jueves, 22 de julio de 2010

Un silencio muy oportuno


Se sabe de los millones de barriles de petróleo derramados en el Golfo de México y de la magnitud del desastre en las costas de los Estados Unidos. Sin embargo, lo mismo sucede en el Delta del río Níger pero sin repercusiones mediáticas.

La opinión pública no se enterará de buena parte de las gestiones y cuestiones inherentes al gigantesco derrame de petróleo que se produjo a partir del 20 de abril en el Golfo de México. Ese día, una explosión en la plataforma de la petrolera BP, la Deepwater Horizon, mató a once personas al tiempo que un pozo ubicado a 1.500 metros de profundidad comenzó a verter su contenido en el mar. Durante semanas, la mancha de crudo se expandió, imparable, y recién en julio los técnicos pudieron controlar la situación. El modo poco transparente de actuar de compañías petroleras como BP quedó al descubierto. Se ignoraron medidas de seguridad, los intentos para resolver e problema fracasaban uno tras otro y la información sobre la entidad del derrame por parte de la compañía resultó ser falsa: en el mar penetraba a diario el doble del crudo declarado.
La imagen del presidente Barack Obama bramando furioso contra BP y dispuesto a “patear traseros” entre los dirigentes irresponsables e ineficientes pareció una sobreactuación a beneficio de los ciudadanos norteamericanos azorados ante la magnitud del desastre, de los trabajadores de la pesca de la costa de Louisiana y de las ONG ecologistas – que mueven muchos votos – irritadas ante el peor desastre ecológico de este tipo.
Sin embargo, Mr. Obama no puede confesar libremente que es uno de los beneficiados por los aportes de BP a las campañas electorales. Y tampoco puede admitir  la embarazosa situación heredada de su predecesor George W. Bush, quien no bien instalado en la Casa Blanca contribuyó a diseñar un sistema que favorece los intereses de la compañías petroleras al dejar que ellas mismas inspiraran la reglamentación y el sistema de control sobre su actividad. Lo tuvo que admitir el Mineral Managemente Service, teniendo presente que además los sistemas de vigilancia y de control para evitar explosiones como la del 20 de abril están bajo la órbita del Instituto estadounidense del petróleo, organismo controlado por los representantes de empresas del ramo petrolero y gasífero.
En efecto, la decisión de los directivos de BP de poner a disposición 20 mil millones de dólares para costear los daños producidos debió haber sido fruto de sigilosos y no menos ocultos contactos entre la Casa Blanca y la empresa. Hay mucho silencio sobre la actividad de las petroleras, un silencio que el dinero puede comprar. 

¿Qué pasa en África? 
Si las cosas no estuvieran tal como están, se sabría que el desastre del Golfo de México no es el único ni el más grave que se conozca sino el que más atención mediática ha recibido. Del otro lado del Atlántico, en el Golfo de Guinea, más precisamente en el Delta del río Níger, se consuma un drama aún más grave. Los más de 600 pozos para la extracción del petróleo de varias compañías como BP y Shell y los oleoductos objeto de atentados, a menudo en malas condiciones, han contaminado gravemente la tierra y las fuentes de agua del subsuelo. La expectativa de vida de los pobladores de la zona es de apenas 40 años.
Para el escritor Ben Ikari, miembro del pueblo ogoni, “las compañías petroleras simplemente no hacen caso. A los legisladores (nigerianos) no les importa y la gente debe vivir con la contaminación a diario. Cuando veo los esfuerzos que se están realizando en los Estados Unidos, siento mucha tristeza por la doble moral. Lo que hacen allí o en Europa es muy diferente”. De hecho, la página web de BP informa sobre lo que se está haciendo en el Golfo de México pero no hace mención a lo que sucede en Nigeria.
Para Ben Amunwa, del observatorio petrolero Platform de Londres, en pocos años “los vertidos en alta mar en Nigeria han empequeñecido la magnitud de la catástrofe del Exxon Valdez por mucho. Las estimaciones ubican a los vertidos en el Delta del Níger entre los peores del planeta, sin tener en cuenta el petróleo de las aguas residuales y el venteo de gas (la quema de excesos de gas). Empresas como Shell siguen evitando el control independiente y mantienen datos clave bajo secreto”.
Pese a ser productor de petróleo, la escasez de gasolina es habitual en Nigeria. En 1998, cientos de personas se juntaron para reunir el goteo de combustible de un oleoducto dañado. La gente concurría con baldes y otros contenedores con la esperanza de vender luego el producto. Una chispa fue suficiente para que 1.500 personas murieran quemadas.
El petróleo nigeriano, por otro lado, no es indiferente para los Estados Unidos, puesto que en el Delta del Níger se extrae el 40% del crudo que importa el país norteamericano. Es decir, Nigeria tiene un valor estratégico y geopolítico tan alto como el de Iraq o Afganistán. Tal debe ser el motivo por el cual las periódicas denuncias de Amnistía Internacional y de otras organizaciones ambientalistas suelen caer en un saco roto.
Lo que acontece en el Delta del Niger no es una de las tantas historias olvidadas sino que es silenciada por intereses muy poderosos. El primer paso para cambiar esta situación consiste en romper el muro de silencio.

A parte 
Una venta sospechosa
¿Cuándo comenzó el derrame de petróleo en el Golfo de México? La financiera Goldman Sachs, en los primeros meses de 2010, se liberó de gran parte de las acciones de la petrolera BP. Sin embargo, Peter Sutherland, director no operativo de Goldman Sachs Internacional, subsidiaria de la financiera, fue presidente de BP hasta 2009. La venta de acciones por 270 millones de dólares, ante el derrumbe de las cotizaciones por el derrame, evitó perder el 36% de su valor.

