebeldes o su triunfo... Pero no hay dudas de que estamos frente a una gravísima violación de la carta de la ONU, de intereses comerciales que manipulan la información para conseguir sus resultados ante las narices de una comunidad internacional que ya no sabe cuáles son las reglas del derecho internacional.
Se trata de un camino muy peligroso. Y hay que encontrar la manera de desandarlo si no se quiere caer en la ley del más fuerte
(1)    Cfr. “Our man in Trípoli”, Global Research, donde Michael Chossudovsky reconstruye los vínculos de Moussa Koussa con la CIA y el MI5 británico.

Bin Laden, un misterio no resuelto


El anuncio de la muerte de la mente de Al Qaeda presentó una versión de los hechos difícil de confirmar. ¿Y si fuera el preludio de un menor compromiso bélico?
por Alberto Barlocci
Publicado en Cn revista de junio,www.ciudadnueva.org.ar

No es infrecuente que una versión oficial de un hecho suscite dudas. Es el caso de los derechos humanos de los que ninguna dictadura admitió la violación.Meses atrás el gobierno francés puso en discusión la versión del gobierno japonés sobre el desastre de la central atómica en Fukushima. Por eso, es una regla fundamental del periodismo que para acreditar una noticia hay que verificar el grado de atendibilidad de la misma. La práxis de algunos medios llega a una triple verificación antes de dar credito a una fuente de información.
El anuncio de la muerte de Osama bin Laden presenta varios aspectos problemáticos. En primer lugar, la única fuente disponible de esta información es el gobierno de los Estados Unidos y muchos detalles del operativo suscitan dudas. Más adelante veremos cuáles. Pero antes recordemos que Bin Laden era el hombre más buscado del planeta, la cabeza de Al Qaeda, una temida organización terrorista, y era acusado de ser la mente de los atentados del 11 de setiembre de 2011 en los Estados Unidos. Precisamente Bin Laden fue la causa última de la ocupación militar de Iraq y Afganistán y de una guerra que ya causó al menos 600.000 muertes y cientos de miles de refugiados. Dos poderosos ejércitos aliados siguen ocupando esos países, con efectivos aportados por decenas de gobiernos. Tan sólo los Estados Unidos tuvieron más de 40.000 heridos, miles de los cuales con secuelas permanentes en su vida, al tiempo que este conflicto supone un gasto valuado en tres millones de millones de dólares (1).
Había entonces muchas razones por las cuales la Casa Blanca tenía un deber de transparencia para con el mundo entero. Sin embargo, los datos sobre el operativo que permitió eliminar a Bin Laden son escasos y no son verificables. No hay cuerpo –ha sido sepultado en el mar–, ni filmación del mismo, ni una autopsia realizada por especialistas de varios países. La Casa Blanca presenta como identificación del terrorista de marras un análisis de ADN.
Pero ¿hay razones para poner en discusión esta noticia? Sí. Porque esta "guerra global contra el terrorismo", que interesa a millones de ciudadanos de todo el mundo, se lleva a cabo con mucha opacidad.
La invasión de Afghanistán, comenzada en octubre de 2001, que cuenta con un mandato de las Naciones Unidas, tuvo por objetivo la captura de Osama Bin Laden, intento que no fue logrado. Además, el entonces gobierno talibán fue acusado de hospedar y ser cómplice del terrorista y de Al Qaeda. Sin embargo, para Alain Chouet, ex dirigente del antiterrorismo y de los servicios de inteligencia (la DGSE) de Francia, en una intervención de enero de 2010 ante la comisión de relaciones exteriores del senado de ese país, Al Qaeda dejó de ser operativa como organización desde 2002. Su desarticulación fue tal que para Chouet ningún atentado sucesivo al 11/S se puede atribuir a Al Qaeda: es decir, ni el de Bali en 2002, ni el de Madrid en 2004, ni el de Londres en 2005, etc. Una afirmación tan grave cuán ignorada por la prensa (2). Por lo tanto, hace mucho tiempo que no sólo no había datos acerca de la presencia de Bin Laden en Afganistán, sino que algunos dirigentes de la región dudaban de que siguiera vivo. Es el caso del presidente afgano Karzai, y en Paquistán de la líder política Benazir Bhutto (3), el ex presidente Musharraf y de Hamid Gul, ex jefe de los servicios de inteligencia.