¿Obama o los EE.UU. en su peor momento?

Disparen sobre Obama, podría ser el santo y seña de estas semanas. Total, argumentos van a encontrar.Algún día el inquilino de la Casa Blanca descubrirá - si ya no lo hizo- que incluso cometió el error de aceptar un inmerecido Nobel de la paz. La prudencia hubiera sugerido declinar elgantemente un reconocimiento apresurado y sin motivos válidos. Cuando llegará el tiempo de campaña, no es difícil imaginarse a algún adversario utilizar este tema para poner en discusión sus aptitudes.
Sin embargo, se habla mucho de lo que el inquilino de la Casa Blanca no ha hecho y muy poco, demasiado poco, de la situación que heredó.
A no olvidarlo: Obama asumió en enero y pocos meses después el país estaba sumido en la peor crisis financiera de su historia, acaso superior al crack de 1929. Cuarenta millones de estadounidenses corrían el riesgo de perder su vivienda. Mientras que grandes corporaciones financieras tenían que admitir haber mentido para captar inversionistas sore títulos basura que Wall Street aceptó como buenos y con sus popes también los financistas de medio mundo pese a que era evidente que se tratara de una burbuja especulativa de dimensiones gigantescas. Otras, directamente quebraron arrastrando el planeta hacia el abismo. Ya antes de la crisis millones de compatriotas no recibían asistencia médica, y un 10% de la población directamente era pobre. Hace poco, suelto de cuerpo, un legislador explicó que no había 30 mil millones de dólares para asistir a los desempleados, pero sí se podían rebajar 600 mil millones de impuestos a los sectores más ricos. El american dream en realidad se estaba transformando en el sueño de un restringido grupo de ricos para los cuales el país sí funcionaba de maravillas. Mientras que para el resto se le hace muy cuesta arriba superar los embates de la libertad total del mercado.
Obama se encontró con un presupuesto militar absolutamente sobredimensionado, cercano al millón de millones de dólares gastados en base a una cultura de la paranoia y del terror de atentados que no resisten a un análisis más atento y no prejuicioso. El páis mantiene 250 mil soldados ocupando dos países donde reina la inestabilidad: un veradero fracaso que ha provocado unos 6 mil efectivos muertos y unos 50 mil heridos, muchos con consecuencias duraderas. Tres millones de millones de dólares costará este conflicto que ha provocado suculentas ganancias a un grupo de empresas conectadas con el entorno del ex presidente Bush. Cada día 18 veteranos de Iraq o Afganistán se suicidan.
Como nunca los Estados Unidos reciben escasas simpatías a lo largo y ancho del planeta. El reciente desastre petrolero del Golfo de México, una vez más, ha revelado las ocultas componendas del entorno de Bush con las compañias petroleras que han sido inspiradoras de la reglamentación de su actividad e integran además la entidad que debería controlarlas. Este contubernio con las empresas privadas llegó a extremos en Iraq donde hay empresas que bajo el amparo de la "administración delegada" simplemente pasaban facturas de gastos a los que agregaban un porcentaje de ganancias. Algunas deben responder por 18 mil millones de dólares gastados de este modo, sin control alguno. Y las razones comerciales obedecen también al hecho de haber impulsado el único golpe de Estado de 2008, el de Honduras. Posiblemente, algo que los republicanos que mueven hilos del poder detrás de las bambalinas impusieron a la administración Obama.
Otro regalo de Mr. Bush.
La pregunta entonces, más allá de las responsabilidades políticas que le caben al primer presidente negro de los Estados Unidos: ¿qué tanta autoridad puede ejercer la máxima magistratura de la primera potencia mundial, la cabeza de un imperio sobre el cual hoy no se pone el sol? ¿De cuánto poder dispone si quiere introducir cambios de sustancias en un sistema cuyo "aparato militar e industrial", para usar las palabras del presidente Eisenhower, hasta tiene fuerza para digitar a sus hombres en los gabinetes que ocupan la Casa Blanca? ¿Qué capacidad tiene este sistema democrático, quizás uno de los mejores, para hacer transparente lo que hoy es oculto?
Obama aceptó entrar en el juego, y por ello quizás merece las críticas que se le formulen. Nadie lo obligó y formuló promesas que a todas luces no está siendo capaz de cumplir.
¿Pero es porque no sabe o porque no puede?

sábado, 3 de julio de 2010

Corrupción: faltan sentencias

En la Argentina no faltan denuncias por corrupción, investigaciones y procesamientos. Lo que faltan son sentencias que castiguen a los culpables. La secuela de episodios resonantes, con detalladas investigaciones, incluidas las cámaras ocultas de los medios de comunicación, alcanza a funcionarios de todos los niveles, desde empleados ministeriales hasta ex presidentes, pasando por concejales y demás.
La corrupción no es una novedad. Tuvimos una década calificada por muchos como poco transparente, la de los noventa: los “gastos reservados” transformados en ingresos particulares, las privatizaciones, los canjes de la deuda sospechados de favorecer a consultoras y funcionarios, el episodio de la “Banelco” por la nueva ley laboral que ensombreció el arranque del gobierno de la Alianza, encabezado por Fernando de la Rúa.
El problema no se limita al ámbito político. Una fuente del Poder Judicial, a título de ejemplo, mencionó a Cn revista una empresa de renombre vinculada con contrabandos de autos bajo secuestro judicial, y los “arreglos” en las licitaciones públicas. Otro dato más que inquietante es la frecuencia con que las propias fuerzas de seguridad aparecen vinculadas con el entramado delictivo. Sin olvidar la tan mentada viveza criolla, a menudo especialista en buscar “atajos” a la ley. En fin, en la Argentina tenemos un problema serio vinculado a la ética y la moral. No es posible abarcar en estas líneas una problemática tan compleja, por lo tanto, volveremos al tema desde diferentes enfoques en próximas entregas. Esta vez nos ocupa la independencia del Poder Judicial.
Un círculo vicioso
El poder político, en un sistema como el nuestro, tiene capacidad de condicionar a la Justicia. “El círculo en algunos casos es perfecto – comentó a Cn revista la ya citada fuente del Poder Judicial– porque el poder político ampara a la fuerza policial vinculada con el delito. Ésta libera zonas o cobra una tarifa a la actividad ilegal o ilícita, y jueces complacientes o fiscales inactivos traban luego la investigación”. La más reciente sentencia ha sido la del llamado “robo del siglo” al Banco Río de Acassuso, cuyos responsables recibieron penas de entre 9 y 15 años de prisión. Los que conocen a fondo el ambiente no dudan en coincidir en que “no tenían protección política”.
Es difícil probar estos delitos? “La investigación en sí no es para nada complicada –comenta un magistrado–, hay delitos que con investigaciones muy sencillas se pueden probar”. Y cita el caso de una cárcel en la que  entre los alimentos para los detenidos se encontraron restos de carne tipo D (no apta para consumo humano), pero que fue adquirida a precios de carne de exportación. “¿Cree que es difícil determinar quién hizo las compras y quién entregó la carne? Una justicia independiente –concluye– llegaría con muy poco trabajo a reunir las pruebas necesarias”.
La afirmación incluye una indicación grave: el sistema penitenciario argentino es un ámbito importante de corrupción, desde la construcción edilicia hasta la comida, los medicamentos y los favores. Todo parece tener precio en un sistema denunciado por las Naciones Unidas por las constantes violaciones a los derechos humanos, sobre todo en las provincias de Mendoza y Buenos Aires. “¿Por qué cree que hay torturas en las cárceles?”, inquiere la fuente consultada. “¿Para que hablen? No, en todo caso eso sucedería en las comisarías. Es por lo contrario: para que no hablen. Los encarcelados para algunos son un negocio”. 
El profesor Daniel Sabsay, abogado y constitucionalista, se refirió a la gravedad del tema:  “Los organismos específicos de investigación como el Ministerio público y la Oficina Anticorrupción han sido enormemente debilitados. Manuel Garrido renunció a la Fiscalía de Investigaciones Administrativas porque no lo dejaban investigar y porque el Procurador general, Esteban Righi, había limitado enormemente sus posibilidades de actuación. Por lo tanto, lejos de apoyar las investigaciones, se entendía que existía un pacto de impunidad. En la Oficina Anticorrupción ha pasado algo similar. En la Justicia Federal, en la Justicia en lo Penal y Económico, muchos jueces carecen de la independencia o del apoyo necesarios para llevar a cabo la recolección de las pruebas y las pericias. La independencia del Poder Judicial y de los organismos de control es clave. Si no se garantiza, y es tarea fundamental del Ejecutivo, no podrá luchar contra la corrupción”.
Para Sabsay es un problema recurrente en nuestra historia, aunque señala que hay etapas en que se acentúa y otras en las que se trata de buscar soluciones. “En este momento –agrega– creo que el problema se ve más agudizado”. ¿Reformar la Constitución podría ser parte de la solución? “El inconveniente mayor radica en el modo de aplicar la Constitución. El primer problema grave es el Consejo de la Magistratura, que ya de por sí, como organismo, es muy cuestionable. Desde que se hizo la modificación en 2006 y se aseguró una presencia determinante para el oficialismo, encontramos una enorme dificultad para que los jueces puedan actuar de manera independiente, sobre todo en las cuestiones que eventualmente comprometen la responsabilidad de los funcionarios”, dice el constitucionalista. 
¿Cómo afrontar el problema? “Siempre trato de ser optimista –prosigue– pero tampoco puedo mirar para otro lado. La situación es muy grave. Creo que la ciudadanía tiene que actuar tanto apoyando a las organizaciones no gubernamentales que trabajan a sol y sombra para que esta situación cambie y también premiando o castigando a aquellos funcionarios y candidatos que tienen (o no) el compromiso de luchar contra la corrupción”.  
Sobre este último punto coincide el fiscal Fernando Domínguez, de la Fiscalía 4 de San Martín, provincia de Buenos Aires. El funcionario, que conoce muy bien la realidad del conurbano, opina que el número de delitos, luego de un pico en 2001, está disminuyendo. “Según el sociólogo Ricardo Sidicaro –agrega– vivimos en sociedades muy participativas. Hoy la gente reclama justicia, organiza manifestaciones. Quizá lo hace de manera aún desorganizada e inorgánica, desordenada. Pero la participación ciudadana existe. En el área de los derechos humanos ha permitido no bajar la guardia, y hoy los represores de la dictadura militar están siendo juzgados. Participan democratizando las instituciones, controlando a los organismos de investigación y a las fuerzas policiales. Los gérmenes se reproducen en la oscuridad y el entramado empieza a desenmascararse iluminando, poniendo en conocimiento de la ciudadanía lo que sucede, haciendo funcionar nuestro sistema republicano”.

domingo, 13 de junio de 2010

Finanza Islámica: ¿Por qué no?