De todos modos, la neutralización de Al Qaeda y un solo terrorista, por peligroso que sea, no justifica 10 años de ocupación militar de Afganistán. Como no los justifica la intención de derrocar al gobierno talibán, puesto que en su momento la Casa Blanca intentó a toda costa negociar un gasoducto que pasara por ese territorio y sin que el fundamentalismo taliban inquietara la Casa Blanca, tal como relata el periodista Ahmed Rashid (4).
También la invasión de Iraq presenta ribetes preocupantes. En 2003, el ataque contra el régimen de Saddam Hussein se fundó en la presencia de armas de destrucción masivas en manos del dictador iraquí. ¿Quién no recuerda al secretario de Estado Colin Powell en las Naciones Unidas sacudir una probeta como prueba de la presencia de armas químicas en Iraq, cuyo contenido resultó ser un compuesto totalmente inocuo? No sólo, sino que la Casa Blanca dio crédito a un típico cuento del tío: Saddam Hussein estuvo a punto de comprar uranio a Níger. La historia resultó ser un grosero chapuceo de un estafador italiano armado antes de 2003, que no resistió al menor análisis de los servicios de inteligencia británico, francés y alemán (5).
Ningún arma de gran destrucción apareció en los arsenales de Iraq.
Otro motivo para la invasión fue el supuesto vínculo entre Saddam Hussein y Osama Bin Laden, un dato al que ningún servicio de inteligencia dio jamás crédito. La historia siguió con el derrocamiento y ejecución de Saddam Hussein, pero sin que eso asegurara la paz en Iraq donde, por el contrario, han estallado sangrientos enfrentamientos internos.
Tales antecedentes invitan a la prudencia a la hora de aceptar un hecho que, en realidad, es apenas una pieza del rompecabeza de una guerra sobre cuyas reales motivaciones Cn revista ya escribió en varias oportunidades. El tema, entonces, no es el operativo contra Bin Laden sino otro, aunque una acción militar en territorio de un país aliado sin que sus autoridades estén al tanto habla de la consideración de Washington por sus amigos. Es decir, ¿qué significa para el presidente Barack Obama este anuncio, y más aún si se acepta la tesis de que Bin Laden ya había muerto?
La ocupación de Iraq y Afganistán obedece a consideraciones estratégicas y geopolíticas formuladas por influyentes sectores del poder de los Estados Unidos (6). Pero esta guerra supone un despliegue costoso y complejo. El anuncio de este enemigo emblemático, aporta un golpe a efecto útil para el proyecto reeleccionario de Barack Obama, hoy con serios problemas de imagen, y acaso puede ser el preludio de una disminución de este costoso esfuerzo bélico. Un gasto cada vez más difícil de sostener y que realizan también los aliados de Washington en un contexto, además, adverso por los duros efectos de la crisis financiera estallada en 2008. Por lo tanto, la "muerte" de Bin Laden ofrece al presidente norteamericano la posibilidad de reducir ese compromiso sorteando la dura oposición de la derecha.
Hasta aquí los hechos y el realismo. Quedan pendientes los graves problemas suscitados a partir de la guerra desatada a partir del 11/S: la violación del principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados y el uso de las Naciones Unidas para tal fin; el uso de prácticas ilegales como el secuestro y la tortura de terroristas o supuestos tales (7); la toma de decisiones unilaterales en lugar de recurrir a herramientas políticas y diplomáticas para afrontar las cuestiones de la comunidad internacional. Problemas que, siguiento la lógica del editorial de este número, podrán ser encarados en modo eficaz a partir del reconocimiento de iguales derechos de todos los pueblos de nuestra aldea global.