Uno de los principales defectos de la economía, y que las recientes crisis financieras han puesto en evidencia, es la falta de pautas éticas. Más aún a menudo en los mismos centros de estudios se ha pretendido defender conceptualmente el divorcio entre ética y economía. 
Por este motivo quisiera contemplar brevemente la experiencia de los bancos y los institutos financieros islámicos para señalar actividades económicas que se basan en una serie de normas éticas inspiradas por la religión islámica.

Preceptos  morales
Los preceptos que guían este tipo de sistema financiero provienen de la ley islámica (shariah), que es a su vez una emanación de los principios que aparecen en el Corán.
En realidad, el sistema de bancos islámicos es bastante reciente. El desarrollo de estas actividades financieras empieza al comienzo de los años sesenta en Argelia y Egipto 1.
El mundo occidental mira desde entonces con interés a los capitales provenientes sobre todo del mundo árabe. Conviene no olvidar que el problema de la deuda externa nace precisamente a partir de los ingentes capitales provenientes del aumento del precio del petróleo durante la crisis de comienzos de los años '70, los cuales fueron gestionados por los bancos occidentales que, a su vez, los prestaron a los países en desarrollo, sobre todo de América latina.
Hoy nos encontramos ante mutuos intereses. Durante el World Islamic Economic Forum realizado en Yacarta, en marzo de 2009, el presidente indonesio Susilo Bambang dijo: “Llegó la hora para los bancos islámicos de ser misioneros en Occidente”. A su vez, el diario del Vaticano, l'Osservatore Romano, sugería el año pasado la oportunidad de tener en cuenta los “mecanismos alternativos de crédito basados en un código ético” desarrollados por el Islam2.
El precepto básico que los bancos y los institutos financieros islámicos deben observar es la prohibición de prestar dinero aplicando intereses (riba), que son considerados como usura. El principio que sustenta esta prohibición es que no puede haber una ganancia sin asumir también los riesgos de la inversión. De hecho, en la gran parte de los casos, quien financia una actividad comparte también los riesgos además de las utilidades.
Otras prohibiciones vinculadas al mundo financiero tienen que ver con el gharar (irrazonable incertidumbre, ambigüedad o riesgo), maysir (especulación) y haram (las actividades que el Corán considera ilícitas en general y que, en el caso de las actividades económicas vinculadas a la producción son, por ejemplo, la distribución de alcohol, tabaco, armas, carne de cerdo, el juego, la pornografía, seguros de vida, etc.).
Una comisión integrada por expertos, los ulema, asesora la actividad de la institución financiera o el banco islámico y analiza la conformidad de los proyectos a la shariah. El personal y los gerentes y directores de las casas bancarias actúan con cierto grado de autonomía, aunque las consultas son muy continuas.
En base a tales principios, los clientes que depositan su dinero en un banco islámico no son verdaderos acreedores, sino que son una suerte de inversores de un fondo común o accionistas sin derecho a voto. Si el banco tiene pérdidas, ellos participaran de éstas.
La prohibición de aplicar intereses deriva del principio de “tutelar un desarrollo justo e igualitario en la comunidad, previniendo toda forma de explotación”. Sin embargo, hoy este precepto de la shariah responde al principio de evitar que el capital monetario tenga un retorno fijo 3. Según esta doctrina, la moneda en sí no debe ser productiva, el dinero es un medio de pago. Para la shariah las utilidades que derivan de prestar dinero para un proyecto productivo no depende tanto del monto fijado entre las partes sino de la bondad de la inversión.
Resulta evidente que se trata de principios válidos no sólo para el mundo islámico. El año pasado el economista italiano Luigino Bruni, ante los embates de la crisis financiera global, formuló una serie de consideraciones al respecto, planteando la eventualidad de que los bancos dejen de ser actividades lucrativas puesto que su función responde principalmente a la posibilidad de acceso al crédito, que cada vez más se configura como uno de los derechos humanos4 
La prohibición de gharar, es decir, de operaciones en las que hay una excesiva incertidumbre para los expertos islámicos es equivalente al juego de azar (al-qimar), así como prohibir el maysir, sirve para evitar apostar sobre el resultado futuro de un evento aleatorio (por ejemplo, el valor a futuro de un bien adquirido seis meses antes)