Notas
1 Cfr. J. Stiglitz-Linda J. Bilmes, La guerra de tres billones de dólares, Buenos Aires, 2008.
3 En Youtube es posible encontrar archivos de la entrevista a B. Bhutto sobre la muerte de Bin Laden: http://www.youtube.com/watch?v=UnychOXj9Tg
4 Cfr. Ahmed Rashid, Talibán, Buenos Aires, 2002. Entre 1995 y 1999 varias veces delegaciones del gobierno talibán viajaron a Estados Unidos. "No hay problemas con ellos", declaraba la cancillería.
5 Cfr. la eficaz reconstrucción de C. Bonini y G. D'Avanzo, Il mercato della paura, Roma, 2006.
6 Cfr. Zbigniew Brzezinski, El gran tablero mundial, Buenos Aires, 1997; Cfr. El sitio web del think tank Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, www.newamericancentury.org, en especial el documento "Rebuilding America's Defenses".  
7 Cfr. Il mercato della paura, op. Cit., allí se menciona que entre los miles de casos de secuestros clandestinos, figura el de Abu Omar egipcio raptado en Milán y devuelto luego de meses de encarcelamiento clandestino en Egipto y de torturas. La justicia italiana condenó a 23 agentes de la CIA por este delito.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Ventanas que se abren


Los países islámicos parecían un mundo poco disponible al cambio. En dos meses, cayeron dos dictaduras, en Egipto y en Túnez. ¿Qué sucede en el área islámica?


A mediados de los años ’80, cuando nadie presagiaba la caída del Muro de Berlín –el derrumbe de los regímenes socialistas europeos–, desde las columnas de Ciudad Nueva Antonio M. Baggio señalaba que el proceso político abierto por el entonces presidente Gorbachov –se solía usar las expresiones en ruso perestrojka (reforma) y glasnost (transparencia)– podría llegar mucho más lejos de lo que se imaginaba el líder soviético. Y así fue.
Del mismo modo, si se tiene en cuenta la complejidad del mundo islámico en el que, desde el pasado mes de diciembre, se han verificados giros políticos inesperados, puede que estemos frente a un fenómeno parecido a la caída del Muro de Berlín. También allí está aconteciendo algo inédito que abre ventanas inesperadas en un mundo que Occidente no suele comprender con facilidad.
El área interesada por el fenómeno es muy amplia y con características distintas. Los hechos comenzaron en los países del Magreb, como se denomina la región occidental de los países árabes del norte de África (al-magrib en este idioma significa poniente), y que abarca Túnez, Libia, Marruecos, Argelia, Sahara Occidental y Mauritania. El Magreb es parte de la cuenca del Mediterráneo, con vínculos históricos con los vecinos europeos.
Allí la insurrección popular provocó la caída del dictador tunecino Ben Alí, quien tuvo que refugiarse en el exterior con su clan familiar considerado como una suerte de “cleptocracia”. Como mancha de aceite, las protestas se extendieron a Argelia y Marruecos, para luego llegar al área de Medio Oriente, provocando en Egipto la caída del presidente Hosni Mubarak, en Jordania cambios en el gobierno y medidas preventivas de seguridad en Siria. Hubo manifestaciones en Yemen y reclamos en Arabia Saudita, y luego el fenómeno se extendió al área asiática con manifestaciones en Irán.
Ante la persistencia de las protestas en Egipto y la inicial negativa de Mubarak a abandonar el poder, el mundo (y en especial los Estados Unidos), contuvo la respiración. Ese tembladeral mantuvo a los analistas en la incertidumbre, pues se  trataba nada menos que del país que controla el estratégico canal de Suez, y de una pieza clave del tablero medioriental al haber firmado un tratado de paz con Israel.
A su vez, cambios tan importantes en países donde cada gobierno o casa real se mantiene firme en el poder desde hace décadas son inéditos. Las causas más aparentes se encuentran quizás en la mezcla de descontento social, agudizado por la crisis financiera estallada en 2008 que impacta fuertemente en el norte de Africa, y de desgaste de regímenes autoritarios y corruptos que sólo favorecen una elite.
En este contexto, la novedad es que en estos años muchos jóvenes, pese a los altos niveles de analfabetismo, han podido completar los estudios secundarios y hasta universitarios –aunque el desempleo entre quienes posee un título de estudio sea muy alto con puntas del 60-70%–. Otro factor ha sido el acceso a internet y a redes sociales como twitter y facebook. La mecha de la rebelión fue encendida pues por un sector pensante con acceso al resto del mundo. Y no es casualidad que en China, Corea del Norte, Myanmar y Cuba se limite el uso de internet.
Nos faltaría un espacio mayor para desarrollar el rol las redes sociales...
En todos los casos, el mayor temor de las miradas Occidentales se dirigió al rol que desempeñarían en esta situación los sectores más radicalizados de inspiración islámica, como los Hermanos Musulmanes o el Gia argelino. Ese temor no sólo no se vio confirmado, sino que, por ejemplo, los Hermanos Musulmanes participaron de las negociaciones entre gobierno y oposición en  Egipto. Eso está diciendo dos cosas: o que la amenaza de estos sectores radicalizados fue amplificada, ya sea por Occidente, ya sea por los mismos regímenes para justificar su continuidad; o que estos sectores han ingresado a una etapa de mayor racionalidad y disponibilidad a la discusión política.
El tema del radicalismo de matriz islámica no es menor. El temor a su influjo en la vida local ha motivado el apoyo de Occidente a las dictaduras de estos países, pese al discurso oficial de difusión la democracia en los países islámicos. El caso más patente es el de la invasión armada de Iraq y Afganistán. Es innegable el apoyo que ha recibido en 30 años el régimen de Mubarak, al tiempo que el tunecino Ben Alí llego al poder en 1987 con la complicidad del gobierno de Italia, mientras que la actual dictadura argelina, en 1991 se instaló con el apoyo de Francia. Del mismo modo, Occidente levanta su dedo acusador contra el régimen de Irán, pero soslaya y calla que el de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Pakistán, Libia y los países islámicos de Asia Central son dictaduras que nada tienen que envidiar a los así llamados “estados canallas”.
A nivel popular, y entre las elites políticas locales, este doble discurso de Occidente –y el recelo por el pasado colonialista desempeñado por las potencias europeas– siempre ha sido patente y no ha contribuido a mejorar relaciones que, en realidad, podrían haber favorecido el mutuo interés por el desarrollo de estos países en lugar de imponer una dudosa razón de Estado, tras la que se ocultaban intereses económicos. De hecho, sobre todo del Magreb provienen las olas migratorias que hoy los europeos intentan frenar desesperadamente.
¿Hacia dónde va este proceso? Es muy probable que el estallido social haya abierto una ventana que conduzca a la introducción de reformas políticas. Quizás, antes que una democracia formal al estilo Occidental la gente esté buscando una vida mejor. Escribió el periodista alemán Volkhard Windfuhur, corresponsal en El Cairo desde hace 56 años: “”Durante 30 años en funciones, Mubarak no se tomó ni un solo minuto para hablar al corazón de su gente. No tenía esa capacidad”.
Se ve que los caminos de la democracia –y es difícil no tender a ella en un mundo globalizado– van por sendas diferentes.

martes, 1 de febrero de 2011

Revoluciones y doble discurso


Pobreza y desempleo son motivo de un descontento que en Túnez, Egipto y varios países árabes se canaliza contra regímenes autoritarios. Con dualidad de criterio, Occidente apoya estos gobiernos cuando son amigos y los condena si son rivales.




Luego de 23 años en el poder, el régimen tunecino del presidente Ben Alí sostenido por su clan familiar había caído en la corrupción. Popularmente se hablaba de “cleptocracia”. "Cuando comprar una computadora, un teléfono móvil o la pasta de dientes, se lo estás comprando a la familia", asegura Rim Ben Smail, catedrática de la Universidad de Túnez1.
Mientras tanto, desde la crisis financiera de 2008, este país relativamente próspero –en base a los estándares del norte de Africa–, languidecía, con medio millón de desempleados sobre 10 millones de habitantes, una tasa alta si se tiene en cuenta que no es frecuente que la mujer trabaje. En el caso de los jóvenes, el porcentaje trepa al 30%, y se duplica al 60% entre quienes poseen un título universitario.
Y fue precisamente la muerte de un licenciado en informática que trabajaba como verdulero ambulante, Mohamed Boazizi, la mecha que encendió la revuelta en Tunez. El hombre se inmoló por protesta cuando la policía le reclamó un permiso de comercio que no podeía. Su muerte, sumada al aumento de precios de muchos productos de primera necesidad, desencadenó el caos, provocando brutales represiones y un centenar de muertos. Desde su blog, Lina Ben Mhenni comentaba: "La desocupación es la chispa... pero los tunecinos están hartos de 23 años de dictadura, de corrupción y de falta de libertad de expresión". En poco tiempo, a través de internet se convocaron huelgas y se difundieron videos de manifestaciones, sorteando los controles oficiales sobre la red (Túnez es el país de la región con mayor penetración de internet). Fue la primer ciberrevuelta de un pueblo contra su régimen. El 14 de enero, Ben Alí y su familia abandonaron el país, mientras se formaba un gobierno de unidad nacional que llamó a elecciones para mediados de 2011.
Pero las protestas y la violencia se extendieron a Egipto, otro país con una situación parecida a la tunecina, a Yemen y también en Marruecos, Argelia y Jordania. En Siria y Sudán, los gobiernos decidieron limitar el uso de internetya que las redes sociales tuvieron un papel clave en estas revueltas.
El problema hubiera quedado circunscripto a estas áreas y a la cuestión social si los gobiernos cuestionados no hubieran recibido durante mucho tiempo el amplio apoyo de los países occidentales. Un apoyo que se justifica por intereses económicos pero también políticos más allá del hecho de ser regímenes autoritarios. De hecho, con una cínica dualidad de criterios respecto de otras dictaduras que, en cambio, son frecuentemente denunciadas por los mismos occidentales, acerca de estos países no se han levantado voces de protesta que no fueran las de ONG que por su misma naturaleza prescinden de las conveniencias políticas, como las que trabajan en le área de los derechos humanos. Este escenario, por lo tanto, pone en discusión de qué democracia habla Occidente cuando pretende instalarla en países como Iraq o Afganistán.
Repasemos un poco la historia más reciente de algunos de estos países. En el caso del ya ex presidente tunecino, su llegada al poder fue en 1987 gracias a un golpe de Estado palaciego apoyado por el gobierno de Italia. Ben Alí, en efecto, fue preferido al presidente legitimo Habib Bouguiba, líder luchador contra el colonialismo francés y negociador de la independencia de su país en 1954, ya débil y mayor, quien fue declarado incapaz. El entonces ministro italiano Gianni de Michelis, intentó atenuar la responsabilidad de su país: "Fue una suerte de golpe de Estado legítimo". Pero ¿por qué hubo silencio cuando Túnez era gobernado por una dictadura, mientras que en otros casos similares la postura italiana fue la opuesta? "Posiblemente había un conjunto de intereses particulares y de razonamientos generales", respondió el ex funcionario2. Es decir, a Roma le convenía más el nuevo gobierno de Ben Alí.