Un sector en expansión
En su conjunto el sistema financiero islámico gestionaba en 2004 actividades por 500.000 millones de dólares, distribuidas ya sea dentro del islamic banking, ya sea en el mercado de capitales internacional, a través de títulos de deuda y fondos accionarios. El crecimiento de este sistema era bastante rápido, puesto que promediaba el 10-15% anual. La expansión del sector intentó responder a la necesidad de invertir en actividades coherentes con los principios religiosos reflejados en la shariah los capitales derivados de los ingresos petroleros que en los años 70 literalmente se dispararon.
Luego de los trágicos atentados del 11 de setiembre de 2001, el fenómeno que había conocido cierto estancamiento en la década de los '90, ha recobrado dinamismo también porque muchos capitales en moneda extranjera regresaron a los países islámicos por temor a ser “congelados” entrando en el sistema tradicional occidental.
Repartidos en cuatro áreas principales, Medio Oriente, Sud Este Asiático, Africa y Sub Continente Indiano, estas actividades se desarrollan en 70 países, aunque en 2005 el 90% en Medio Oriente y el 60% en Irán, cuya actividad financiera ha sido islamizada por completo luego de la revolución de 1979 (lo mismo en Sudán y Pakistán).
El fenómeno, dada la presencia en Europa de 50 millones de musulmanes, está teniendo su penetración en el sistema financiero occidental o, en todo caso, de tipo convencional. Ya sea a través de bancos islámicos que están abriendo sus ventanillas en países musulmanes o en países con fuerte presencia de inmigrantes islámicos, sino también a través de la apertura de ventanillas islámicas en bancos convencionales. Lo han hecho, por ejemplo, entidades como el Citigroup, HSBC, Deutsche Bank, Standard Chartered, UBS, ABN A M R O, BNP Paribas, etc.
De todos modos, si bien en su conjunto la finanza islámica sigue siendo un porcentaje menor respecto del movimiento global de capitales (se habla del 1%), también hay que tener en cuenta que si más del 99% del movimiento de dinero global se dirige a las actividades financieras, sean o no especulativas, y menos del 1% a la producción de bienes y servicios, es decir a la economía real. Eso nos lleva a la inevitable conclusión de que las finanzas islámicas abarcan por sí solas más que el total de los capitales invertidos globalmente en la economía real.
Se estima que las 390 instituciones financieras existentes y los más de 300 fondos de inversión manejan patrimonios comprendidos entre los 750.000 y el billón de dólares (un millón de millones). Antes de la crisis financiera global estallada a fines de 2008, se estimaba que para 2015 estas actividades llegarían a los 1,8 o 2,8 billones.

Técnicas de financiación
Pasamos ahora brevemente en reseña algunos tipos de contratos. 

a) Profit and loss sharing
Mudaraba. El banco o la sociedad financiera participa del proyecto del empresario pactando un porcentaje de las ganancias y de las pérdidas. El empresario no aporta capital proprio, sino su capacidad en cuanto tal, no tendrá derecho a una remuneración por su actividad y participará de una parte de la utilidades, mientras que el financiador participa de las pérdidas y de las ganancias. En este segundo caso el empresario sólo pierde su actividad de trabajo. Éste tendrá total libertad para conducir el negocio. Por lo general, este sistema se usa para proyectos a corto plazo o comerciales.
Musharaka. En este contrato, el banco, u otros financiadores más el empresario forman un grupo en el cual cada uno participa de la pérdidas o de las ganancias según su cuota de participación de capital líquido o de bienes, materiales como no, pudiendo además dar su voto en las decisiones de gestión del negocio. Se usa este contrato en la financiación de proyecto a largo plazo.
Muzar'ha. Es una forma de mudaraba utilizada para financiar actividades agrícolas, en la que la cosecha se reparte entre empresario y financiador, pero sólo este último corre con los riesgos. El financiador podrá aportar ya sea capitales líquidos, ya sea terrenos.
Musaqat. Como en la musharaka, este contrato se usa en operaciones concernientes frutales, se participa en una cuota parte de las utilidades o de las perdidas según el capital aportado.
Mugarada. El banco adquiere obligaciones (mugaraba bond) cuyas utilidades financian un determinado proyecto, del cual participa como accionista, sin derecho a voto, sea en las ganancias que en las pérdidas.
Inversiones Directas. Siguen los esquemas convencionales, pero los bancos no pueden participar en negocios dirigidos a bienes y/o servicios que no responden a los requisitos éticos del Islam.

b) Non profit and los sharing
Murabaha. Como la shariah prohibe prestar directamente dinero, el banco adquiere el bien que el cliente hubiera comprado con el dinero prestado, y se lo revende a un precio superior pactado previamente para que haya un margen de utilidad para el banco. Según las comisiones de expertos que vigilan la conformidad al Islam de estas prácticas, esta operación es admisible en cuanto el banco corre con el riesgo de la posesión de ese bien durante el tiempo de la operación. Es una praxis utilizada frecuentemente en la compra de materias primas, para el crédito al consumo y en la adquisición de productos semi terminados
Ijara. El banco adquiere un bien por cuenta del cliente y luego se lo alquila por un tiempo determinado contra un pago de cuotas acordadas previamente.
Ijara-wa-Iqtina. Es una variante del contrato anterior, que incluye al final del tiempo pactado la opción de compra. Es un contrato utilizado frecuentemente por las compañías aéreas, muy parecido al leasing.
Qard al hasanah. Es un contrato en el cual el cliente que recibe un préstamo es una persona necesitada, por lo cual el banco sólo cobra los gastos administrativos que de ningún modo puede tener una correlación con el monto prestado.
Otras formas de contratos non profit, como el bai'Mua'jjal, Salam o bal Salam, Istisna'a, Jo'alah abarcan formas de financiación de compras, o de préstamos para el consumo, en los cuales la característica es la recuperación de los gastos administrativos del banco.

Conclusiones
Como se podrá notar, la actividad de este tipo de sistema se dirige principalmente a la producción de bienes y servicios, la que se suele denominar como economía real.
Por supuesto, se trata de "un" sector de la actividad financiera mundial y no es nuestra intención  señalarlo como una panacea, ni como un sistema perfecto.Los autores que han realizado las investigaciones que indicamos en nota, en efecto, no soslayan las ambiguedades o la opacidad de ciertos bancos islámicos poco propensos a ser auditados por las autoridades financieras. Es el caso de la caja de cada institución que administra los fondos que provienen de la zakat, un aporte que se realiza para purificar todas las ganancias que provienen de actividades no contempladas por la shariah, una suerte de limosna que debe ser generosa entre quienes logran buenas ganancias y que se destina a obras de bien. La institución no siempre puede verificar el uso de ese dinero manejado por una comisión de religiosos y a menudo estos fondos pueden ser utilizados para actividades poco transparentes. Tal como ciertos “contratos de garantía”, como el awala, por el que gratuitamente se traslada una deuda, que muchas veces usan los inmigrantes para transferir a su país sus sueldos, se presta para la financiación del terrorismo.
Sin embargo, consta que las autoridades públicas parecen vigilar las instituciones financieras islámicas y que no se señalan escándalos o bancarrotas en tiempos recientes. El Fondo Monetario Internacional efectúa sus controles de supervisión. Los bancos islámicos además han aceptado los criterios “Basilea II” del Banco de los Reglamentos Internacionales.
Por este motivo nos parece sintomático que el ritmo de su expansión, el potencial de población al cual se dirigen estos bancos y el interés por parte de los ahorristas y clientes no islámicos, pero normalmente sensibles al destino que se le da a sus inversiones, hacen de estas experiencias un conjunto relevante desde el punto de vista económico y sugestivo desde el punto de vista de los valores que están a la base de sus herramientas técnicas.


1 Para la elaboración de este artículo me valí de dos trabajos: Luigi Alfano – Luciano Fiordoni, Lo sviluppo della finanza islamica e l'”Islamic Banking”, Studi e note di economia 2/2005; Luciano Larivera S. J., La finanza islamica, La civiltá cattolica, 2009, II 31-43.
2 L'Osservatore Romano, 4.3.2009, p. 3.
3 Luciano Larivera, op. Cit. p. 35.
4 Luigino Bruni, Los bancos frente a la crisis financiera, artículo reproducido en español por la revista Ciudad nueva www.ciudadnueva.org.ar 
 

sábado, 12 de junio de 2010

El cambio climático nos pone a prueba

Ordenamos un poco las ideas. El planeta está frente a un desafío inédito en materia ambiental. Ya no hay dudas de que tenemos que enfrentar un cambio climático de proporciones importantes que es fruto de nuestra actividad, es decir, de cómo está organizada nuestra economía, la producción, nuestro estilo de consumo.
No es un problema localizado, la globalización demuestra que somos interdependientes por lo cual los efectos de actividades humanas en una región del planeta se reflejan en otras. El agujero de ozono, por ejemplo, que en el Cono Sur nos impide ir a la playa entre las 10 y las 16 hs., es fruto de las emisiones contaminantes del hemisferio norte.
En la cumbre que se acaba de celebrar en Bonn (Alemania) sobre cambio climático, no se han alcanzado resultados concretos. Sin embargo, la NASA confirma que los primeros 4 meses de 2010 han sido los más calurosos desde que se comenzó a medir la termperatura del planeta (1860, si no me equivoco), y es probable que este año sea el más caluroso de la historia. El año pasado, en la cumbre de Copenhague se tomaron decisiones muy genéricas con la idea de contener el aumento de temperatura promedio de este siglo por debajo de los 2 grados. Sin embargo, de seguir tales indicaciones, según el Potsdam Institute de Alemania, para fines de este siglo la temperatura promedio aumentaría 4 grados.
En una entrevista que publicara en marzo de 2007 Cn revista (www.ciudadnueva.org.ar), el profesor Sergio Rondinara, docente de Etica Ambiental en la Universidad Gregoriana de Roma, graficó de este modo los efectos del aumento de la temperatura en el planeta: "Un solo grado más de temperatura provoca el derretimiento de glaciares, lo cual amenaza las fuentes de agua potable para decenas de millones de personas; provoca el regreso de enfermedades como la malaria en zonas donde había desaparecido; en el ecosistema marino desaparecería el 80% de las barreras coralinas. Dos grados más hacen prever la disminución de entre un 10 y el 30% de las cosechas en varios continentes, con todo lo que esto significa. Habría más enfermedades todavía, subiría el nivel del mar, amenazando las zonas costeras de mayor rendimiento agrícola. Tres grados más pondrían en peligro de extinción entre el 15 y el 40% de las especies animales. Un aumento de cuatro grados, que es el escenario que se prevé para los próximos 100 años, supone que la cuenca mediterránea comenzaría a sufrir sequías en ciclos de 10 años. La falta de agua podría afectar a otros 1.000 millones de personas. Las corrientes oceánicas, que distribuyen la humedad del aire del planeta, podrían cambiar sustancialmente. Y si se llega a un aumento de cinco grados, realmente el cuadro sería catastrófico, porque desaparecerían los glaciares del Himalaya, es decir: China e India se quedarían sin reservas de agua, el nivel del mar se elevaría provocando la evacuación de ciudades como New York, Tokio o Londres".
Otro acuerdo asumido el año pasado en Copenhague fue el de conseguir 100 mil millones de dólares para los países en desarrollo a efectos de frenar la tala de bosques (los pulmones del planeta) y reconvertir industrias contaminantes. Pero la actual crisis económicas europea, pone a riesgo los fondos destinados a proyectos para afrontar el cambio climático (y que quede claro que se trata de afrontar, es decir, adaptarse al cambio, no revertirlo, porque para eso se necesitarán siglos, quizás un milenio, según los expertos). El riesgo es, por lo tanto, que para arreglar los desastres financieros provocados por la codicia y la irresponsabilidad, estemos descuidando los fondos necesarios para garantizar un futuro a las generaciones venideras, al planeta entero.
El medio ambiente no puede ser un lujo. Ahorrarse gastos en su cuidado, no adoptar medidas de seguridad, provoca problemas mayores tarde o temprano: si no, que lo expliquen los técnicos de BP qué es lo que pasa hoy en el Goldo de México. Se tuvo que recurrir a otras entidades para descubrir que el derrame es el doble mayor del que habían admitido sus técnicos (que de hecho no permiten el acceso a los videos submarinos del pozo fuera de control). El desastre a lo largo de las costas del sur de Estados Unidos será 10 veces superior al de la Exxon Valdez. Hasta ahora, a la BP le ha costado 1.500 millones de U$ esta catástrofe y muchos miles de millones más le costará pagar los daños provocados. Quizás, podría haberlos ahorrado y ahorrado a la población costera los efectos producidos por la explosión de su plataforma petrolera.
La irracionalidad de este momento, mientras se siguen gastando presupuestos cuantiosos - cientos de miles de millones de dólares - para controlar y mantener ocupados Irak y Afganistán, mientras se intenta paliar una crisis financiera que en realidad preanuncia nuevas a futuro puesto que no hay cambios sustanciales en la economía planetaria, mientras no se planifican cambios sustanciales en nuestro estilo de producción y de consumo y de uso de los recursos naturales, se parece mucho al de la orquesta de músicos tocando en la cubierta del Titanic próximo a hundirse.
En diciembre habrá una nueva cumbre sobre cambio climático en Cancún (México). Organizaciones de la sociedad civil, gobiernos, organizaciones políticas y medios de comunicación tendrán una nueva oportunidad para tomar conciencia de que el planeta está enfermo y no nos sobra tiempo para tomar medidas que ahorrarán enormes sufrimientos a muchos habitantes del planeta, sobre todo los más débiles y más pobres. Hoy, ser más responsables puede significar salvarle la vida a mucha gente.
Estamos ante un examen sobre el grado de humanidad de nuestra civilización. Y sabemos cuáes son las preguntas.