Similar dualidad de criterio ha sido aplicada en Argelia, al apoyar el golpe de Estado que evitó la muy probable llegada al poder del Frente Islámico de Salvación (FIS) en 1991, cuando Occidente quiso frenar a sectores islamistas radicalizados. Y otro ejemplo más es el respaldo, sobretodo de los Estados Unidos, al presidente de Egipto, Hosni Mubarak, quien está en el gobierno desde 1981, desde el atentado que asesinó a su precedesor Anwar el-Sadat, quien firmó el tratado de paz con Israel luego de las guerras que han enfrentado a los dos países 1967 y 1973. Pese a que el suyo ha sido un gobierno que dista mucho de ser un régimen democraticos, el apoyo como aliado de Occidente ha sido importante, cosa que le ha valido también algunos atentados como el de 1995 en Addis Abeba, del que puso escapar gracias a su jefe de los servicios de inteligencia. Por otro lado, Egipto se ha transformado en una escala para la CIA, que usa sus cárceles donde enviar a sospechados o acusados de terrorismo en la “lucha contra el terrorismo global”. Allí estos prisioneros - algunos fueron reconocidos inocentes - son torturados.
Pero hay más ejemplos todavía. El lujo de la clase dirigente de los Emiratos Arabes Unidos (EAU) oculta que de los 4,3 millones de sus habitantes sólo 800 mil poseen la ciudadanía y apenas 6.700 pueden acceder al voto. No se cuestiona la falta de democracia en los EAU pese a que no están permitidos los partidos políticos, no hay elecciones y está restringida la libre asociación y los derechos de los trabajadores. Es frecuente la trata de blancas y la esclavización de niños extranjeros para ser utilizados como jinetes en las carreras de camellos. Y si se pule un poco el barniz dorado de la dinastía de Arabia Saudí, aparece una mortalidad infantil del 23/1000, pese a un PBI per cápita cercano a los 10 mil dólares anuales. Allí se aplica la pena de muerte –medio centenar de personas al año– también por delitos como la sodomía y la brujería. También allí están prohibidos los partidos políticos, las elecciones, los sindicatos, los colegios de abogados, las organizaciones de derechos humanos. Los medios de comunicación son censurados.
En este contexto, ¿es posible pretender que Occidente no sea mal visto en el mundo árabe? En lugar de la solución militar para luchar contra el terrorismo, los propios analistas del Pentágono hablan de la necesidad de un "enfoque cultural diferente y de opciones políticas innovadoras" porque "los musulmanes no odian nuestra libertad. Más bien odian nuestras políticas. La enorme mayoría rechaza la postura de Washington, que consideran unilateral, a favor de Israel y en contra de los derechos de los palestinos. Y el apoyo a regímenes tiránicos, especialmente el de Egipto, Arabia Saudita, Jordania, Pakistán y los Estados del Golfo"3. Paradojalmente, esta conducta termina favoreciendo  el predicamento y la popularidad de los grupos radicalizados. Estos, gracias a los fondos que reciben de los países petroleros, socorren a los pobres al tiempo que difunden sus doctrinas fundamentalistas para las cuales países como Estados Unidos es el reino del mal. Y Occidente es muy lento en comprender que precisamente esta política dual y  colonialista no paga. Y tarde o temprano deberá remplazarla.