Para mayor información:

Potsdam Institute  http://www.pik.potsdam.de

Panel Intergubernamental para el Cambio Climático:
http://www.ipcc.ch/home_languages_main_spanish.htm

La entrevista al prof. Sergio Rondinara podrán encontrarla en el ya indicado sitio de Ciudad nueva o en este mismo blog entre los artículos del mes de mayo, bajo el título: "El problema somos nosotros". 

domingo, 6 de junio de 2010

Presidente tedesco: dimette, perché ha detto la veritá

Ha detto la veritá. E l'ondata di proteste che ha suscitato nel suo Paese affermare quello che molti sanno, ma che deve restare occulto, gli sono costate le dimissioni come Presidente della repubblica tedesca.
Alcune settimane fa, Horst Köhler ha dichiarato durante una intervista che il motivo fondamentale della presenza militare della Germania in Afghanistan, insieme agli alleati, consiste nella difesa dei suoi interessi commerciali nella regione. Con un candore tipicamente anglosassone, il presidente tedesco segnaló il 22 maggio scorso: "Un Paese dalle nostre dimensioni, concentrato nelle esportazioni deve rendersi conto che gli sviluppi militari sono necessari in una situazione di emergenza per proteggere i nostri interessi; por esempio in ció che concerne le vie commerciali o per impedire le inestabilitá regionali che potrebbero influire negativamente sul nostro commercio, l'occupazione e il reddito".
Alcuni mezzi stampa (come il Corriere) presentano l'episodio come una gaffe,  oppure lo hanno tralasciato nonostante la sua importanza. Ma in realtá, Köhler non ha fatto altro che dire ad alta voce ció che molti sanno e che pochi media osano commentare: la guerra in Afghanistán é un grande affare, ed é un modo per assicurare quella regione del pianeta in modo che non possa danneggiare gli interessi occidentali. Altro che gaffe! Dal 2002 in qua, l'Afghanistan non é ne piú sicuro, ne piú democratico. Il potere dei talebani resiste con forza, la corruzione non é diminuita, tutt'altro, e non diminuisce il commercio del papavero, necessario per la produzione di droga come l'eroina. La ricostruzione, le forniture ed i vettovagliamenti per centinaia di migliaia di soldati affiancati da quasi altrettanti mercenari (alias contrattisti privati), la vendita dei sistemi di arma con piú successo nel teatro delle operazioni, ed il controllo delle vie commerciali, sono la ragione principale della presenza degli alleati in un Paese dove Al Qaeda é fuori combattimento dal 2002.
Köhler, ha solo commesso l'imperdonabile errore di dirlo e le proteste suscitate nella sua patria l'hanno spinto alla rinuncia. Ma l'episodio continua a rivelare a tutti che "il re é nudo".

Lecturas: Armagedón. La derrota de Alemania, 1944-1945

La Segunda Guerra Mundial no deja de suscitar interés entre los historiadores. Existe una profusión de publicaciones que, si bien no recibe mucha atención por parte del gran público - probablemente también por el elevado precio de estos libros, a menudo, importados -, siguen planteando interrogantes, analizando el fenómeno y los comportamientos individuales y colectivos durante esos años de gigantescas masacres. En el imaginario colectivo de ese conflicto se ha ido formando la idea de una lucha entre buenos y malos, entre ejércitos de héroes y huestes de bellacos, que se enfrentaban en un teatro de guerra donde abundaban las gestas de caballeros. En este sentido, la imagen presentada por la cinematografía de Hollywood ha tenido un papel clave. 
La realidad, como suele suceder, fue bastante más compleja. La historiografía más reciente está enriqueciendo el debate trazando un panorama más preciso acerca de las condiciones políticas y militares en las que se desarrolló la Segunda Guerra Mundial, las mutuas desconfianzas entre los aliados, el rol de lfiguras como Charles de Gaulle quien revestía el rol de jefe militar del resuscitado ejército francés y el pretendido rol de jefe político de Francia, o como el general británico Montgomery, permanente fuente de desencuentros con sus pares estadounidenses. Las cuestiones políticas, sobre todo cuando comenzó a vislumbrarse la derrota nazi y a proyectarse el reordenamiento político de la Europa de la  posguerra. 
No fue fácil la tarea del comandante aliado del frente occidental, el general estadounidense Dwight David "Ike" Eisenhower, cuyo principal mérito consistió en la paciente labor de un liderazgo capaz de conjugar posturas y temperamentos tan disímiles, en un teatro de operaciones en el que cada decisión equivocada, cada error de cálculo, cada incertidumbre que retrasara el fin de esa carnicería podía provocar - y provocó - miles de muertos y espantosos sufrimientos. 
Poco se ha hablado y se habla de lo que acontecía en el frente oriental mientras del lado occidental los aliados seguían con la ofensiva comenzada con el desembarco en Normandía. Sin embargo, la lucha que se llevó a cabo en ese sector fue particularmente encarnizada. Un odio enconado envolvía a los ejércitos que se enfrentaban y eso produjo un número increíble de víctimas. Hitler enrojecía por la ira cuando se enteraba de que un alto oficial nazi no había resistido hasta la muerte en su puesto de combate, y mostraba total desprecio, al punto de mandarlos ante el pelotón de ejecución, por los oficiales sobrevivientes (!). Del lado soviético, no había mejor contemplación por la vida humana. El mínimo error, la mínima esitación, un comentario equivocado podía pagarse con la deportación, el gulag en la remota Siberia, las humillaciones más duras, la tortura y el pelotón de ejecución. Un alto mando de las fuerzas aereas, que luego de alguna copa de más comentó a Stalín: "Nos estás haciendo volar en ataudes", recibió como respuesta un escueto: "No deberías haber dicho esto", por parte de su máximo líder. Al día siguiente fue ejecutado. Pudiendo disponer de un inagotable número de reservas, los soviéticos no repararon prácticamente en las bajas. No importó sino el resultado final de cada operación, el costo humano fue un precio secundario. 
Este es el contexto que describe con eficacia y precisión Max Hastings, autor de Armagedón. La colección Memoria de la editorial española Crítica nos brinda un texto de sumo interés, una vez más fruto del trabajo de un historiógrafo británico que, como el ya conocido Antony Beevor, está contribuyendo a iluminar los pormenores de una época histórica tan dramática. Se trata de un libro que aporta interesantes perspectivas leer junto con dos obras de Beevor, la más reciente - en orden de aparición en nuestras librerías - Dia D sobre la primera etapa del desembarco en Normandía, en el verano de 1944, y con Berlín 1945, la caída. Ambos textos reconstruyen el panorama de los últimos dos años de esa catástrofe con notable precisón, sin perder demasiado de vista que en esas circunstas extremas sale a flote del ánimo humano lo peor y lo mejor.
Hastings, en particular desarrolla una lectura crítica respecto del frente aliado occidental, en el convencimiento que de haber presionado con mayor energía las líneas alemanas, éstas se habrían derrumbado con mayor rapidez acelerando el fin de la guerra. Rencillas políticas y recelos mutuos, indecisión y una menor calidad de los combatientes  y de los generales aliados, comparados con los soldados nazis, fueron factores que influyeron en enlentecer el avance aliado. Además de imperdonables errores, pese a la abrumadora superioridas en hombres y medios (a tener presente, el colapso importante de la aviación nazi, por ejemplo, que en muchos casos dejó los cielos de las batallas en manos de los aviones aliados). 
Una mención inevitable, que constituye un aporte humano al debate interminable sobre las guerras, son las referencias que Hastings, y también Beevor en El día D, dedican al tema del estrés psicológico que entre los aliados provocó cientos de miles de bajas. Mientras que del lado nazi y soviético, el fenómeno cuenta con menos datos, posiblemente por el fervor fanático con el cual los soldados lucharon o fueron obligados a hacerlo, en el bando aliado el fenómeno dio lugar a un seguimiento sanitario, a la creación de hospitales y centros para la curación de este estado y a los primeros estudios al respecto. Hubo casos en que porcentajes importantes, entre el 20 y el 30% de los efectivos, acusaron síntomas de estrés y tuvieron que ser reemplazados. Más de 100 mil luego del desembarco el Normandía. 
Se trata de un dato más, y no secundario, de la realidad, sobre lo repugnante que resulta ser para la persona humana el oficio de matar a su prójimo. Al respecto, una confirmación que no deja de ser escalofriante: se estima en 17 por día el número de suicidios de soldados estadounidenses veteranos retirados de Iraq. También en nuestro país el número de soldados suicidas luego del conflicto por las Malvinas ha superado el número de bajas provocadas por la misma guerra, sin incluir las víctimas del crucero Gral. Belgrano.