(1) El País, de Madrid, 14.1.2011
(2) Corriere della Sera, 16.1.2011
(3) R. Reale, Ultime notizie. Indagine sulla crisi dell'informazione in Occidente. I rischi per la democrazia. Roma, 2005, p. 305, citado por C. Bonini - G. D'Avanzo en Il mercato della paura, Torino, 2006, p. 331.

Revoluciones en la era de internet

Una de las grandes paradojas de esta era de internet consiste en que si es cierto que los medios de comunicación, por cuestiones de intereses particulares o por respaldo a un determinado poder político,  están como nunca en condiciones de manipular la opinión pública o controlarla - basta considerar el gran juego de magia en vivo y en directo que feron los atentados del 11 de setiembre y todo lo que siguió -, por otro lado, como nunca en la red es posible conseguir aquella información que es constantemente negada o manipulada.
En esta época de redes sociales, de la comunicación en tiempo real, controlar a la opinión pública pues es fácil y al mismo tiempo imposible. Los casos de Tunez y, posiblemente, de Egipto están a la vista: incluso en una sociedad con bajos niveles de educación, la red ha sido clave para hacer de soporte a levantamientos populares en contra de regímens autoritarios y corruptos. Los regímens autoritarios, tienen en internet algo que socava su propias bases, porque son precisamente un gran espacio en el que la gente puede actuar con libertad y con menores posibilidades de ser condicionada. Por supuesto, toda herramiente depende siempre de cómo se la usa. Pero indudablemente, vivimos en una época en la que la velocidad de difusión de estos medios es tal que incluso pocas personas pueden influir mucho. No es casualidad que China, Myanmar, Corea del Norte y Cuba restringen notablemente el acceso a internet. Y Siria lo está haciendo con facebook. El temor es mucho.
Aunque el papel más importante lo siguen jugando los grandes medios de comunicación, es decir, los productores de culturas masivas, en épocas críticas la iniciativa espontánea, cuando alcanza niveles de exasperación, como ahora en el norte de Africa, encuentra sus propios caminos alternativos.
Esto parece explicar porqué quien pretende controlar una sociedad necesita también de herramientas económicas y mediáticas. Las primeras son necesarias para no crear situaciones que puedan derivar en estallidos sociales, las segundas para inducir tendencias, apagar inquietudes, en definitiva ablandar las conciencias mediante productos cautivantes que obligan a la gente en su casa: Gran hermano, entretenimiento cada vez más urticantes, el chusmerío de los reality show y de las soap opera, etc.. En este sentido, se comprende el fenómeno de la permanencia en el poder del jefe de gobierno de Italia, Silvio Berlusconi, un viejo sátrapa obsesionado con las mujeres que ya no logra controlar su tendencia, con investigaciones gravísimas y condenas que ha evitado sólo gracias a oportunas prescipciones de la pena modificadas ad hoc. En cualquier otra potencia que pretenda frecuentar el selecto grupo de los más poderosos del planeta, desde hacía tiempo habría tenido que renunciar. Sin embargo, la opinión pública no ha alcanzado el nivel de saturación debido a que no existen problemas sociales explosivos (aunque, sí, situaciones de crisis), y también gracias a un control mediáticos que desde unos 30 años ablanda las conciencias de la gente encerrándolas en sus ámbitos privados.
El gran problema de la era de internet, no paren ser  tanto las redes y sus efectos en la gente. Sino que sigue siendo el efecto de los grandes medios, el mainstream mediático, y su gran capacidad de persuasion. Es allí que la ciudadanía debe librar una gran batalla para reapropiarse de la calidad de estos productos y de los tiempos que ellos insumen en la vida cotidiana limitándolos a niveles racionales.

Nova semper quaerere et parta custodire

E' il suggerimento di Sant'Ambrogio (De Paradiso, 25): cercare sempre il nuovo e custodire quanto si é conseguito. Sono le due tendenze che devono essere presenti in una cultura che voglia essere veramente autentica. Scrive Stefano Zamagni: "Un progetto culturale scade dalla sua funzione quando si limita a conservare e non si preoccupa di cercare il nuovo, di afferrare le res novae (cose nuove). Ma esso scade anche quando per inseguire il "nuovo" perde il contatto o addirittura recide il legame con le proprie radici".
Un progetto culturale abbraccia tanti tipi di esperienze da quella ecclesiale (e non a caso cito ad Ambrogio), a una organizzazione politica o sociale, un club sportivo, una istituzione universitaria, ecc., ecc. Questa tensione tra vecchio e nuovo é vitale ed essenziale. Perché poi le persone manifestano sul piano personale o la tendenza a conservare o quella a innovare mentre l'equilibrio consiste nell'apprezzare e sostenere questi due movimenti.
Pare proprio una sfida adatta a questo mondo posmoderno (se si é d'accordo con questa espressione), dove non abbiamo piú i punti di riferimento fissi di un tempo, tutto é discusso, ed anche coloro che appartengono a un credo o a una ideologia per la quale "militano" con dedizione sentono gli scricchiolii di sistemi di pensiero che sotto il peso di un mondo cambiato ci invitano a ripensare le cose e le realtá che ci circondano. Ci invitano a non pensare che la religiositá si continui a esprimere come 100 anni fa, che la politica sia quella che vediamo tutti i giorni nei media, che l'economia sia quell'unico pensiero che sembre imperare nonostante i suoi nefasti effetti, che la vita sociale segua gli stessi ritmi e percorsi di un tempo.
Cosa conservare e cosa rinnovare? Mi pare che dietro la sapiente parola di Ambrogio va seguito un cammino nel quale il dialogo (con la sua complessitá) sia il metodo principale. Un dialogo nel quale l'altro e la sua proposta non mi minacciano, perché pur se diversa e scomoda fanno parte di me, come io faccio parte di loro. E' un "noi" e non un "io" che deve trovare le risposte e ricercare il nuovo che attende essere scoperto. Cercarlo e disseminarlo. Continua Zamagni nel suo scritto, che pure si occupa di economia civile ma che serve su altri piani, e aggiunge: "Dobbiamo dunque tornare a disseminare ad ampie mani e gettare semi nuovi senza troppo preocupparci di sapere dove andranno a finire. Tenendo a mente che un progetto culturale (...) scade anche - e forse  sopratutto - quando non riesce ad alimentare una nuova speranza nelle persone, specialmente se giovani". E conclude citando i versi del poeta Holderlin: "Vicino é il Dio, ma difficile é afferrarlo. Ma lá dove c'é il rischio, cresce anche ció che salva".